DISCURSO QUINTO. DEL AMOR DE HIJOS A PADRES Y
DE PADRES A HIJOS
Refiérese en el capítulo treze del
Segundo Libro de Reyes que, aviendo Amnón, hijo de David,
hecho fuerça y deshonrado a Tamar, hermana de su hermano
Absalón, y no contento de deshonrarla la echó de su
aposento con menosprecio y afrenta, de todo lo cual hecho
cierto David, amándole tiernamente por ser su mayorazgo, ni le
castigó ni le dixo palabra que le pesasse. Por lo
cual le vido después muerto a puñaladas de Absalón. |
Y es figura de los padres que por amar a
los hijos dissimulan con ellos en sus liviandades y vicios,
por donde vienen a parar en mal, con grande quebranto
suyo. Del Amor de hijos a padres, y de padres
a hijos , trata el presente Discurso.
[EJEMPLOS DE LAS
SAGRADAS ESCRITURAS] [1] Por ley natural y divina están obligados
los hijos a reverenciar a sus padres, mandando Dios en
la Ley Antigua, y refrescándolo en la Nueva y de
Gracia, que se honre el padre y la madre, señalando
premio aun en esta vida al que lo hiziere, que
/21r/ vivirá largos años. Refiérese en el Éxodo, capítulo veinte;
en el Deuteronomio, capítulo quinze, y por San Mateo, quinze,
y por San Marcos, siete.
[2] Sem y Jafer merecieron
bien la bendición de su padre Noé, porque cubrieron su
desnudez. Al contrario de Cam, que por burlar dél viendo
desnudo su cuerpo, mereció ser maldito en Canaán su hijo.
Dízese en el capítulo nono del Génesis.
[3] Aunque Esaú,
hijo de Isaac, era malo y reprovado de Dios, teniendo
aborrecimiento de muerte a su hermano Jacob, no quería poner
en él las manos en vida del padre. Y assí,
cuando le apretava la passión de verse sin el mayorazgo
que le avía vendido, y sin la bendición que la
avía ganado, dezía:
-Vendrán días en que lloremos la muerte
de nuestro padre y que yo quedaré de Jacob satisfecho.
En lo cual le dava honra, temiendo de ofenderle y
de hazer cosa que le diesse disgusto. Es del Génesis,
capítulo veinte y siete.
[4] Grande era el amor del
patriarca Job a sus hijos, pues tenía cuidado cada día
de ofrecer sacrificios a Dios por ellos para que fuessen
libres de culpas y no cayessen en algún pecado. Es
de su Libro, capítulo primero.
[5] Reprehendió Helí, sumo sacerdote,
a dos hijos traviessos que tenía, y porque no le
obedecieron castigólos Dios muriendo ambos en una batalla. Es del
Primero de los Reyes, capítulo segundo.
[6] Al tiempo que
David andava huyendo de Saúl, su suegro, tuvo cuidado particular
de sus padres y encomendóselos al rey de Moab, y
Dios le libró de sus enemigos. Al contrario le sucedió
a su hijo Absalón, que por procurar de quitarle el
reino y aun la vida al mismo David, su padre,
vino a morir moço, colgado de sus cabellos de un
roble y alanceado por el mayor amigo que tenía en
el reino, que era Joab. Dízese en el Segundo de
los | Reyes, capítulo quinze y diez y ocho.
[7]
Llegó Betsabé a hablar a Salomón, su hijo, estando en
su real silla, y, viéndola descendió della, abraçóla y hízola
assentar a su lado, reverenciándola como a madre, aunque era
él rey y ella una muger particular. Es del Tercero
de los Reyes , capítulo segundo.
[8] Entre otros consejos
que el santo viejo Tobías dio a su hijo, fue
uno dezirle: «Cuando Dios sea servido que yo muera, enterrarás
mi cuerpo y tendrás cuidado de honrar a tu madre
todos los días de su vida». Es de su Libro,
capítulo cuarto.
[9] Fue huyendo del cerco de Jerusalem Senaquerib,
aviéndole muerto un ángel ciento y ochenta y cinco mil
hombres de sus assirios, y, llegando a su tierra, dos
hijos suyos se conjuraron contra él y le mataron a
puñaladas. Y ninguno dellos reinó después dél. Refiérese en el
Cuarto Libro de los Reyes, capítulo diez y nueve.
[10]
Hizo Jesucristo uno como açote de cordeles y con él
echó del templo los tratantes y negociadores, diziendo:
-No hagáis
la casa de mi Padre casa de negocios.
En lo
cual mostró que bolvía por su honra. Dízelo San Juan,
capítulo segundo.
[11] Del mismo Hijo de Dios refiere San
Lucas, en el capítulo dos, que siendo de doze años
iva y bolvía con la Virgen Sacratíssima su Madre y
con el Santo Josef de Nazaret, donde estava de ordinario,
a Jerusalem, y que les estava obediente. Y cuando se
halló colgado de la Cruz no se olvidó de lo
que devía al honor de su Sagrada Madre, y assí
se la encomendó a su amado discípulo San Juan; en
lo cual se echa de ver el cuidado particular que
siempre della tuvo, pues ni en la hora de la
muerte la puso en olvido. Es de San Juan, capítulo
diez y nueve.
Lo dicho se refiere en las Divinas
Letras.
[EJEMPLOS CRISTIANOS] [1] La bienaventurada Santa Bárbara fue grandemente
perseguida, porque era | cristiana, de su propio padre infiel
y idólatra. Prendióla y presentóla a Marcia- no /21v/ Presidente
para que la atormentasse, como él hizo. Y, al cabo,
sentenciándola a muerte, el mismo padre Dióscoro quiso ser el
verdugo. Y aviéndola cortado la cabeça, bolvía a la ciudad
gloriándose de aver hecha una grande azaña en servicio de
sus dioses falsos, mas el Verdadero le tiró un rayo
que le quitó la vida. Y assí en un mismo
tiempo la hija subió al Cielo a gozar eterna gloria
y el padre baxó al Infierno a padecer eterno tormento.
Refiérese en su Vida , escrita por Simeón Metafraste.
[2]
Entre cuarenta mártires que por mandado del emperador Licinio fueron
presos en la ciudad de Sebaste y atormentados por la
fe de Cristo, teniéndolos toda una noche en un lago
frigidíssimo, uno dellos, y el de menor edad, se llamava
Melitón; tenía madre y, hallándose presente era grande su contento
en ver padeçer a su hijo y que llevava los
tormentos con ánimo valeroso. Y, porque salidos del lago mandó
el tirano que les fuessen quebrantadas las piernas y sus
cuerpos llevados a una hoguera y quemados, murieron todos cuando
les quebrantaron las piernas, excepto Melitón, que quedó con vida.
Los verdugos, aviendo puesto en carros los cuerpos de los
demás mártires para llevarlos al fuego, dexavan a Melitón por
estar vivo. Visto por su madre, assió dél y púsole
sobre sus hombros, diziendo:
-Hijo mío, acabad vuestra carrera con
vuestros hermanos; no os apartéis de tan ilustre coro, porque
en la presencia de Dios no seáis inferior a ellos.
