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Autor: P. Cipriano Sánchez, L.C./ Tomás Melendo Granados | Fuente: Catholic.net Tema V. Cuarta parte. Conocerse base de toda formación
Rasgos de carácter que los padres deben formarse. Conocerse es la base de toda formación. Tipos de padres. Medios útiles para la formación
Tema V. Cuarta parte. Conocerse base de toda formación
CONOCERSE ES LA BASE DE TODA FORMACION.
“No serás sabio si
no te conoces a ti mismo” “No seas como el ojo
que todo lo ve y no se ve a sí
mismo” “No hay peor ignorancia que la de ignorarse” “¿Por qué tanta
atención al mundo exterior y tanto descuido por el mundo
interior?”
La formación como padres tiene que tener un punto de
partida: el autoconocimiento. Esto es que, partiendo del conocimiento de nuestro
temperamento, carácter, personalidad y tipo de padres que somos, podremos
entender el porqué de nuestras reacciones y saber discernir entre
lo que nos gustaría conservar o modificar, para luego trasmitirlo
a nuestra familia.
El estudio de carácter lo podremos hacer cuando
lleguemos al tema de Conocimiento de los Hijos en la
segunda parte del Taller.
Aquí analizaremos la dinámica de la relación
que tenemos con nuestros hijos, es decir, el tipo de
padres que somos.
TIPOS DE PADRES
Existen diferentes tipos de padres.
Los vamos a clasificar en función del mensaje que envían
a sus hijos y el papel que éstos juegan como
resultado. Seguramente reconoceremos algunos rasgos presentes en nuestra condición
de papás.
PADRES CONTRADICTORIOS.
Son aquéllos que dicen a sus hijos
cómo comportarse, pero no actúan conforme a estos lineamientos. Su lema
es “hazlo como te lo digo y no como yo
lo hago”. Ellos mienten, por ejemplo, pero no permitirían jamás que
sus hijos lo hicieran (el típico “diles que no estoy”). Exigen
puntualidad aunque nunca lleguen a tiempo. Se gritan el uno al
otro y cuando los hijos se pelean les dicen “¿qué
no se pueden llevar bien?”. Son desordenados pero exigen a los
hijos cuartos impecables. Los hijos de padres como estos, rápidamente aprenden
que no hay base moral consistente en las declaraciones y
requerimientos de los padres, por lo que pueden llegar a
ignorarlos.
"El mejor educador es el ejemplo.
Los niños tienden a imitar
las actitudes de los adultos, en especial de los que
quieren o admiran. Jamás pierden de vista a los padres,
los observan de continuo, sobre todo en los primeros años.
Ven también cuando no miran y escuchan incluso cuando están
super-ocupados jugando. Poseen una especie de radar, que intercepta todos
los actos y las palabras de su entorno.
Por eso los
padres educan o deseducan, ante todo, con su ejemplo."
Además, el
ejemplo posee un insustituible valor pedagógico, de confirmación y de
ánimo: no hay mejor modo de enseñar a un niño
a tirarse al agua que hacerlo con él o antes
que él. Las palabras vuelan, pero el ejemplo permanece, ilumina
las conductas… y arrastra.
En el extremo opuesto la incongruencia entre
lo que se aconseja y lo que se vive es
el mayor mal que un padre o una madre puede
influir a sus hijos: sobre todo a determinadas edades, cuando
el sentido de la «justicia» se encuentra en los chicos
rígidamente asentado, sobre-desarrollado… y dispuesto a enjuiciar con excesiva dureza
a los demás.
Tomás Melendo Granados
PADRES FANTASIOSOS.
Poseen
y comparten un mundo imaginativo. Evaden hablar de la
realidad y conscientemente la distorsionan. Entre más cuentan su historia, más
se la creen. Inventan logros personales (...”yo a tu edad, era
un niño de diez y campeón de fútbol”). Los niños acaban
enterándose de que no era tanto, crecen emocionalmente inestables ya
que no saben lo que realmente tienen. En algunos
casos crean su propio mundo imaginario, evadiendo la realidad exterior. De
adultos pueden ir de un extremo al otro, viviendo en
la fantasía o se tornan cuidadosos y rígidos, temerosos de
correr riesgos y de caer en un mundo incierto.
PADRES COMPETITIVOS.
Actúan
y se visten como adolescentes. Pueden usar el mismo
tipo de ropa y competir con sus hijos por la
atención de sus amigos. No les gusta que sus hijos sean
mejores que ellos, incluso denigran sus logros. Usan la típica frase:
“yo a tu edad...”. Se da en el deporte, en el
ámbito social o de logros académicos personales. Los hijos tienen dos
opciones: o ceden, convirtiéndose en fracasados a sus propios ojos;
o tienen éxito gracias al apoyo que encuentran fuera de
la familia.
PADRES SOBREPROTECTORES.
Pueden hacer muchísimo daño al pretender evitar
todo sufrimiento o frustración en sus hijos. Les dan todo sin
que tengan que hacer nada por ganárselo, los limitan haciéndolos
inútiles y dependientes. Acceden a los caprichos y berrinches de su
hijo, continúan vistiéndolo aún cuando él pueda hacerlo, le hacen
la tarea, lo compensan cuando le va mal. Le sirven en
bandeja de plata todo lo que requiere (le buscan la
mejor miss y lo cambian de grupo, a la menor
dificultad piden cita con las misses y la directora, regatean
las calificaciones y los premios, etc.). Sin darse cuenta, entre más
les dan, más les quitan; les arrebatan la satisfacción que
todos encontramos en aprender a hacer las cosas por nosotros
mismos. Si a medida que crece, el hijo continúa fracasando, los
padres le seguirán dando más para evitar que se sienta
mal por sus fracasos. Por otro lado, le compran un premio
para compensar sus éxitos, como si el éxito no fuese
un premio en sí mismo. Los padres se quejan cuando los
resultados no deseados fueron originados, irónicamente, por su propia conducta. Así
como desalientan la independencia de sus hijos, estos padres han
fomentado su inseguridad, en lugar de animarlos en sus habilidades. Aún
cuando crecen, continúan pagándoles la luna de miel, amueblándoles el
departamento y lo que es peor, manteniéndolos bajo un control
económico y psicológico.
"No malcriar a los niños.
Se malcría a un
niño con desproporcionadas o muy frecuentes alabanzas, con indulgencia y
condescendencia respecto a sus antojos. Se lo maleduca también convirtiéndolo
a menudo en el centro del interés de todos, y
dejando que sea él quien determine las decisiones familiares. Un
pequeño rodeado de excesiva atención y de concesiones inoportunas, una
vez fuera del ámbito de la familia se convertirá, si
posee un temperamento débil, en una persona tímida e incapaz
de desenvolverse por sí misma. Si, por el contrario, tiene
un fuerte temperamento, se transformará en un egoísta, capaz de
servirse de los otros o de llevárselos por delante.
Por eso,
frente a los caprichos de los niños no se debe
ceder: habrá simplemente que esperar a que pase la pataleta,
sin nerviosismos, manteniendo una actitud serena, casi de desatención, y,
al mismo tiempo, firme. Y esto, incluso —o sobre todo—
cuando «nos pongan en evidencia» delante de otras personas: su
bien (¡el de los hijos!) debe ir siempre por delante
del nuestro."
Son el
extremo opuesto de los padres sobreprotectores, ya que son críticos
y rígidos (tanto papá y mamá pueden ajustarse a este
tipo). Utilizan su autoridad para degradar e intimidar a sus hijos,
sacando sus propias frustraciones y aplicándolas sobre los mismos, al
igual que sus padres hicieron con ellos (imitamos lo que
más odiamos). Nadie puede discutir nada con los padres autoritarios, debido
a que ellos siempre tienen la razón. Malhumorados, arrogantes, dominantes y
demandantes, siempre imponen sus deseos:
- “Soy tu madre
y vas a hacer lo que te digo...” - “No vas y
se acabó...” - “Vas y le dices a la miss que...” - “No quiero
que vuelvas a salir con...” En esta categoría entran los sabelotodo
que siempre tienen una respuesta para justificar todo. Algunas
veces este tipo de papás denigra a su pareja frente
a los niños: - “No le hagan caso a su mamá...” - “No te
preocupes si tu papá te castigo, yo lo convenzo...”
Cuando crecen
toman partido con el “papá barco” quien triunfa, divide y
se le revierten la falta de límites.
Ocurre frecuentemente
que alguno (generalmente el padre), no tenga relación con la
familia excepto para satisfacer sus necesidades económicas. El padre ausente delega
toda su responsabilidad en el cónyuge, y como resultado, es
uno el que toma las decisiones sobre atención médica, necesidades
escolares y emocionales, mientras que el otro cierra los ojos
a cualquier problema. No sabe quiénes son los amigos de sus
hijos, o en qué etapa del desarrollo emocional se encuentra. Hay
veces que el papá se entera que el hijo
camina o habla hasta el fin de semana, o la
mamá mandan a la nana al Gymboree, o están estudiando
la maestría de psicología infantil “full time” y no
atienden a sus propios hijos. El problema no es el trabajo,
sino la actitud y la atención que tenemos para ellos. Los
hijos pueden buscar llenar ese vacío emotivo en otras personas.
Existen otros tipos de padres con conductas más peligrosas, como
los DonJuanes conquistadores y eternos adúlteros, mamás frívolas y socialités,
los adictos al alcohol, los tacaños que manipulan con el
dinero, los irresponsables cuyos hijos son educados por la nana
y el chofer. No usemos a los hijos como reflejo de
nuestros problemas conyugales. Qué importante es no proyectar en
nuestros hijos nuestros propios sueños o frustraciones.
Pero también existen
los padres bien adaptados. Generalmente evitan los errores de
otros padres, aceptan que sus hijos tienen independencia y libertad,
les enseñan a aceptar su responsabilidad sobre sus propias decisiones
a una edad temprana. Quizás ellos tuvieron la suerte de tener
unos padres que los valoraban, pero de no ser así,
están dispuestos a educar de la mejor manera, buscan su
formación constante como seres humanos, como pareja, como padres de
familia y como formadores en valores y ética.
Muchos padres tienen
conciencia de esto: no existe nadie perfecto y todos
podemos caer en algún tipo de error pero somos capaces
de admitirlo y crecer en familia, con su familia y
para su familia.
Ha llegado a
ser una realidad cotidiana en casi todos los hogares.
Su poder de penetración ha sido enorme y debemos saber
descubrir lo positivo y lo negativo para utilizarla eficazmente.
VENTAJAS: *
Medio de información que nos pone en contacto con el
mundo. *Permite establecer un juicio crítico en un mundo globalizado. *Amplía su
visión de lo aprendido en la escuela. *Desarrolla en los niños
intereses varios, enriquece su vocabulario. *Despierta su curiosidad por mayores conocimientos
que puede ser complementada con libros. *Proporciona diversión familiar y convivencia
que favorece un intercambio de ideas u opiniones para aclarar
criterios a partir de un contenido o mensaje.
DESVENTAJAS: *Crea adicción (basta
ver el boom de las telenovelas infantiles). *El contenido puede ser
lo opuesto que queremos trasmitir, incluso en los anuncios que
pasan en medio de programas infantiles ( anuncios de telenovelas
nocturnas, películas violentas o cargadas de sexo). *Favorece la pasividad ya
que el niño es un receptor para quien todo lo
demás le aburre pues no sabe crear sus propios juegos. *No
da espacio para la reflexión o asimilación por las imágenes
tan rápidas. *Falta de convivencia, cuando cada uno ve en su
propia televisión su programa. Despierta consumismo (cuántas veces cambiaron la carta
a Santa con cada anuncio nuevo de juguetes novedosos).
De nosotros
depende influir favorablemente para que los mensajes sean los que
queremos.
El hábito de
la lectura depende de la actitud propia de los padres.
¿Tus hijos te ven leyendo? ¿Vas con ellos a las librerías? Si
aprovechamos su curiosidad y les “regalamos” este hábito, de por
vida lo agradecerán. “Dime sobre cuántos libros estás parado, y te
diré cuál es tu perspectiva del mundo”. Va más allá del
desarrollo del lenguaje, del vocabulario pues llega a las esferas
de la creatividad, de la imaginación. Los libros informan, forman y
entretienen. El ejemplo es lo primordial, acercarlos a los libros. Pero
sobretodo, platicar con ellos sobre sus lecturas.
Cuántas veces nos olvidamos educar en este sentido,
y qué difícil que lo aprendan a administrar si no
les damos oportunidad. Debemos ubicarlo como un medio, no como un
fin en sí mismo. El equilibrio es especialmente urgente en este
momento, cuando nuestra sociedad es claramente de consumo y de
publicidad, directamente dirigida a niños y adolescentes; los presiona haciéndoles
muy difícil ceder a la tentación y creándoles una preocupación
excesiva por satisfacer todos sus deseos y caprichos, no paran
hasta conseguirlos, pues desconocen el auténtico valor del dinero. Podemos asignarles
una cantidad y que de ahí saquen para sus gastos
que irán razonando de acuerdo a sus necesidades, no sus
caprichos. Puede ayudar que conozcan el presupuesto familiar, de acuerdo a
su edad (gastos, ahorros y prioridad). Esto los ubica, los
hace cuidar más sus cosas, entender que el dinero no
sale del cajero, que cuando se paga con tarjeta, no
es gratis, etc.
El papel de los padres en la educación
del uso del dinero es: 1. Como siempre y en primer lugar,
dar ejemplo. 2. Evitar discusiones económicas frente a los hijos 3. Saber administrar sin
gastos inútiles. Por ejemplo, queremos hacerles la fiesta infantil
“de sus sueños” (o de los nuestros) cada año.
El próximo ¿con qué lo voy a sorprender? 4. Enseñar a
soportar las restricciones que se tengan que hacer en cuanto
a lo superfluo. 5. Fomentar el sentido del ahorro, sin caer en
la avaricia. 6. Valorar los recursos que tenemos, aprovechándolos al máximo, sin
desperdiciar. 7. Valorar a las personas por lo que son, no por
lo que tienen. 8. Vivir sobria y dignamente de acuerdo al nivel
que nos corresponde. 9. Utilizar el dinero para mis propias aspiraciones personales
y para ayudar a los demás. 10. Dar pequeños encargos en labores
extras. 11. Fomentarles esos pequeños negocios que se les ocurren. 12. Dar la oportunidad
de participar en obras sociales.
EL TIEMPO.
Educar en el aprovechamiento del
tiempo, es educarlos para la vida. Qué importante es su uso
para nuestra vida. Si no lo planeas, se desaprovecha. Siempre
debe haber un tiempo para estar con la familia, que
está determinado, en gran medida, por la voluntad que se
ponga en conseguirlo. Todo depende de la organización que
se haga (horario personal). El empleo del tiempo en la familia
es una responsabilidad que pesa sobre los padres, quienes proporcionan
actividades y orientan, evitando la ociosidad, el aburrimiento o el
desperdicio del tiempo El uso del tiempo libre es la única
oportunidad para que desarrollen los demás aspectos de su personalidad.
¿Cómo
lograrlo en todas sus actividades? · Escolares: cumpliendo con los
horarios de la escuela, llegando a tiempo y durmiendo temprano
para lograrlo. · Familiares: Tiempo para la vida en familia,
trato y ayuda personal, convivir. · Vitales: Tiempo para descansar,
reposar, reponer la energía perdida. · Recreativas: Jugar, realizar sus aficiones
preferidas, hacer deporte, estar en contacto con la naturaleza, viajar,
conocer, visitar lugares. · Culturales y artísticas: Desarrollar la imaginación
y la inventiva, la sensibilidad, el gusto por la música
y por las artes. · Sociales: Visitar a la familia o a
sus amigos, invitarlos. Participar en alguna obra social. · Espirituales: Fomentar
su amistad con Dios, rezar, formarse, llenar su vida y
darle un sentido trascendental.
El uso del tiempo varía de una
familia a otra. Es importante preverlo y organizar nuestras actividades.
La
educación es un arte y, cada día, ese arte se
ejercita y se perfecciona a través de mil situaciones que
con el paso de los años, habrán sido los cimientos
en la vida de los hijos y se convertirán en
los mejores recuerdos para atesorar.
RECURRIR A LA AYUDA DE DIOS
El
conjunto de sugerencias ofrecidas hasta el momento estarían incompletas si
no dejáramos constancia de este «último» y fundamentalísimo precepto, que
debe acompañar a todos y cada uno de los precedentes.
Educar
procede de e-ducere, ex-traer, hacer surgir. El agente principal e
insustituible es siempre el propio niño. De una manera todavía
más profunda, Dios, en el ámbito natural o por medio
de su gracia, interviene en lo más íntimo de la
persona de nuestros hijos, haciendo posible su perfeccionamiento.
Ningún hijo
es «propiedad» de los padres; se pertenece a sí mismo
y, en última instancia, a Dios. Por tanto, y como
apuntaba, no tenemos ningún derecho a hacerlos a «nuestra imagen
y semejanza». Nuestra tarea consiste en «desaparecer» en beneficio del
ser querido, poniéndonos plenamente a su servicio para que puedan
alcanzar la plenitud que a cada uno le corresponde: ¡la
suya!, única e irrepetible.
Por consiguiente, el padre o la madre,
los demás parientes, los maestros y profesores… pueden considerarse colaboradores
de Dios en el crecimiento humano y espiritual del chico;
pero es este el auténtico protagonista de tal mejora.
A los
padres en concreto, en virtud del sacramento del matrimonio, se
les ofrece una gracia particular para asumir tan importante tarea.
Por todo ello es muy conveniente que, sobre todo pero
no sólo en momentos de especial dificultad, invoquen la ayuda
y el consejo de Dios… y que sepan abandonarse en
Él cuando parece que sus esfuerzos no dan los resultados
deseados o que el chico —en la adolescencia, pongo por
caso— enrumba caminos que nos hacen sufrir.
Además, no debe
olvidarse del gran servicio gratuito del Ángel Custodio, a quien
el propio Dios ha querido encargar el cuidado de nuestros
hijos. Y recordar también que la Virgen continúa desde el
cielo desplegando su acción materna, de guía y de intercesión.
Enseñarles a tener todo esto en cuenta puede constituir la
herencia más valiosa que, en el conjunto íntegro de la
educación, leguen los padres a sus hijos.
Tomás Melendo Granados Catedrático
de Filosofía (Metafísica) Director de los Estudios Universitarios sobre la Familia Universidad
de Málaga www.masterenfamilias.com
Intercambio de
ideas sobre uso del tiempo libre y el dinero
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y participes enriqueciéndolos dando tu punto de vista, cuida el
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entregar la tarea" sino principalmente aprender de los comentarios
Nota: Con
esta lección terminamos la primera parte del curso
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Latina de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos
(USCCB). Los hallazgos, conclusiones y recomendaciones expresadas aquí son del
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