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Autor: P. Pedro Castañera L.C. | Fuente: Catholic.net Tema II. 2a parte. Comunicación entre padres e hijos
Comunicación entre padres e hijos
Tema II. 2a parte. Comunicación entre padres e hijos
COMUNICACIÓN ENTRE PADRES E HIJOS
Esperar a que aparezcan las crisis
para tratar de iniciar procesos de comunicación es algo muy
arriesgado y poco eficaz. Una verdadera comunicación implica diálogo, es
decir, que se habla y se escucha, pero sobre todo
esto último: se escucha, no solamente se oye, sino que
se ponen en juego los oídos y la mente. Se
busca: captar, comprender, sintonizarse con lo que la otra persona
está queriendo decir, no solo a través de sus palabras,
sino también por medio de su cuerpo, sus actitudes, miradas,
e incluso, por medio de sus silencios.
Los padres tienen
que darse la oportunidad y tomarse el tiempo necesario para
hacer un alto en el camino, y analizar la forma
como se están manejando los momentos de comunicación con cada
uno de los hijos. Es válido preguntarse si esos momentos realmente
son de dialogo, o se han convertido en un monólogo,
en sermones, en críticas o en regaños.
Errores en la
comunicación con los hijos
Muchas veces los problemas son un simple
resultado que era de esperarse, pues simplemente son el fruto
lógico de lo que se ha ido sembrando durante el
proceso de desarrollo de los hijos.
Por lo mismo, los padres
deben estar conscientes de que es necesario sembrar para poder
cosechar, y esa siembra se tiene que realizar, en forma
continua, desde las primeras etapas del desarrollo de sus hijos. Suele
suceder que cuando los hijos son pequeños, los padres no
les prestan suficiente atención haciéndoles sentir que todo lo que
dicen es irrelevante por ser pequeños. Se demuestra a los
niños, una y otra vez, que hay muchas cosas que
tienen mayor prioridad que dedicar tiempo a escuchar al hijo,
o prestar atención a lo que éste quiere preguntar o
compartir. Cuando ese tipo de comportamientos por parte de uno
o ambos padres, se presenta en forma repetitiva, los hijos
se dan cuenta de que no les resulta positivo buscar
la opinión o el consejo de sus padres y aprenden
a guardarse sus inquietudes y pensamientos, procurando acudir a sus
amigos para comunicarse, sentirse escuchados y tomados en cuenta, y
de esa manera, poco a poco, de forma casi imperceptible,
se va construyendo un muro, una barrera que marca distancia
entre padres e hijos impidiendo el flujo de la comunicación.
Desgraciadamente,
los padres muchas veces no se dan cuenta de eso
hasta que ya es demasiado tarde, es decir, cuando comienzan
a aparecer las situaciones problemáticas y las crisis, particularmente durante
la adolescencia.
Si se hace un análisis honesto de este
tipo de situaciones, no debe resultar extraño que los hijos,
especialmente al llegar a cierta edad, encuentren difícil y hasta
molesto el comunicarse con sus padres. Por eso es muy
importante sembrar un ambiente de apertura y receptividad, para poder
cosechar disponibilidad y confianza por parte de los hijos.
Abriendo caminos
de comunicación con niños
Querer formar caminos de comunicación cuando los
hijos están en plena crisis resulta sumamente difícil, por eso
es importante adelantarse y comenzar a desarrollar la apertura, la
confianza y la comunicación desde mucho antes. Entre los medios que
hay ayudado a algunas familias a establecer una comunicación abierta
con sus hijos, desde que éstos eran pequeños, se pueden
citar los siguientes:
Contar con momentos especiales. Definir tiempos específicos, dedicados
totalmente a “platicar en familia”.
Aprovechar oportunidades.
Capitalizar situaciones como
las charlas de sobremesa para dejar que los niños hablen,
sin que los interrumpan ni los adultos, ni sus hermanos
y dando oportunidad a todos.
Enfoque total. Cuando un hijo de
manera espontánea se acerca a hablar con alguno de sus
padres, dejar lo que se está haciendo y hacer contacto
visual con él para escucharlo atentamente, demostrándole que lo que
tiene que decir es realmente importante para sus padres.
Tiempos individuales.
Propiciar ocasiones para estar a solas con cada hijo en
particular, y en forma espontánea pedirle que platique algo que
sea de su interés: su deporte favorito, sus amigos, la
película que vio.
