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Educar a un hijo | categoría
El fin de educar | tema
Autor: Departamento de Desarrollo Académico | Fuente: Instituto de Educación Familiar
El Desarrollo de la Inteligencia Intelectual, Emocional y Moral
A través de esta nota técnica, los padres obtendrán algunas ideas de cómo prevenir y reforzar las conductas inadecuadas de sus hijos
 
El Desarrollo de la Inteligencia Intelectual, Emocional y Moral
El Desarrollo de la Inteligencia Intelectual, Emocional y Moral

INTRODUCIÓN

Educar es un arte y una ciencia, ya que cada hijo es un ser único e irrepetible y por tanto no existen reglas que indiquen qué hay que hacer con cada uno de los hijos. Siguiendo los principios del arte, los padres necesitan creatividad y paciencia para educar eficazmente, pero al mismo tiempo deben conjugar la ciencia que implica conocimiento, estudio y dedicación.

En épocas pasadas, la educación de los hijos se basaba en el aprendizaje de la moral, y eso podría estar muy bien, sólo que la manera en que la impartían era bajo una dirección rígida en la que los hijos obedecían por miedo o porque así tenía que ser. En cuanto a la inteligencia intelectual, consideraban que no había mucho que hacer pues todo era cuestión de la herencia, y era la escuela la encargada de desarrollarla a través de la lectura y la escritura.

Estas generaciones hicieron a un lado el aspecto emocional, pues consideraban que no era conveniente conducta moral que presentan muchos niños en la actualidad ha disminuido en forma alarmante, lo que nos lleva a preguntar: ¿para qué ha servido toda esa brillantez de la inteligencia desarrollada? ¿Por qué, tanto chicos como grandes, no la están utilizando en los momentos críticos para poder salvarse de cometer acciones que los perjudican a ellos mismos y a los demás?

Ante estas interrogantes reconocemos los padres, maestros, médicos, psicólogos y psiquiatras, que quizás algo no esté funcionando bien en la educación de los niños y jóvenes. Una gran mayoría de ellos desde muy pequeñitos muestran comportamientos descontrolados, se atreven a hacer y decir cosas que a las generaciones anteriores para nada les pasaba por la mente, y si así hubiera sido, había algo que los detenía para no entrometerse en líos como lo hacen los chicos actualmente.

Hoy por hoy observamos que cada vez son más los niños y jóvenes de todas las edades que ofenden, gritan, golpean, se burlan, dicen maldiciones, roban, se drogan, se enfrentan con la autoridad y hasta los hay que se atreven a matar, y para colmo y asombro de las autoridades, cuando son amonestados no reconocen sus faltas.

Para muestra mencionaré que el Departamento de Educación de California hizo un estudio comparativo sobre los siete problemas más frecuentes que presentaban los alumnos de secundaria durante la década de 1940 y los que ahora presentan desde la década de los noventa.

En los cuarenta se consideraba una falta grave:

· hablar en clase;
· mascar chicle;
· hacer ruido;
· correr por los pasillos;
· no hacer fila;
· usar ropa inadecuada;
· tirar papeles.

Desde los noventa son consideradas faltas graves:

· robar;
· abusar en el consumo de alcohol;
· embarazo fuera del matrimonio;
· suicidio;
· violación;
· vandalismo;
· asalto a mano armada.


Es obvio que no hay punto de comparación, estamos ante un mundo totalmente opuesto, con mucho avance tecnológico sí, pero con un retraso evidente en el comportamiento humano.
Cualquiera que lea lo anterior podría pensar ¡bueno, pero eso es en Estados Unidos! Pues no, tristemente la realidad en México no se queda muy atrás, y ya es de todos conocido que las conductas irresponsables de los niños y jóvenes en la casa y en las escuelas de nuestro país, no son hechos aislados.

A través de esta nota técnica, los padres obtendrán algunas ideas de cómo prevenir y reforzar las conductas inadecuadas de sus hijos.
El punto central de este escrito es saber los tipos de inteligencias que existen y de que se conozca la importancia de unir y guardar el equilibrio entre la Inteligencia INTELECTUAL, que es el razonamiento; la Inteligencia EMOCIONAL, que es el sentimiento y la Inteligencia MORAL, que es la acción.