Llevándole desta manera dio su alma a Dios. Y ni
por esto ella turbada, sino mostrando alegre rostro, le puso
en un carro con los otros, y con ellos fue
quemado. Dízelo San Basilio en la Homilia veinte.
[3] En
el tiempo que predicava en Padua el bienaventurado San Antonio
con grande aprovechamiento de los oyentes, solía assentarse a confessar
algunas vezes después del sermón, y entre otros llegó a
confessarse un moço, y acusóse que avía dado a su
madre una coz. El santo, después | de averle oído,
reprehendióle ásperamente aquel pecado y díxole que el pie que
avía herido a su madre merecía ser cortado. El penitente
estava con tanto dolor y pena que fue a su
casa y él mismo se cortó el pie. Divulgóse el
caso, contándolo el mismo penitente. Súpolo San Antonio; hízole traer
ante sí y con la señal de la cruz le
restituyó el pie. Refiérese en su Vida, escrita por un
fraile del Orden del Seráfico Padre San Francisco.
[4] El
bienaventurado San Román, estando en presencia de Asclepíades, prefeto de
los romanos en Antioquía, y queriendo provar que la fe
de Jesucristo era la verdadera, pidió que le truxessen allí
un niño menor de siete años y que le preguntassen
sobre este caso, y de su respuesta se entendería la
verdad. El juez consintió en ello. Truxeron un niño, el
cual dize San Isidoro que se llamava Teodulo. Preguntóle San
Román:
-Dezidnos, niño, ¿qué es lo más verdadero y cierto,
adorar a Jesucristo o a los muchos dioses que los
gentiles adoran?
Rióse el niño y respondió:
-Sólo ay un
Dios, que es Cristo, y el aver muchos dioses ni
los niños pueden dezirlo, y menos creerlo.
Quedó el tirano
confuso oyendo esto. Preguntóle:
-¿Quién te enseñó lo que as
dicho?
Respondió el niño:
-Mi madre. Y a mi madre
se lo enseñó Dios.
Mandó traer allí a su madre
y delante della açotar al niño y darle otros tormentos,
con que los presentes mostravan mucho sentimiento. Sólo la madre
era la que se holgava de ver a su hijo
padeçer por Cristo. Ni se contentó con esto el tirano,
sino que, temiendo lo que diría cuando varón perfeto el
que niño de siete años, avía confessado en público juizio
a Jesucristo por Dios y negado la adoración de los
ídolos, mandóle degollar. Y assí fue hecho, llevándole su misma
madre al martirio, y abraçándole y besándole cuando le entregó
al verdugo, y cantando al tiempo que lo degollavan aquel
verso de David, que dize: «Preciosa es la muerte de
los santos delante del Señor». Lo dicho es de San
Isidoro y de Prudentio.
/22r/ [5] Pafuncio, discípulo de San
Macario, refiere en su Vida de un monge llamado Marcos,
que tenía de memoria el Viejo y Nuevo Testamento. A
el cual dize que le truxo una leona un su
hijuelo ciego y le dexó a sus pies. Marcos le
puso en los ojos de su saliva, hizo oración y
quedó con vista. Diole a la leona, la cual le
llevó mostrando mucho regozijo. Bolvió otro día y trúxole una
piel de oveja como en remuneración de aquel beneficio. Escrivió
esto Paladio y refiérelo Lipomano y Surio.
[6] En una
ciudad de Normandía vivía cierto hombre rico aunque de baxo
linaje. Tenía un hijo, y para él su hazienda que
era amplíssima. Sucedió que otro hombre de claro linaje y
falto de bienes de fortuna tenía una hija muy hermosa.
Éste, acompañado de otros parientes suyos, habló al rico y
díxole:
-Vós tenéis un hijo, yo una hija. A vos
os sobra hazienda, a mí me falta, aunque por la
parte que me hazéis ventaja en riquezas os la hago
yo en nobleza. Si lo tenéis por bien, yo os
daré mi hija para vuestro hijo, mas ha de ser
con condición que les deis luego vuestra hazienda, que ellos
os regalarán y darán como son obligados lo necessario para
la vida.
El padre estuvo suspenso algún tanto, y por
ser importunado de los que estavan presentes, que le davan
a entender estarle muy bien, vino en ello. Celebráronse las
bodas; entregó el viejo su hazienda, quedando él y su
muger, madre que era del novio, en su propia casa,
donde por tres años el hijo y nuera los regalaron,
aunque el regalo iva siempre en diminución. Passados los tres
años, y harto el hijo de padres, por quererlo assí
la muger los hizo mudar a otra casa cerca donde
ellos vivían, y allí padezían grande lazeria. El vestido era
pobre y la comida miserable. Estavan ya en edad decrépita;
sobrávales vida y faltávales comida. Embiavan a casa del hijo
por lo que les era necessario para no morir y
dávaseles con grande escaseza. Un día vido la madre que
estavan assando un | ganso en casa del hijo; dixo
al marido:
-Passad allá, y pues tiene oy buena comida,
siquiera un día matad vuestra hambre.
El viejo, afirmado en
su báculo, passó a casa del hijo. El cual, como
sintió que venía, hizo esconder el assador con el ganso
y, reprehendiéndole por aquella venida ásperamente, le hizo bolver a
su casa vergonçoso y triste. Quisieron tornar el assador al
fuego, y vídose pegado a él un bufón o sapo
grande y ponçoñoso. Dieron vozes los criados; llegó a verle
el señor y saltóle el sapo al rostro, aferrándose en
él de suerte que con ningún remedio humano se le
pudieron desasir. Dávale grande pena, y si tocavan al sapo
y querían desaferrársele y matarle, era tan grande su tormento
que no avía sino dexarle. Vídose ser castigo de Dios,
por la inhumanidad que tuvo con su padre aquel mal
hijo. El cual fue al obispo diocesano y confessó su
culpa. Diole por penitencia que anduviesse por todas las ciudades
y villas de Normandía publicando su pecado, para que por
su exemplo los hijos aprendiessen a honrar a sus padres
y entendiessen que era muy ofensivo a Dios Nuestro Señor
ser crueles con ellos. Después desto, por oraciones de siervos
de Dios fue libre de aquel tormento y el sapo
desapareció. Lo dicho es de Tomás de Cantiprado, en el
libro segundo, capítulo séptimo, De apibus misticis.
[7] Un padre
grande jugador y que se andava de taverna en taverna,
llevava consigo un hijo pequeño que tenía, y acostumbróse tanto
a esto el moço, que siendo grande, faltándole dinero para
jugar, dio en hurtar. Començó en casa de su padre,
passó a la del vezino, y al cabo hurtava como
ladrón famoso. Dos vezes estuvo a punto de ser ahorcado
y el padre, con dineros que dio, le libró. Vino
la tercera vez y, no valiendo dineros ni aprovechando favor,
fue llevado a la horca. Y estando al pie de
la escalera pidió que le hiziessen venir allí a su
padre. Vino muy lloroso. El hijo le rogó que le
perdonasse los males que le avía hecho y en señal
de perdón le besasse /22v/ en el rostro. Llegó el
viejo y el moço le mordió las narizes y se
las llevó entre los dientes. Todos los que estavan a
la mira se indignaron de muerte contra él; dezíanle afrentas,
llamávanle ingrato, traíanle a la memoria que por dos vezes
le avía su padre librado de la horca y que
lo mismo hiziera ésta si pudiera. El ladrón dixo:
-Lo
hecho ha sido acertado y con mucha justicia, porque él
fue la causa de que aora me ahorquen, pues cuando
moço nunca me castigó ni reprehendió por males que hiziesse,
de donde vine a ser ladrón y a la horca.
