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El cristiano crece recordando
Escritores Actuales /Talentos Trabajando

Por: Alison González Andrade | Fuente: Catholic.net

Querido lector,

Sé que tú me entiendes.

Hay veces que vemos claro el camino y todo tiene sentido, pero hay otras en donde todo es confuso. Hay días soleados y hay días lluviosos. Hay días en que morimos a carcajadas y hay otros en que nos desbordamos en lágrimas. Hay momentos buenos y malos, la vida es un “ir y venir” en todos los sentidos.

Sin embargo, debe haber algo que nos mantenga estables… algo que haga al corazón sentirse en paz en medio de la tormenta. Algo tan grande que le conforte en los momentos más difíciles de la vida. Debe haber algo que nos haga mantener la esperanza en medio de la desesperación. Algo que nos mantenga firmes en medio de la tribulación. Debe haber algo que nos dé la fortaleza para poder enfrentar cualquier reto en la vida.

De lo que te quiero hablar el día de hoy, mi estimado lector, es del Amor de Dios.

El Amor de Dios como el descanso del alma. En donde “no matter what” el corazón estará siempre a salvo.

Pero, ¿Cómo pretendo abordar la magnitud del tema en unas cuantas cuartillas? Ayudándote a recordar.

El cristiano crece recordando…

La palabra recordar viene del latín recordari, formado de -re- que significa: de nuevo y –cordis- que significa: corazón. Recordar implica mucho más que la simple memoria, recordar es volver al corazón.

Por ello, en esta carta vamos a recordar.

Lo primero que tenemos que recordar es que Dios nos creó por amor antes que por justicia. Nosotros realmente no merecíamos nacer… Dios no estaba obligado a crearnos. Él no nos debía nada…

Que nos haya pensado tal cual somos es un acto de su generosidad y bondad y no de su justicia. Toda la creación es un acto de su amor.

Por ello, cuando tengas un mal día, recuerda que eres un pensamiento de Dios diseñado desde la eternidad con tanto amor… con tanta delicadeza… con tanto sentido.

En segundo lugar, tienes que recordar que por haber sido creado por amor y no por justicia, Dios te juzgará primero en el amor antes que en la justicia merecida.

Por lo tanto, no importa la magnitud de tu pecado, no importa qué tan bajo hayas caído, si al final te vuelves arrepentido al Amor de los amores.

Cuando te das cuenta de que has pecado, al final de todo, más que romper la ley, más que “hacer algo malo”… la verdadera falta es una falta de amor.

Sé cómo se siente fallarle a Dios… fallarle a tus seres queridos… es un sentimiento inexplicable, es de cierta manera una traición, una deslealtad… sientes cómo se te aprieta el corazón, sientes que ahora sí, no hay remedio para todo el daño que hiciste, sé que preferirías dejar de existir en ese momento y que desearías volver el tiempo atrás. Sientes que no hay solución para reparar el mal.

Pues déjame decirte que cada vez que fallamos, el demonio actúa y agranda la perspectiva de nuestro pecado, haciéndonos creer que no hay forma de remediarlo. Nos ahoga en la desesperanza y nos quita la paz que sólo Dios nos puede dar.

Recuerda que todo el amor que el Señor tiene para ti es un amor gratuito e inmerecido, así que levántate, sacúdete y vuelve al Señor tu Dios.

Otra cosa muy importante que tienes que recordar es que Dios se muere por ti, aunque es literal, en este momento es una expresión figurativa… Dios se derrite por ti, se enternece al verte, y ¿Cómo no? ¡Si eres su creación! Eres reflejo de su Amor.

Considero que la mejor escena narrada en la Biblia y por ende, una de las mejores formas que Dios ha permitido para que conozcamos la profundidad de su corazón se encuentra en el libro de Oseas. En este libro, nuestro Señor nos permite conocer sus sentimientos hacia nosotros.

Es la historia de Oseas, un hombre que se casa con una prostituta llamada Gómer. Después de un tiempo y tres hijos, Gómer abandona a Oseas para irse con sus amantes.
Oseas, destrozado, y por un momento lleno de ira, pensó en quitarle todo lo que le había dado: “por eso retiraré mi trigo a su tiempo, arrancaré mi lana y mi lino con lo que cubría su desnudez… descubriré su deshonra a la vista de todos sus amantes, haré cesar su alegría…”.

Sin embargo, a punto de volver su ira contra Gómer, la voltea a ver y muere de ternura… se enamora de ella una vez más y dice: “Yo la voy a enamorar, la llevaré al desierto y le hablaré al corazón… yo te desposaré para siempre, te desposaré en la justicia y el derecho, en el amor y la misericordia, te desposaré en la fidelidad.”

“Wait, whaaaat?” ¿Cómo? Esto sí parece una película de Hollywood, ¿Cómo que la perdona?¿Cómo que se propone conquistarla de nuevo? ¿Cómo que renueva sus votos matrimoniales, jurándole fidelidad y amor?

Pues mi querido lector, en esta narración, Dios nos muestra su corazón. Nosotros somos esa prostituta, que le ha sido infiel con otros… esa mujer que no ha sabido valorar todo lo que su esposo le ha dado, esa mujer que lo abandonó y se fue con sus amantes. Y Dios a punto de extender su ira hacia nosotros, nos voltea a ver y cae rendido a nosotros. Nos dice: “Yo la voy a enamorar.”

En lugar de tratarnos con severa justicia, nos quiere reconquistar, quiere volver a ganarse nuestro amor. No utilizará la fuerza para que volvamos a Él, sino que nos va a enamorar una vez más.

Dios está tan enamorado de nosotros que lo único que puede hacer es tratar de recuperarnos…¡Este es el amor de Dios!

Un amor que se desborda, que lo da todo y que no pide nada que sea forzado. El Señor muere por tu amor, por tu respuesta, pero te ama tanto que respeta tu libertad, dejando a tu decisión la correspondencia de ese amor.

Jesús pagó el precio de nuestra infidelidad por amor. Para ganarnos y proclamarnos suyos, si así nosotros queremos.

El amor “masterizado” de Dios es la misericordia. Es amarnos después de haber caído tan bajo… su misericordia nos confiere la dignidad que de cierta forma habíamos perdido.
El amor de Dios nos renueva. No le pidas que te haga mejor, pídele que te haga nuevo… “from scratch”, desde cero.

Dile como alguna vez yo le dije: “Rompe con mi vida hazla de nuevo”.

Ese es el verdadero amor de Dios, el amor de un enamorado, de un caballero que hace hasta lo imposible por conquistar a su amada. Un amor que está dispuesto a todo y que nada teme, más que a no ser correspondido, a no ser amado de regreso.

¡Necesitas recordarlo! Necesitas recordar que segundo a segundo, hay alguien que clama por tu alma, que encuentra mil maneras de demostrarte su amor: un amanecer… una canción.. un abrazo…una buena noche de descanso… oportunidades únicas… pláticas profundas… una sonrisa… un beso lleno de significado. A cada momento Dios te grita: ¡Te amo!

En esta época, en donde nuestro Señor nos grita “te amo” desde lo alto de una cruz… ese “te amo” no es cualquier expresión de amor, es una promesa que compromete su propia vida. Dios se entrega por AMOR a nosotros.

Jesús reafirma todo su amor en esa cruz y se compromete a amarnos tan perfectamente a pesar de nuestro pasado.

Que nunca se te olvide todo el Amor que Dios tiene por ti.

Sábete siempre acompañado,