LA INTELIGENCIA

La inteligencia intelectual es definida como la capacidad para comprender y razonar, aunque varios autores le dan a la definición un matiz diferente.
Claparede: “Es la capacidad para resolver, por el pensamiento, problemas nuevos”.
William Stern: “La capacidad de adaptarse a condiciones nuevas”.
Stoddard: “La habilidad para aprender ciertos actos, o para ejecutar otros nuevos que sean funcionalmente útiles”.
Por lo general, todos consideran que la inteligencia intelectual es aquélla que se refiere a los objetos para conocerlos, es decir, para saber cómo son y cómo es su desarrollo neurofisiológico.

Las funciones comprendidas en la aplicación de la inteligencia son:

· Adquisición de datos de la realidad, por medio de los sentidos externos y sentido común.
· Conservación de los datos, por medio de la memoria.
· Elaboración de los datos, por medio de los sentidos internos llamados:
a)Imaginación: el cual transforma, combina, recrea.
b)Cogitativo: el cual hace concepciones, enjuicia y razona.

TIPOS DE INTELIGENCIA

Howard Gardner, se licenció en la Universidad de Harvard en 1961, y desde entonces es catedrático de esta Universidad, es también codirector del Proyecto Zero (nombre genérico de un conjunto de proyectos en torno al desarrollo de la Inteligencia y Creatividad), al igual que es escritor de varios libros sobre inteligencia y en especial es creador de la teoría de Inteligencias Múltiples.

La teoría de Inteligencias Múltiples muestra que existen ocho inteligencias distintas que constituyen las formas como los individuos adquieren, retienen y manipulan la información del medio y demuestran sus pensamientos a los demás. Estas inteligencias se delimitaron a partir del estudio de unas habilidades o destrezas cognitivas variadas, identificadas en poblaciones de sujetos particulares: individuos talentosos, secuelas de lesiones cerebrales, observaciones evolutivas y trasculturales. Para que las habilidades observadas recibieran el calificativo de inteligencias, debían cumplir los criterios antes expuestos. En 1983 propuso ocho inteligencias que se resumen a continuación:

1)Inteligencia lingüística: se utiliza en la lectura de libros, en la escritura de textos, y en la comprensión de las palabras y el uso del lenguaje cotidiano. Esta inteligencia se observa en los poetas y escritores, pero también en oradores y locutores de los medios de comunicación.

2)Inteligencia lógico – matemática: utilizada en la resolución de problemas matemáticos, en el contraste de un balance o cuenta bancaria y en multitud de tareas que requieran el uso de la lógica inferencial o proposicional. Es propia de los ingenieros y científicos.

3)Inteligencia musical: se utiliza al cantar una canción, componer una canción, tocar un instrumento, o al apreciar la belleza y estructura de una composición musical. Naturalmente se observa en composiciones y músicos en general.

4)Inteligencia espacial: se utiliza en la realización de desplazamientos en una ciudad o edificio, en comprender un mapa, orientarse, imaginarse la disposición de unos muebles en un espacio determinado o en la predicción de la trayectoria de un objeto móvil. Es la propia de los pilotos de aviación, los exploradores, diseñadores de interiores, arquitectos y escultores.

5)Inteligencia cinestésico – corporal: se utiliza en la ejecución de deportes, de bailes y en general en aquellas actividades donde el control corporal es esencial para obtener un buen rendimiento. Propio de bailarines, deportistas, gimnastas o mimos.

6)Inteligencia interpersonal: se implica en la relación con otras personas, para comprender sus motivos, deseos, emociones y comprender los estados de ánimo, las motivaciones y estados psicológicos de los demás. Se refiere a una capacidad cognitiva de comprender los estados de ánimo de los demás, no a la respuesta emocional que provoca esa comprensión y que clásicamente denominamos empatía. Se encuentra muy desarrollada en maestros, vendedores, consultores y terapeutas.

7)Inteligencia intrapersonal: la capacidad de acceder a los sentimientos propios, las emociones de uno mismo y utilizarlos para guiar el comportamiento y la conducta del mismo sujeto. Se refiere a una capacidad cognitiva de comprender los estados de ánimo de uno mismo. Se utiliza para comprendernos a nosotros mismos, nuestros deseos, motivos y emociones. También juega un papel determinante en los cambios personales asociado a mejoras o adaptaciones a los eventos vitales.