Lo dicho es del Promptuario de exemplos.
[8] Viéndose un
padre que por amar tiernamente a sus hijos faltava en
lo que devía al servicio de Dios, queriendo remediarse hizo
un combite, al cual quiso que todos se hallassen presentes.
Y en tanto que comían, siendo imbierno y teniendo cerca
un brasero de lumbre, dixo a uno de los hijos
en quien tenía más confiança que si de veras le
amava pusiesse el dedo menor de la mano sobre las
brasas. Escusóse el hijo y no quiso hazer lo que
el padre le dezía, pareciéndole locura y vejés. Fue de
uno en uno el padre diziéndolo a todos los hijos,
y la respuesta que le dio el primero dieron todos.
Con esto les descubrió su intento y dixo:
-Ya veis,
hijos, que ninguno de vosotros por mi amor, y aviéndoselo
rogado, ha querido poner el dedo en las brasas, con
ser fuego que passa presto y en sólo un dedo.
Pues ¿qué razón ay para que yo, por amaros, dexándoos
hazienda mal ganada, vaya a arder alma y cuerpo en
el fuego eterno del Infierno?
Con esto restituyó lo que
tenía mal ganado y, aunque pobre, vivió en adelante con
grande recato y procuró salvarse. Lo dicho es del Promptuario
de exemplos.
[9] Hizo su testamento un hombre muy rico,
y mandó a clérigos y a frailes algunas buenas mandas
porque hiziessen oraciones y sufragios por su alma. Dexó un
hijo, y apoderóse de mayorazgo y de bienes muebles y
raízes, muerto el padre. Los frailes y clérigos vinieron a
pedirle cumpliese las mandas del testamento, y | no quiso
darles cosa alguna, formando razón sobrello con ellos en esta
manera:
-Vosotros -dize- predicáis, y ello es assí, que no
aprovechan los sufragios y oraciones al que está en el
Infierno, y que no tiene dello necessidad el que está
en el Cielo. Yo no sé si mi padre está
en el Cielo o en el Infierno. Si en el
Infierno, nada le aprovechará cosa que por él se haga;
si en el Cielo, no tiene dello necessidad. Pues demos
que esté en Purgatorio; él saldrá por sus cabales, que
no será acertado gastar los bienes que me pertenecen de
herencia en cosa dubdosa por mi padre.
Con estos dichos
se quedó el vellaco con la hazienda toda. Lo dicho
se refiere en el Promptuario de exemplos. Y aún se
podría juntar con esto, si no es fábula, lo que
algunos afirman: que dexó un padre dos hijos y tres
açotes, mandando que se vendiessen, y que el precio de
los dos se diesse a los dos hijos y el
precio del tercero fuesse para hazer bien por su alma.
Estando concertando de vender los açotes, ya muerto el padre,
volóse uno y fuese. Dixo el un hijo: «Vaya aquél
por la alma de mi padre»; y el otro lo
aprovó.
[10] Un padre muy rico dio su hazienda a
un hijo que tenía, entendiendo que tendría cuidado de proveerle
de lo necessario a su vida. Mas correspondió mal, assí
en la vida como en el vestido, porque ni le
dava vestido con que se defendiesse del frío, ni comida
con que matasse la hambre. Sacó cuatro varas de paño,
después de avérselo llorado el pobre viejo, para hazerle una
ropa, y quitó las dos, diziendo que aunque fuesse estrecha
le calentaría más. Tenía un hijuelo de poca edad este
mal hombre, el cual escondió las dos varas de paño
que sobraron de la ropa que ya quedó en ropilla.
Y, andando a buscarlas, al fin el rapaz dixo que
las tenía escondidas. El padre le preguntó:
-Pues, ¿para qué
las escondiste?
Respondió:
-Para hazeros, padre, una ropilla cuando yo
sea hombre y vós viejo, conforme a la que avéis
hecho a mi abuelo.
-Pues, ¿cómo? -dixo el padre- ¿y
no me la harás mejor?
-No por cierto, y aun
me lo devéis agradecer que sea tal.
De aquí /23r/
tomó ocasión para tratar mejor a su padre y regalarle,
todo por mano del mochacho, para que aprendiesse a hazer
con él lo mismo. Lo dicho es de Guillelmo Lugdunense.
Y refiérelo el Promptuario de exemplos.
[11] Descuidávanse dos hijos
de su padre, aviendo repartido entre ellos su hazienda. Y,
visto por él, y aconsejado de un amigo suyo, hizo
una arca bien herrada y cerrada con tres llaves, y
dio a cada hijo la suya, quedando él con otra.
Díxoles que tenía allí joyas de grande precio y escrituras
de rentas, que las repartiesen entre sí después de su
muerte, y que por no gastarlas él y que ni
ellos se apoderassen dellas, como de lo demás, y se
descuidassen dél, quería que tuviessen todos tres las llaves. Con
esto los hijos le regalavan a porfía, esperando parte en
aquella arca, no osándose descuidar dél, porque no las distribuyesse
y gastasse. Vino a morir el viejo; abrieron los hijos
la arca y hallaron dentro un martillo de hierro y
una cédula que dezía: «Quien da su hazienda antes de
su muerte, merece que le den con un martillo en
la frente». Es del Promptuario de exemplos.
[12] Un hombre
rico, estando cercano a la muerte, llamó tres hijos que
tenía y díxoles:
-Yo, hijos míos, os dexo muchas possessiones
y riquezas. Pudiera aver dado mucho desto a pobres por
la salud de mi alma, mas he querido guardároslo, entendiendo
que, siendo yo muerto y estando en Purgatorio, saldré de
allí mediante lo que haréis por mí. Cada uno diga
lo que piensa hazer.
El mayor señaló millares de missas
y largas limosnas. El mediano dixo lo mismo. Mas el
menor se estava riendo. Preguntóle el padre:
-Y tú, ¿de
qué te ríes?
Respondió:
-Porque no pienso, padre, dar por
vos un real.
Indignóse el viejo contra él, mas añadió
el hijo y dixo:
-En tanto que vivís, padre mío,
devéis hazer bien por vuestra alma, sin dexarme esse cargo
a mí o a mis hermanos; porque, estando apoderados de
vuestra hazienda, ¿cómo queréis que por vos la demos, pues
vós por noso- tros | no la dais? Cada uno
procurará más su proprio provecho que el vuestro, no teniendo
de vos algún cuidado.
Oído esto por el padre, abraçóle
diziendo que le avía descubierto la verdad. Y fue ocasión
para que luego distribuyesse parte de su hazienda para bien
de su alma. Lo dicho es del Promptuario de exemplos.
