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¿A qué punto está hoy la causa de la paz?
Diálogo por la paz y la dignidad humana /Construir la Paz

Por: S.S. Benedicto XVI | Fuente: www.vatican.va

Han pasado veinticinco aos desde que el beato Papa Juan Pablo II invit por vez primera a los representantes de las religiones del mundo a Ass para una oracin por la paz. Qu ha ocurrido desde entonces? A qu punto est hoy la causa de la paz? En aquel entonces, la gran amenaza para la paz en el mundo provena de la divisin del planeta en dos bloques contrastantes entre s. El smbolo llamativo de esta divisin era el muro de Berln que, pasando por el medio de la ciudad, trazaba la frontera entre dos mundos.

En 1989, tres aos despus de Ass, el muro cay sin derramamiento de sangre. De repente, los enormes arsenales que haba tras el muro dejaron de tener sentido alguno. Perdieron su capacidad de aterrorizar. El deseo de los pueblos de ser libres era ms fuerte que los armamentos de la violencia. La cuestin sobre las causas de este derrumbe es compleja y no puede encontrar una respuesta con frmulas simples. Pero, junto a los factores econmicos y polticos, la causa ms profunda de dicho acontecimiento es de carcter espiritual: detrs del poder material ya no haba ninguna conviccin espiritual. Al final, la voluntad de ser libres fue ms fuerte que el miedo ante la violencia, que ya no contaba con ningn respaldo espiritual.

Apreciamos esta victoria de la libertad, que fue sobre todo tambin una victoria de la paz. Y es preciso aadir en este contexto que, aunque no se tratara slo, y quizs ni siquiera en primer lugar, de la libertad de creer, tambin se trataba de ella. Por eso podemos relacionar tambin todo esto en cierto modo con la oracin por la paz.

Pero, qu ha sucedido despus? Desgraciadamente, no podemos decir que desde entonces la situacin se haya caracterizado por la libertad y la paz. Aunque no haya a la vista amenazas de una gran guerra, el mundo est desafortunadamente lleno de discordia. No se trata slo de que haya guerras frecuentemente aqu o all; es que la violencia en cuanto tal siempre est potencialmente presente, y caracteriza la condicin de nuestro mundo. La libertad es un gran bien. Pero el mundo de la libertad se ha mostrado en buena parte carente de orientacin, y muchos tergiversan la libertad entendindola como libertad tambin para la violencia. La discordia asume formas nuevas y espantosas, y la lucha por la paz nos debe estimular a todos nosotros de modo nuevo.

Tratemos de identificar ms de cerca los nuevos rostros de la violencia y la discordia. A grandes lneas segn mi parecer se pueden identificar dos tipologas diferentes de nuevas formas de violencia, diametralmente opuestas por su motivacin, y que manifiestan luego muchas variantes en sus particularidades.

Tenemos ante todo el terrorismo, en el cual, en lugar de una gran guerra, se emplean ataques muy precisos, que deben golpear destructivamente en puntos importantes al adversario, sin ningn respeto por las vidas humanas inocentes que de este modo resultan cruelmente heridas o muertas. A los ojos de los responsables, la gran causa de perjudicar al enemigo justifica toda forma de crueldad. Se deja de lado todo lo que en el derecho internacional ha sido comnmente reconocido y sancionado como lmite a la violencia.

Sabemos que el terrorismo es a menudo motivado religiosamente y que, precisamente el carcter religioso de los ataques sirve como justificacin para una crueldad despiadada, que cree poder relegar las normas del derecho en razn del bien pretendido. Aqu, la religin no est al servicio de la paz, sino de la justificacin de la violencia.

A partir de la Ilustracin, la crtica de la religin ha sostenido reiteradamente que la religin era causa de violencia, y con eso ha fomentado la hostilidad contra las religiones. En este punto, que la religin motive de hecho la violencia es algo que, como personas religiosas, nos debe preocupar profundamente. De una forma ms sutil, pero siempre cruel, vemos la religin como causa de violencia tambin all donde se practica la violencia por parte de defensores de una religin contra los otros.

Los representantes de las religiones reunidos en Ass en 1986 quisieron decir y nosotros lo repetimos con vigor y gran firmeza que esta no es la verdadera naturaleza de la religin. Es ms bien su deformacin y contribuye a su destruccin. Contra eso, se objeta: Pero, cmo sabis cul es la verdadera naturaleza de la religin? Vuestra pretensin, no se deriva quizs de que la fuerza de la religin se ha apagado entre vosotros? Y otros dirn: Acaso existe realmente una naturaleza comn de la religin, que se manifiesta en todas las religiones y que, por tanto, es vlida para todas? Debemos afrontar estas preguntas si queremos contrastar de manera realista y creble el recurso a la violencia por motivos religiosos.

Aqu se coloca una tarea fundamental del dilogo interreligioso, una tarea que se ha de subrayar de nuevo en este encuentro. A este punto, quisiera decir como cristiano: S, tambin en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Lo reconocemos llenos de vergenza. Pero es absolutamente claro que ste ha sido un uso abusivo de la fe cristiana, en claro contraste con su verdadera naturaleza. El Dios en que nosotros los cristianos creemos es el Creador y Padre de todos los hombres, por el cual todos son entre s hermanos y hermanas y forman una nica familia. La Cruz de Cristo es para nosotros el signo del Dios que, en el puesto de la violencia, pone el sufrir con el otro y el amar con el otro. Su nombre es Dios del amor y de la paz (2 Co 13,11).

