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Soy yo quien los ha elegido
Clero /Recursos y experiencias pastorales

Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la DiĆ³cesis de Irapuato |


San Matías, Apóstol

Hechos 1, 15-17. 2-26: “Echaron suertes, le tocó a Matías asociarse a los once apóstoles”

Salmo 112: “Le puso el Señor entre los jefes de su pueblo. Aleluya”

San Juan 15, 9-17: “No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido”


“¿En qué se fijan primero los hombres para acercarse a una mujer?”, preguntó la conductora del programa a todo su auditorio. Las respuestas fueron llegando con los más diversas opiniones. Quién opina que en los ojos, en el cuerpo, en el rostro, en las formas, etc. E igualmente se hizo la pregunta sobre qué es lo que llama más la atención a las mujeres para acercarse a un hombre… Me quedé yo pensando ¿En qué se fija Jesús para amarnos? En el caso de Matías, el apóstol que hoy celebramos, podríamos aducir que se le han exigido ciertas condiciones para ocupar el puesto de apóstol: que sea testigo de la Resurrección, que haya acompañado desde el principio… pero todo se resuelve a suertes, como para indicar que la misión es un regalo.

Y también tendremos que reconocer que ya para entonces Matías había sido llamado y escogido de muchas formas. Hoy me detengo a pensar que Jesús nos ama por pura generosidad y nos lo dice claramente: “No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto”.  Jesús nos elige y nos ama, sin que haya ningún merecimiento de nuestra parte, y nos destina para que vayamos a dar fruto. La misión del Apóstol es como una prolongación de la misión de Jesús y debe tener las mismas dificultades y los mismos resultados. Cuando parecía que la traición de Judas dejaría incompleto el número simbólico de los doce, es elegido un nuevo Apóstol. Las dificultades y los problemas no son suficientes para detener el camino de la palabra.

Los discípulos no se encierran recelosos en su círculo, se abren a nuevos ministerios y a nuevas personas. Como nosotros también ahora deberíamos tener un espíritu abierto y participativo para asumir la misión de Jesús y hacer partícipes a todos los hermanos de esta misma tarea. Ser amigo de Jesús es un privilegio, no nos torna en esclavos y no nos acorrala o limita, sino por el contrario: nos da a conocer todo lo que hay en su corazón, nos hace participar de su amor y nos concede su amistad. Gracias Señor por escogerme como amigo, por aceptarme como soy y por continuar en tu amistad a pesar de mis limitaciones.