[13] Estando para morir una muger casada, con muchas lágrimas
y pidiéndole perdón declaró al marido que de tres hijos
que tenía el uno sólo era suyo, y los dos
de adulterio. No pudo dezir más porque le atajó la
muerte. Quedó confuso el padre sin saber qué determinar acerca
de su hazienda, que era grande. Y viniendo a morir,
en su testamento declaró lo que su muger dixo a
la hora de su muerte, y que por tanto él
dexava su hazienda al que de los tres era proprio
hijo suyo. Murió el padre y fueron los tres moços
delante el rey, y mostraron el testamento, alegando cada uno
que era el verdadero hijo. El rey, aconsejado de algunos
sabios, mandó que desenterrassen el cuerpo del padre y le
atassen a un palo, y que, de los tres hijos,
el que tirando con un arco le enclavasse una saeta
más cerca del corazón, éste huviesse la herencia. Tiraron los
dos enclavando en el cuerpo sus saetas, mas el tercero
dixo:
-No quiera Dios que yo hiera el cuerpo de
mi padre por interesse humano. Piérdase la herencia, que no
seré tan desacatado que ponga las manos en quien me
engendró, aunque esté muerto.
Oyó esto el rey, y declaró
ser el hijo proprio y verdadero, y no los otros,
y assí le dio la herencia. Refiérese en la Suma
de virtudes y vicios de Gullelmo de Peraldo.
[14] Alexandre
de Alexandro, libro cuarto, capítulo diez y nueve, escrive que
estando en Nápoles un grande amigo suyo, hombre de verdad,
siendo de noche oyó desde la posada en que estava
grandes gritos en la calle, de persona que se quexava
y pedía le favoreciessen. Aparóse a una ventana y vido
él, y vieron otros muchos, a un moço, a quien
andava haziendo mal un demonio, y él se defendía huyendo
a unas /23v/ partes y otras. Era cosa de mucho
temor ver la fealdad del demonio. El afligido moço acordó
a pedir favor a Dios y a sus santos, y
desta manera se libró del diablo, y quedó como pasmado
sin poder hablar. Desde algún tiempo se confessó por grande
pecador, y que avía dicho la tarde antes palabras afrentosas
a su padre, que fue la ocasión por donde le
vino aquel castigo.
[15] Otro moço desobediente assí mismo a
sus padres, y que avía determinado de poner las manos
en el uno dellos, salió de Roma y iva cierto
camino, en el cual se hizo encontradizo un demonio en
forma humana, y caminando con él llegaron a una posada,
donde, estando dormiendo el moço, fue a él el demonio
y quiso ahogarle. Despertó y dio bozes llamando a Dios
y a Santa María. Lo cual oído del espíritu maligno,
no teniendo licencia para más, huyó de allí rompiendo el
texado y dexando los maderos dél rotos y ahumando. Al
ruido se levantó el huésped y otros muchos que estavan
allí aposentados, pareciendo que toda la casa se hundía. Y
visto por el moço el peligro en que estuvo, enmendó
su vida. Refiérelo Ludovico Domenichi en Historia varia.
[16] En
España, en tiempo de gentiles, avía dos hermanos; tenían padre
y era muy pobre. Sucedió que Epasto Tirano quitó la
vida injustamente a un hombre rico llamado Paciente. Los hijos
deste procuraron vengarle y concertáronse con los dos hermanos hijos
del viejo pobre que matassen al tirano Epasto y que
darían doze mil maravedís al viejo, en caso que ellos
padeciessen. Hízose assí, que los dos moços mataron al tirano,
perdiendo ambos las vidas, teniéndolo por buena ganancia porque a
su padre se diesse aquel dinero con que remediasse su
necessidad. Dízelo Valerio Máximo, libro quinto, capítulo cuarto. Y en
este exemplo sólo se alaba la piedad de los hijos
con sus padres, y no lo que fue pecado de
querer los unos vengar a su padre y los otros
dar la muerte a Epasto Tirano por interesse, que fue
grave pecado. |
[17] Ludovico Guicciardino, en el libro que
hizo de la Descripción de Flandes, hablando de la ciudad
de Delset, que es en Holandia, dize que se pegó
fuego el año de 1536, y se quemó grande parte
de la ciudad, y que en el incendio se vido
una cosa notable. Y fue que, aviendo muchos nidos de
cigüeñas y siendo el día tercero de mayo, tenían polluelos,
y como viessen llegar el fuego y no lo pudiessen
remediar, poníanse sobre ellos abiertas las alas, y dexávanse quemar
juntamente con ellos. El mismo Ludovico Guicciardino en este libro,
hablando de la Baronía de Grimberghem, dize que ay costumbre
allí que hereden el estado los hijos menores, porque el
año de 1140 Galtero ofendió gravemente a su padre, que
era príncipe de la tierra, tomando armas contra él; mas,
llegando a batalla, el hijo fue vencido con otros que
eran de su vando. Hallóse sin culpa en este caso
un hermano suyo menor, y el padre le dexó el
estado, haziendo ley que hereden los hijos menores.
[18] Cheldeberto
y Clotario, reyes de Francia hermanos, trayendo guerra sobre el
estado, y estando para darse batalla en que se esperava
grande mal y daño, llegó allí su madre Clotilde, y
pudo tanto con sus ruegos y lágrimas que dexaron las
armas y quedaron en buena paz. Es de Sabélico, libro
tercero.
[19] Lambadoria, capitán de la armada genovesa, teniendo batalla
naval en el mar Adriático con los venecianos, donde alcançó
dellos una insigne victoria, en el ardor de la pelea
le vinieron a dezir que un hijo suyo era muerto
peleando valientemente. Él, sin mostrar punto de alteración, dixo:
-Pues
echen su cuerpo en el mar, que no puede tener
más honrado sepulcro que ésse, aviendo muerto por la patria.
Dízelo Fulgoso, libro quinto.
[20] Hómulo, jurisconsulto napolitano, estando en
Roma y ocupado en negocios gravíssimos, viniéndole a dezir que
un hijo suyo era muerto, sin mudar voz ni rostro
dixo a los que estavan presentes /24r/ que por una
hora le diessen lugar para cumplir con el paterno afeto.
Entró en un aposento y estuvo allí una hora llorando
amargamente. Lavóse el rostro y salió a entender en los
negocios de primero, como si nada huviera passado. Dízelo Fulgoso,
libro quinto.
[21] Mazuco, pisano jurisconsulto y de dignidad ecuestre,
dexando el siglo entró en el orden de los Menores;
donde, sabiendo que Farinatas, hijo suyo, avía sido muerto por
Benito Caprariense, no sólo se halló a su entierro sin
lágrimas, sino que viendo después al Benito, para que entendiesse
que no le tenía enemistad, llegó a él y besóle
la mano. Es de Fulgoso, libro quinto.
