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Juan Pablo II, el Papa que hablaba a la gente
Comunicadores católicos /El Papa y los Comunicadores Católicos

Por: Mariaelena Finessi. Traducción del italiano por Carmen Álvarez | Fuente: Zenit.org

ROMA, lunes 21 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- Figura amada incluso por los no católicos, Juan Pablo II es quizás el Pontífice más “estudiado”, “analizado” y sobre el cual se ha escrito la mayor cantidad de libros. El propuesto por Sabina Caligiani, con el título "Juan Pablo II. El Papa que hablaba a la gente” (Editorial Paulinas), es uno de estos.

Nacida en Perugia en 1946, periodista con, además, un título de derecho y un diploma en Ciencias Religiosas, Caligiani decidió escribir estas páginas “porque de Juan Pablo II -dice- no nos podemos olvidar”. “Es como cuando muere una persona querida, un familiar, y tú quieres todavía que esté presente. Hablando, recordando sus palabras, sus acciones, como si estuviese todavía con nosotros”.

Un juicio, el suyo, movido por sentimientos de reconocimiento por el Papa que le “ha cambiado la vida”. Sin embargo, el texto es meticuloso en la enumeración de las razones objetivas que han hecho de Wojtyla un personaje tan querido pero, sobre todo, tan mediático. Escrito inicialmente como tesis universitaria, el libro está dividido en dos partes: en la primera se muestran extracto de discursos pronunciados por el Pontífice polaco, los puntos cardinales de su evangelización. En la segunda, más específica y que de hecho caracteriza el libro, se describe la relación entre Juan Pablo II y la comunicación.

Publicado en 2010, Caligiani vuelve a hablar de su trabajo al público de los lectores, en vista de la beatificación de Wojtyla el próximo primero de mayo. Acogido en Roma en la Librería Internacional Pablo VI, el centro del debate coloca la figura de Juan Pablo II como un gran comunicador. “Aquel que supo introducir un modo nuevo y revolucionario de comunicar”, tanto que su proverbial exhortación “No tengáis miedo”, dirigida con fuerza para abrir nuevos horizontes, se fija de modo indeleble, como si fuese el título de una película convincente, en los corazones de los que lo siguieron.

La autora, recorriendo el pontificado de Karol Wojtyla, pone de relieve sus rasgos característicos, especialmente donde la atención de Juan Pablo II se centra en “la recuperación de la persona como sujeto activo de la propia existencia”. Y que la defensa de la dignidad humana, incluso a través de los medios de comunicación, haya sido una prerrogativa de este Papa, es un hecho histórico.

Portavoz de la cristiandad a través de los medios de comunicación, Juan Pablo II “es también el que afronta de modo radical las cuestiones de fondo de la información y del periodismo moderno. Es un mensaje fuerte, que conserva intacta su actualidad”. “Los comunicadores -dijo el mismo Wojtyla- deben buscar la comunicación con la gente, deben aprender a conocer las necesidades reales de la gente, estar informados sobre sus luchas, deben saber presentar todas las formas de comunicación con la sensibilidad que la dignidad del hombre exige”.

Con sorprendente naturalidad el Papa recorrió su propio camino de santidad, y los medios de comunicación se hicieron eco de su voz cálida, sus gestos, el canto, la sonrisa, su necesidad de tocar físicamente a las personas con abrazos y caricias. “Miraba a los ojos de sus interlocutores, quienquiera que fuesen”, sabía escrutar las almas y no tenía temor a mostrarse, ni siquiera en la fase terminal de su enfermedad.

“Olfato, vista, oído, tacto, usaba todos los sentidos”.

“Comunicador eficaz en el uso racional de los distintos lenguajes mass-media, Karol Wojtyla -explica la autora- demostró ser un experto en las relaciones que se establecen con la multimedialidad y las comunicaciones en red, comprendiendo que el uso de los medios de comunicación no se resolvía con la simple transmisión del mensaje a través del medio, sino que era necesario usar los avances comunicativos similares al lenguaje religioso, según la teología cristiana, partiendo del presupuesto de que la evangelización es un proceso que actúa en el interior de las culturas existentes, a través de los símbolos que encuentran expresión en la voz, en los gestos, en la escritura, en las artes”
En el inicio del pontificado, las visitas a las parroquias romanas, se convertían en un maratón fatigoso para su entorno, acostumbrado a los encuentros sobrios del Papa Montini. Con Wojtyla era necesario correr, mantenerse a su paso. Un día en el Vaticano, sorprendió a los presentes con una frase: el “cuerpo, y sólo esto, es capaz de hacer visible lo que es invisible: lo espiritual y lo divino”. Este fue un punto a su favor.

“El hecho de que la teología comprenda también el cuerpo no debe maravillar ni sorprender a nadie que sea consciente del misterio y de la realidad de la encarnación. Por el hecho de que el Verbo de Dios se hizo carne -explicó Wojtyla, en la audiencia general del 2 de abril de 1980-, el cuerpo ha entrado, digamos, a través de la puerta principal, en la teología, es decir en la ciencia que tiene por objeto la divinidad”.

Y dirigiéndose a los jóvenes que se sentaban en las gradas de la Arena de Verona, otra vez recordó que el hombre sabe hablar con su cuerpo y por esto el propio cuerpo se convierte en lenguaje. Una comunicación cristológica, la suya, “que recuerda -explica Caligiani- a la de Cristo con las parábolas”.

Cuando Juan Pablo II volaba en avión, “los periodistas sentían la misma curiosidad de los apóstoles que seguían a Jesús, las parábolas que lo habían hecho aceptable a la gente común, no consciente de ser la iglesia primitiva, pero -concluye la autora- movida por la curiosidad, por el presentimiento de lo verdadero”.

Pensando en el breve papado de Albino Luciani, durante una misa concelebrada a su memoria, el entonces cardenal Wojtyla pronunció una oración, que hoy parece profética por lo que en breve sucedería con su elección al trono pontificio: “No podemos dejar de volver a esa primera llamada, la dirigida a Simón, al que nuestro Señor dio el nombre de ´Pedro´. En particular a la llamada definitiva después de la resurrección, cuando Cristo le preguntó tres veces: ´¿Me quieres?´, y Pedro por tres veces le contestó: ´Claro Señor, tú sabes que te amo´”.

“Y Cristo preguntó: ´¿Me amas más que estos?´. Era un pregunta difícil -continua Wojtyla- y muy exigente. La sucesión a Pedro, la llamada al ministerio pontificio contiene en su interior una llamada al amor que es absolutamente el más alto, un amor muy particular. Y siempre cuando Cristo dice a un hombre ´Ven, sígueme´, le pide lo que le pidió a Simón: ´¿Me amas más que estos?´”.

“Pero un corazón humano no puede más que temblar -admite el cardenal polaco-. Un corazón humano debe temblar porque en la pregunta hay también una petición. ¡Debes amar!. Debes amar más que los otros (...)”. Una llamada de doble significado: “Es una invitación a servir -concluyó Wojtyla- es una invitación a morir”.

Y también con el último hecho de su vida terrena, la muerte, Juan Pablo II escribió una de las páginas más conmovedoras y mediáticamente seguidas por todo el mundo. Centenares de millones de personas se conmovieron en el día de sus funerales cuando el evangelio, colocado sobre su ataúd en la Plaza de San Pedro, fue abierto por el viento.