8)La Inteligencia existencial: representativa de la inclinación humana a formularse preguntas fundamentales sobre la existencia, la vida, la muerte y la finitud, meditando sobre ella. Se debería encontrar en filósofos, algunos psicólogos y teólogos.

Se podría describir con más detalle cada una de estas inteligencias, pero es más adecuado seguir el planteamiento del propio Gardner que las ilustra por medio de ejemplos de personajes que han destacado por poseer una de ellas en un nivel extraordinario de las artes, la ciencia o la política e ilustran de forma directa el significado que Gardner da a cada una des estas inteligencias. Un modelo de la inteligencia lingüística lo encontraríamos en escritores como J.L. Borges o Torrente Ballester; de la inteligencia lógico – matemática, en A. Einstein o Linus Pauling (premio Nobel de Química); de la musical, en L. Bernstein o Stravinsky; de la cinestésico – corporal, en Nureyev; de la interpersonal, en S. Freud; de la intrapersonal, en M. Gandhi y de la inteligencia existencial, en Víctor Frankl.

LA INTELIGENCIA INTELECTUAL DE LOS JÓVENES

Las destrezas que se usan con frecuencia, se mantienen mejor que aquéllas que no se ejercitan. Por ejemplo, las personas que han trabajado con números, conservan a lo largo de su vida la agilidad en las mecanizaciones y la comprensión abstracta; los arquitectos conservan sus destrezas visuales y espaciales a niveles promedio superior; y las personas en general, seguimos desarrollando otras destrezas cognoscitivas como el juicio y el razonamiento.
Parece ser que algunas destrezas alcanzan su nivel máximo en los últimos años de la adolescencia; por ejemplo, la velocidad de respuesta y la memoria de repetición. Aunque tal vez estas destrezas tengan una base fisiológica, este hecho no es del todo seguro, porque muchos adolescentes en ésta época son estudiantes de tiempo completo y el hecho de practicar continuamente dichas destrezas, dan como resultado que se vean aumentadas en las pruebas de inteligencia.
El investigador Warner Shaire, refiere que durante la infancia y la adolescencia, adquirimos estructuras cada vez más complejas para la comprensión del mundo. Menciona
que el centro del desarrollo cognoscitivo en la edad adulta, no es una capacidad ampliada o un cambio en la estructura, sino más bien el empleo de la inteligencia en las diferentes etapas durante el transcurso de la vida.
El deterioro de la inteligencia intelectual a través de los años es un mito; se tiene estudiado que la mayor parte de las destrezas mentales permanecen intactas e incluso llegan a mejorar con el tiempo.

Se habla mucho de la pérdida de memoria en la vejez, pero en realidad, muchos de los problemas que padecen algunas personas de edad avanzada no son consecuencia inevitable de la edad; está plenamente comprobado que el deterioro de la inteligencia tiene que ver más con la salud deficiente, la mala alimentación, el consumo de alcohol, medicamentos, la genética y la inactividad, que con la edad misma.

¿QUÉ ES LA INTELIGENCIA EMOCIONAL?

El término inteligencia emocional fue utilizado por primera vez en 1990 por Peter Salovey, de Harvard, y John Mayer, de la New Hampshire, como la capacidad de controlar y regular las emociones de uno mismo para resolver los problemas de manera pacífica, obteniendo un bienestar para sÍ mismo y para los demás; es también guía del pensamiento y de la acción. La inteligencia emocional se concreta en un amplio número de habilidades y rasgos de personalidad: empatía, expresión y comprensión de los sentimientos, control de nuestro genio, independencia, capacidad de adaptación, simpatía, capacidad de resolver los problemas de forma interpersonal, habilidades sociales, persistencia, cordialidad, amabilidad, respeto.

Daniel Goleman en su primer libro, se centra en temas tales como el fundamento biológico de las emociones y su relación con la parte más volitiva del cerebro; la implicación de la inteligencia emocional en ámbitos como las relaciones de pareja, la salud, y fundamentalmente el ámbito educativos

El planteamiento de D. Goleman, propone a la inteligencia emocional como un importante factor de éxito, y básicamente consiste en la capacidad – aprendible - para conocer, controlar e inducir emociones y estados de ánimo, tanto en uno mismo como en los demás.