[22] Popilio, rey
de Polonia, y su muger, la reina, hiziéronse a una
y mataron a sus padres por heredarlos. Sucedió que, estando
en un combite poco después, salieron del sepulcro del padre
muchos ratones, que los hizieron entrar, huyendo dellos, en una
barca, y ni por esto pudieron librarse, que entraron nadando
en la barca y la royeron, de modo que se
iva a hundir. Salieron de allí, subiéronse a una torre,
adonde subió tanta multitud de ratones, que mataron a bocados
a la muger y a dos hijos, y al cabo
al parricida Popilio. Dízelo Holao Magno en su Historia Septentrional,
libro diez y siete, capítulo veinte y dos. También refiere
de Hato, obispo de Maguncia, que murió comido de ratones
porque no hizo limosna a pobres en tiempo de hambre;
antes los afrentava, llamándolos «ratones de la república».
[23] Trayendo
diferencias el rey don Pedro de Castilla, llamado de unos
el Justiciero y de otros el Cruel, con su muger,
la reina doña Blanca, por razón que se dezía que
estava el rey mal amigado con otra muger, embió la
reina a Toledo para que estuviesse como presa en el
alcáçar. Ella entró en la ciudad y dixo que la
dexassen ver la Iglesia Mayor y hazer oración delante la
imagen de la Madre de Dios. Los que la traían
en guarda diéronle lugar para esto. Y, estando en la
iglesia, | no quiso ir al alcáçar ni salir de
allí. Hiziéronse de su parte muchos cavalleros y hombres particulares
de Toledo, diziendo que morirían porque el rey no la
hiziesse agravio. Súpolo el rey y indignóse contra los toledanos.
Vino a la ciudad, y porque quisieron algunos grandes del
reino que se hallaron presentes y favorecían a la reina
defenderle la entrada, él, con su gente que traía, por
fuerça de armas entró por la puente de San Martín,
dexando derribada una torre della, la primera por la parte
de afuera, que después remendó el arçobispo don Pedro Tenorio,
perlado de la misma ciudad de Toledo. Estando el rey
don Pedro en la ciudad, mostró grande ira con los
vezinos della por el servicio que intentaron de hazer a
la reina y, prendiendo a treinta ciudadanos los mandó degollar.
Entre estos presos y sentenciados a muerte estava un platero
viejo; tenía un hijo, mancebo de buena edad y disposición.
Éste, con piedad que tuvo del padre, fue al rey
y rogóle que dexassen libre a su padre y le
matassen a él. Muchos quisieran que el rey los perdonara
a ambos, vista la piedad de aquel tan buen hijo,
mas, usando de ferocidad, mandó que se hiziesse assí. Dexó
libre al padre y degolló al hijo. Esto se refiere
en diversas Historias de España, y tráelo Fulgoso, libro quinto.
A este cuento podemos juntar otro. Sucedió en Villanueva de
la Xara, en tiempo de los Reyes Católicos don Fernando
y doña Isabel; y fue que, teniendo diferencias sobre la
propriedad del reino de Castilla con el rey don Alonso
de Portugal, llegaron diversas vezes a las manos los castellanos
y portugueses. Sucedió que en un rencuentro mataron los portugueses
a un cavallero de mucho nombre en Castilla, llamado don
Jorge Manrique. Por lo cual, muy sentidos los castellanos, ahorcaron
ciertos portugueses de los que tenían captivos, a vista de
sus reales y campo. Y, queriendo tomar desto vengança los
portugueses, ahorcaron otros tantos castellanos, que también tenían presos algunos.
Entre /24v/ estos castellanos estava un hombre de edad con
muger y hijos, el cual tenía un hermano, que también
estava preso y en poder de portugueses, aunque no era
del número de los sentenciados a muerte. Éste habló al
hermano diziendo que quería morir por él, y dio algunas
razones, como de que su muerte no sería tan sentida
ni dañosa como la suya, que era casado y tenía
muger y hijos, y él por el contrario solo y
sin tantas obligaciones. Contradezíalo el hermano grandemente. Al cabo la
porfía del menor fue de suerte que el mayor quedó
con vida y él sin ella.
Ambos fueron hechos dignos
de memoria, y en que mostraron el amor grande que
tenían el uno a su padre y el otro a
su hermano. Pues, como dize el Hijo de Dios y
lo refiere San Juan en el capítulo quinze, mayor caridad
no puede tener alguno que poner la vida por su
amigo.
[24] A fray Tomás de Villanueva, del orden de
San Augustín, siendo arçobispo de Valencia, quiso irle a ver
su madre, que era una labradora viuda honrada y residía
en Villanueva de los Infantes, lugar en el Campo de
Montiel del arçobispado de Toledo. Y, llegando a Liria, cuatro
leguas de Valencia, salió a verse con ella y llevóla
a o- tro | pueblo llamado Villar, donde como buen
hijo la regaló y consoló mucho. Y en passando quinze
días dio orden como se bolviesse a su tierra. Y
aunque ella holgara de ver a Valencia y se lo
significó, no lo consintió, diziendo:
-Si vuestra merced va a
Valencia, es cierto que ha de posar en mi casa,
y con esta ocasión querrán muchas señoras y damas de
la ciudad, por hazerme a mí merced, visitarla y acompañarla.
Y yo no quiero visitas de mugeres, aunque sean con
tan justa causa, en mi casa.
Mostró ser de veras
hijo del grande Augustino, de quien escrive Posidonio que no
consintía que en su casa viviesse su hermana, porque las
criadas de la hermana no eran sus hermanas. Esto escrive
dél el Maestro fray Miguel Salón, en su Vida, libro
segundo, capítulo séptimo. Y afirma del mismo fray Tomás de
Villanueva que en todo el discurso de su vida no
se halló que vez alguna fuesse a tomar recreación, por
lícita que fuesse, ni saliesse de su aposento una sola
hora, sino con urgente necessidad que se ofreciesse, y, resumido
aquel negocio a la hora, se bolvía a su celda
y aposento. |
[EXEMPLOS ESTRANGEROS] [1] Quintiliano, libro y capítulo primero,
dize que no ay mejor leche para el niño que
la de su propria madre, y refiere de uno que,
aviéndole criado con leche de puerca, se echava en loda
çales.
[2] De Crates Tebano escrive Demetrio Magnesio, y refiérelo
Diógenes Laercio en su Vida, que tenía grande hazienda. Hízola
dineros y púsolos en poder de persona de confiança en
su muerte, mandándole que si sus hijos creciendo fuessen sabios
y avisados, repartiesse aquel dinero entre ciudadanos pobres, afirmando que
el sabio y filósofo no tiene necessidad de riquezas; mas,
si fuessen necios, lo repartiesse entre ellos.
[3] Plutarco, en
sus Morales, en el de la | vengança de Semiramis,
dize que cierto soldado llamado Besus, aviendo muerto a su
propio padre, encubrióse algún tiempo el negocio. Sucedió que, estando
comiendo con otros amigos suyos, derribó un nido de golondrinas
con una lança y pisó los polluelos. Preguntándole los presentes
por qué avía hecho aquello, respondió:
-Muchos días ha que
estas malditas aves con gran mentira andan diziendo que yo
maté a mi padre.
Supo esto el rey, llamóle, diole
tormento, confessó la verdad y condenóle a muerte.
