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Autor: Javier Mandingorra Agradecer: señal de madurez
La capacidad de agradecer está relacionada con el darse, una persona que sabe darse, es decir, abrir la puerta de su vida hacia fuera, es agradecida
Agradecer: señal de madurez
Una de las cualidades humanas que manifiesta más claramente la
madurez, la salud psicológica, la calidad humana de una persona
es su capacidad de agradecer.
El hombre es un
ser que necesita de los demás. No se concibe la
vida del hombre sin otros hombres.
Para hacer cosas en
la vida es necesario apoyarse en los demás, en el
sentido más noble, convivir es vivir con. Y eso es
lo que hacemos de una forma habitual.
La capacidad de
agradecer está relacionada con el darse, una persona que sabe
darse, es decir, abrir la puerta de su vida hacia
fuera, es agradecida. Una madre es el ejemplo de entrega humana
más frecuente y más hondo que existe. Una madre es
una persona que se da a cambio de nada, por
eso las madres son agradecidas, los detalles más nimios que
sus hijos tienen con ellas les produce una alegría especial,
la alegría del agradecimiento.
Por eso cuando entre enamorados se habla
mucho de deberes y derechos; ¡peligro!, algo falla. Se está
maltratando lo esencial en el amor, que es la entrega
al otro. Falta agradecimiento.
Actualmente se está educando poco en
el agradecimiento, es una de las razones por la que
la educación es de poca calidad. Agradecer una cosa es
dar las gracias para siempre, una persona agradecida está en
deuda con el otro de alguna manera, adquiere un compromiso
y eso es lo que se rechaza: -No quiero compromisos.
No quiero cuentas pendientes con los demás. Parece que agradecer
fuera una muestra de debilidad. ¡Como si el hombre se
bastara por sí mismo!. Llamamos a los demás cuando los
necesitamos pero luego no agradecemos. ¡No vaya a ser que
se lo crean!. ¡No quiero tener la sensación de deuda
con él!.
Actualmente en esta sociedad todos nos creemos sujetos
de derechos. Por tanto, como tengo derecho a todo, en
lo personal y profesional, pues entonces no tengo nada que
agradecer. Todo lo que los demás hacen por nosotros es
su obligación. No agradezco nada.
La felicidad pasa por el
agradecimiento, una persona agradecida no es resentida. El agradecer de
verdad las cosas, además de un acto de justicia o
precisamente por eso, aumenta la paz interior y por tanto
la paz ambiental.
Donde hay una persona agradecida se sonríe. Sonreír
habitualmente es muy difícil, demuestra un estado del alma. Una
persona que sonríe es una persona fiable, es una persona
agradecida. ¡Haced la prueba!.
Por cierto, podemos decir muchas veces
a los hijos que agradezcan las cosas y lo pueden
hacer de una manera mecánica. Para aprender a ser agradecidos,
de verdad, hay que verlo vivido. Si no es imposible.
No olvidemos que estamos hablando de la calidad como persona.
Quizá sea por eso por lo que se están pidiendo,
cada vez más, referencias personales, vidas que sirvan de referencia.
De otra forma es imposible educar.
Para instruir a las
personas se necesita dinero, para educarlas se necesitan vidas.
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