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Cardenal Alfonso López Trujillo | tema
Autor: Alfonso Cardenal López Trujillo
La cuestión de los divorciados y vueltos a casar y el uso de preservativos
Carta dirigida por el Cardenal Alfonso López Trujillo a los directores del diario El Tiempo
 
La cuestión de los divorciados y vueltos a casar y el uso de preservativos
La cuestión de los divorciados y vueltos a casar y el uso de preservativos

Ciudad del Vaticano, 16 de Enero del 2006.



Señores Directores de El Tiempo:

Había esperado, desde luego en vano, que hubieran procedido a rectificar el insólito Editorial que tuvieron a bien dedicarme, con intenciones que no es el caso de indagar ahora. Las criticas injustas e infundadas que Ustedes han difundido en su periódico, constituyen un lamentable error, (que espero sea involuntario y que ya ha podido ser de sobra ponderado) solo explicable por una carencia adecuada de información y de formación, en materia religiosa. Han debido tener en cuenta las observaciones y los reclamos elementales de no pocas personas. A propósito, algunos me han hecho caer en cuenta que los escritos críticos a su diario, como es el caso de Obispos de Colombia y de la misma Conferencia Episcopal, tienen difícil y rara acogida informativa en ese medio de comunicación.

Lo expresado, motiva el relativo retardo de esta nota aclaratoria, como también mis múltiples compromisos a nivel mundial, correspondientes a la misión del Dicasterio de la Curia Romana que desde hace mas de quince años presido, por generosa nominación del Santo Padre Juan Pablo II y del Pontífice Benedicto XVI, elegido como Sucesor de Pedro. Precisamente la tarea de servicio que me corresponde es la de la Familia que, a su turno conlleva una presencia especial en las cuestiones de la vida.

Me siento obligado a hacer esta aclaración y enviarla a Ustedes, estando de paso por mi patria, apelando a ley de prensa, que espero esté vigente, por tratarse de un tema de sentida actualidad para los miembros de la comunidad católica. Además me siento particularmente en deuda, dada mi función en la Iglesia y las amenazas y presiones sobre el dominio de la fe, a la cual, por otra parte, dicha comunidad está plenamente obligada. También formulo estas observaciones en mi calidad de ciudadano colombiano que no puede hurtarse a este deber, que es a la vez un innegable derecho. Imagino que este gesto se sumará a los compromisos ineludibles de los hermanos en el Episcopado, quienes el pasado año realizaron su "Visita ad Límina". Con ellos compartimos ampliamente la preocupación por nuestra querida e inmensa comunidad católica la cual tiene la conciencia de que nosotros, (pastores a los que el Señor de la familia y de la vida, nos encomendó el cuidado de la grey)les tenemos bajo nuestra responsabilidad. No podríamos estar ausentes cuando el rebaño es confundido.

El bien de la comunidad esta por encima de cualquier tipo de consideración, como espero que también Ustedes lo comprenderán. ¿ Habría un solo Obispo que, en unión de sus necesarios colaboradores, 1os sacerdotes, pudiera ser intimidado por una avalancha de brumosas interpretaciones y de eventuales incomprensiones, que no estuviera dispuesto a ser Maestro de la fe y defensor del bien integraI de la persona humana, eminente imagen de Dios? Esta es nuestra primera y principal obligación. Es algo que no podemos delegar en quienes no tienen esta sagrada responsabilidad. Estamos, pues, ante una materia que nos compromete integralmente y exige de manera apremiante nuestra definida presencia. En este caso me hago la ilusión de que EI Tiempo entienda que no son cuestiones de tipo personal las que me interesan y más, tras tan largo tiempo fuera de la patria. Es algo que cae pastoralmente dentro del campo de mi competencia, aunque me ubique, sin yo buscarlo, en el ojo del huracán: se ventilan materias de la mayor actualidad y de evidente gravedad.