[4] Junio
Bruto, cónsul de Roma, después de echados los Tarquinos del
reino por la fuerça que hizo uno dellos a Lucre-
cia, /25r/ oyendo dezir que dos hijos suyos -Tito y
Sempronio- se avían conjurado con otros muchos para que bolviesse
al mando y señorío de primero -estando puesta pena de
la vida a quien cayesse en aquel crimen-, averiguado el
negocio, Bruto los sentenció a muerte. Atáronlos a dos palos
para açotarlos primero que los degollassen, como era costumbre de
romanos, y era de ver el padre en medio de
los dos hijos mandando executar la sentencia, estando el pueblo
ya mirando a los hijos y al padre, y más
al padre que a los hijos, porque mostrava grande ánimo
en aquel hecho, en que tuvo más cuidado del bien
de su república que del suyo particular. Dízelo Tito Libio,
libro primero, Década primera, Valerio Máximo, libro quinto, capítulo octavo,
Plutarco, Eutropio y Orosión.
[5] Estava sentenciada a muerte una
muger romana en tiempo del Triunvirato, cuando sólo bastava para
morir el aver tenido este o aquel apellido. Avíala puesto
el carcelero en un aposento para que muriesse allí de
hambre. Visitávala una hija suya parida de pocos meses, y
durándole más la vida a la madre de lo que
le pareció al carcelero que bastava para morir, púsose de
secreto a mirar lo que hazía la hija cuando entrava
a visitar a la madre, y vídola que le dava
el pecho y que con su leche la sustentava que
no muriesse. Fue con este cuento el carcelero al Triunvirato;
tuvo dello noticia el pretor, y al cabo vino a
oídos del cónsul, los cuales todos dieron parecer que la
madre fuesse libre y se le entregasse a su hija
por el afeto y piedad que avía tenido con ella.
Refiérelo Sabélico, libro quinto.
[6] De otro caso semejante haze
mención Valerio Máximo, libro quinto, capítulo cuarto, y fue que
una muger en Grecia, estando su padre sentenciado a que
fuesse muerto por hambre, ella le dio leche de sus
pechos, sustentándole mucho tiempo sin que muriesse.
[7] Dando por
rehenes los cartaginen- ses | a los romanos algunos hijos
de nobles, ivan con ellos sus madres hasta verlos embarcar,
y fue tan grande el sentimiento que tuvieron algunas dellas
de verlos apartar de sí que cayeron allí muertas. Es
de Sabélico, libro tercero.
[8] Agripina, madre de Nerón, preguntó
a algunos sabios caldeos acerca de su hijo, si sería
emperador de Roma. Dixéronle que lo sería, aunque, siéndolo, mataría
a su madre. «Sea él emperador -replicó ella- y máteme»;
y assí sucedió. Refiérelo Fulgoso, libro quinto.
[9] Eneas Troyano
honró tanto a su padre Anquises que, dándole licencia que
llevasse él y los demás troyanos nobles lo que quisiessen
sobre sí de la ciudad que ardía, primero llevó los
dioses penates y, dándole licencia que sacasse otra cosa, sacó
a su padre, passando por llamas y espadas hasta que
le puso en salvo en el monte Ida, temiendo más
el daño que le podía venir que el de su
muger Creusa, o el de su hijo Julio, que le
iva siguiendo. Es de Sabélico, libro quinto.
[10] Manlio, que
por ganar en batalla un collar de oro a cierto
francés tuvo sobrenombre de Torcuato (queriendo dezir torques, collar), estava
por mandado de su padre, llamado Manlio como él, en
una alquería, donde comía y se vestía pobremente, aunque por
ser hijo obediente llevava con paciencia la condición áspera y
desabrida de su padre. Tuvo noticia desto un tribuno de
Roma y puso demanda al padre de que hazía agravio
a la República en tener desterrado della un tan noble
ciudadano como su hijo. La demanda era de suerte que
el padre se vido en aprieto. Señalósele día para oír
sentencia. Tuvo noticia dello el hijo. Vino de secreto a
Roma; llegó al amanecer, fue a casa del tribuno, el
cual le admitió en su aposento pareciéndole que le tenía
muy obligado por bolver por él contra su padre. Mas
el hijo, que se vido solo con el tribuno, echó
mano a un puñal y púsosele a los pechos, afirmando
/25v/ que le daría con él allí la muerte si
no jurava de dar por libre a su padre y
no molestarle más. Lo cual juró el tribuno lleno de
temor, y cumplió. Es de Sabélico, libro tercero.
[11] Aviendo
alcançado una insigne vitoria Paulo Emilio del rey Perseo, grande
enemigo de los romanos, y concediéndosele triunfo, cuatro días antes
se le murió un hijo y, tres días después, otro.
El sentimiento que tuvo de sus muertes declaró en una
oración o razonamiento que hizo después en el Senado, en
la cual dixo estas razones entre otras:
-Como temiesse, oh
Romanos, algún desastre para vuestra República en tan grande felicidad,
pedí al cielo que si algún caso adverso os amenazava,
diesse en mi casa, y quedássedes libres Y sucedió assí,
porque con la muerte de mis dos hijos que conocisteis,
tan agraciados en la vista como valientes en la persona,
vosotros antes os doleréis de mí que yo os tenga
lástima. Es de Valerio Máximo, libro quinto.
[12] Viendo Marco
Crasso que le avían muerto un hijo solo que tenía
-sin esperança de aver otro por ser muy viejo- en
la batalla que dio a los partos, y que todo
el exército estava sentido y turbado con aquella muerte, aunque
fue su sentimiento excessivo anduvo de unas partes en otras
diziendo en voz alta que no fuesse parte la muerte
de un solo hombre para acovardarlos, sino que tomassen ánimo
y se acordassen de su valor y de la patria,
y que a él solo dexassen la vengança de aquel
dolor y pérdida. Es de Fulgoso, libro quinto.
[13] Coriolano,
ciudadano de Roma, varón de grande ánimo y de alto
consejo, aviendo servido a la República fielmente, fue tratado con
desagradecimiento, desterrándole de la patria. Passó a ser morador entre
los bolscos, enemigos a la sazón de los romanos, donde,
siendo conocido su valor de un trançe en otro, |
vino a que todos le obedecían y él a todos
mandava. Començó a hazer guerra a Roma y a vengarse
de la ingratitud usada con él; venció sus exércitos diversas
vezes y llegó su gente hasta poner cerco sobre la
ciudad, esperando ganarla por fuerça de armas. Embiáronle embaxadores con
tratos de paz y no hizo caso dellos; fueron sacerdotes
con insignias sacerdotales y bolvieron sin efeto. El Senado estava
temeroso, el pueblo afligido, hombres y mugeres lamentavan su destruición,
que veían a los ojos. Estava dentro de Roma Veturia,
madre de Coriolano, la cual, llevando consigo a su muger
Volumia y hijos, salió al real de los bolscos y,
siendo vista del hijo, corrió apressuradamente a abraçarla. Ella, viendo
la fuerça que tenía con él, las palabras de ruego
con que pensó hablarle trocó en otras de ira y
enojo, y assí le dixo:
-Antes que me abraces quiero
saber si vengo a ver hijo o enemigo, y si
estoy en tus reales con título de madre o de
captiva. Mi larga vida y miserable vejez me ha traído
a que te viesse primero desterrado de tu patria y
después enemigo della. ¿Cómo? ¿Y será possible que quieras destruir
y assolar esta tierra donde naciste y te criaste? Por
grande felicidad tuviera no averte parido, pues con esto se
librara Roma de ser destruida.