Daniel Goleman viene investigando desde hace años la cuestión de lo que él llama ‘inteligencia emocional’. Ex-catedrático de Harvard y columnista de psicología y neurología del “Times” de Nueva York, ha publicado en 1995 un libro que ha resultado un best-seller en nuestro medio, titulado precisamente “La inteligencia emocional”, expresión que nos sugiere dos cuestiones:

1) Aparentemente habría otra inteligencia, además de la inteligencia convencional o propiamente dicha que todos conocemos, y que siempre la hemos relacionado con el conocer y manejar ideas. La inteligencia emocional guarda relación, en cambio, con el conocimiento y el manejo de las emociones.

2)Tal vez buena parte del impacto comercial de la expresión “inteligencia emocional” se deba al llamativo contraste que sugiere entre las esferas racional y afectiva, o entre“el cerebro y el corazón”.

Siempre hemos creído, en efecto, que cuando razonábamos bien, lo hacíamos fríamente, y que cuando estábamos emocionalmente perturbados, no podíamos razonar, con lo cual inteligencia y emoción resultaban incompatibles. Todos conocemos, por ejemplo, la famosa expresión ‘cabeza de novia’, que alude a la situación de la novia que, perturbada emocionalmente por la inminencia de su casamiento, se olvida de todo y comete las más increíbles torpezas.
Sin embargo, en la concepción de Goleman la inteligencia y las emociones son conciliables, en la medida en que puedan llegar a un equilibrio donde la inteligencia no se deja desbordar por las emociones sino que, al contrario, puede controlarlas y encauzarlas de manera de poder alcanzar resultados eficaces o exitosos.

El adjetivo ‘exitoso’ que suele utilizar Goleman, es típico del triunfalismo yanqui, y es lo suficientemente ambiguo como para querer decir cualquier cosa: un self-made-man que ha llegado de cadete a gerente general en veinte años, es tan exitoso como un asesino psicópata a quien jamás descubrió la policía. Con esto queremos señalar simplemente que la teoría de la inteligencia emocional es, como toda teoría, un arma de doble filo: con ella se puede llegar a ser un vendedor exitoso, pero también un exitoso estafador.

Es así que Goleman no propone solamente una teoría, sino también una manera de aplicarla en la práctica para alcanzar ese ‘éxito’ que siempre hemos anhelado. A continuación, intentaremos explicar su punto de vista, que no deja de tener sus aristas interesantes.
Ser inteligente no alcanza

Señala Goleman que la inteligencia, como la entendemos habitualmente, no alcanza para triunfar en la vida. Al respecto, se apoya en la opinión de otros muchos colegas suyos para quienes la inteligencia representa solamente el 20% de los factores que determinan el éxito, mientras que el 80% restante depende de otros varios factores, entre los cuales está la llamada ‘inteligencia emocional’.

Cualidades de la inteligencia emocional

Las principales cualidades de la inteligencia emocional son cinco: conciencia de uno mismo, equilibrio anímico, motivación, control de los impulsos y sociabilidad. Estas cualidades podemos organizarlas a partir del esquema adjunto, por ejemplo, la conciencia de uno mismo tiene que ver con la posibilidad del sujeto de poder conocer las emociones propias. La teoría de Goleman no propone sofocar o eliminar las emociones, sino de controlarlas: por ejemplo, reducir las emociones desfavorables a un mínimo deseable, o bien inducir las emociones favorables, como en el caso de la motivación.

1. Conciencia de uno mismo.-

Es la capacidad de reconocer los propios sentimientos, emociones o estados de
ánimo.

Sabemos que las emociones tienen diversos grados de intensidad: algunas son lo suficientemente intensas como para poder percatarnos de ellas en forma consciente, pero otras están por debajo del umbral de percepción consciente. Por ejemplo, si a una persona que teme a las serpientes le mostramos una fotografía de uno de estos reptiles, probablemente la persona afirmará no tener miedo, pero los sensores que hemos colocado en su piel detectarán transpiración (signo de ansiedad).
Desarrollar esta primera cualidad, implicará la posibilidad de poder modificar este umbral que separa las emociones conscientes de las no conscientes, haciendo que éstas últimas puedan ser percibidas. Para Goleman, mediante un esfuerzo deliberado podemos hacernos más conscientes de nuestras reacciones viscerales, y con ello, de nuestras emociones antes imperceptibles.
Después de una discusión violenta, luego de un tiempo, una persona puede sentir conscientemente que ya se tranquilizó, pero sin embargo los efectos de la discusión continúan, y es posible que esta persona no se de cuenta que está nerviosa o irritable. De hecho, cuando se lo hacen notar se sorprenderá.
La importancia de conocer nuestras emociones reside en el hecho de que a partir de allí podemos controlarlas, pudiendo modificar los estados de ánimo desfavorables. Las emociones no conscientes suelen, en efecto, traicionarnos, y si estamos bajo su influjo sin ejercer sobre ellas un cierto control, podremos fracasar cuando corrijamos al adolescente o en cualquier otra situación que represente un escalón hacia el éxito. Las tres cualidades siguientes se refieren, precisamente, a la posibilidad de controlar los estados de ánimo.

