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Lectio Divina. 5o Domingo de Pascua
Aprende a Orar /Lectio Divina JULIO

Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net

El Licdo Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el V Domingo de Pascua Ciclo B, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.

  • Preguntas o comentarios al autor
  • Licdo Orlando Carmona



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    Juan 15, 1-8


    1. INVOCA

  • Meditar es: un sencillo estar, permanecer. Nada más y nada menos.
  • Meditar es: no correr detrás de nada. Esto nos oprime y deforma. Y puede ser, además, un modo de huir, de escaparse uno de sí mismo.
  • Los pensamientos se agitan en nuestro interior. A veces, están como acurrucados, esperando dar un salto al centro de nuestra atención. Para llevarnos a otras cosas, que no nos llenan ni satisfacen.
  • Hagamos silencio: en nuestro derredor y en nuestro interior. Sólo la oración, la escucha de la Palabra y la respuesta a la misma nos deben ocupar en este rato.
  • Abrámonos a la inspiración y animación del Espíritu. Cantamos: Veni, Sancte Spritus

    Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)



    2. LEE LA PALABRA DE DIOS Jn 15, 1-8 (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

     
  • La alegoría de la vid es muy común en la tradición profética de Israel. Servía para designar al pueblo de Israel, como pueblo elegido por Dios (ver: Sal 80; Is 5; Jer 2, 21-22; Ez 19, 10-12).
  • En boca de Jesús, esta alegoría afirma que Él es la verdadera viña. Que el verdadero pueblo ya no es Israel, sino la comunidad fundada por Jesús: A ella son llamados todos los humanos.
  • La pertenencia a esta comunidad de Jesús no depende de una herencia por la sangre, sino de la participación en la vida de Jesús.


    1. Yo soy la vid (v. 1)

    • Como tantas veces en el Evangelio de Juan, Jesús se autodefine con las palabras Yo soy, en esta ocasión se compara con la vid verdadera.
    • Es la vid que el Padre cuida con esmero y dedicación. Dos acciones se le atribuyen al Padre:
    - corta las ramas que no dan fruto y poda las ramas fructíferas, para que den más fruto.
    • El Padre poda a los que ama. Corta nuestros brotes malignos: soberbia, avaricia, lujuria, comodidad, pereza, etc.
    • El Padre nos poda por medio de los demás: amigos, pobres, desconocidos... Nos poda a través de los que nos critican, de los que siembran la injusticia y hacen sufrir al prójimo. Somos podados por medio de las cruces que la vida y los demás nos ponen encima. E incluso nosotros mismos debemos intervenir en nuestra propia poda. El seguimiento de Jesús exige renuncia. Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz, y me siga (Mt 16, 24).

    2. Permanezcan unidos a mí (v. 4)
     
  • La unión con Jesús es necesaria para que las ramas produzcan frutos. El sarmiento no puede producir fruto por sí mismo. Es absolutamente necesario que esté unido al tronco de la viña, que es Jesús.
  • El cristiano debe permanecer siempre unido a Jesucristo. De lo contrario, su vida será un fracaso. El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la conservará. Pues, ¿de qué le sirve a uno ganar todo el mundo, si pierde su vida? (Mt 16, 25-26).
  • Para que circule la savia por todas las ramas, es totalmente necesario que éstas estén unidas al tronco. El cristiano y la comunidad darán fruto si están unidos al mismo Jesús. La vid y los sarmientos forman un todo.
  • El verdadero dinamismo cristiano se muestra en la permanencia del creyente con Jesús.
  • Ustedes forman el Cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro de ese Cuerpo (1 Cor 12, 17). San Pablo expresa la unidad entre Cristo y los cristianos con la comparación del Cuerpo: la Cabeza es Cristo, nosotros sus miembros. Porque si hemos sido injertados en Cristo a través de una muerte semejante a la suya, también compartiremos su resurrección (Rom 6, 5).

    3. Sin mí no pueden hacer nada (v. 5)
     
  • Los efectos del sarmiento que está unido a la vid son:
    - producir mucho fruto (v. 5);
    - pedir con confianza y el Señor lo concederá (v. 7);
    - dar gloria al Padre y manifestarse como discípulos de Jesús (v. 8);
    - el Padre ama a los que permanecen con Jesús (v. 9).
  • Jesús nos recomienda, en definitiva: Permanezcan en mi amor (v. 9).
  • La actividad del cristiano será estéril para la vida verdadera, si no está unido a Jesús.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • Para dar frutos verdaderos tenemos que permanecer unidos a Jesús, como Él lo está siempre con el Padre. Morir con Él al pecado, que nos esclaviza, y resucitar con Él a la vida verdadera.
  • Para ir muriendo a nuestras esclavitudes, debemos dejarnos podar por el Padre y colaborar con esas renuncias por un seguimiento de Jesús más purificado.
  • Hemos de aceptar la “poda que la vida nos impone” como algo útil y necesario para desprendernos de tanta cosa que nos impide caminar en los pasos de Jesús.
  • Entender la renuncia a nuestros vicios como una liberación de un peso que nos frena y nos impide ser libres para caminar mejor.


    4. ORA (Qué le respondo al Señor)
     
  • Jesús, enséñanos a aceptar la “poda” de nuestros vicios, que el Padre quiere realzar en nosotros..
  • Jesús, enséñanos a seguirte por el camino de la renuncia a tanta cosa, que nos apega demasiado a lo terreno: dinero, preocupaciones, insensibilidad ante las necesidades del prójimo...


    5. CONTEMPLA
     
  • A Jesús, que nos ofrece su misma vida, a condición de que estemos unidos a Él.
  • A Jesús, que nos trasmite el amor del Padre y la vida auténtica y total.
  • A ti mismo, tan necesitado de liberación en tantos aspectos: miedo, temores, pecados, rutina...


    6. ACTÚA
     
  • Da gracias a Jesús, que te ofrece la verdadera vida.
  • Repite muchas veces la exhortación de Jesús: Permanezcan en mi amor (v. 9).
  • Haz algo para que otros tengan la profunda experiencia que tú sientes cuando estás en oración con la Palabra de Dios.








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