Otras palabras semejantes le dixo,
y ayudó la muger con los hijos llorando, de suerte
que su duro pecho se ablandó. Abraçó a su madre
diziendo:
-Vencido me as, señora y madre mía; yo te
doy a Roma libre. Y esto se te agradezca a
ti por averme parido.
Con esto levantó los reales y
se bolvió a su gente, y Roma agradeció a Veturia
el ser libre desta persecución y calamidad, aviendo podido ella
más con el afeto de madre que la ciudad famosa
con sus exércitos y armas. Dízelo Valerio Máximo, libro quinto.
[14] No le avían començado a nacer barbas a Escipión
Africano cuando, hallándose en una batalla contra Aníbal en Italia,
cerca del río Ticino, y viendo en ella a su
/(26r)/ padre -que era cónsul y el que regía el
campo romano- malherido, rompió por medio de los enemigos. Y
pudo tanto el afecto paternal que, contradiciendo su edad de
moço, el ser nuevo en la milicia, llevar los enemigos
la victoria, libró de muerte a su padre y ganó
la corona que se dava en Roma a los que
libravan al general de muerte o prissión. Es de Valerio
Máximo, libro quinto.
[15] Siendo procónsul en Asia Publio Dolabela,
truxéronle una muger natural de la ciudad de Esmirna, la
cual avía muerto a su marido y a un hijo
porque los dos le mataron a otro hijo que tenía
del primer marido, moço de grandes esperanças. Averiguado el caso,
no osó determinarse Dolabela, sino remitió el juizio a los
sabios de Atenas, los cuales, después de diversos pareceres, considerando
la grande ocasión que tuvo la muger de vengar muerte
de hijo tan amado, mandaron que se fuesse y que
passados cien años bolviesse a oír sentencia. Dolabela se libró
de aquel juizio, remitiéndole a los sabios de Atenas, y
ellos con diferirle por cien años también se libraron dél,
estando ciertos que entretanto se moriría la muger. Dízelo Valerio
Máximo, libro octavo.
[16] En el tiempo del Triunvirato fue
proscripto y sentenciado a muerte en ausencia Opio, ciudadano romano.
Teníale escondido un hijo suyo y, visto que era dificultoso
el conservarle la vida, vistióle en hábito de pobre mendicante
enfermo, y él con otro semejante vestido, le sacó de
Roma sobre sus ombros y dio con él en Sicilia,
donde Sexto Pompeyo favorecía a los proscriptos y huidos de
Roma. Después, sabiéndose lo que el hijo del Opio hizo
por él, perdonaron al padre y dieron oficio honroso de
edil al hijo. Dízelo Fulgoso, libro quinto.
[17] El emperador
Tiberio César perdió un hijo llamado Druzo, moço de gran-
des | esperanças, y aunque le amava tiernamente tanto por
su virtud como por la sangre, acabando de hazer sus
exequias se fue al Senado a tratar los negocios de
la República. Adviértelo Fulgoso, libro quinto.
[18] Viendo el rey
Egeo venir de lexos un navío en que su hijo
Teseo avía ido a una empresa dificultosa, teniendo concertado con
él que bolviendo victorioso mudasse las velas en color alegre
y de fiesta, olvidado Teseo del concierto, aunque venía con
vitoria, y teniéndole muy en la memoria el viejo padre,
creyendo que avía perdido al hijo quiso perder la vida,
y assí se despeñó de una torre alta en el
mar. El hecho fue malo, mas procedió del amor grande
que tenía a su hijo. Refiérelo Sabélico, libro tercero.
[19]
Por aver dado leyes Solón en Atenas era su nombre
famoso en toda Grecia, publicándole por sapientíssimo. Residía en Mileto
y tenia allí amistad estrecha con Talete, que fue uno
de los Siete Sabios de Grecia. Passeávanse los dos en
público un día, y vínole a Solón un mensajero que
le dixo como era muerto un hijo que tenía. Oyéndolo
Solón, fue la pena tan grande que recibió que se
dexó caer en tierra. Arrancábase los cavellos y las barbas
a dos manos, despedaçava el vestido, llorava y dava vozes
que se oían bien lexos de allí. Y fue su
pena tanta que se llegó mucha gente y todos se
admiravan de ver un espectáculo tan indigno de tal persona.
Talete, que fue el autor desta nueva, y era falsa,
le dixo:
-Ten buen ánimo, Solón, que tu hijo vive
y yo quise experimentar si me era conveniente el casarme
y tener hijos como tú hiziste. Después de averlo mucho
resistido, y por lo que en ti he visto, entiendo
que no me conviene a mí tomar semejante estado, pues
hallo que basta el amor de los hijos a tornar
loco un hombre sabio.
Es de Sabélico, libro tercero.
[20]
Entrando de repente en el aposento del rey Agesilao un
privado suyo, vídole entre /(26v)/ sus hijos sobre un cavallo
de caña andar jugando. Quedó confuso de que un rey
tan sabio y mirado estuviesse entretenido en tales baxezas. Reprehendióselo,
y Agesilao le dixo:
-No respondo a lo que dizes
hasta que te vea que eres padre. Y encárgote que
no digas de mí lo que has visto hasta que
tengas hijos.
Refiérelo el Eborense.
[21] Hizo guerra Darío, rey
de Persia, a los escitas, y fueles ganando la tierra.
Ivanse ellos recogiendo sin pelear con él, hasta los últimos
y solitarios lugares de su imperio. Embióles Darío embaxadores, queriendo
saber dellos cuando acabarían de huir o començar a pelear.
Respondiéronle que ni tenían ciudades ni campos labrados por que
deviessen pelear, siendo pobres y preciándose dello, mas, si tanta
gana tenían de venir con ellos a batalla, que se
descomidiesse y tratasse mal los sepulcros de sus padres y
mayores, y vería luego lo que los escitas valían por
armas. Con esta respuesta tan fundada en piedad que dieron
los escitas se ablandó Darío y los dexó libres de
guerra. Dízelo Valerio Máximo, libro quinto.
[22] Ganaron los persas
la ciudad a Creso, rey de Lida, y entrando algunos
soldados en la sala donde estava, uno de ellos, sin
conocerle, levantó el braço con la espada para matarle. Hallóse
allí cerca un hijo del mismo Creso que era mudo
y, viendo tan cerca la muerte de su padre, hizo
en él tal impressión que se le desató la lengua,
y dixo en voz alta:
-No mates a Creso.
Fue
parte la piedad con el padre para dar voz al
que por tiempo estuvo mudo. Dízelo Valerio Máximo, libro quinto.
[23] Artaxerxes Primero, rey de Persia, amava a su muger
con ardentíssimo amor, a la cual dio la muerte Parisatis,
madre del mismo Artaxerxes y, aunque él fue cierto dello
y lo sintió sumamente, pudo tanto el afeto maternal que
ni vengó la muerte ni le dixo palabra descompuesta o
desabrida. Dízelo Fulgoso, libro quinto.
