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Lectio Divina. 31o Domingo del Tiempo Ordinario
Aprende a Orar /Lectio Divina JULIO

Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net

El Licdo Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el 31o. Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.

  • Preguntas o comentarios al autor
  • Licdo Orlando Carmona



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    Marcos 12, 28b-34


    1. INVOCA

  • Nos disponemos a estar con el Señor en este tiempo de oración. Él ha hecho posible este encuentro. Tenemos que aprovecharlo para nuestro bien.
  • Orar es: dar una respuesta a Dios, que siempre tiene la iniciativa.
  • Orar es: entrar en el ámbito de una llamada de amor.
  • Orar es: entrar en la presencia de Jesús, dejar que Él nazca en mí. La liturgia (Misa, Liturgia de las Horas...) me encamina hacia la oración silenciosa, contemplativa, en medio de la jornada, en el trabajo, en las relaciones humanas, en las cosas, en uno mismo.
  • Orar es: encontrar la forma de integrar contemplación y acción. Porque en ambas queda la huella del amor.
  • Nos abrimos totalmente a la acción y a la inspiración del Espíritu.
  • Le invocamos: Veni, Sancte Spiritus:

    Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)



    2. LEE LA PALABRA DE DIOS Mc 12, 28

    Contexto bíblico

     
  • El texto bíblico de este domingo está ubicado en un ambiente de polémica. Anteriormente, hay duras polémicas entre los fariseos y Jesús. La parábola de los viñadores homicidas (11, 1-12); la licitud o no del tributo al César (12, 13-17); la discusión sobre la resurrección de los muertos (12, 18-27). Le sigue también la polémica sobre si el Mesías es hijo de David.
  • Fariseos, herodianos y saduceos son los que levantan la discusión con Jesús. No es el pueblo, sino los guías, los responsables espirituales, políticos y religiosos.

    Texto

    1. ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? (v. 28)

     
  • En el contexto anterior, son diversos grupos los que cuestionan a Jesús. En el texto de hoy, es un fariseo, un letrado. Anteriormente (3, 22 y 7, 1) han sido letrados los que han vigilado el comportamiento de Jesús y han establecido una oposición a Él.
  • Este hombre es una excepción. Su estilo personal, su conciencia, está por encima del grupo fariseo al que pertenece. No quiere polemizar con Jesús. Sino que, con sinceridad, quiere saber una respuesta que le aclare sobre lo principal de la Ley, en medio de tantas interpretaciones que desfiguraban u ocultaban lo más importante.
  • En el judaísmo de entonces había innumerables preceptos y prohibiciones que impedían ver con claridad cuál era el principal mandamiento. Pues había 613 mandamientos (365 prohibiciones y 248 preceptos). Todo esto ocultaba el principal mandamiento. Todo esto tan complicado quedaba al margen del pueblo sencillo. Y las diferentes escuelas rabínicas no se ponían de acuerdo para establecer un orden de importancia.
  • Jesús va en contra de toda esta trama legalista que impedía ver con claridad lo principal en la relación del creyente con Dios.
  • Este fariseo, llevado de su sana curiosidad, pretendía aclararse en este punto tan importante.

    2. Amarás al Señor tu Dios... y al prójimo como a uno mismo (vs. 30-31)
     
  • Jesús va a la raíz. Y afirma que el amor a Dios y el amor al prójimo es el centro de todos los mandamientos.
  • No hay otro mandamiento más importante que éste (v. 31). Con esta afirmación rotunda, Jesús destaca la importancia del amor a Dios y al prójimo. Todos los demás mandamientos y preceptos son secundarios. Los dos mandamientos son los que deben regular la vida del creyente. Ninguna otra práctica es esencial. Del amor a Dios no se deriva el culto religioso, sino el amor al hombre, que es la imagen de Dios.
  • Jesús echa por tierra la pretensión de los fariseos, que daban culto a Dios, olvidándose del hombre.
  • Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables. Si alguno dice: `Yo amo a Dios, y odia a su hermano, es un mentiroso´ (1 Jn 4, 20). Lo único que cuenta es el amor.
  • La gloria de Dios es el que hombre viva (San Ireneo). La gloria de Dios es que el pobre viva (Mons. Oscar Romero). La medida del amor a Dios es el amor al prójimo.
  • Ama y da culto a Dios aquel que hace lo posible para que la persona humana viva, en su dignidad de persona y como hijo de Dios.
  • Y Jesús lo puso más claro todavía: Les doy un mandamiento nuevo: Ámense los unos a los otros. Como yo los he amado, ámense los unos a los otros (Jn 13, 34). Según la formulación, éste es el único mandamiento: el amor al prójimo. Y esto lo podemos hacer porque el Señor nos ama infinitamente.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • Muchas veces en nuestra vida cristiana nos vemos envueltos en dudas porque no sabemos cómo hemos de proceder. ¡Con tantos mandamientos, preceptos, leyes, normas, etc...! Nos olvidamos, en el momento de discernir, de la principal regla de oro: Amar, amar, amar y nada más que amar. Así lo expresaba San Pío de Pietrelcina.
  • Dios quiere que nos dejemos amar. Porque Dios es amor (1 Jn 4, 8). Es una pasividad activa. Recibir y reconocer que Dios nos ama. Nosotros debemos amarnos, porque Él nos amó primero (1 Jn 4, 19).
  • Esto es lo principal que tenemos que hacer: dejarnos amar por el Padre en Jesús y hacer pasar por nosotros ese amor de Dios hacia los hermanos.


    4. ORA (Qué le respondo al Señor)
     
  • Señor, te agradezco por esta gran revelación: Tú eres Amor y sólo Amor... Quiero que tu Amor me envuelva siempre, para experimentar gozo, paz en Ti y junto a Ti. Que se me vayan así todos los miedos y complejos.
  • Quiero que mi vida trascurra en tu Amor, para que también pueda trasmitir tu Amor infinito a los demás hermanos. ¡Que ésta sea mi principal tarea en esta tierra!


    5. CONTEMPLA
     
  • Al Padre, que, movido por su amor, nos destinó a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo (Ef 1, 4-5).
  • A Jesús, que lo dio todo porque nos amaba y nos reveló que lo sustancial es amar.
  • A mí mismo, tan necesitado de Amor y que con frecuencia busco el amor de las criaturas.


    6. ACTÚA
     
  • Trataré de experimentar el inmenso Amor del Padre, manifestado en Jesús. Y que mi trato con las personas sea motivado por el amor.
  • Repetiré: Nosotros debemos amarnos porque él nos amó primero (1 Jn 4, 19).









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