2. Equilibrio anímico.-

Goleman llama así a la capacidad de control del mal humor para evitar sus efectos perjudiciales, entendidos estos en términos de conductas indeseables.

El ejemplo típico es la ira, una de las emociones más difíciles de controlar. Si otro coche se interpone de repente en nuestro camino, nuestra ira hará que comencemos a manejar de manera imprudente (conducta indeseable).
En este momento podremos recurrir a nuestra inteligencia emocional, y, más concretamente, a varios recursos para controlar la ira. Goleman cita algunos de ellos:

a) Reconsideración: lo que implica interpretar la situación de una manera más positiva. Pensar, por ejemplo, que el conductor que se interpuso en nuestro camino estaba apurado porque debía atender una emergencia.

b) Aislamiento: alejarse de la situación y estar unos momentos a solas, con el fin de obtener serenidad.

c) Distracción: hacer otra cosa, como por ejemplo, salir a dar un paseo a pie.

d) Técnicas de relajación: la respiración profunda o la meditación también ayudan. La respiración profunda no debe ser confundida con respirar pausadamente cuando se experimenta la cólera, ya que parece haberse constatado que éste es uno de los peores remedios, por cuanto la oxigenación estimula el sistema nervioso y empeora el mal humor.
Estos recursos son también útiles en otros casos de sentimientos y emociones igualmente indeseables, como la ansiedad o la depresión.

e) Motivación: Es la capacidad para auto inducirse las emociones y estados de ánimo positivos, como la confianza, el entusiasmo y el optimismo. En una investigación realizada en EEUU, se comparó el rendimiento de dos grupos distintos de vendedores: el primer grupo estaba constituido por vendedores aptos pero pesimistas, y el segundo grupo por vendedores que no pasaron la prueba de aptitud, pero sí la de optimismo. Resultado: los vendedores optimistas vendieron más que los pesimistas, por cuanto éstos últimos tendían a interpretar la negativa del cliente como prueba de su fracaso. Los optimistas, en cambio, se motivaban pensando “estoy errando la estrategia” o “el cliente estaba de mal humor”, es decir, atribuían su fracaso a la situación, pero no a ellos mismos, con lo cual podían motivarse para hacer nuevos intentos.
Señala Goleman que la predisposición al optimismo o al pesimismo puede ser innata, pero la práctica puede revertir esta situación, si la persona es capaz de detectar el pensamiento derrotista y reconsiderar el problema desde un ángulo menos sombrío.

Advirtamos entonces, la diferencia entre esta cualidad y la anterior: en el equilibrio anímico, el problema que debe resolverse es una emoción intensa, como la ira, mientras que en la motivación, debe resolverse el problema de un sentimiento de pesimismo y autodesconfianza. En ambos casos se impone un control del estado de ánimo correspondiente.

f) Control de los impulsos: Goleman define esta cualidad de la inteligencia emocional como la capacidad de aplazar la satisfacción de un deseo en aras de un objetivo. En términos psicoanalíticos, de lo que se trata es de que el aparato psíquico pueda funcionar bajo el régimen del principio de realidad a través del aplazamiento de la descarga, es decir ejercitar la voluntad, aplazando un gusto para que la misma voluntad se fortalezca.