Abriendo caminos de comunicación con adolescentes
Resulta incomprensible para
los padres de adolescentes, el constatar que sus hijos prácticamente
no hablan cuando están con ellos; pero cuando se comunican
con sus amigos, sufren una verdadera transformación pues ya sea
por teléfono o personalmente, hablan sin parar y el tiempo
les resulta insuficiente para expresar todo lo que traen en
mente.
Parece ser que esa cultura de incomunicación con los padres
va en aumento. ¿Qué es lo que está pasando? Estudios
de investigación revelan que los niños y jóvenes actuales son
más dependientes de sus amigos y compañeros de lo que
sus predecesores solían ser.
Los resultados de esos estudios, no son
ningún consuelo para los padres, pero ponen en evidencia el
hecho de que los padres de hoy, debemos esforzarnos mucho
más, para poder comunicarnos con nuestros hijos adolescentes. Si se
logra que la comunicación con los hijos sea buena, la
relación en general será buena y tendremos mayores posibilidades de
ayudarles. Aunque no se pueden conseguir resultados sin trabajo y esfuerzo,
si se puede lograr que los esfuerzos se enfoquen adecuadamente,
especialmente si se toma en cuenta lo siguiente:
Crear momentos especiales.
En cada familia se puede instituir que al menos una
vez a la semana, haya un evento que congregue a
la familia de manera informal y en un ambiente agradable
para todos: preparar una carne asada, o mandar traer una
pizza y hacer lo necesario para que ese evento sea
un punto de convivencia y de plática tan atractivo, que
todos los miembros de la familia estén esperando con gusto
ese momento. Si el ambiente es realmente positivo, la comunicación
se dará sin problemas, en forma espontánea y natural.
Presencia física.
Cuando los hijos se hacen más independientes y pasan más
tiempo fuera de casa, es común que los padres aprovechen
también para salir de casa. Sin embargo, es importante que
los papás busquen “intencionalmente coincidir” para que al menos uno
de ellos esté en casa cuando los hijos llegan. Los
hijos se darán cuenta de que hay alguien que los
recibe y está disponible para hablar con ellos cuando lo
requieran. Y aunque en muchas ocasiones no se suscite un
diálogo, con una vez que ocurra, la espera valdrá la
pena, porque mantendrá vivo ese canal de comunicación. Quedarse un
fin de semana en casa y demostrar que también en
casa uno puede disfrutar de ocio, con los otros, sin
recurrir a diversiones envasadas.
Cultivar las oportunidades. Hay ocasiones, aunque no
frecuentes, en que los hijos espontáneamente se acercan a alguno
de los padres para comentar algo. Son oportunidades que hay
que aprovechar para que el hijo se sienta escuchado, tomado
en cuenta, respetado y apoyado. Pero para que eso suceda,
los padres tienen que hacer lo necesario para que en
ese momento el hijo sea su único centro de atención.
Por desgracia, muchas veces ganan las ocupaciones y esas oportunidades,
que difícilmente se repiten, se escapan de las manos.
Aprovechar experiencias
de alto impacto. A veces sucede que alguno de los
hijos es sacudido por algún acontecimiento cercano a él, como:
la muerte de un compañero; el arresto de algún conocido;
el éxito espectacular de alguien cercano, o el embarazo de
una compañera adolescente. Situaciones como las citadas, son oportunidades de
oro par escuchar la opinión de los hijos, conocer su
manera de pensar ante esos hechos, e inducirlos a que
saquen conclusiones y aplicaciones prácticas.
¡Atrévete a hablar con tus hijos!
Recordemos que todos los seres humanos somos únicos e irrepetibles.
Y, por lo mismo, un hijo no es igual al
otro. Hay que observar, estudiar y conocer a cada uno
de ellos.
Muchos padres desean, erróneamente, que todos los hijos
sean iguales: quietos, estudiosos, cariñosos, deportistas. Pero Dios nos ha
dado a cada uno determinadas habilidades o dones que hay
que descubrir y explotar. Así poder exigir a cada uno
de ellos según sus alcances y limitaciones.
Por otro lado, a
los padres se nos olvida que somos humanos con errores
y aciertos, con defectos y virtudes, con limitaciones, sentimientos, en
una palabra, somos personas, no dioses.