Estaré muy atento a estas cuestiones, como lo hace la Conferencia Episcopal Colombiana a la cual tuve el honor de servir como Presidente. Como algunas hipótesis se difunden fuera de nuestras fronteras interesan también al CELAM, Consejo en el que tantos años trabajé como Secretario General y como Presidente. A este impostergable deber he dedicado mi vida, hace mas de cincuenta años. He procurado ser fiel al lema de mi escudo cardenalicio: "Veritas in caritate". También inspiran estas líneas las palabras de San Ignacio de Antioquia: "EI obispo debe estar firme como el yunque bajo los martillazos". No es mi propósito entablar un debate con Ustedes y más ante el hecho de mi ausencia. Mi anhelo seria el de persuadirlos en la verdad y ganarlos para esta noble causa, lo cual, si se cuenta con la ascesis del estudio ( en medio de sus numerosas ocupaciones empresariales), en muchos otros casos ha sido una estimulante realidad. A esto me referiré después. En fin de cuentas, a estas alturas siente uno más próxima la cita que todos tenemos ante el tribunal del Señor, también Ustedes.

Paso a referirme a dos puntos de su Editorial que he de dilucidar, a saber: la cuestión de la comunión de los divorciados y vueltos a casar y las criticas que se atreven a hacer al Siervo de Dios, Juan Pablo II, con relación a los preservativos. Concluiré estas líneas con algunas breves reflexiones.

1.-Sobre la comunión de los divorciados y vueltos a casar:

Es un gravísimo problema que afecta cada vez mas la vida de la familia y que constituye un inmenso drama no solo para los esposos sino para los hijos que deben pagar los altos costos sociales de la conducta de los padres. Los serios problemas de los hijos y las tensiones que en ellos se crean no deben pasar desapercibidas por un creciente permisivismo social y moral, mezclado quizás de compasión y solidaridad. En efecto ha habido una serie de cambios en el comportamiento familiar y social que nos interrogan fuertemente y dejan su herida en nuestro corazón de pastores. No es algo que podamos contemplar de lejos y con indiferencia. Se multiplican estas tragedias familiares que cobran mas y más victimas, que en otras épocas eran casi desconocidas en sociedades evangelizadas. Conozco numerosas personas queridas que pasan por estas vicisitudes ante las cuales se siente una amarga sensación de impotencia.

Es necesario distinguir entre la doctrina de la Iglesia, obligatoria para los creyentes, miembros de la comunidad católica y el aspecto pastoral, sobre el cual contamos con seguras orientaciones que nos invitan a un adecuado acompañamiento.

Por razones de espacio, debo simplemente advertir que la doctrina obligatoria, en el fiel seguimiento de la Tradición viva, se prolonga desde el mandato explicito del Señor hasta nuestros días. Son varios los documentos que lo atestiguan. Hace pocos años la Congregaci6n para la Doctrina de la Fe debió referirse a alguna hipótesis que encontró sin fundamento para establecer excepciones, no contempladas ni en la Doctrina, ni en la disciplina de la comunidad de los creyentes. El documento está dirigido a los Obispos sobre el tema de la comunión a los divorciados y vueltos a casar. En el reciente Sínodo de los Obispos, que se clausuró e1 23 de Octubre del año pasado, cuyas proposiciones fueron publicadas, los participantes con derecho a voto recordaron la clara posición de la Iglesia. No conozco texto alguno, atribuible al Santo Padre, que nos permita una interpretación diferente a la que debe inspirar la conducta de los católicos. Nuestro Consejo Pontificio para la Familia, bajo mi cuidado, no ha recibido de la Suprema Autoridad indicación alguna que muestre que es una cuestión abierta. Este Dicasterio ha realizado una importante Asamblea Plenaria sobre la materia con participación de conocidos expertos cuyas conclusiones fueron oportunamente difundidas.

