4 razones para dar prioridad a la oraciĆ³n
Conoce tu fe /La Vida de Gracia

Por: Padre Evaristo Sada LC | Fuente: https://la-oracion.com/

Como sacerdote escucho y acompaño a muchas personas. Cada una tiene sus luchas, pero hay un factor común: la sed de Dios es inmensa.

 Demos prioridad a la oración porque tenemos sed de felicidad

Una y otra vez te plantean preguntas existenciales: cómo alcanzar la verdadera felicidad, qué sentido tiene el sufrimiento, dónde está la verdad, cómo lograr la libertad y la paz interior, por qué nada te satisface por completo, cómo saber si Dios te ama, cómo saber si es su voz la que escuchas, cómo compaginar una vida ajetreada con la necesidad de más soledad e intimidad con Él, cómo conciliar los deberes familiares, laborales y de apóstol sin caer en el activismo, cómo confirmar mi fe católica en medio de tantos problemas que tiene la Iglesia, etc.

Una sed de Dios no abstracta, sino muy concreta: ¿qué tiene que ver Dios con mi día a día? Con la alegría de unos padres al tener un hijo, con la dificultad para tomar una decisión, con el dolor del sentirse incomprendido y juzgado, con la verdad de una traición, con el pesar de hacer sufrir a personas que quieres, con la felicidad de compartir un domingo con los amigos, con el entusiasmo de ver triunfar al propio equipo, con la gozada de contemplar un cielo estrellado, de caminar descalzo por la playa o de retirarte por fin a un lugar donde sólo se escuchan los sonidos del silencio. ¿Qué tiene que ver Dios con todo esto? ¿De verdad puede formar parte real de mi vida ordinaria y de mis sueños? ¿Puede acompañarme en esta peregrinación que es la vida? ¿Es posible? ¿Cómo?

Lo que pasa es que a veces se piensa que la vida de oración es una actividad religiosa reservada a no sé qué tipo de personas especiales. O que consiste en ritos huecos, fórmulas rutinarias y veneración de objetos misteriosos. Cuando orar es estar con Dios, experimentar su abrazo de Padre y Hermano, y decirle que tú también le amas.

¡Experiencia grande y simple a la vez!


Demos prioridad a la oración porque es hermosa la vida cuando se experimenta el amor

Cuando Dios me dio la existencia, sembró algo en mi interior que sigue vibrando como un eco, una nostalgia de eternidad. Jesucristo me salió al encuentro y es ahora mi pasión. Cada vez me gusta más y necesito con mayor urgencia la vida de oración: estar con Él, recibir amor de mi Padre y corresponderle con amor.

Experimentar el amor de Dios es lo mejor que te puede pasar en la vida y creo que vale la pena compartirlo. «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel». Mt. 13, 44. Y “Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.” (Mt. 6, 21)

En este último tiempo he sentido con mayor fuerza el reclamo de que efectivamente la vida de oración sea para mí “la mejor parte”. Pero eso es algo que yo tenía que escoger, como dijo Jesús a Marta sobre la actitud de María. Comencé pidiendo mucho a Dios que me concediera la gracia de crecer en mi amistad con Él. Luego me vino el deseo de compartirlo y comencé a ofrecer algunos cursos-talleres de oración especialmente para formadores, todos ellos laicos. Esto me ha ayudado enormemente en mi vida personal

En los cursos he visto que es bueno compartir la inquietud de la búsqueda y gozar juntos la paz del encuentro.

No soy ningún experto en la materia, no poseo doctorado en teología o espiritualidad, ni nada de eso. “Sólo quiero ser un sacerdote que ora”, como dijo San Pío de Pietralcina, y responder a esa voz que escucho con bastante nitidez en lo más profundo de mi ser: Permaneced en mí, como yo en vosotros (Jn 15, 4 a) Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. (1 Jn 4, 16 b)

Yo te comparto mis vivencias como sacerdote y me gustaría conocer las tuyas. Me encantaría escuchar la experiencia de Dios de una madre mientras carga a su bebé recién nacido, o la de un niño al recibir su primera comunión, la de un anciano en soledad y la de un moribundo a punto de encontrarse cara a cara con Dios, la de un joven que acaba de rescatar a un hombre del suicidio en sus primeras misiones, la de un señor con corazón de piedra habiendo descubierto que Jesucristo perdona todos sus pecados y le abraza, en fin, la de un hombre o una mujer en su día a día, tan diferente al mío.
 

Demos prioridad a la oración porque el detonador está por dentro

El Papa Benedicto XVI anunció el sínodo de los obispos sobre la nueva evangelización. Pienso que la nueva evangelización comienza por formar hombres y mujeres de oración. Es decir, personas que anhelan vivir en plenitud, que buscan a Dios en su vida diaria, que quieren estar en su presencia, hacerle un compañero de camino, pedirle que responda a sus interrogantes, tratar de ser coherentes y compartir la grandeza de esa amistad. Apóstoles que son testigos de un encuentro personal con el Resucitado.

El detonador del apóstol está por dentro. Sólo a partir de la propia experiencia de Dios podremos ayudar a otros a hacer amistad con Cristo y permear la cultura de valores cristianos.

En nuestra congregación (Legionarios de Cristo) y en el Movimiento Regnum Christi nos proponemos servir a la Iglesia y a la sociedad formando apóstoles de la nueva evangelización. Espero que este blog contribuya al menos un poquito en este reto.

 

Demos prioridad a la oración porque la renovación debe ser profunda

Normalmente quienes nos dedicamos a la evangelización, tenemos un fuerte sentido de misión, pero frecuentemente percibimos un reclamo interior: ¡necesitas orar más y mejor! ¡Necesitas a Dios, necesitas escucharlo y llenarte de su amor! ¿Con qué aliviarás la sed de las almas, si tu fuente se seca? Moisés se encontraba cara a cara con Dios, y lo traslucía. El pueblo veía su rostro radiante y creía en Dios por él. Hace falta reforzar la dimensión contemplativa del apóstol para que todo el dinamismo misionero halle su punto de partida en el encuentro con Cristo vivo. Nadie da lo que no tiene.

Hay sufrimientos que nos vienen sin esperarlos ni comprenderlos. Otros son fruto de nuestras culpas y de nuestros errores. Pero aún en medio del dolor la vida es bella, porque Dios nos la ha regalado y la ha hecho bella. Y la vida es bella porque experimentamos Su amor y Su misericordia de manera absolutamente gratuita. Creo que si queremos perseverar en la lucha y que la renovación que estamos llevando a cabo sea profunda y duradera según el Plan de Dios, ésta tiene que partir del Sagrario, del encuentro confiado, cara a cara, con Cristo. En ese clima se puede hacer un buen examen de conciencia, se dispone el corazón para escuchar al Espíritu Santo y se encuentra fortaleza para realizar Sus planes.

¿Hay alguna otra razón que tú veas en el fondo de tu corazón?

 

 

Este artículo fue extraído del blog del P. Evaristo Sada L.C

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