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CIUDAD DEL VATICANO, 16 MAY 2008.-Benedicto XVI recibió hoy en
el Vaticano a los representantes del Foro de las Asociaciones
Familiares y de la Federación Europea de las Asociaciones Familiares
Católicas que participan en el congreso "La alianza para la
Familia en Europa: el asociacionismo protagonista". Ese congreso, dijo el Papa,
tiene como objetivo "confrontar las experiencias entre varias formas asociativas
familiares y (...) sensibilizar a los gobiernos y a la
opinión pública sobre el papel central e insustituible que desarrolla
la familia en nuestra sociedad". El Santo Padre recordó que
este año se celebran el 40 aniversario de la encíclica
de Pablo VI "Humanae vitae" y el 25 aniversario de
la promulgación de la "Carta de los derechos de la
familia", presentada por la Santa Sede en 1983. "La
Carta de los derechos de la familia, dirigida principalmente a
los gobiernos, brinda a los responsables del bien común un
modelo y un punto de referencia para la elaboración de
una legislación política adecuada de la familia. Al mismo tiempo,
se dirige a todas las familias, inspirándolas a coaligarse en
la defensa y promoción de sus derechos". Benedicto XVI citó
a Juan Pablo II, "el Papa de la familia", que
repetía: "El porvenir de la humanidad pasa a través de
la familia", y agregó: "La revelación bíblica es ante todo
la expresión de una historia de amor, la historia de
la alianza de Dios con los seres humanos. Por eso,
la historia del amor y de la unión entre un
hombre y una mujer en la alianza del matrimonio ha
sido asumida por Dios como símbolo de la historia de
la salvación". Refiriéndose a las dificultades del núcleo familiar en
esta época, el Papa señaló que "de tantas familias, en
condiciones de preocupante precariedad, se eleva a menudo incluso inconscientemente
(...) una petición de ayuda que interpela a los responsables
de la administración pública, de las comunidades eclesiales y de
los organismos educativos. Cada vez es más urgente el compromiso
de aunar fuerzas para sostener (...) a las familias desde
el punto de vista social y económico, jurídico y espiritual".
Entre las iniciativas surgidas del congreso, el Santo Padre elogió
la de "una política fiscal a medida de las familias",
encaminada a que "los gobiernos promuevan una política familiar que
dé a los padres la posibilidad concreta de tener hijos
y educarlos en la familia". "La familia, célula de comunión
y fundamento de la sociedad, es para los creyentes "una
pequeña iglesia doméstica" llamada a revelar al mundo el amor
de Dios. (...) Ayudad a las familias -concluyó- a ser
signo visible de esta verdad, a defender los valores grabados
en la naturaleza del ser humano y por lo tanto
comunes a toda la humanidad, es decir, la vida, la
familia y la educación. No son principios derivados de una
confesión de fe, sino de la aplicación de la justicia
que respeta los derechos de todo ser humano. Esta es
vuestra misión, familias cristianas".
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