Qué hermoso sería que nuestros
hijos nos vean como se ve y acepta a un
amigo y que digan: “Mis papás tienen errores como todos,
pero los quiero así como son”. Es lógico que a
nuestros hijos les gusta que sus padres sean personas, no
dioses. Mucho menos, actores que están representando un papel pretendiendo
ser algo que no son.
También, no olvidemos que las palabras
no educan, sino más bien las actitudes que los hijos
observan a diario. Es decir, enseña más lo que hacemos
que lo que decimos. Por esto, es importante ser congruentes
entre lo que decimos y lo que hacemos.
La comunicación conyugal
es un factor necesario dentro de la comunicación familiar. Si
la primera marcha bien, la segunda correrá sin tropiezos.
Comunicación con
los hijos según su edad.
Para poder educar y comunicarse
correctamente con cada uno de nuestros hijos conviene distinguir las
características de cada uno, dependiendo en primer lugar de su
edad, ya que las necesidades y manera de pensar serán
diferentes.
Primera etapa, (0-5 años): Que podríamos llamar preescolar, se están
colocando los cimientos de todo el edificio; toda la información
y vivencias del niño quedarán fuertemente grabadas como impresiones dotadas
de carga emocional y afectiva, más que racional. En esta
etapa es importante:
* Aceptarlo con amor, desde antes de nacer,
y al nacer, sin rechazar su sexo ni sus capacidades
individuales.
* Comprender y aceptar sus sentimientos, y ayudarlo a ir
controlandolos en forma creciente.
* Iniciar suave y tolerante formación de
horarios desde la cuna, ya que facilitará la adquisición posterior
de hábitos de orden y templanza.
* Estimular y dirigir su
curiosidad natural, por medio de juegos, paseos, espectáculos en donde
esté recibiendo mensajes positivos. ¡Cuidado con la televisión!, ya que
el niño capta sin razonar.
* Premiar y felicitar, reconocer y
alentar sus acciones positivas, que él escuche cuando hablamos con
otras personas, pero sin inventar.
* Valorar y respetar sus opiniones
ubicándolas en su edad, y ajustando o corrigiendo sus juicios
erróneos con suavidad y sin menosprecio o burla.
* Responder todas
sus preguntas con veracidad y de acuerdo a su capacidad
de comprensión.
* Poner con firmeza, constancia y amor, límites razonables
a su conducta y facilitarle las “reglas del juego”; cuando
falte a las reglas, corregir y reconvenir, pero sin calificar
negativamente a su persona (“eres malo, desobediente, burro”, etc.).
* Si
necesitamos privarlo de un bien deleitable, no ceder ante expresiones
de tristeza, rabia o llanto.
* Ir dando responsabilidades dependiendo de
su edad; acomodo de juguetes, cajones, cuidado de una mascota,
planta. etc.
* En todas las etapas es importante lo que
los padres hacen y no lo que predican; el niño
capta por amor e imitación de aquellos a quienes admira.
Segunda
etapa, (6-11/12 años): Todas las consideraciones anotadas para la primera
etapa, siguen siendo válidas, con la lógica adecuación de mayor
capacidad racional para entender explicaciones más amplias y profundas. También
se les debe fomentar el trabajo en equipo y virtudes
como: responsabilidad, solidaridad, generosidad, humildad, fortaleza, justicia, templanza.
Tercera etapa, (13-18/20
años): En esta etapa debemos conocer las características del adolescente:
menos abierto, menos receptivo, búsqueda de la independencia, identificación con
otros patrones de conducta, edad de los enamoramientos, busca al
amigo íntimo que no lo critique, susceptible, busca sobresalir y
ser mejor que sus padres, le gusta que le den
confianza y seguridad. La mujer adopta actitud de coquetería y
el hombre de jactancia.
Algunos problemas de comunicación que pueden surgir
entre padres e hijos
Ordenando, dirigiendo, mandando. “No me importa
lo que quieras hacer, entra a la casa en este
instante“, “deja de molestar”, “no toques”, etc. Todos estos tipos
de mensajes dicen a los hijos que sus sentimientos o
necesidades no son importantes, no valen y que se deben
conformar. Producen temor, resentimiento, hostilidad.
Advirtiendo, amonestando, amenazando. “Si haces eso
te pasará...”, “si no dejas de jugar a eso te
pegaré”, etc. Estos mensajes pueden hacer que el hijo sienta
miedo y se someta, pero también invitan a hacerlo para
tantear a sus padres, si son capaces de cumplir las
amenazas.