En una investigación iniciada en EEUU en los años 60´, se les dijo a un grupo de niños que podían ya mismo tomar un chocolate, o bien, que podían tomar dos si esperaban a que el investigador volviese de hacer un mandado.
Años después, se constató que los niños que pudieron esperar para comerse dos chocolates conservaban la capacidad de postergar el placer en interés de sus metas, y eran además más desenvueltos, seguros de sí mismos y más tolerantes a las decepciones. Los niños que no pudieron esperar demostraron ser, en la adolescencia, más caprichosos, indecisos y propensos al estrés, atributos éstos que difícilmente podrían asociarse con el éxito.

g) Sociabilidad: Si las cualidades anteriores tienen relación con el conocimiento y el control de las propias emociones, la sociabilidad tiene que ver en cambio con el conocimiento y control de las emociones y estados de ánimo de los demás.
En este punto, Goleman nos dice que cuanto más hábiles seamos para interpretar las señales emocionales de los demás (muchas veces sutiles, casi imperceptibles), mejor controlaremos las que nosotros mismos transmitimos.
El concepto de Goleman es similar al de inteligencia social en la teoría de Weschler, en la medida en que apunta a una capacidad para entablar vínculos con los demás, que de una u otra manera puedan beneficiar al sujeto.
Es así que un profesional puede tener grandes conocimientos sobre su materia y un alto coeficiente intelectual, pero si no sabe relacionarse con los demás, tener amigos o ‘relacionarse’, como se dice entre nosotros, sus posibilidades de éxito se verán muy disminuidas. Por lo tanto, deberemos relativizar aquello de que “el conocimiento es poder”, siempre y cuando lo entendamos como simple conocimiento teórico y no como un saber acerca de las emociones de los demás. Un ejemplo nos viene a la memoria: hace varios años, el periodista B. Neustadt le hacía un reportaje a un sujeto que comenzó a ponerse violento. Para controlar la situación, el periodista le preguntó: ¿es usted agresivo?. Para preservar su buena imagen, el hombre se vio obligado a contestar que no, y de ahí en más se calmó para evitar una disonancia cognitiva entre sus comentarios y sus emociones.
Los adultos deben adoptar un papel activo para enseñar a sus hijos a desarrollar inteligencia emocional.

La clave para enseñar exitosamente, como en el caso de la infancia, no descansa en teorías complejas, reglas elaboradas o fórmulas abstractas de comportamiento, sino en profundas muestras de afecto que se expresan mediante una conducta empática y comprensiva.

Desafortunadamente, los temores y retos que el adolescente tiene que vencer, aunados a la propia crisis existencial que viven muchos padres en este período, afectan significativamente los procesos de comunicación.

Algunos aspectos que ayudan a vencer los obstáculos inherentes a esta época de desarrollo y favorecen la comunicación con el adolescente son:

·No tratar de mostrarse demasiado comprensivos, pues al ser así, se anula el sentimiento de que pueden resolver sus problemas y salir de sí mismos para luchar por sus metas.

· Aprender a diferenciar entre aceptación y aprobación.

· No imitar el lenguaje ni la conducta del adolescente. No convertirse en colector de defectos e imperfecciones.

· No ridiculizar ni hacer burla de los defectos del adolescente.

· No propiciar dependencias.

· No violar la privacía de los jóvenes, sino propiciar la confianza para que nos platiquen.

· No hablar en capítulos
(cerrar las discusiones).
Evitar sermones.

· No etiquetarlos.

· No usar psicología invertida (no le digas “tu cuarto es un chiquero”, con la intención de que lo limpie, sino pedírselo en forma positiva, afirmando que es su responsabilidad).

· No mandar mensajes contradictorios.

· No frustrar su identidad, autoestima y vocación.