[24] Seleuco, rey de Siria,
sabiendo por in- dustria | de Erasístrato, médico suyo, que
Antíoco su hijo estava enamorado de su muger Estratónica, madastra
del mismo moço, aunque la amava excessivamente, venciendo el amor
del hijo, que tuvo por cierto moriría si no se
la dava, hízolo assí, que le casó con ella. Y
fue esto no sólo dar vida al hijo, sino vencerse
a sí, que es grande hazaña en un hombre valeroso.
Aunque si lo miramos cristianamente, el padre y el hijo
y la misma Estratónica cometieron un pecado de los feos
y abominables que en semejante caso puede cometerse, y por
lo mismo no merece loa, sino afrenta y vituperio el
Seleuco. Refiérelo Sabélico, libro tercero.
[25] Dión Siracusano, estando tratando
con amigos suyos negocios graves del reino, oyó alboroto grande
en el palacio y, queriendo saber la causa, dixéronle que
un hijo suyo avía caído de una fenestra y quedado
muerto de la caída. Él, sin mudar semblante, dixo:
-Pues
entiérrenle.
Y prosiguió con su plática adelante hasta concluir aquellos
negocios. Es de Fulgoso, libro quinto.
[26] A Anaxágoras le
truxeron nueva de la muerte de un hijo y respondió
con mucha serenidad:
-No me dizes cosa nueva, ya yo
sabía que lo engendré mortal.
Escrívelo Valerio Máximo, libro quinto.
[27] Diose una batalla cerca de Lacedemonia y, viendo una
muger (la cual tenía en ella cinco hijos) que llegava
a la ciudad un soldado del campo, preguntóle cómo iva
el negocio de aquella república. Respondió que sus cinco hijos
eran muertos en la pelea. Ella replicó:
-No te pregunto
esso, sino si los negocios desta ciudad van bien encaminados.
El soldado respondió que sí.
-Pues poco va -añadió la
muger valerosa- en que mueran mis hijos, como la patria
esté victoriosa.
Es de Fulgoso, libro quinto. El mismo autor
refiere de otra semejante muger que, deziéndole que avía muerto
un hijo suyo en cierta batalla, dixo:
-Pues entiérrenle, que
yo embiaré otro.
[28] Estando Xenofonte ofreciendo sacrificio en presencia
de mucha gente, dixéronle /(27r)/ que el mayor de dos
hijos suyos, llamado Grillo, avía muerto en cierta batalla. Tenía
la corona en su cabeça de rey; quitósela y preguntó
cómo fue su muerte. Y respondiéronle que peleando valientemente. Tornó
a ponerse la corona en la cabeça y juró por
aquél a quien sacrificava que le avía dado mayor contento
el saber que su hijo murió como valiente, que recibió
pena de su muerte. Dízelo Valerio Máximo, libro quinto.
[29]
Ariobarzanes, rey de Capadocia, dio el reino en vida a
su hijo, y lo mismo hizo Tolomeo, rey de Egipto
el primero. Ambos quisieron más ser padres de reyes que
reinar. Lo primero dize Valerio Máximo, libro quinto, y lo
segundo dize Fulgoso, también libro quinto.
[30] Tigranes, rey de
Armenia, andando a caça, derribóle el cavallo y de la
caída pareció quedar muerto. Llegaron allí dos hijos suyos, y
el mayor, creyendo que estava sin vida, tomó la corona
que se le avía caído de la cabeça y púsola
en la suya, no queriendo perder tiempo. Mas el menor
quiso certificarse si estava del todo muerto su padre y,
visto que aún tenía vida, hízole remedios, por donde tornó
en sí, y después quedó del todo sano. Donde, sabiendo
lo que los dos hijos avían hecho, al mayor mandó
matar y al menor dexó el reino después de su
vida. Dízelo Fulgoso, libro octavo.
[31] Cosroes, rey de Persia
y enemigo cruel de los cristianos, después de seis años
que tuvo guerra con el emperador Heráclito, como señalasse por
rey para su muerte a un hijo menor, agraviado dello
Sinocio, que era mayor, queriendo vengarse hizo guerra al padre,
vencióle y quedó preso en su poder. Púsole en una
torre que el Cosroes avía hecho para guardar sus tesoros
y dávale de comer pan y agua. Dezíale palabras ásperas,
que comiesse del oro que avía allegado con derramar sangre
en toda la tierra. Sacóle de allí, y en su
presencia quitó la vida al hermano que dexava por rey
y a otros muchos. Al cabo le mandó cortar la
cabeça, | y quiso que su cuerpo estuviesse por cinco
días hecho blanco a muchos ballesteros que le tiravan. Dízenlo
Paulo Diácono, libro diez y ocho, y Rezino, libro primero.
Yo digo que las crueldades de Cosroes merecieron el castigo
que le vino, y con esto no dexaría el hijo
de pagar en esta vida o en la otra el
mostrarse tan cruel con su propio padre.
[32] Por la
muerte de Julio César, teniendo el imperio su sobrino Augusto,
quitó a muchos romanos la vida. Y, desseando aver en
su poder a Quinto Cicerón, hermano de Marco Tulio, un
hijo suyo le escondió, por lo cual fue preso y
atormentado gravemente, sin que bastassen tormentos a que declarasse dónde
le tenía. Supo el padre lo que el hijo padecía
por él y, siéndole peor de sufrir que la muerte,
salió de su gana de donde estava escondido y presentóse
al riguroso juez, y ofrecióse a la muerte porque el
hijo fuesse libre de los tormentos con que era atormentado.
Dízelo Xifilino en la Vida de Augusto.
[33] Quexávanse ciertos
legados de Macedonia de Junio Silano, hijo de Tito Manlio
Torcuato, que siendo pretor les avía hecho grandes agravios. Quería
el Senado castigarle; dixo el padre que le dexassen a
él aquel cargo. Y, vista la culpa y comprovada, le
mandó dar en su casa un garrote, y no quiso
hallarse en su entierro. Dízelo Brusón.
[34] Severo, emperador de
Roma, tuvo un hijo, el cual cierto día le corrió
con una espada desnuda, y si no le detuvieran sus
soldados le matara. No por esto el padre se indignó
contra él, sino que el mismo día cumplió con las
obligaciones que tenía fuera de casa y, buelto a ella,
mandó traer a su hijo en su presencia, y estando
allí Papiniano y Cástor, amigos del moço, reprehendióle del mal
que quiso hazer. Afeó gravemente su pecado, y luego díxole:
-Si todavía estás en tu dañado intento de matarme, aquí
puedes hazerlo, y si tú no te atreves, o no
quieres, manda a Pa- piano /(27v)/ que me mate.
Estas
palabras enternecieron al hijo, dexándole muy confuso, y el padre
sin más memoria ni acuerdo de su atrevimiento para castigarle
ni | dárselo en el rostro, porque hasta aquí llega
el amor de los padres con los hijos. Dízelo Dión
Niceo, y Xifilino en su Vida.
Fin del Discurso de
Amor de hijos a padres y de padres a hijos.
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