Exhortando, moralizando, sermoneando. “Deberías”, “tendrías”, etc. Tales mensajes hacen que
se practique en el hijo el poder de la autoridad,
del deber, de la obligación y éste puede responder con
resistencia, defendiendo su postura con terquedad. Además, el hijo piensa
que su padre no confía en él, provocando sentimientos de
culpa.
Aconsejando, proporcionando sugerencias o soluciones. “Tu madre y yo sabemos
qué es lo mejor para ti”. Estos mensajes con frecuencia
hacen que el hijo piense que el padre no tiene
confianza en el juicio o capacidad de él, puede ocasionar
dependencia, o resistencia a todo lo que sus padres le
digan.
Juzgando, criticando, culpando. “Es que tú tienes la culpa; si
hubieras...” Estos mensajes son sumamente graves, hacen que los hijos
se sientan inferiores, estúpidos, sin ningún valor, malos, baja su
propia estima etc. (“escuché tantas veces que era malo, que
lo empecé a creer”, “si se lo digo me criticará”).
Además, siempre se pondrán a la defensiva para protegerse, sentirán
que no son amados, y llegarán a sentir odio por
sus padres.
Poniendo apodos, ridiculizando, avergonzando. “¡Mira qué sombras te pusiste
en los ojos, te ves ridícula, pareces vampiro... o mujer
de la calle!”, “¡Pareces vieja con esa greñas!”, etc. Dichos
mensajes pueden tener un efecto devastador en la imagen que
tiene de sí mismo. Pueden hacer que el hijo se
sienta sin valor, malo, que no lo aman, y la
respuesta más frecuente de los chicos hacia esos mensajes es
la devolución del golpe (“este viejo ridículo, anticuado no se
ha visto en el espejo”). Estos mensajes, que tratan de
influir en el hijo, tienen menos posibilidades de hacerlo cambiar.
Elogiando,
estando de acuerdo en todo. Contrario a lo que se
puede suponer acerca de lo elogios, cuando éstos son excesivos
o no muy sinceros, pueden tener efectos negativos, sobre todo
cuando el hijo no está muy de acuerdo con la
idea que tiene de sí mismo, puede originar hostilidad. “no
soy bonita, soy horrible”, “no jugué bien, fui un tonto”,
etc.. El hijo piensa que se le quiere manipular, para
que haga lo que sus padres quieren “sólo lo dices
para que estudie más”. Además, en ocasiones se sienten avergonzados,
incómodos, especialmente cuando están con sus amigos “¡Oh, papá, eso
no es verdad!”. Por el otro lado pueden llegar a
ser egoístas, soberbios, ególatras.
Otros mensajes que pueden ser negativos:
Como interpretar: “no tienes cita con esos chicos porque eres
demasiado penosa”, interrogar “¿te lavaste las manos como te dije?”,
preguntar “¿cuánto tiempo estudiaste?”.
Es importante también consultar los siguientes
artículos que hemos seleccionado sobre el tema de la comunicación
con los hijos en sus diferentes etapas:
Conversar
con nuestros hijos en donde Guillermo Urbizu nos señala
la importancia de estar pendientes de sus sentimientos, de sus
amistades, de su ocio, de su formación cristiana...
Papás que se hacen niños. Fernando Pascual nos dice que
el niño será más feliz con un papá y una
mamá que juegan con él al escondite que con un
costoso juego electrónico que usa sin que nadie disfrute de
sus victorias.
¿Cómo debemos hablar de sexo con nuestros
hijos? Eduardo Armstrong, nos da un conjunto de sugerencias a
los padres, que podrían ayudar a enfrentar la comunicación con
más éxito en algunas de estas temidas ocasiones
Lo
que tu hijo adolescente desea oír de ti en donde
Teresa Artola González nos dice que pesar de su
aparente desapego, tu hijo adolescente espera mucho de ti, y
necesita que le transmitas una serie de mensajes positivos.
Roma no
se hizo en un día y las cosas que valen
la pena tampoco. Por lo mismo, para lograr una buena
comunicación no basta con hacer uno o dos buenos intentos…
La labor de formación, tiene su origen principalmente en
la familia y requiere por parte de los esposos: primero
que nada enfoque y acción, y luego, constancia y tiempo.
SAN
FRANCISCO DE ASIS
“El amor es un ala que Dios le
ha dado al hombre para volar hasta El”
Comenta 2 actitudes positivas que
te hayan ayudado en la comunicación con tus hijos
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