Es tarea de todos los que tienen alguna responsabilidad de la fe cristiana el purificar constantemente la religin de los cristianos partiendo de su centro interior, para que no obstante la debilidad del hombre sea realmente instrumento de la paz de Dios en el mundo.

Si bien una tipologa fundamental de la violencia se funda hoy religiosamente, poniendo con ello a las religiones frente a la cuestin sobre su naturaleza, y obligndonos todos a una purificacin, una segunda tipologa de violencia de aspecto multiforme tiene una motivacin exactamente opuesta: es la consecuencia de la ausencia de Dios, de su negacin, que va a la par con la prdida de humanidad. Los enemigos de la religin como hemos dicho ven en ella una fuente primaria de violencia en la historia de la humanidad, y pretenden por tanto la desaparicin de la religin.

Pero el no a Dios ha producido una crueldad y una violencia sin medida, que ha sido posible slo porque el hombre ya no reconoca norma alguna ni juez alguno por encima de s, sino que tomaba como norma solamente a s mismo. Los horrores de los campos de concentracin muestran con toda claridad las consecuencias de la ausencia de Dios.

Pero no quisiera detenerme aqu sobre el atesmo impuesto por el Estado; quisiera hablar ms bien de la decadencia del hombre, como consecuencia de la cual se produce de manera silenciosa, y por tanto ms peligrosa, un cambio del clima espiritual. La adoracin de Mamn, del tener y del poder, se revela una anti-religin, en la cual ya no cuenta el hombre, sino nicamente el beneficio personal. El deseo de felicidad degenera, por ejemplo, en un afn desenfrenado e inhumano, como se manifiesta en el sometimiento a la droga en sus diversas formas.

Hay algunos poderosos que hacen con ella sus negocios, y despus muchos otros seducidos y arruinados por ella, tanto en el cuerpo como en el nimo. La violencia se convierte en algo normal y amenaza con destruir nuestra juventud en algunas partes del mundo. Puesto que la violencia llega a hacerse normal, se destruye la paz y, en esta falta de paz, el hombre se destruye a s mismo

La ausencia de Dios lleva al decaimiento del hombre y del humanismo. Pero, dnde est Dios? Lo conocemos y lo podemos mostrar de nuevo a la humanidad para fundar una verdadera paz? Resumamos ante todo brevemente las reflexiones que hemos hecho hasta ahora.

He dicho que hay una concepcin y un uso de la religin por la que esta se convierte en fuente de violencia, mientras que la orientacin del hombre hacia Dios, vivido rectamente, es una fuerza de paz. En este contexto me he referido a la necesidad del dilogo, y he hablado de la purificacin, siempre necesaria, de la religin vivida. Por otro lado, he afirmado que la negacin de Dios corrompe al hombre, le priva de medidas y le lleva a la violencia.

Junto a estas dos formas de religin y anti-religin, existe tambin en el mundo en expansin del agnosticismo otra orientacin de fondo: personas a las que no les ha sido dado el don de poder creer y que, sin embargo, buscan la verdad, estn en la bsqueda de Dios. Personas como stas no afirman simplemente: No existe ningn Dios. Sufren a causa de su ausencia y, buscando lo autntico y lo bueno, estn interiormente en camino hacia l.

Son peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz. Plantean preguntas tanto a una como a la otra parte. Despojan a los ateos combativos de su falsa certeza, con la cual pretenden saber que no hay un Dios, y los invitan a que, en vez de polmicos, se conviertan en personas en bsqueda, que no pierden la esperanza de que la verdad exista y que nosotros podemos y debemos vivir en funcin de ella. Pero tambin llaman en causa a los seguidores de las religiones, para que no consideren a Dios como una propiedad que les pertenece a ellos hasta el punto de sentirse autorizados a la violencia respecto a los dems.

Estas personas buscan la verdad, buscan al verdadero Dios, cuya imagen en las religiones, por el modo en que muchas veces se practican, queda frecuentemente oculta. Que ellos no logren encontrar a Dios, depende tambin de los creyentes, con su imagen reducida o deformada de Dios. As, su lucha interior y su interrogarse es tambin una llamada a los creyentes a purificar su propia fe, para que Dios el verdadero Dios se haga accesible. Por eso he invitado de propsito a representantes de este tercer grupo a nuestro encuentro en Ass, que no slo rene representantes de instituciones religiosas. Se trata ms bien del estar juntos en camino hacia la verdad, del compromiso decidido por la dignidad del hombre y de hacerse cargo en comn de la causa de la paz, contra toda especie de violencia destructora del derecho.

Para concluir, quisiera aseguraros que la Iglesia catlica no cejar en la lucha contra la violencia, en su compromiso por la paz en el mundo. Estamos animados por el deseo comn de ser peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz.


JORNADA DE REFLEXIN, DILOGO Y ORACIN
POR LA PAZ Y LA JUSTICIA EN EL MUNDO
"PEREGRINOS DE LA VERDAD, PEREGRINOS DE LA PAZ"

INTERVENCIN DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

Ass, Baslica de Santa Mara de los ngeles
Jueves 27 de octubre de 2011