En gracia de la brevedad séame permitido citar el Catecismo de la Doctrina Católica, que fue elaborado por una competente Comisión, presidida por el Cardenal Joseph Ratzinger y aprobado por el Santo Padre Juan Pablo II:“Hoy son numerosos en muchos países los católicos que recurren al divorcio según las leyes civiles y que contraen también civilmente una nueva unión. La Iglesia mantiene, por fidelidad a la palabra de Jesucristo("Quien repudiare a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio": Mc 10,11-12), que no puede reconocer como valida esa nueva unión, si era valido el primer matrimonio. Si los divorciados se vuelven a casar civilmente, se ponen en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios. Por lo cual no pueden acceder a la comunión eucarística mientras persista esta situación, y por la misma razón no pueden ejercer ciertas responsabilidades eclesiales. La reconciliación mediante el sacramento de la Penitencia no puede ser concedida mas que a aquellos que se arrepientan de haber violado el signo de la Alianza y de la Fidelidad a Cristo y se comprometan a vivir en total continencia. Respecto de los cristianos que viven en esta situación y que con frecuencia conservan la fe y desean cristianamente educar a sus hijos, los sacerdotes y toda la comunidad deben dar pruebas de una atenta solicitud a fin de que aquellos no se consideren como separados de la Iglesia, de cuya vida pueden y deben participar en cuanto bautizados"(C.I.C No.1650). Citando la Exhortación Apostólica "Familiaris Consortio", en el número 84, el Catecismo pasa a señalar como ejemplos lo que pueden realizar, ya que quienes se encuentran en esta situación no están excomulgados.

La mencionada doctrina tiene, pues, su fuente explicita en la clara voluntad del Señor, nunca desmentida en la Iglesia Católica. No imaginé que alguien me atribuyera ser el autor de un mandato que viene de Dios. Como Obispo de la Iglesia, a pesar de la contrariedad que esto les cause, debo, con Pedro, repetirles categóricamente: "Es nuestro deber obedecer a Dios antes que a los Hombres" (Hechos de los Apóstoles, 5: 29). ¿Cómo podría un servidor de Jesucristo callar esto para evitar las insidias de los que están distantes del" sentire cum ecc1esia", que hace parte de la coherencia de un genuino creyente?

Advierte también el Catecismo que "La Iglesia no tiene poder para contravenir la divina sabiduría", lo cual quiere decir que no esta en las manos del Papa o de los Obispos interpretar de otro modo la voluntad explicita del Hijo de Dios. No es algo que provenga del rigor o del capricho de la jerarquía. Sólo debemos a su diseño sobre el matrimonio y la familia la fidelidad total que no podemos contrastar en casos que parecieran, erróneamente, justificables.

¿Dónde estaría la misericordia y el perdón de la Iglesia, al calificar como Ustedes tal doctrina y disciplina de la Iglesia como "inquisitorial", con calificativos que el autor o la autora del editorial usan, de estilo inconfundible y retador? Jesucristo no es solo misericordioso sino que es la misma Misericordia. No podemos arrogarnos la insensatez de darle lecciones de amar al Señor del perdón. San Agustín, comentando el episodio de la mujer adúltera, condenada a la lapidación, escribe que en el lugar de este acontecimiento "permanecieron la miseria ( la mujer pecadora) y la Misericordia". La lluvia de la reconciliación fue el comienzo para ella de una vida nueva: "Ni yo te condeno. Vete y no peques más" ( Jn. 8, 21). Es lo que deseamos a tantas personas en cuyo acompañamiento pastoral nos comprometemos.

2.- En torno de la critica al Siervo de Dios Juan Pablo II, sobre el preservativo:

He de hacer referencia a un despropósito que deja perplejo al lector del Editorial. Atreverse a sindicar como culpable al Papa de la difusión de la pandemia del SIDA porque enseña con autoridad la doctrina de la Iglesia contra la contracepción y el uso de instrumentos, como el preservativo que pasan, irresponsablemente como" sexo seguro", es el colmo. Nos hallamos frente a la agresión desconsiderada e irrespetuosa, sin validos argumentos, que suele esgrimir el relativismo moral, que no honra al responsable de semejante acusación y es causa de vergüenza en la comunidad católica.

