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Lectio Divina. Domingo de Pentecostés.
Aprende a Orar /Lectio Divina JULIO

Por: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net

El Licdo. Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el Domingo de Pentecostés, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.





Juan 20, 19-23


1. INVOCA

  • Orar es: dejar que el Espíritu repose en mí. Entonces, mi alma es un lago tranquilo, donde se refleja el Universo.
  • Orar es: dejar que la paz inunde mi corazón. Esa paz que no es conquistada, sino dada.
  • Orar es: experimentar la paz que sobrepasa a todo gozo terreno. La paz de la oración es una experiencia de plenitud en el ser, que va dando y anunciando más plenitud en el camino..
  • Orar es: sentirse inundado por el Señor, lleno de Dios, plenificado por Dios en la propia persona. Y, al mismo tiempo, sentirse completamente vacío de sí mismo. Todo en mi nada. Todo en todas las cosas.
  • Invocamos al Espíritu, unidos a María, que acompañó en la oración en el primer Pentecostés. (Hch 1, 14).
  • Ven, Dios Espíritu Santo, - y envíanos desde el cielo - tu luz para iluminarnos (comienzo de la Secuencia de la Misa de hoy).

Cantamos suavemente recitando la Secuencia de Pentecostés:

Ven, Espíritu Santo,
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.
Ven, padre de los pobres;
ven dador de gracias,
ven luz de los corazones.

Consolador magnífico,
dulce huésped del alma,
su dulce refrigerio.

Descanso en la fatiga,
brisa en el estío,
consuelo en el llanto,
¡Oh luz santísima!,
llena lo más íntimo
de los corazones de tus fieles.

Sin tu ayuda,nada hay en el hombre,
nada que sea bueno.
Lava lo que está manchado,
riega lo que está árido,
sana lo que está enfermo.

Doblega lo que está rígido,
calienta lo que está frío,
endereza lo que está extraviado.

Concede a tus fieles
que en Ti confían
tus siete sagrados dones.

Dales el mérito de la virtud,
dales el puerto de salvación,
dales la felicidad eterna.

Amén. Aleluya.



2. LEE LA PALABRA DE DIOS Jn 20, 19-23 (Qué dice la Palabra de Dios)

Contexto bíblico

 

  • Pentecostés (cincuenta, es decir cincuenta días después de la Pascua) en Israel conmemoraba dos acontecimientos: la recolección de las cosechas (Ex 23, 16; 34, 22) y la promulgación histórica de la Alianza en el Sinaí (los diez mandamientos).
  • Recibía también el nombre de la “Fiesta de las semanas” (7 x 7 días después de la Pascua). En ese día se llenaba Jerusalén de peregrinos, que llegaban de diferentes lugares cercanos y lejanos.
  • Los cristianos celebramos en Pentecostés la donación del Espíritu Santo. En Hechos 2, 1-21 (primera lectura de hoy) se relata el acontecimiento.

    Texto

    1. El primer día de la semana (v. 19)

     
  • El evangelista Juan ya va señalando que el domingo es el día más importante para los discípulos, porque acontece en ese día la resurrección de Jesús.
  • Es el primer día de la semana. Es la nueva creación, señalada por la presencia y acción del Resucitado, que nos trae una nueva creación. Yo hago nuevas todas las cosas (Ap 21, 5).
  • El Resucitado va a dominar las tinieblas del miedo de los discípulos y va a abrir todas las puertas cerradas. El mensaje pascual de Jesús es para todos, los discípulos los primeros. Porque en la nueva creación, habrá una nueva luz, un nuevo comienzo (Génesis), una nueva vida, una total re-creación.
  • Éste es el relato que Juan el evangelista hace de la donación del Espíritu, por parte de Jesús. Otro momento importante de esta misma donación lo señalan los comentaristas bíblicos con las palabras de Juan: Inclinando la cabeza, entregó el Espíritu (Jn 19, 30).
  • Ya no hay miedo, - ya no hay muerte, ya no hay penas que llorar. -
    Porque Cristo sigue vivo, - la esperanza abierta está.
  • Nosotros, por la venida del Espíritu del Resucitado, ya somos nuevas criaturas. Sigamos la exhortación de Pablo: Revístanse del hombre nuevo que, en busca de un conocimiento cada vez más profundo, se va renovando a imagen de su Creador (Col 3, 10).

