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Lectio Divina. 22o Domingo del Tiempo Ordinario
Aprende a Orar /Lectio Divina JULIO

Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net

El Licdo Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el 22o. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.

  • Preguntas o comentarios al autor
  • Licdo Orlando Carmona



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    Marcos 7, 1-8a.14-15.21-23


    1. INVOCA

  • Comienzas este tiempo de encuentro con el Señor, en la oración. Recuerda que Él es protagonista en este diálogo de Amor. Él desea trasmitirte su Palabra, para que, escuchándola y meditándola, la lleves a la práctica.
  • La oración no es algo que yo hago. Es la Palabra la que realiza en mí: la revelación de la voluntad del Padre, el encuentro con el mensaje y la motivación para vivirla.
  • El Espíritu es quien me abrirá al sentido exacto de la Palabra. Y moverá mi actitud interior para llevarla a la vida diaria. Le invoco con confianza: Veni, Sancte Spiritus.
  • Me sincero y me abro al Espíritu. Para que, con su impulso, pueda resolver en alabanza toda dificultad, toda pérdida, todo fracaso.
  • Orar es: dejarse amar por el Amor. Es dejar que el Amor explique todo en mi vida.


    2. LEE LA PALABRA DE DIOS Mc 7, 1-8a.14-15.21-23 (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

     
  • Retomamos el Evangelio de Marcos, después de haber meditado el capítulo 6 del Evangelio de Juan.
  • El capítulo 7 de Marcos marca la diferencia entre la pureza legal, interpretada por los fariseos, y la pureza interior de la persona, señalada por Jesús.

    Texto

    1. ¿Por qué tus discípulos… comen sin purificarse las manos? (v. 5)

     
  • Las tradiciones judías sobre la práctica de la Ley eran innumerables. Pues, habían convertido la Ley de Dios (los diez mandamientos) en una ciencia y en una moral casuística con tantos preceptos y prohibiciones de tipo externo, que sólo los expertos conocían y aplicaban. Y los dirigentes religiosos ponían tanto celo en el cumplimiento meticuloso de tanta normativa que declaraban "pecadores" a aquellos que no la cumplían. Pensaban ellos que tales prácticas eran necesarias para tener relación con Dios. Y, al no cumplirlas, eran objeto de las amenazas y castigos que ellos podían enumerar y aplicar.
  • En esta ocasión, Jesús responde directamente a las acusaciones. En otros momentos (véase: Mc 2, 1-3. 6; 3, 22-30), Jesús se había limitado a justificar su modo de actuar. Y ya en este enfrentamiento, Jesús expone directamente su modo de entender la Ley, apoyándose en la enseñanza de los profetas.
  • Jesús va a proponer otra moral, más al fondo, más al cambio interior y a la conversión. Y fustiga tales tradiciones que provienen de los hombres y dejan a un lado el mandamiento de Dios (v. 8).
  • Jesús denuncia tres fallos graves:
    1. Los maestros de la Ley ocultan el verdadero rostro de Dios y lo han ridiculizado por seguir las tradiciones meramente humanas.
    2. Han convertido la Ley de Dios, los diez mandamientos, en unos modos de opresión de los hombres, olvidando el fundamento del primer mandamiento: amar a Dios y amar al prójimo. Jesús manifiesta abiertamente que los derechos y la dignidad de las personas están por encima de los “derechos” de Dios, inventados por los fariseos.
    3. Jesús contradice claramente el uso y la práctica del corbán, por el que uno quedaba libre de atender a sus propios padres necesitados, si entregaba su limosna al templo (vs. 9-12; que no se leen en el evangelio de este domingo).

    2. Nada de lo que entra en el hombre puede mancharlo. Lo que sale del interior del hombre es lo que mancha al hombre (v. 15)
     
  • Es un principio claro que expone Jesús. Nada que venga de fuera debe purificarse. Ni de tocar un leproso, ni un muerto, ni de comer sin lavarse, ni de probar cualquier alimento. Todas las cosas creadas son buenas. No hay nada impuro en los seres creados
  • De la conciencia de cada persona es de donde proceden: las malas intenciones, deseos, actitudes, valores y propósitos. De la calidad o maldad del interior dependen la bondad o maldad de las acciones y palabras de la persona.
  • La purificación de la conciencia es el comienzo de la conversión. De nada sirven los ritos y ceremonias externas religiosas, si no hay intención y decisión de arrepentimiento y de conversión. Nada que atente contra la dignidad de la persona puede aprobarse como querido o mandado por Dios.
  • El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado (Mc 2, 27).
  • Ésta es la norma suprema que establece Jesús. No ha venido a esclavizar sino a liberarnos de leyes injustas. El amor a las personas y, en consecuencia, hacerles todo el bien posible, es el criterio también del amor a Dios.
  • Les aseguro que cuando lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron (Mt 25, 40). Es el criterio con que el Señor nos juzgará al final de la vida.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • Este texto evangélico me invita a mirar y examinar mi conciencia con detenimiento, con sinceridad. Me he de preguntar: ¿qué intenciones son las que me motivan para hacer el bien o para no hacerlo?
  • La conversión que nos pide Jesús es la del corazón. El plazo se ha cumplido. El reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el evangelio (Mc 1, 15).
  • ¿Qué sentimientos, valores, actitudes brotan de mi interior? ¿Por qué trabajo, me muevo, me afano? En todo momento, ¿guía mis actividades el hacer el bien al prójimo? ¿O sólo busco intereses personales: fama, éxito, aprecio, dinero…?
  • La Palabra de Dios siempre me llama al arrepentimiento y a la conversión.


    4.ORA (Qué le respondo a la Palabra)
     
  • Mi corazón, Señor, necesita una revisión y una curación. Me acerco hasta Ti, como tantos enfermos que sanaste, para que también cures mis fallos interiores. Necesito purificar mis intenciones, dominar mis inclinaciones desviadas, corregir mis apatías y perezas, erradicar mi orgullo, soberbia y desprecio al que no piensa como yo. ¡Tantos pecados que debo eliminar de mi conciencia…!
  • Yo sé que me pides, Jesús, un corazón nuevo. Que el verdadero culto a Dios no está en los ritos y ceremonias, sino en el amor verdadero y sincero al prójimo. ¡Que yo sepa responder a tu gran Amor!


    5. CONTEMPLA
     
  • A Jesús, que fustiga enérgicamente a los maestros de la Ley, por desfigurarla e imponer preceptos que nada tienen que ver con el mandamiento principal: amor a Dios y amor al prójimo.
  • A mí mismo, que con frecuencia quiero justificarme con actos y rezos y no pongo la atención y el interés en mi arrepentimiento y conversión.


    6. ACTÚA
     
  • Revisaré mi conciencia, a la luz de la Palabra, para purificar y corregir mis desvíos.
  • Repetiré: Crea en mí, oh Dios, un corazón puro; renuévame por dentro con tu santo Espíritu (Sal 50, 12(51).









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