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Autor: P. Cipriano Sánchez, L.C. | Fuente: Catholic.net Tema V. Primera parte. Educación
Educación. Educación de los hijos: deber primario e inalienable
Tema V. Primera parte. Educación
El significado vulgar de la palabra educación se refiere a
un resultado: Es decir, una persona educada es una persona
que actúa con modales y urbanidad.
Este concepto de Educación
no es al que nos vamos a referir durante la
presente lección. Más bien haremos referencia a un significado
más profundo:
· Etimológicamente Educación viene de “Educare” que significa: conducir
o guiar. · Semánticamente de “Educere” que significa: “sacar de” ó
“extraer”, es la acción de sacar algo de adentro.
Es
decir no estamos hablando de un resultado sino de un
proceso en donde hay dirección (intervención) y desarrollo (perfeccionamiento).
Es decir,
la educación es en sentido estricto no sólo un proceso
de modificación en el hombre, es la aparición de nuevas
formas de comportamiento, actitudes y hábitos en el hombre
dirigidos a un perfeccionamiento.
La formación por lo tanto
es un concepto que subyace al de perfección. Por lo que,
al decir de la educación que es una formación se
dice implícitamente que comunica perfección.
Por otro lado, estrechamente ligada con
la noción de perfección está la de bien, ya que
ambas hacen referencia a lo que le conviene a la
naturaleza del ser.
Agregando a lo anterior, la educación, siempre está
en función de la vida humana tanto en el significado
vulgar como en el etimológico:
· En el significado vulgar de
educación lo único que se pretende es el disponer adecuadamente
a los hombres para la convivencia armónica entre sí.
· En
el significado más profundo de educación considerando subyacentes los conceptos
de formación, perfección y bien, vemos que la educación no
es otra cosa que: El proceso de desarrollo del ser
humano que le da las posibilidades de vivir en
toda su dignidad de hombre en relación con los demás.
Partiendo de esta idea de Educación fundamentaremos la presente lección.
Por
lo anterior no se puede hablar de Educación de las
personas, sin contemplar la formación en valores.
La vivencia de valores
lleva a la institución de virtudes en la persona (hábitos
buenos) indispensables para que los seres humanos nos dignifiquemos a
plenitud: como hijos de Dios en el esfuerzo diario por
ser mejores personas.
Por lo anterior vemos que la educación,
es indispensable para el desarrollo de los individuos, de las
familias, de la sociedad entera.
EDUCACIÓN DE LOS HIJOS:
DEBER PRIMARIO E INALIENABLE.
La educación que se da a
cada uno de los seres humanos es, sobre todo, un
derecho y una obligación que compete en primera instancia a
los padres. Como recuerda el Concilio Vaticano II: “...puesto
que los padres han dado vida a los hijos, tienen
la gravísima obligación de educar a la prole y, por
tanto, hay que reconocerlos como primeros y principales educadores
de sus hijos...”
Nadie en la sociedad tiene un derecho primario
sobre la educación de los hijos. Ni el Estado, ni
la Iglesia, menciona Mons. Norberto Rivera, ni las instituciones educativas,
pueden olvidar que la tarea educativa tiene su raíz en
la vocación primordial de los esposos de participar en la
obra creadora de Dios.
Cuando un ser humano carece de la
educación en la familia, casi podríamos decir que resulta estéril
toda la información que haya recibido. ¿De qué le
sirven los conocimientos al ser humano si no están orientados
para que sea esta una mejor persona en función de
la sociedad? La herencia afectiva, espiritual, y psicológica que
transmite una familia es insustituible. Vemos a individuos
muy inteligentes, que les faltó una formación en valores, como
son capaces de resolver eficientemente problemas técnicos ó laborales,
pero su vida personal y familiar es un desastre, son
incapaces de dirigir su propia voluntad hacia la felicidad,
ya que la falta de valores les impide tener una
directriz clara de hacia donde dirigir su vida.
La familia logra
esto cuando los esposos hacen del amor el motor guía
de toda la labor educativa. El amor no como sentimiento
o un estado emocional, sino en el sentido real de
sacrificio, de la negación de uno mismo: El amor como
deseo y habilidad de soportar y vencer cualquier privación o
dificultad, por el bienestar y felicidad del otro. Implica generosidad
y compromiso en la educación diaria tratando de ser un
ejemplo de valores y corrigiendo oportunamente a los hijos.
Qué mejor
educación que la que nace del padre que aconseja en
la recta visión de la vida al hijo. Qué
mejor guía para la vida, que la que siembra la
madre al enseñarnos a vivir la caridad, la comprensión, la
constancia, el fortalecimiento de la voluntad, la bondad, el servicio
a los demás, etc…
Qué escuela tan fecunda es la
de la pareja que construya la persona del hijo en
el servicio y la caridad, en un hombre integro comprometido
con la verdad y el bien, ¿Qué mejor legado podemos
dejar a la sociedad?
Qué importante es educar desde el amor
los SENTIMIENTOS para que los hijos sepan aprovechar la riqueza
que éstos aportan a la vida dentro de una recta
jerarquía interior. Educar su VOLUNTAD para que enfrente con
certidumbre las dificultades de la vida. Educar su INTELIGENCIA
para que sepan buscar siempre la verdad incluso cuando ésta
no sea agradable o sea costosa de aceptar. Educar
su CONCIENCIA para que sean insobornables en la búsqueda del
bien.
De modo especial, formar a los hijos con
la confianza y valentía en los valores primordiales de la
vida humana, en el contexto de una cultura invadida por
el materialismo que, abrumada por el afán de tener, ciega
y endurece el corazón; una cultura oprimida por la
búsqueda del éxito a toda costa sin medir el precio
que hay que pagar; un éxito, que muchas veces, se
identifica con el crecimiento económico, aún a costa de los
valores humanos.
Nosotros los padres, somos los que tenemos que
invitar a los hijos a vivir la trascendencia de la
libertad ante los bienes materiales, el sentido de la verdadera
justicia, el respeto a la dignidad personal de todos y
cada uno de los que nos rodean, el amor y
servicio desinteresado a los demás, sabiendo dejar de lado
el propio bienestar para ayudar a los demás.
Preguntémonos hoy si
es lo que ven mis hijos en mí, ¿es así
como yo actúo? O tengo que empezar por formarme
yo, por jerarquizar mis valores y actuar congruentemente. ¿Cómo
queremos sociedades comprensivas, si no existe comprensión entre los esposos
y los hijos? ¿Cómo queremos sociedades solidarias, si dentro
de la casa uno se busca a sí mismo?
1. Si queremos
construir una sociedad con valores empecemos a implementar los valores
en nuestra familia.
2. Si queremos una sociedad en la que disminuya
la violencia, hagamos de la familia una escuela de paz.
3. Si queremos una sociedad en la que brille la honestidad,
hagamos de la familia una escuela de rectitud de vida.
4. Si queremos una sociedad en la que haya respeto,
hagamos de la familia una fuente de consideración a los
demás.
1.- Definir las cinco cualidades más importantes que quisieran cultivar
en su familia
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