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Lectio Divina. 3o. Domingo Adviento
Aprende a Orar /Lectio Divina JULIO

Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net

Jn 1, 6-8. 19-28

1. INVOCA



  • Orar es:
    - transformarse, pues la mirada de Dios me purifica y me ilumina;
    - la luz y el fuego de su rostro, donde mis culpas son abrasadas;
    - mí reflejo en Él y mi crecimiento en Él;
    - un veme y mirarme en Él.
  • Invoco al Espíritu, que me inspira y me anima a escuchar la Palabra y a conformar mi vida según la Palabra.


    2. LEE LA PALABRA DE DIOS Jn 1, 6-8. 19-28 (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

     
  • Este texto está tomado del prólogo del Evangelio según san Juan. Este prólogo es un antiguo himno cristiano, al que la escuela joánica le añadió algunos versículos, para celebrar la fe en Jesucristo, como Verbo o Palabra del Padre.
  • En las primeras comunidades cristianas, se suscitaron algunas polémicas sobre quién era el mayor si Jesús o Juan Bautista. Éste es el mensajero. Jesús es el Mesías, la Palabra, el Enviado del Padre.

    Texto

    1. Juan vino como testigo (v. 7)

     
  • El testigo es el que refiere lo que ha visto y oído. En el lenguaje cristiano, el mártir es el testigo por excelencia, pues entrega su vida por Jesucristo.
  • El profeta también es testigo de Dios, de su Reino y proyecto de salvación. Pues denuncia las injusticias y anuncia que Dios es Padre y quiere unas relaciones de fraternidad entre los humanos.
  • Juan Bautista es el primer testigo del Nuevo Testamento. Él mismo tiene conciencia de su misión. Pues niega que él sea Elías ni el Mesías, ni la luz. Sólo es un testigo de la luz.
  • Juan Bautista se presenta como la voz que grita en el desierto, aplicándose las palabras de Isaías. Él viene a preparar los caminos del Mesías.
  • Juan Bautista no vive para sí. Su misión es anunciar y preparar la venida del Mesías. Y para indicar su presencia entre los hombres. Él es el testigo fiel, que entregará su vida por la justicia y la verdad.

    2. Hay uno a quien no conocen (v. 26)
     
  • Es Jesús, el gran Desconocido. Los fariseos, los escribas, el pueblo de Israel conocían las profecías del Antiguo Testamento. Todo apuntaba al Mesías. Y cuando llega, no le reconocen. Es más: los jefes del pueblo, los maestros que explicaban las profecías y la historia de salvación al pueblo, no conocen al Mesías y lo rechazan en su mensaje y en su persona.
  • Conocer, según el lenguaje bíblico, indica no tanto un conocimiento teórico, sino un conocimiento profundo y experiencia íntima. Conocer tiene que ver con la vida, el seguimiento, la identidad y la entrega.
  • Hoy podemos repetir las mismas palabras del Bautista: En medio de ustedes hay uno a quien no conocen (v. 26). No podemos contentarnos con decir que conocemos a Jesús, pues le conocemos y también estudiamos su Palabra. Pero, el salto a la experiencia profunda con Él, tal vez esté por estrenarse en nuestra vida.
  • En la medida en que vivamos la experiencia con Jesús (sentimientos, ideales, valores, oración, entrega, misión) nuestra vida se irá transformando.
  • En la medida en que vayamos adquiriendo esta sabiduría, seremos testigos ante los demás del Evangelio que llevamos dentro.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • ¿Soy testigo de la vida que el Señor ha implantado en mí desde el bautismo? ¿Cómo experimento esta presencia del Espíritu?
  • ¿Trato de encontrarme con este Jesús, con su Espíritu, para dejarme transformar por Él? ¿Cómo llevo mi vida de oración, de relación profunda con el Señor?
  • En mis actuaciones como cristiano ¿trato de manifestar a Cristo, su verdad, su luz, su salvación? O tal vez, ¿quiero presentarme a mí mismo, lo que yo pienso, lo que yo siento...?
  • ¿Animo a los demás para que lleguen al conocimiento y experiencia con Jesús?


    4. ORA
     
  • Padre, Tú nos has dado tu Palabra en tu Hijo Jesús. Y hemos leído la Palabra inspirada, que nos ofreces por medio del apóstol Pablo: `Estén siempre alegres´ (1 Tes 5, 16; segunda lectura de este domingo). Y la mayor causa de nuestra alegría es que nos enviaste a tu Hijo Jesús como nuestro Hermano y amigo. Ésta es la alegre y buena noticia. Éste es el Evangelio. Que Tú nos amas y nos lo demuestras con el gran regalo de tu Hijo. ¡Gracias, Padre! ¡Gracias, Jesús, porque lo has hecho todo por darnos la felicidad! ¡Gracias, Jesús, porque hemos recibido un bautismo de hijos de Dios en tu Espíritu de Amor!
  • Queremos ser tus testigos en esta tierra. Para que otros hermanos se animen a seguirte con toda entrega y decisión. Al estilo de Juan Bautista que no se arrogó ningún título, sino que quiso preparar tu venida. Y también lo dio todo por Ti.


    5. CONTEMPLA
     
  • Al Padre, que nos entrega su Amor, manifestado en Jesús.
  • A Jesús, que ha venido para anunciarnos y realizar la Buena Noticia de que Dios nos ama.
  • A nosotros mismos, que nos distraemos con bagatelas y no entramos en una experiencia de filiación y amistad con el Padre y de fraternidad con Jesús y con los demás hermanos.
  • A otras personas, de la misma familia y conocidas, que, a pesar de estar bautizados en el Espíritu, viven como si no fueran hijos de Dios y hermanos de Jesús.


    6. ACTÚA
     
  • Repite con frecuencia: Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador.
  • Un cristiano triste es un triste cristiano. “El Evangelio es una `buena nueva´, es un reino en el que no puede faltar la alegría. Un cristiano irremediablemente triste no es auténticamente cristiano” (Pablo VI).




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  • P. Martín Irure