Autor: Manuel Pérez | Fuente: Catholic.net Una familia católica
Se puede afirmar que una familia es cristiana cuando alguno de sus miembros hace presente a Cristo en ella
Una familia católica
Se puede afirmar que una familia es cristiana cuando alguno
de sus miembros hace presente a Cristo en ella.
Supongamos una
familia muy deteriorada, con graves problemas de diverso tipo. Si
en ella uno de sus miembros quiere hacer presente a
Cristo en ella, y persevera en este esfuerzo, la irá
transformando por la Comunión de los Santos.
Ese miembro de la
familia sabe que por sí solo, nada puede. Pero que
unido a Cristo, todo lo puede alcanzar. Y que la
vía para ser otro Cristo es practicar la oración
personal y frecuentar los sacramentos, especialmente la Confesión y la
Eucaristía.
Un cristiano que reza, que quizá a imitación de Cristo
se levanta a primera hora de la mañana y dedica
un tiempo a hablar con Jesucristo de su vida, de
su familia, es un foco de evangelización de su familia.
Un católico que busca tener una cada vez más intense
vida eucarística –asistiendo a la Santa Misa, si es posible
a diario, acompañando al Señor en sagrario físicamente o con
el corazón, o diciendo comuniones espirituales en su interior–, por
fuerza santifica su familia. Porque la lucha por ser santo,
siempre es una oración a Dios por los que le
rodean: su esposo, sus hijos.
Pero el cristianismo no termina en
la práctica de la oración y de los sacramentos. Lleva
a conocer la doctrina cristiana, a asimilarla, a ponerla en
práctica. A vivir todas y cada una de las virtudes
humanas (la sinceridad, la generosidad, la laboriosidad, la alegría y
otras muchas), las virtudes morales (la prudencia, que es la
principal, y también la justicia, la fortaleza y la templanza),
y las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad), entre las
cuales destaca la virtud más perfecta, que es la caridad.
Hacer
presente a Cristo en la vida familiar es vivir la
caridad de muchos modos, la mayor parte de los cuales
pasan desapercibidos a los ojos de los hombres. Pero a
los ojos de Jesucristo, la caridad despierta en él una
sonrisa. Una alegría profunda porque ve el amor que se
pone en esas cosas pequeñas.
El modelo de familia: La Sagrada
Familia
De un modo consciente o no, quien se esfuerza por
hacer presente a Cristo en su familia, tiene como modelo
a la Sagrada Familia.
Jesús es el centro de la familia,
porque es el Niño-Dios. Todo a su alrededor se contagia
del fin amoroso de la Encarnación. La Virgen es Corredentora,
y San José se une a los planes divinos.
La casa
de Nazaret es un remanso de paz. Reina la alegría.
Una sonrisa de Jesús ilumina la vida y todo está
al servicio del plan redentor. La Virgen realiza su trabajo
con diligencia –que es amor–, y realiza los trabajos humildes
del hogar. Es la única criatura perfecta de la creación
y pone toda su inteligencia –la más alta imaginable–, todo
su corazón –un amor grande y perfecto como no podemos
imaginar– en servir a Jesús.
La Virgen trabaja en tutelar, lava
la ropa, cultiva el jardín, prepara la comida. Ve en
cada flor una caricia de amor de Dios Padre hacia
ella, y adorna con esas flores su hogar. Se respira
sosiego.
San José es laborioso. Gana con su trabajo el sustento
de su familia. Y, cuando puede, realiza un trabajo extra
para comprar una manzana al Niño-Dios, o adquiere una oveja
para que juegue con sus primos.
Jesús aprende pronto el trabajo
de José. Éste acrecienta su vida interior en el trabajo
y el trato con Jesús hasta convertirse así en “maestro
de vida interior”.
Tanto amor en la Sagrada Familia tiene su
origen en una intensa vida de oración. La Sagrada Familia
es una familia donde se reza mucho, donde se reza
con las Sagradas Escrituras, donde se procura ser delicadamente fiel
a la tradición judía.
Una característica de la Sagrada Familia
es el verdadero y casto amor esponsal entre María y
José. En la mirada de María se advierte de mil
maneras su amor vigilante por José. El cuidado de sus
vestidos, hacer el plato que a él le gusta, realizar
sin que lo advierta el trabajo más costoso y un
sinfín de detalles más. José emplea su habilidad manual en
los mil detalles de la casa o del jardín, sabe
prolongar un trabajo para adquirir algunos ingresos más, y a
pesar de ser el cabeza de familia, se sabe el
ultimo y servidor de todos.
Realmente la Sagrada Familia es un
modelo admirable.
La oración en la familia
Un cristiano que verdaderamente lo
es, reza. Reserva para hablar con Dios el mejor momento
del día y evita toda posible distracción. ¿Cuánto debe rezar?
Eso dependerá, pero se ha dicho que lo mínimo debería
ser lo que uno tarda en despachar a una persona
con la que no desea hablar. Pongamos que un mínimo
de quince minutos.
Una persona que no se aisla de todo
al menos quince minutos para orar, quizá es que no
sea verdaderamente cristiana. Y por eso hay que ser fiel
a ese momento previsto, pues en la puntualidad y en
el esfuerzo, se demuestra el amor.
Un miembro de la familia
que reza, es un tesoro. Cuando un hijo o el
esposo no rezan, hay que rezar por él con mayor
empeño.
