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| Veremundo, Santo |
| Santoral / | Santoral |
| Por: Albam Butler | Fuente: La Vida de los Santos |

Abad
A la muerte de Munio, Veremundo le sucedió en el cargo de abad. Su ejemplo y sus palabras llevaron a la comunidad a un grado de perfección aún más alto. Según parece, Veremundo poseía el don de curar a los enfermos. También se cuenta que detuvo milagrosamente el fuego que amenazaba consumir las cosechas de la abadía. El cuidado que ponía en la recitación exacta y reverente del oficio divino le mereció aprobación y alabanza por parte de la Santa Sede. El santo fue uno de los que apoyaron la introducción de la liturgia española, llamada mozárabe. El rey de Navarra hizo grandes regalos a la abadía. La erección de la ciudad de Estela se debió a una de esas donaciones. Una noche, los pastores que cuidaban sus rebaños vieron caer una lluvia de estrellas sobre una colina. El sitio recibió más tarde el nombre de Yricarra, que significa "estrellado". En las investigaciones que se hicieron para localizar los meteoros, se encontró una estatua de la Virgen con el Niño. Esto impresionó tanto al rey Sancho Ramírez, que empezó inmediatamente a construir en ese sitio la ciudad de Estela. El mismo rey la regaló a Veremundo, con la condición de que la dedicase a la Madre de Dios. Por eso, prácticamente todas las casas de la ciudad, pagaban una renta o tributo al monasterio.
En una época de hambre, los vecinos empezaron a acudir a su amigo el abad en busca de socorro y también lo solicitaban los peregrinos que iban a Santiago de Compostela. Los graneros de la abadía estaban ya vacíos, pero una multitud de tres mil personas clamaba a las puertas. Veremundo celebraba la misa; al llegar a las oraciones por el pueblo, rogó con muchas lágrimas por aquella multitud hambrienta. Súbitamente apareció una paloma blanca, que voló sobre los fieles y desapareció. El milagro fue extraordinario, pues todos los presentes sintieron satisfecha su hambre y experimentaron un delicioso sabor en la boca, como si hubiesen comido un alimento celestial. La muchedumbre lanzó gritos de alegría y alabó la infinita bondad de Dios.
VIDAS DE LOS SANTOS Edición 1965
Autor: Alban Butler (†)
Traductor: Wilfredo Guinea, S.J.
Editorial: COLLIER´S INTERNATIONAL - JOHN W. CLUTE, S. A.
Autor: Alban Butler (†)
Traductor: Wilfredo Guinea, S.J.
Editorial: COLLIER´S INTERNATIONAL - JOHN W. CLUTE, S. A.

