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TĂș eres libre para amarme
Hablemos de Misericordia /La Vida Cristiana, Camino de Misericordia

Por: P.Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Catholic.net

Hice mal uso de la libertad que recibí de Ti. Me la diste para amar y opté por el egoísmo. Me la diste para dar, y escogí según la avaricia. Me la diste para perdonar, y guardé por meses y meses un rencor que me asfixiaba. Me la diste para llorar, y preferí aguantar las lágrimas para seguir en mi pecado.

Así he vivido tantas veces: en contra de tus planes. El tesoro de mi voluntad fue arrojado a lo más bajo. Renuncié a la luz y opté por las tinieblas.

Sé que Tú no te detienes ante mis faltas. Eres Dios y eres, sobre todo, Padre. Por eso eres libre para amarme. Y mantienes en alto la bandera de la misericordia, a pesar de la multitud de mis pecados.

Quizá he llegado a pensar que soy incorregible. Después de tantos años... Pero si Pablo abandonó sus odios, si Agustín rompió con los pecados de la carne, si Charles de Foucauld renunció a sus sueños mundanos, si André Frossard pudo encontrarte en una capilla de París,... ¿no será posible que también yo me deje abrazar por Ti?

Nunca has doblegado mi libertad. No puedes retraer tus dones. Arriesgaste mucho al crearme, porque sólo esperabas encontrar amor. Cuando mi pecado me alejó de casa, Tu Amor continuó despierto, y dejaste abierta una puerta a la esperanza.

No me puedes obligar a amarte, ni yo puedo obligarte a dejar de amarme. Me admira tu insistencia, me sorprende tu fidelidad. Así actúas con tantos corazones: los llamas con lazos de amor (cf. Os 11,4). Así actúas con el mío, también hoy, también ahora, como ayer y como mañana, si todavía cierro con el egoísmo las puertas de mi alma.

Este día es tiempo de gracia, es tiempo de salvación (cf. 2Cor 6,2). Puedo... y, esta vez sí, quiero abrir mi vida a tu misericordia.

Entra, Señor, purifica, y salva.