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Lectio Divina. Ascensión del Señor.
Aprende a Orar /Lectio Divina JULIO

Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net

El Licdo Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el Domingo de La Ascensión Ciclo B, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.

  • Preguntas o comentarios al autor
  • Licdo Orlando Carmona



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    Marcos 16, 15-20


    1. INVOCA

  • En este tiempo de oración, que el Señor te concede, vas a escuchar la Palabra con el mensaje venido del mismo Dios.
  • Intenta entrar con todo empeño en este diálogo que el Señor quiere establecer contigo. Abre toda tu persona a la inspiración del Espíritu.
  • Invócale y repite: Habla, Señor, que tu siervo (hijo) escucha (1 Sm 3, 10).


    2. LEE LA PALABRA DE DIOS Mc 16, 15-20 (Qué dice la palabra de Dios)

    Contexto bíblico

     
  • El texto que leemos en esta solemnidad es un apéndice añadido al evangelio de Marcos, hacia la segunda mitad del siglo II. Aunque añadido, es inspirado y canónico (aprobado por la Iglesia) e incorporado ya al Evangelio de Marcos.
  • La actitud de silencio de las mujeres, con que terminaba el texto de Marcos (16, 8), y la omisión de la descripción de las apariciones del Resucitado y del envío a la misión, al parecer, dejaba insatisfechos a los primeros cristianos. A eso se debe, concluyen los biblistas, el añadido canónico que hoy leemos.

    Texto

    1. Vayan por todo el mundo y proclamen la buena noticia a toda criatura (v. 15)

     
  • La Ascensión del Señor indica un nuevo modo de presencia del Señor Resucitado en la Iglesia y en el mundo. No se aleja de nosotros. Es su promesa: Sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos (Mt 28, 20). Es el Espíritu del Resucitado que se adentra en nuestra conciencia y vive en la Iglesia y en la sociedad, con más poder que cuando vivía en cuerpo mortal en Palestina. Está más adentro de nosotros que nosotros mismos.
  • Los apóstoles son enviados como mensajeros de la presencia y acción liberadora del Resucitado. Lo importante de su misión es: pregonar la Buena Noticia a toda criatura. Es decir, anunciar (realizar) que Dios nos ama y nos salva a todos. Dios se manifiesta, en Jesús y en el Espíritu, al servicio de la felicidad del ser humano.
  • Los apóstoles de todos los tiempos han de afirmar que Jesús vive en nuestro mundo, resucitado, glorioso y encarnado de nuevo en la historia de la humanidad, para consagrar a Dios a los humanos y convertir nuestro tiempo en historia de salvación.
  • El Dios de Jesús es el Dios de la vida, que quiere liberarnos de las influencias del mal y comunicarnos su misma Vida de Resucitado.
  • La Ascensión señala la hora de la Iglesia. Porque la Iglesia, los cristianos, somos los misioneros llamados a trasmitir la alegre y buena Noticia del Reino de Dios en todo tiempo y en todo lugar. Una noticia de salvación, no de condenación.

    2. A los que creen, les acompañarán estas señales... (v. 17)
     
  • Los que aceptan el Evangelio, los que creen en Jesús irán por el mundo para distribuir los mismos dones y poderes de Jesús:
    - expulsarán demonios en mi nombre: esto es, derrotarán las fuerzas del mal;
    - hablarán lenguas nuevas: es decir, se identificarán con las personas de las diferentes culturas y países; utilizarán un lenguaje nuevo de salvación.
    - agarrarán serpientes con sus manos: afrontarán todos los peligros.
    - impondrán las manos a los enfermos y éstos sanarán: sobre todo, recibirán la salud y la salvación aquellos que, arrepentidos, se conviertan al Evangelio, por medio de la acción santificadora de los sacramentos.
  • Jesús trae la liberación total. En la Iglesia vive el poder de Jesús Resucitado, su Espíritu, que va desatando las cadenas del pecado e implanta la nueva Vida de Dios.
  • El Evangelio es para liberar. Para ser libres, Cristo nos ha liberado (Gal 5, 1).
  • El Evangelio es para hacernos hijos de Dios: Han recibido un Espíritu que los hace hijos adoptivos y nos permite clamar. Àbbá, Padre (Rom 8, 15).
  • El Evangelio es para darnos la vida en plenitud: Ya estamos salvados, aunque sólo en esperanza (Rom 8, 24). Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud (Jn 10, 10).
  • Si Jesús asciende, es porque antes descendió, para redimirnos de la cautividad y llevarnos con Él a la plenitud: Al subir a lo alto llevó consigo cautivos, repartió dones a los hombres… Capacita así a los creyentes para la tarea del ministerio y para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, hasta que logremos ser hombres perfectos, hasta que consigamos la madurez conforme a la plenitud de Cristo (Ef 4, 11-12). (Segunda lectura de la Misa de hoy).


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
     
  • El misterio de la Ascensión del Señor me habla de elevación, de superación, de glorificación. Me anima a mirar y contemplar que, en ese Jesús que asciende, también estoy yo y voy subiendo con Él. Que no me dominen las fuerzas que me dejan en postración, en decepción, en pereza, a nivel del suelo.
  • Entre los cautivos, que consigo lleva Jesús, me encuentro yo mismo. Que la fuerza de la Ascensión de Jesús me abra al horizonte de la esperanza, de la superación, del optimismo y del gozo, que dan sentido a la existencia terrena.


    4. ORA (Qué le respondo a la Palabra)
     
  • Jesús, que eres mi Hermano y mi Salvador, libérame del peso de mis pecados, para que cada día pueda elevarme contigo hacia el gozo completo de estar contigo siempre.
  • Padre, que glorificas a Jesús tu Hijo. Incorpora toda mi persona a la aventura de tu Hijo Jesús. Para que, con Él, viva resucitado desde aquí, con toda la confianza en la Vida.
  • Espíritu, que animas todo anhelo bueno, que yo me deje conducir a impulsos de tu viento favorable y pueda arder en el fuego del Amor de la Trinidad.


    5. CONTEMPLA
     
  • A Jesús que, pasando por el fracaso y la muerte, resucita glorioso y nos lleva consigo hacia la glorificación.
  • A ti mismo, que sientes tu debilidad, y no te agarras a la Fortaleza que es el Resucitado.


    6. ACTÚA
     
  • Repetiré convencido y esperanzado: Yo te amo, Señor. Tú eres mi fortaleza (Sal 17 (18, 2).








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