Autor: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net Policarpo de Esmirna, Santo
Obispo y Mártir, Febrero 23
Policarpo de Esmirna, Santo
Obispo y Mártir
Martirologio Romano:Memoria de san Policarpo, obispo y
mártir, discípulo de san Juan y el último de los
testigos de los tiempos apostólicos, que en tiempo de los
emperadores Marco Antonino y Lucio Aurelio Cómodo, cuando contaba ya
casi noventa años, fue quemado vivo en el anfiteatro de
Esmirna, en Asia, en presencia del procónsul y del pueblo,
mientras daba gracias a Dios Padre por haberle contado entre
los mártires y dejado participar del cáliz de Cristo (c.
155).
San Policarpo, obispo de Esmirna, conoció de cerca al apóstol
Juan y a los otros que habían vista al Señor”,
y fue “instruido por testigos oculares de la vida del
Verbo”. Por eso él se presenta a nosotros como el
testigo de la vida apostólica y como el hombre de
la tradición viva “siempre de acuerdo con las Escrituras”. Los
trozos citados pertenecen a una carta suya a los cristianos
de Filipos en Macedonia, que le habían pedido alguna exhortación
y la copia de eventuales cartas del santo obispo de
Antioquía, Ignacio, del que él había sido amigo.
Policarpo era sobre
todo un hombre de gobierno. No tenía la cualidad de
escritor y pensador como San Ignacio, ni deseaba como él
ser “triturado” por las fieras del circo para “llegar a
Dios”. Al contrario, se mantuvo escondido “a causa de la
humilde desconfianza en sí mismo”. Era anciano y sabía que
no se podía confiar mucho en sus fuerzas. Pero cuando
fue descubierto en un granero y reconducido a la ciudad,
demostró la serena valentía de su fe.
Conocemos la conmovedora conclusión
de su vida gracias a un documento fechado un año
después del martirio de San Policarpo, que tuvo lugar el
23 de febrero del año 155. Es una carta de
la “Iglesia de Dios peregrinante en Esmirna, a la Iglesia
de Dios peregrinante en Filomelio y también a todas las
parroquias de cualquier lugar de la Iglesia santa y católica”.
Es una narración muy importante bajo el aspecto histórico, hagiográfico
y litúrgico. A1 procónsul Stazio Quadrato, que lo exhorta a
renegar de Jesús, contesta moviendo la cabeza: “Desde hace 86
años lo sirvo y nunca me ha hecho ningún mal:
¿cómo podría blasfemar de mi Rey que me ha redimido?”.
“Te puedo hacer quemar vivo”, insiste el procónsul. Y Policarpo:
“EL fuego con que me amenazas quema por un momento,
después pasa; yo en cambio temo el fuego eterno de
la condenación”.
Mientras en el anfiteatro de Esmirna se está quemando
vivo, “no como una carne que se asa, sino como
un pan que se cocina”, el mártir eleva al Señor
una estupenda oración, breve pero intensa: “Bendito seas siempre, oh
Señor; que tu nombre adorable sea glorificado por todos los
siglos, por Jesucristo pontífice eterno y omnipotente, y que se
te rinda todo el honor con él y con el
Espíritu Santo, por los siglos de los siglos”. De improviso
ese cuerpo quemado quedó reducido a cenizas. “A pesar de
esto – escribe el autor de esa carta, que recomienda
hacer leer a las otras Iglesias – nosotros recogimos uno
que otro hueso, que conservamos como oro y piedras preciosas”.
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doy gracias a Dios por el trabajo de Uds.solo la vida de los santos hace posible que hoy hayan santos. antes los quemavan hoy los ignoran y mueren como locas en la calle