Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros
Clero /Recursos y experiencias pastorales

Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |

Hechos 15, 22-31: “El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido no imponerles más cargas que las estrictamente necesarias”

Salmo 56: “Alabemos y cantemos al Señor. Aleluya”

San Juan 15, 12-17: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros”

 

El amor es más fácil de experimentar que de describir. Es la esencia del mensaje de Jesús y todavía no lo hemos captado del todo. Nos perdemos en las caricaturas del amor que nos ofrece el mundo. Recuerdo al mismo tiempo con simpatía y con dolor a aquella adolescente que muy segura afirmaba cuando me escuchaba hablar del amor: “De eso sí no me va a enseñar, Usted, pues yo tengo mucha más experiencia. Así como me ve de chiquita, a mis quince años ya he tenido más de diez novios”. Caricaturas del amor que nos distraen y que devalúan la palabra hasta convertirlo en mercancía, manipulación y esclavitud.

 

San Pablo para hablar del amor prefiere describirlo: el amor perdona todo, el amor todo lo cree, el amor todo lo espera, el amor es siempre fiel, el amor no pasará jamás…, en su precioso himno al amor. Quizás por nuestras limitaciones al momento de entender el amor Jesús prefiere más que decirnos que es el amor ponerse Él mismo como modelo. Y así nos ordena: “ámense los unos a los otros como yo los he amado”. ¿Y cómo nos ha amado Jesús? Cuando éramos pecadores y esclavos de la maldad, Él ya nos amaba. Cuando nos íbamos lejos Él siempre nos amó. Cuando estamos cerca también nos ama.

 

La medida del amor también nos la da a conocer: “Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos”. La medida es el amor sin medida: hasta dar la vida. Conviene que distingamos, como lo hace Jesús, entre esclavos y amigos. Al esclavo lo utilizamos para nuestro provecho. Y así se disfraza de amor lo que es solamente capricho, placer y utilizar a las personas. Jesús también nos dice que a los amigos se les da a conocer todo. Es decir hay diálogo sincero, se descubre el corazón, no hay falsedades ni mentiras. Finalmente también nos asegura Jesús que Él es quien gratuitamente nos ha escogido como amigos. No hemos hecho nosotros nada para ser dignos de esa amistad. Pero sí podemos corresponder a esa amistad y sí podemos cumplir su mandamiento de amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado.