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Autor: P. Cipriano Sánchez, L.C. | Fuente: Catholic.net Tema V. Segunda parte. Madurez al educar
Madurez al educar. Señales de peligro. ¿Qué vamos a hacer?
Tema V. Segunda parte. Madurez al educar
A niños de hoy no se les educa como a
los de antes. El mundo evoluciona con ritmo acelerado,
las palabras mismas corren el riesgo de no tener el
mismo significado.
La tarea de educación es delicada por que supone,
a la vez:
+ Amor y desprendimiento + Dulzura y
firmeza + Paciencia y decisión
Estas cualidades complementarias que parecen con
frecuencia contrarias, exigen en el educador, no sólo corazón, sentido
común o equilibrio, sino además el tomar conciencia de los
objetivos y poner los medios para lograrlos. No podemos
improvisar. Tenemos una y sólo una oportunidad de educar.
“La
educación de un niño comienza veinte años antes de
su nacimiento con la educación de sus padres”. ¿No
hay una parte de verdad en esta frase de Napoleón?
En efecto, a veces es necesario detenerse a reflexionar
sobre las decisiones que hemos tomado y cuestionarnos hasta qué
punto han determinado nuestra vida. Nuestras decisiones en torno
a la educación, el matrimonio, nuestras amistades, no son sino
la expresión de los valores por los que nos regimos
en el momento de tomarlas.
El que durante nuestra infancia nos
inculcaran ciertos valores éticos, el tener un ambiente familiar positivo,
el acudir a la iglesia, el que nuestros amigos sean
personas íntegras, con sentido de justicia y de respeto, influye
para que nosotros seamos quienes somos, y tomemos ese marco
de referencia ético para educar.
La educación, decíamos, no se
improvisa; requiere de nuestro esfuerzo y dedicación. La formación
de nuestros hijos no es obra de la genética ni
se adquiere por ósmosis. Es fruto de nuestra constancia
y perseverancia, requiere de nuestro interés y responsabilidad, implica un
compromiso intelectual, emotivo, intuitivo, volitivo y activo constante.
Qué importante es
tomar conciencia de que este compromiso no se puede improvisar
sobre la marcha. Sólo si tenemos claro a qué
queremos llegar, sabremos qué necesitamos para lograrlo, empezando por nuestro
sentido moral. No podemos dar lo que no tenemos
(la palabra convence, el ejemplo arrastra).
La labor principal de todo
padre es enseñar a sus hijos ideales y tradiciones, y
educarles en los principales valores morales que harán de ellos
una persona responsable. Un padre debe ser para su
hijo un modelo moral. Preguntémonos, entonces, ¿qué aspecto de
mi persona me hace merecedor del respeto, admiración y amor
de mi hijo?
Los padres necesitamos dar raíces y alas a
nuestros hijos. Es decir, entrar en equilibrio entre inculcarles
las raíces de las tradiciones y valores heredados y, a
la vez, motivarles a ser independientes, a pensar por sí
mismos.
· Las raíces sirven para profundizar en la identidad
personal y la integridad moral de una sociedad a menudo
desarraigada y para proporcionar un fundamento sólido y una guía
en el camino de la vida.
· Las alas sirven
para construir la propia vida.
Los padres requerimos de una estrategia
a largo plazo para el crecimiento de los hijos.
Empezar por preguntarnos, no tanto que van a hacer
y a tener nuestros hijos cuando sean adultos, sino que
¿qué clase de hombres y mujeres queremos que sean nuestros
hijos en la madurez? antes que el tener y el
hacer tenemos que configurar el “ser” para que el hacer
y el tener estén en función del ser: de un
Ser Integro y Comprometido con Dios y la Sociedad, una
persona enamorada de la vedad y del bien.
No hay dos
familias idénticas, pero es útil saber qué debe evitarse; precisa
un conocimiento de los obstáculos y aprender a evitar los
errores de otros o, al menos, querer hacerlo. Es
difícil pensar a lo que estarán expuestos nuestros hijos en
unos años, pero la falta de previsión, la ingenuidad o
la falta de conocimiento no nos ayudarán a formarlos como
queremos. Basta ver un poco las estadísticas actuales.
Imagínense una escuela con 500 niños y entre ellos, los
nuestros. De ellos:
+ El 100% estará expuesto a
pornografía socialmente aceptada (con todo el riesgo que esto implica
para su relación con el sexo opuesto y su matrimonio
futuro) + 70% a 90% experimentará relaciones prematrimoniales + 20%
a 40% vivirá en unión libre antes del matrimonio +
90% será invitado a probar drogas + 10% tendrá
serios problemas de adicciones + 10% a 20% experimentará problemas psicológicos,
principalmente la depresión + 50% estarán divorciados al llegar as
los 30 años
Los problemas no aparecen de repente o surgen
exclusivamente por las malas compañías. Lo que hayan hecho
o dejado de hacer los padres durante la infancia, será
la influencia directa en el cómo los niños resistirán –bien
o mal- las presiones del materialismo, la tentación de abandonar
los valores cristianos o dejarse llevar por un estilo de
vida diferente.
Para la sociedad actual, el propósito en la vida
es obtener placer y evitar el dolor. Los niños
en la adolescencia, adquieren nuevas e ilimitadas formas de placer,
poder y fuentes de ilusión. Tan fuerte es la
tendencia natural al conformismo y tan poderosa la seducción para
dejarse llevar por las tentaciones, que requerirán de una gran
fuerza interior, una gran fuerza de voluntad que los ayude
a resistir.
Las presiones de sus amigos sólo pueden tener efecto
cuando hay un vacío en el carácter del niño.
Una conciencia
bien formada, creencias religiosas firmes, una relación de oración con
Dios, confianza en la capacidad de juicio de los padres,
un hábito cotidiano de autocontrol (el saber decir no a
nuestros sentimientos), respeto a los derechos de los demás, son
rasgos de carácter que conforman la voluntad del joven.
¿CUÁLES SON
LAS SEÑALES DE PELIGRO EN EL AMBIENTE FAMILAR DE LOS
NIÑOS?
1. Cuando los padres ceden fácilmente ante los deseos
de los niños, aunque consideren que es un error.
Frecuentemente admiten cosas que no aprueban y los niños aprenden
a dejarse llevar por los deseos sin considerar un juicio
de conciencia. Los deseos y sentimientos se convierten en
una guía de acción.
2. Cuando la tolerancia de los
hijos ante las incomodidades es muy baja. Tienen un
verdadero horror al dolor físico. Mediante el ruego constante,
logran escaparse de las responsabilidades molestas: clases extras, ayuda
en el hogar, despertarse temprano, etc...
3. Cuando los niños
tienen mucho dinero para gastar. Disfrutan comprando comida chatarra
y no tienen medida para los dulces. Pueden consumir
lo que quieran y en donde sea. A donde
van, piden que se les compre algo.
4. Cuando los
padres no practican preceptos religiosos. Familias en las que
no hay oración. Los niños no ven en sus
padres una forma de vida que demuestre su amor a
Dios y su sentido de responsabilidad ético. Ante los
ojos de los niños, los adultos no sólo deben ser
responsables de cumplir una apretada agenda, deben de ser
ejemplo de vida espiritual y compromiso con Dios. (Sucedió en
un colegio que una niña de primaria le dijo a
su miss de moral que quería ser ya grande para
poder dejar de ir a misa como su papá).
5.
Cuando las familias le dan más importancia a los eventos
sociales que a la atención de sus hijos.
6. Cuando
el padre no es una figura moral fuerte en el
hogar porque relega las cosas de ética y religión a
la esposa.
7. Cuando los hijos conocen poco de la
vida de sus padres o abuelos. Se ha dado
el caso de que no saben siquiera en qué trabaja
el papá (¿Tus hijos o tu esposa conoce tu oficina?).
8.
Cuando las conversaciones de sobremesa se reducen a temas
de entretenimiento (comida, tele, diversiones) o se convierten en chismes
sobre otros. No hay oración para bendecir los alimentos.
9.
Cuando hay poco o nulo respeto para gente ajena
a la familia: amigos, maestros, ancianos, personas de servicio.
El “por favor” y “gracias” no forman parte de su
vocabulario (en Navidad pueden abrir cientos de regalos y, antes
de decir gracias exclaman: ¡ay, ya lo tengo!).
10.
Cuando los hijos se quejan de las cosas que
no pueden cambiar: el clima, retrasos lógicos diferencias personales.
Su forma más común es quejarse: ¡ay, qué aburrido!
11.
Cuando los adultos les resuelven todos los problemas y
aprenden a huir de ellos y no enfrentarlos (la droga
y el alcohol son inventos muy eficaces para evadirse).
12.
Cuando los hijos ven a los papás como personas agradables
(buena onda) pero no fuertes o dignas de admiración
y respeto.
13. Cuando los niños no tienen un pasatiempo
como no sea ver la tele o jugar Nintendo.
14. Cuando los padres no son ejemplo para los
hijos en lo que ven y con que tipo de
gente se llevan, enviando así un mensaje a sus
hijos de que ellos también podrán ver cualquier cosa cuando
sean adultos. La diferencia entre lo bueno y malo
es cuestión de edad.
15. Cuando los niños se forman
opiniones basadas en la media, cuando son víctimas de la
publicidad, no reconocen las trampas comerciales o ideológicas.
16. Cuando
en la escuela no toman su responsabilidad como seria.
No aceptan correcciones de los adultos.
17. Cuando no les
importa cumplir con modales sociales en el vestir o en
el comportamiento público.
18. Cuando el peor castigo que pueden
recibir es dejarles leer o ponerlos a razonar.
19. Cuando
no tienen sentido del tiempo. Rara vez pueden esperar
a que se les de algo.
20. Cuando tratan a
los adultos como iguales.
A estos niños, al llegar o al
acercarse a la adolescencia, les falta algo. · Donde debería
existir una conciencia firme, se encuentra un embrollo de emocionalismo
o sentimentalismo estúpido. · Donde debería existir una clara voluntad,
hay reacciones por estímulo. · Donde debería existir un deseo
de asumir las responsabilidades, está la intención de prolongar una
vida infantil de forma indefinida. · Donde debería haber fortaleza
de carácter, hay un una debilidad que lo hace vulnerable
a cualquier situación de peligro para su integridad.
Entonces, ¿cuáles son
los ERRORES en la educación?
· No pensar suficientemente en qué clase
de hijos queremos formar. · No darse cuenta del daño a largo
plazo que les hacemos al satisfacer todos sus deseos. · Relegar en
la escuela, en las estructuras sociales o medios de comunicación
la responsabilidad de educar. · Subestimar el ejemplo que damos.
¿QUÉ VAMOS A
HACER?
1. Rezar por ellos. Todo es más fácil
con la ayuda de Quien nos pensó y quiso desde
siempre. El sabe cómo somos, cuáles son nuestras debilidades
y fortalezas. Confiemos en Dios.
2. Definir entre los
esposos el perfil educativo para CADA HIJO en particular.
Tener un esquema claro y afinarlo.
3. Modificar aquello de
nuestro carácter, definir la formación que requerimos. El respeto
de nuestros hijos no es al “padre perfecto” sino al
que se esfuerza y crece para mejorar.
4. Confiar en
la autoridad que tenemos y no buscar la popularidad con
nuestros hijos cuando cuestionen nuestras decisiones. Buscar el respeto
y no sólo el cariño de nuestros hijos.
5. Dejar
claro que confiamos en sus buenas intenciones y tenemos fe
en su honestidad, pero no en su inexperiencia.
6. Postergar
los satisfactores inmediatos. Valorar el esfuerzo por encima de
la comodidad.
7. Buscar consejo en libros, cursos,
en otras parejas de juicio recto.
8. Lo más importante:
Tener confianza comprometida y alegría en la “aventura” de
formar a la familia.
SI NUESTROS HIJOS NOS VEN FELICES Y
FUERTES EN NUESTRAS CONVICCIONES, TENDRAN UN MODELO PARA SUS
PROPIAS VIDAS DE ADULTOS.
Comentar qué están haciendo o no haciendo
actualmente en la formación del carácter, en cuanto a voluntad,
responsabilidad y fortaleza:
· como persona · como pareja · en sus hijos
Hacer un horario para
cada miembro de la familia que incluya: responsabilidades básicas (escuela,
tareas en casa, trabajo, oración) y espacios de diversión (paseos,
hobbies, vida social, televisión).
Es importante que al participar en el
foro, leas los comentarios anteriores y participes enriqueciéndolos dando tu
punto de vista, cuida el no ser repetitivo, el objetivo
del foro no es "únicamente entregar la tarea" sino principalmente
aprender de los comentarios
Este curso ha
sido producido por Catholic.net con el apoyo solidario del Comité
para la Iglesia en América Latina de la Conferencia de
Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB). Los hallazgos, conclusiones y
recomendaciones expresadas aquí son del autor y no reflejan la
opinión de la USCCB. Para más información sobre el
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