Autor: José María Lahoz García | Fuente: ivaf.org Premios y Castigos
Si apruebas el examen te compro un regalo", "No, hoy no ves la tele, estás castigado". ¿Te suenan?
Premios y Castigos
A veces ya no sabes qué hacer para que tu
hijo se comporte de una determinada manera. Es entonces cuando
recurres al premio o al castigo, aunque no siempre son
eficaces ni actúan de manera inmediata. En todo caso, se
trata de recursos que debemos emplear con prudencia para que
den resultados.
Tanto los premios como los castigos no
tienen una prensa demasiado buena en algunos sectores de población.
Ofrecer premios a los hijos es como reconocer un fracaso,
es como si, al fallar como educadores, tuviéramos que recurrir
al "sucedáneo" de los premios que, más que educar, adiestran.
Los castigos, por el contrario, no suelen dar tanta sensación
de fracaso. Incluso socialmente son aceptados como padres responsables aquellos que
castigan a sus hijos. De algún modo, se reconoce que
el castigo sí es instrumento educativo, para terminar admitiendo que
tampoco sirve de mucho porque el hijo tiene unas inclinaciones
tales que no hay nada que hacer. Y se le
va dejando de castigar y se acepta como irremediable "su
manera de ser".
Los premios y castigos son instrumentos eficaces
en situaciones en las que el proceso educativo sufre desviaciones,
paradas o retrasos. Son situaciones críticas y patológicas en las
que el tratamiento habitual que se suministra en el proceso
educativo, que son buenas dosis de ejemplos, persuasión y reflexión
no surten efecto y es necesario restablecer un cierto equilibrio.
Un remedio será pues seguir una medicación adecuada basada en
premios y castigos, además, claro está, de actuar en algunos
otros frentes.
Premios y castigos, aunque afectan sólo a la conducta
externa y, por tanto, pueden no influir en la personalidad
íntima, generan un ambiente que facilita la comunicación entre las
personas de la familia o mejora las capacidades de la
persona. Ambos aspectos son elementos facilitadores de la educación. ¿No
es cierto que será más fácil la educación de los
hijos si, con ayuda de algún premio y algún castigo,
conseguimos que mantengan el orden en sus cosas y usen
ciertos modales? ¿No será lo mismo si conseguimos que estudien
y mejoren su capacidad de razonamiento?
Retomando el símil de
premios y castigos como medicinas, evidentemente su uso no puede
ser indiscriminado ni generalizarse. Al igual que cualquier medicamento, es
preciso adecuar su administración a la necesidad concreta del paciente
y tener en cuenta sus contraindicaciones y efectos secundarios.
En resumen,
los premios y castigos son recomendables y adecuados si se
usan como medios temporales de obtención de logros y siempre
de forma apropiada. Lea, por favor, las instrucciones de
uso.
PREMIOS
Instrucciones de uso
Tipos de premios
Premios previstos. Son las
recompensas pactadas que se ofrecen si se presenta la conducta
que se espera. El deseo de conseguirlas ayuda a regular
la conducta.
Premios imprevistos. Se conceden sin previo aviso como
reconocimiento a una conducta deseable. Puede producir efecto en la
persona que lo recibe y en las que lo observan.
Ambos relacionan las conductas deseables con la recompensa.
Premios por
entregas. Son los que mantienen el interés más vivo, al
concederse puntos o vales acumulables cuando se producen pequeños logros.
Al alcanzar una cierta cantidad, se logra el premio.
Premios
liberadores. Permiten liberarse de alguna tarea desagradable.
Composición de los
premios:
De base afectiva. Consisten en expresiones afectivas de
los padres, como abrazos, felicitaciones, lugares preferentes en la mesa o
en el coche...
De base material. Consisten en posesiones materiales,
como diversos objetos o dinero.
Relacionados con la autonomía.
Ofrecen más libertad o autonomía para gestionar el dinero, el
tiempo, el espacio...
Orientaciones de uso:
Definir bien lo
que se espera y el premio que se puede conseguir.
Luego cumplir lo pactado.
Proporcionar premios acordes con el
esfuerzo realizado y con las posibilidades razonables de la familia.
Plantear la obtención del premio a corto plazo para los
más pequeños.
Proponer premios alcanzables. Sólo son útiles si se confía
en alcanzarlos.
Efectos secundarios:
Evitar su uso prolongado
y variado porque crea adicción y no se actuará si
no es a cambio de premios.
Modifica la conducta pero
no necesariamente las actitudes y motivaciones, por lo que hay
que combinarlos con otras acciones educativas.
CASTIGOS
Instrucciones de uso
Tipos de castigos:
Castigos
previstos. Son las consecuencias desagradables que aguardan como respuesta a una
conducta inaceptable determinada.
Castigos imprevistos. Son consecuencias
desagradables que se otorgan sin previo aviso ante conductas indeseables.
Tratan de evitar que se repita la conducta.
Castigos con
oportunidades. Se ofrece un castigo si se da una conducta,
pero se concede la oportunidad de rectificar en dos ocasiones
antes de recibirlo.
Composición de los castigos:
De base
afectiva. Consisten en expresiones afectivas negativas por parte de los
padres como reprimendas, amonestaciones, alejamiento físico, silencio, caso omiso...
De base
material. Suponen pérdida de ingresos, multas, no poder usar algo
(TV, equipo de música, bicicleta...) o quedarse sin alguna posesión.
Relacionados
con la autonomía. Restringen o privan de la libertad de
salir, reducen el tiempo de ocio, exigen quedarse inmóvil, prohíben
algunas relaciones...
Orientaciones de uso:
Elegir
los castigos con prudencia. Los castigos han de cumplirse, por
lo que un castigo absurdo o que no se cumple
produce el efecto contrario.
Ser proporcionado a la conducta. Cuanto
más indeseable, más severo.
Ser severo, es decir, ha de
ser verdaderamente desagradable ya que si sólo supone una ligera
molestia, se puede acabar aceptando la molestia como un mal
menor.
Buscar castigos relacionados con la conducta indeseable. Así, por
ejemplo, si se es descuidado y se estropean las cosas,
se han de arreglar; si la conducta es molesta, se
tiene que aislar...
Procurar que el castigo se acepte como
algo merecido y se entienda que ayudará a mejorar.
AVISO IMPORTANTE:
NUNCA LOS CASTIGOS PUEDEN ATENTAR CONTRA LOS DERECHOS Y LA
DIGNIDAD DE LOS NIÑOS
Efectos secundarios:
Pueden
aumentar la conducta indeseable. En algunas ocasiones, los hijos buscan
llamar la atención de los padres y, al no conseguirlo
con una conducta deseable, les basta con que les prestemos
atención mediante castigos por las indeseables. En este caso está
directamente contraindicado su uso.
Si el castigo se ve desproporcionado, injusto
o absurdo, puede generar sentimientos de aversión, venganza y resentimiento.
Como consecuencia, es probable que no se evite la conducta
indeseable. También estará contraindicado su uso en estas circunstancias.
Dejo
para el lector la elección del tratamiento más adecuado a
las diferentes situaciones que se le presentarán. Y, de todas
formas, en caso de duda, consulte a un especialista (profesor
o psicólogo), es la persona más adecuada para facilitarle toda
la información complementaria.
José María Lahoz García. Pedagogo (Orientador escolar
y profesional), Profesor de Educación Primaria y de Psicología
y Pedagogía en Secundaria
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