Los invito a leer la amplia literatura que hay sobre la materia. Buena parte ha sido publicada en mi libro intitulado “ La grande sfida”. No me he visto precisado a introducir corrección alguna para las traducciones que se preparan. Sin espacio suficiente me limito a expresarles que la Iglesia, como defensora del amor, de la dignidad de la persona humana, buscando el bien integral de la misma, quiere evitar el engaño en que tantos, especialmente los jóvenes están cayendo, y no solo por la muy relativa seguridad que el preservativo ofrece, ante el aumento alarmante de la promiscuidad. Es reconocida la inseguridad del condón, ahora en frenética distribución en escuelas y peajes. Es útil conocer los aportes científicos y los argumentos de una seria moral. La abstinencia y la fidelidad dan la completa seguridad y no el condón, como bien lo saben algunos países del África y lo sostienen conocidas campañas. No se pueden lanzar por la borda valores humanos sin los cuales el hombre se deshumaniza en estilos de vida degradados.

Está muy cercano a nosotros el vibrante homenaje universal que se le tributó a Juan Pablo II, llamado con razón "el grande"; el mas nutrido y entusiasta que yo haya conocido por parte de creyentes y no creyentes, de diversas religiones y culturas, de gobernantes de tantas naciones. Contrasta con la singular y curiosa excepción de columnistas de ese diario que, por tal proceder, genera vergüenza en los colombianos.

3.- Algunas observaciones ulteriores:

Me doy cuenta, y es lo que me dicen muchísima personas que merecen crédito, que no estamos ante algo esporádico sino que no son pocos los temas graves en que El Tiempo no coincide con la doctrina y la pastoral. Causan conflicto para la conciencia de los creyentes, en algo que no es facultativo sino obligante, una serie de temas: El matrimonio y la familia, su definición y misión, a partir de su identidad y su espesor de fe y de razón; los matrimonios de hecho y los de personas de un mismo sexo, con el derecho a adoptar; los divorciados y vueltos a casar. A todo esto se añade la aceptación del mito demográfico que todavía subsiste en algunas instituciones y que, hace un tiempo las mismas Naciones Unidas tuvieron que reconocer precisamente como un deleznable mito. Este tema cae bajo mi responsabilidad en la Santa Sede. Hemos realizado varios congresos continentales con importantes expertos. Es también causa de tensión con El Tiempo la contracepción, la procreación y la fecundación asistida. La doctrina sobre el crimen nefasto del aborto procurado, en sus distintas versiones, que para el cató1ico es una enseñanza que exige la obediencia de la fe. Lo mismo que hipótesis suyas sobre el estatuto del embrión, al cual se le niegan los derechos fundamentales a vivir; las cuestiones sobre la clonación y sobre la eutanasia. Es pues una abundante materia a la cual se suma la concepción de la sexualidad y los estilos de vida. El abanico de temas abarca tanto como la histórica encíclica “Evangelium Vitae” que no contiene consejos facultativos sino requerimientos para quien goza del don de la fe y es orientada por una sana antropología. De ser así las cosas, ¿podrán los Obispos callar, si está en peligro la comunidad cristiana? El Papa Juan Pablo II nos pone en guardia contra la "conspiración de la muerte" y de "la prepotencia de los poderosos contra los pobres", que convierten el delito en derecho.

Asevera el Santo Padre Juan Pablo II: " Estamos ante un enorme y dramático choque entre el bien y el mal, la muerte y la vida, la " cultura de la muerte y la cultura de vida". Estamos no solo" ante" sino necesariamente" en medio" de este conflicto: Todos nos vemos implicados y obligados a participar, con la responsabilidad ineludible de elegir incondicionalmente a favor de la vida" (Evangelium Vitae No. 28)

Los invito cordialmente a leer esta indicación de la misma histórica Encíclica: “Finalmente no se puede negar que los medios comunicación son con frecuencia cómplices de esta conjura ( contra la vida) creando en la opinión publica una cultura que representa el recurso contra la anticoncepción, la esterilización y el aborto y la misma eutanasia, como un signo de progreso y conquista de la libertad, mientras muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones incondicionales en favor de la vida" ( E.V.No. 17),