Hay que tener siempre presente que existen muchas personas que, a pesar de tener un coeficiente intelectual elevado (CI), no son triunfadores ni exitosos en sus vidas, y en cambio, personas con un CI medio o por debajo del medio, logran destacar en sus vidas y ser felices, por tener una inteligencia emocional en equilibrio y complemento de la inteligencia intelectual.
El substratum biológico de la inteligencia emocional
El cerebro es el órgano de la mente. La mente procesa tanto los fenómenos intelectuales como los emocionales. Respecto a éstos últimos ocurre lo siguiente: un estímulo de tipo emocional penetra a través de los sentidos. Por ejemplo, si el estímulo entra a través del sentido de la vista, éste va primero de la retina al tálamo, donde es traducido al lenguaje del cerebro. La mayor parte del mensaje va entonces a la corteza visual, donde es analizado y evaluado en busca de significado y de respuesta apropiada; si esa respuesta es emocional, una señal va a la amígdala para activar los centros emocionales. Pero una porción más pequeña de la señal original, va directamente desde el tálamo a la amígdala en una transmisión más rápida, permitiendo una respuesta emocional, antes de que los centros de la corteza cerebral hayan comprendido lo que está ocurriendo.
La amígdala es una estructura que se encuentra sobre el tronco cerebral, cerca de la base del anillo límbico. Actúa como depósito de la memoria emocional y se encarga de las reacciones emocionales más primitivas como el miedo y la furia. En cambio, la neocorteza se encarga de analizar el estímulo emocional para determinar sus características. En otras palabras, la amígdala semeja un sistema de alarma, mientras la neocorteza se encarga de procesar la información.
Otro elemento importante en este sistema es el hipocampo, considerado como la estructura clave del sistema límbico (el sistema de las emociones). Su principal función es proporcionar una memoria perfecta del contexto vital para el significado emocional. Mientras el hipocampo recuerda los datos simples, la amígdala retiene el clima emocional que acompaña a estos datos.
Lo interesante de este descubrimiento (Joseph LeDoux. “Emotion and the limbic system concept”, 1992) es que, anatómicamente, el sistema emocional puede actuar con independencia de la neocorteza. Nuestras emociones tienen mente propia, una mente que puede sostener puntos de vista con bastante independencia de nuestra mente racional.
Mientras la amígdala trabaja preparando una reacción ansiosa e impulsiva, otra parte del cerebro emocional permite una respuesta más amplia y correctiva. El regulador del cerebro para los arranques de las amígdalas, parece encontrarse en el otro extremo de un circuito más importante de la neocorteza, en los lóbulos prefrontales, que se encuentran exactamente detrás de la frente. En otras palabras, la amígdala propone y el lóbulo prefrontal dispone.
En conclusión, nuestro cerebro cuenta con dos tipos de memoria: la intelectual y la emocional. La acumulación de estas dos clases de memoria y el manejo de las mismas, determina lo que podríamos llamar el Cociente Intelectual y el Cociente Emocional. Nuestro desempeño en la vida está determinado por ambos. La complementariedad del sistema límbico y la neocorteza por un lado y de la amígdala y los lóbulos prefrontales por el otro, determinan el pleno desarrollo de la vida mental. Cuando estos elementos interactúan positivamente, la inteligencia emocional aumenta lo mismo que la capacidad intelectual.

LA INTELIGENCIA MORAL

Es la parte interna del pensamiento que conocemos como conciencia. Se define como la capacidad que se desarrolla gradualmente para poder tomar decisiones y actuar de manera correcta o incorrecta, según la formación de la propia conciencia, se tiene un comportamiento que beneficia o perjudica a quien lo ejercita y quien lo recibe.

Algunas personas cuestionan la conducta moral, diciendo que la moral es relativa porque lo que es bueno para uno puede no serlo para otro, pero es tan sencillo como irse a la regla de consecuencias: la conducta moral buena trae consecuencias buenas, la conducta moral mala trae consecuencias malas.

Para formar la conciencia, es necesario que la persona busque la verdad partiendo de la ley natural y de la ley divina, que conozca y trate de vivir coherentemente los valores y las virtudes. Que sea humilde y sencillo para reconocer sus faltas y defender el deber ser, en base a las leyes anteriormente mencionadas. Que sea sincero; que busque siempre formarse; que tenga criterio propio, recto y con amplitud de horizontes para que no tenga una conciencia laxa o estrecha. Que tenga una persona de confiar, como un confesor, guía espiritual o algún familiar bien formado, con recta jerarquía de valores que le pueda orientar en su formación, al igual que la confesión frecuente ayuda para que la conciencia se forme, se ejercite, distinga entre el bien y el mal, pues en la actualidad se ve casi todo normal, siendo que mucho de esto va en contra de nuestra propia naturaleza y dignidad y si se forma la conciencia se optará siempre por el bien, aunque para alcanzarlo cueste más trabajo, pero seguramente producirá no sólo el hecho de que se fortalezca la voluntad sino que se estará en PAZ.

Responde a las siguientes preguntas:

1.- ¿Qué tipo de inteligencias tiene mi hijo?
2.- ¿Qué inteligencias ha desarrollado en casa y en el colegio?
3.- ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a desarrollar cada uno de los tipos de inteligencia? (Menciona actividades).






 
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