.
Lectio Divina. 21o Domingo del Tiempo Ordinario
Aprende a Orar /Lectio Divina JULIO

Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net

El Licdo Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el 21o. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.

  • Preguntas o comentarios al autor
  • Licdo Orlando Carmona



    ____________________________________


    Juan 6, 60-69


    1. INVOCA

  • Comienza con todo interés este tiempo de oración, de escucha de la Palabra y de responder: ¿Qué quieres, Señor, de mí?
  • La Palabra te trae el mensaje que quiere ofrecerte el Padre, por su misma Palabra-Jesús, con la inspiración del Espíritu. ¡Toda la Trinidad a tu disposición!
  • Recuerda que el primer valor para el orante no es la productividad o la efectividad, sino la gratuidad. ¡Dios es gratuito!
  • El amor gratuito y la respuesta desde el amor son los que hacen verdaderas y por igual acción y oración.
  • Ábrete, pues, a la inspiración del Espíritu, al soplo de su viento y al calor de su fuego.
  • Invócale, déjale que entre a lo más hondo de tu interioridad.


    2. LEE LA PALABRA DE DIOS Jn 6, 60-69 (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

     
  • Las palabras de Jesús, relatadas en los versículos anteriores, desatan en los discípulos y en los oyentes una reacción de incomprensión y rechazo. Buscan un Mesías milagrero, un rey (Jn 6, 15), que les remedie los problemas económicos y de salud corporal. No buscan ni desean tener otro Mesías, que les abra el camino de la salvación.
  • El abandono, incluso de sus discípulos, indica que no han comprendido el mensaje de vida que les ofrece Jesús. Los judíos que murmuran (v. 41), los discípulos que critican su enseñanza (vs. 60-61) y los Doce que también quieren abandonar al Maestro (v. 67). Toda esta reacción adversa recibe Jesús, al manifestar su entrega total para el bien de todos.

    Texto

    1. El Espíritu es quien da la vida, la carne no sirve para nada (v. 63)

     
  • Jesús intenta hacerles entender su mensaje y su oferta. Pero, ellos han quedado bloqueados en su mentalidad terrena, alejada de la fe. Sólo buscan la solución de los problemas materiales.
  • Lo de la tierra está al servicio del ámbito del Espíritu. Lo material y lo corporal no sirven de nada si no están conforme a las mociones del Espíritu. Que es quien aporta la verdadera Vida. Si Jesús les ofrece su carne y su sangre (v. 53), no es para sustentar la vida corporal, sino para conducirlos a la auténtica vida del Espíritu, la del Amor de Dios.
  • Las palabras que les he dicho son espíritu y vida (v. 63). La Palabra de Dios no son vocablos ruidosos como nuestras palabras. La Palabra está llamada a producir Vida en los creyentes. Si la Palabra no trasmite Vida, no es culpa de la Palabra, sino de los oyentes. Algunos de ustedes no creen (v. 64). Ésta es la razón por la que aquellos oyentes de Jesús, incluidos los discípulos, no aceptan el mensaje que les ofrece. Es necesario tener fe en la Palabra, para que ésta sea eficaz.
  • Porque la Palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que una espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, hasta lo más profundo del ser y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (Heb 4, 12).

    2. Tus palabras dan vida eterna (v. 68)
     
  • Es la respuesta de Pedro, ante el reclamo doloroso de Jesús: ¿Acaso ustedes quieren irse? (v. 67). Pedro se hace eco de toda la enseñanza que Jesús les ha trasmitido en este relato.
  • Aquellos discípulos, como tantos creyentes de hoy, albergaban dudas sobre aquel personaje, humano como ellos, llamado Jesús de Nazaret. Entonces como hoy sigue suscitando interrogantes ¿Por qué sus enseñanzas y su estilo de vida no atraen a los cristianos de hoy a una vida más comprometida con el Evangelio? ¿Por qué mi deseo de vivir tiene que conformarse con lo que dijo hace miles de años aquel hombre íntegro, que enseñaba doctrinas extrañas de lo que el mundo ofrece? Y más: ¿por qué los maestros de hoy, los sacerdotes, nos tienen que decir cómo hemos de comportarnos?
  • Pero, el interrogante de Jesús, su pregunta ¿Acaso ustedes quieren irse?, sigue resonando en nuestro interior suave y enérgicamente, como la llamada inquietante de Amor, que el Espíritu de Jesús continúa realizando.
  • La oposición entre carne y espíritu se hacen hoy, tal vez, más palpables. El mundo capitalista ofrece el cielo en la tierra. Pero la Palabra de Dios, siempre actual, nos va indicando dónde encontraremos la auténtica felicidad, aun en medio de dificultades y sacrificios. La Palabra de Jesús sigue resonando, para el que la quiera seguir, a través de los siglos: Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn 14, 6).


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • Señor, ¿a quién iríamos? Tus palabras dan vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios (vs. 68-69).
  • Me quedo respondiendo al Señor como Pedro. No tengo lugar en la tierra donde encontrar la Vida total que Tú me estás ofreciendo. Ningún tesoro terreno se puede comparar con el gran tesoro de Ti mismo y de tu misma Vida.
  • Aunque, con frecuencia, las dudas y la pereza me quieran dominar, no deseo apartarme nunca de Ti, Jesús.


    4. ORA (Qué le respondo a la Palabra)
     
  • Esta es mi respuesta a tu gran Palabra, Jesús. La misma de Pedro, indigente y débil, pero buscador constante: Señor, ¿a quién iríamos? Tus palabras dan vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios (vs. 68-69).
  • Sí, Tú eres la misma Santidad, que me elevas, consagras y santificas. Tú, con tu Espíritu, me transformas para nacer a la Vida total. Con tu Espíritu, Jesús, aunque sienta mi debilidad, quedaré revestido de tu fortaleza, experimentaré tu gran Amor, que me satisfará plenamente. Ya no buscaré los halagos de la carne (pereza, orgullo, sensualidad…) Experimentaré tu donación y tu amistad. Y todo esto me llenará y me satisfará. ¡Nada más desearé! Mi Dios y mi Todo (San Francisco de Asís). ¡Sólo Dios basta! (Santa Teresa de Jesús).


    5. CONTEMPLA
     
  • A Jesús, que con el Padre y el Espíritu, es la donación total a mí, para que yo tenga Vida.
  • A Jesús, que con el Padre y el Espíritu, es para mí la Vida total. Ya nada más me puede satisfacer…


    6. ACTÚA
     
  • Viviré la Palabra de Jesús: Las palabras que les he dicho son espíritu y vida (Jn 6, 63).
  • Repetiré: Señor, ¿a quién iríamos? Tus palabras dan vida eterna (Jn 6, 68).








  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Martín Irure