La fuerza de la oración es tan grande, que ha
hecho grandes santos, también en la familia. Santa Mónica, con
sus lágrimas y oraciones, logró la conversión de Agustín, que
llegaría a ser un gran santo en la Iglesia.
Ese rato
de oración personal se ha considerado muchas veces como “la
caldera” de la vida interior. Cuando una casa de un
país frío, funciona, el hogar está caldeado y da gusto.
En cambio, si permanece apagada, reina el frío. En la
vida interior ocurre algo similar. Si dedicamos buenos ratos de
oración, la vida interior sube de temperatura, y bastarán otras
prácticas de piedad –la Santa Misa, el Santo Rosario, etc.
– para estar vibrantes y convertirse cada uno en un
foco de evangelización.
“Una familia que reza unida, permanece unida”, se
ha dicho muchas veces y con gran sabiduría. Porque se
unen así a Cristo. Por eso es conveniente rezar el
Santo Rosario. Y bendecir la mesa para agradecer todo alimento,
pues viene de Dios. Y, siempre que sea posible, acudir
a Misa los domingos toda la familia. Y así, cuando
el amor se hace grande, de descubren mil modos de
rezar juntos. Por ejemplo, cuando hay una contrariedad o un
pariente enfermo, o los padres cuando saben afrontar sobrenaturalmente las
dificultades de un hijo acudiendo al Señor.
Rezar juntos es amar.
Y a una familia que ama, Dios no la abandona.
Cristo
presente en la Biblia
Muchas familias tienen una especial presencia de
Dios en ellas de muchos modos. Algunas colocan en algún
lugar destacado una imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Otras
han puesto la imagen de la Divina Misericordia de un
modo visible. O una imagen de la Virgen como protectora
de la familia.
Pero hay otro modo de una cierta presencia
de Cristo en nuestros hogares que es tener una buena
edición de la Biblia. Este es un libro cuyo autor
es el mismo Dios, quien se ha servido de los
hombres para ofrecernos este libro sagrado, maravilloso, que debemos tener
en mucho.
Ocurre, sin embargo, que este libro de origen divino
ha pasado por las manos de los hombres, y nosotros
lo hemos desdibujado con malas traducciones o comentarios que desfiguran
su originario sentido. Por eso es bueno asesorarse bien y
tener una Biblia bien traducida, que sea agradable utilizar. Esa
es una de las mejores inversions que puede hacer una
familia.
Se ha dicho muchas veces que la Biblia es la
Palabra de Dios. Y sabemos que Jesucristo es la Palabra,
el Verbo Encarnado. Y en Dios la Palabra solo es
una, de modo que la Palabra de Dios de algún
modo supone la presencia de Dios en nuestras vidas. Un
cristiano debe amar la Biblia, tener en mucho las Sagradas
Escrituras, meditarlas y hacerlas vida propia.
Dentro de la Biblia,
conviene muy especialmente meditar el Nuevo Testamento. Si hace veinte
siglos hubiera existido la posibilidad de grabar imágenes de Jesucristo,
hoy las guardaríamos con gran cariño y las veríamos una
y otra vez. Pero no las había. En cambio,
varios testigos directos –o indirectos, como San Lucas– nos cuentan
lo que vieron, y lo que nos han escrito es
verdadero. Por eso hemos de meditar vida de Jesús y
aprender de Cristo mil detalles.
De igual modo que quien ama
contempla con amor la fotografía de quien ama, un cristiano
debe estimar en mucho el Nuevo Testamento, pues Cristo es
el modelo de nuestra vida.
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Simplemente gracias por esta redaccion tan
hermosa, si todos los hogares del mundo tuvieran a
cristo vivo en casa la vida seria totalmente
distinta acompañados por nuestra madrecita su
esposo, y su hijo viviriamos armoniosamente. Estoy
atravesando por una situacion muy dificil en mi
familia pero yo se que lo ultimo que quiere el
señor es disolver sus hogares yn por eso lo pongo
todo en sus manos por que si yo no puedo yo se que
DIOS todo lo puede gracias. Agradeceria una
oracion por la pronta union de mi familia, mi
mujer mi hija y yo. DIOS LOS BENDIGA......
Gracias por este artículo es muy hermoso y me reconforta mucho pues oro mucho por que mi familia vuelva los ojos a Dios, sé que debo tener fé de que asi será el Señor tiene sus tiempos, y sé también que el ama ami esposo y mis hijos. Estoy leyendo a Josué en el antiguo testamento y las palabras que le dice Dios las he hecho como si fueran para mi, "Sé valiente y ten ánimo·. Gracias una vez mas y que Dios los llene de bendiciones.
Espero su apoyo tengo un grupo parroquial y queremos empezar a evangelizar mediante jornadas espirituales de 01 dia y el Señor nos llama a trabajar por la familia, por favor apoyenme con temas que nos ayuden en nuestra labor.
Mil gracias hermanos.
Hermoso sin Duda Alguna, que bien meditado esta el articulo, con buenos consejos para la Familia y bien Ilustrativo en cuanto al modelo que se debe seguir en la Familia. Sobre Todo por que es el modelo que Jesucristo quiere en todas las Familias del Mundo. Dios los Bendiga Mucho... Saludos desde Mexico.