Las enseñanzas de los Papas suscitan solidaridad y apoyo incluso entre los no creyentes. Supongo que están enterados de la actitud de la notable periodista Oriana Fallaci. Quizás la más importante en estos años en un nivel mundial. A pesar de su no-creencia expresa su calurosa acogida a las tesis de la Iglesia sobre la familia, los hijos y los atentados contra la vida. Se sentiría avergonzada, afirma,"que para salvarme de la enfermedad (sufre de varios tipos de cáncer), se eliminara un solo embrión, que tiene la dignidad de persona humana, para obtener células madres”. Seria interesante que leyeran un periodista de la talla de Giuliano Ferrara, que militó un tiempo en el comunismo y dirige hoy “Il Manifesto”, también no creyente, que sin embargo por la luz de razón asume los argumentos de la comunidad católica con valor y fuerza contundente. Es bien conocida la influencia del Presidente del Senado Italiano quien no oculta su solidaridad y admiración por el Papa Benedicto XVI. Manifiesta una penetrante inteligencia, no obstante su agnosticismo. Me honra el Senador Pera con su amistad. Un dialogo fructuoso y posible, como una gramática indispensable para la convivencia, como decía Juan Pablo II a las Naciones Unidas, que ha sido dable con las personas mencionadas y tantos otros, con los Congresos de no pocas naciones, como tarea del suscrito.

¿Por que seria imposible dialogar con Ustedes?
Mucho agradaría a sus padres que aprecié y fueron amigos, que sobre cuestiones religiosas en que estamos todos implicados en el futuro pudiéramos dialogar. A ello los invito delante del país para que se conozca la posición de la Iglesia y la de Ustedes o quienes indiquen en su nombre. Yo acudiría como otras veces hice, a su diario con espíritu de concordia. Lo único que me atrevería a pedir es el debido respeto que merece toda persona humana y la objetividad de lo que se publique. ¿ Seria este un sueño en un país necesitado de convivencia en la verdad? Seria un servicio a la democracia, la cual a veces "es traicionada en sus mismas bases" por imposiciones intolerables que conculcan la libertad religiosa y entorpecen la misión evangelizadora de la Iglesia minando los valores humanos y cristianos los derechos humanos fundamentales, en nombre de presuntas "discriminaciones". De seguir esta senda, defender la familia con sus derechos y la vida humana, tan amenazada se convertiría en desacato a la ley y en un delito.

La Exhortación Apostólica Familiaris Consortio dice que "Los obispos deben sostener a la familia, a ver su vida a la luz del Evangelio. Por lo tanto sus enseñanzas y sus consejos deben estar siempre en consonancia con el Magisterio" (F.C. No. 73). Es esto lo que el Señor tiene todo el derecho a pedir de nosotros a quienes no se nos puede manipular como conoció la historia, en el más cruel e inhumano totalitarismo, como "Iglesias del Silencio". En todo caso, a ejemplo de David, hemos de tomar, si fuera del caso, nuestra honda para enfrentar gigantes, a fin de que la verdad aparezca en todo su esplendor y no se replete de brumas e interpretaciones ambiguas a la comunidad católica que debe beber aguas no emponzoñadas.

" El hombre es ante todo un ser que busca la verdad y se esfuerza por vivirla y por profundizarla en un dialogo que compromete generaciones pasadas y futuras ( Encíclica. Centessimus Annus. no. 49). Con todos es necesario dialogar de manera seria y profunda, incluidos los no creyentes, sobre los problemas fundamentales de la vida humana, tanto en los lugares de elaboración del pensamiento como en los diversos ámbitos profesionales y allí donde se desenvuelve cotidianamente la existencia de cada uno" ( E. V. No. 95).

A esto he dedicado buena parte del tiempo en la misión que me ha sido encomendada.

De Ustedes, Señores Directores, cordialmente.

+Alfonso Cardenal López Trujillo
Presidente



 
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