    2. La paz sea con ustedes (vs. 19 y 21)
     
  • Por dos veces, Jesús da la paz a sus discípulos, tan necesitados de ella. La paz que es el compendio de todos los bienes que el Señor regala.
  • La paz, la auténtica, nos viene de Jesús Resucitado. Es el don que nos serena, nos pacifica y nos libera de: angustias, temores, complejos y pecados.
  • Te conceda el perdón y la paz. Nos dice el sacerdote cuando nos imparte la absolución en el sacramento de la confesión. La paz incluye también el perdón de los pecados. La presencia de Jesús Resucitado regala ampliamente a sus discípulos y en ellos a la Iglesia el perdón y la plenitud de la paz.

    3. Reciban el Espíritu Santo (v. 22)
     
  • El regalo del Espíritu, del Amor del Padre y del Verbo, trasmitido por el Resucitado, da a los discípulos y a toda la humanidad la nueva creación. Como en la primera creación (Gn 2, 7), aquí el Primogénito de todo lo creado, repite el soplo re-creador sobre el nuevo Pueblo de Dios. El soplo es el aire, el Espíritu de Dios, que lo penetra todo y, por él, nos trasmite la vida de Dios.
  • El Espíritu hizo renacer a la vida a los discípulos tímidos y huidizos. El Espíritu los cambió totalmente, renaciendo a la vida nueva. Se fueron por todo el mundo y entregaron su vida por el Evangelio.
  • La misión que Jesús encomienda a los discípulos es mucho más que un mandato. Es un fuego interior, que quema, purifica, enardece y anima. Con el fuego del Espíritu salen los discípulos a la plaza pública para predicar sin ningún miedo la Buena Noticia de Jesús, a quien ustedes lo crucificaron y lo mataron. Dios, sin embargo, lo resucitó (Hch 2, 23-24; primera lectura de hoy). Y Dios ha constituido Señor y Mesías a este Jesús, a quien ustedes crucificaron (Hch 2, 36).
  • La fuente de la misión es el Amor del Padre y del Verbo, es decir, el Espíritu. “Sin el Espíritu... Dios queda lejos, Cristo pertenece al pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia una mera organización, la autoridad un dominio, la misión una propaganda, el culto una evocación y el obrar de los cristianos una moral de esclavos.
  • Pero, con el Espíritu...el cosmos es exaltado, y gime hasta que dé a luz el Reino, Cristo Resucitado está presente, el Evangelio es potencia de vida, la Iglesia comunión trinitaria, la autoridad servicio liberador, la misión un nuevo Pentecostés, el culto memorial y anticipación y el obrar humano queda deificado (Hazim, metropolita ortodoxo. 1968).


3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
 

  • No podemos vivir nuestra vocación cristiana sin una referencia total al Espíritu. Porque en Él nos viene la plenitud del Amor del Padre y del Hijo.
  • Hemos sido bautizados en el Espíritu. Y por el bautismo hemos sido constituidos hijos de Dios y coherederos con Jesús del Reino.
  • ¿No será que nuestra tibieza espiritual se debe a la poca importancia que damos a la vida en el Espíritu? El Espíritu es: donación, profundidad, intimidad, unificación, centralización de la vida en Dios. ¿Qué hacemos con el Espíritu (soplo de creación = Espíritu)?


4. ORA (Qué le respondo al Señor)

Ven, Espíritu divino, - manda tu luz desde el cielo.
- Padre amoroso del pobre, - don en tus dones espléndido;
- luz que penetras las almas, - fuente del mayor consuelo.
- Ven, dulce huésped del alma, - descanso de nuestros esfuerzo,
- tregua en el duro trabajo, - brisa en las horas de fuego,
- gozo que enjuga las lágrimas - y reconforta en los duelos.
- Ven, Espíritu enviado del Padre, - en nombre de Jesús, el Hijo amado:
- Haz una y santa a la Iglesia - para las nupcias eternas del Cordero.

5. CONTEMPLA

  • Al Espíritu que desciende sobre ti como en Pentecostés a los discípulos.
  • Al Espíritu, que te va liberando de tus miedos, prejuicios, envidias, pecados.
  • Al Espíritu que te enardece y te anima para que otros conozcan y vivan el Evangelio.


6. ACTÚA

  • Da gracias al Padre y al Hijo por la donación del Espíritu para tu vida.
  • Da gracias porque has sido elegido para la misma misión que Jesús: ser testigo del Amor ante las personas.
  • Repite con frecuencia: Ven, Espíritu divino. Renueva nuestros corazones.

     

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