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Martí Ballester Jesús | categoría
Homilía dominical | tema
Autor: P. Jesús Martí Ballester | Fuente: Catholic.net
La Sagrada Familia: Jesús, María y José
Domingo dentro de la Octava de Navidad.Ciclo C
 
La Sagrada Familia: Jesús, María y José
La Sagrada Familia: Jesús, María y José
Domingo dentro de la Octava de Navidad.Ciclo C

31 de diciembre de 2006.

  • El niño crecía y se llenaba de Sabiduría. El Amora debe ser la Ley Suprema tanto en el hogar como en todas sus relaciones sociales.


    1. La fiesta de hoy nos introduce en la intimidad de la Sagrada Familia, en la que creció el Hijo de Dios y evoca las virtudes domésticas que reinaban en el hogar de Jesús: fidelidad, trabajo, honra¬dez, obediencia, respeto mutuo y amor entre los padres y el Hijo... y pide que sigan teniendo vigencia en nuestras familias.

    2. La Sagrada Escritura describe los deberes de los hijos muy concretamente y, a la vez con suma delicadeza. Los padres ancianos, aunque «su mente flaquee», deben ser cuidados y tratados con respeto, y no abochornados por el hijo «mientras es fuerte». El que no honra a sus padres, no experimentará ninguna alegría de sus propios hijos. En cambio, la piedad para con los padres será tenida en cuenta para obtener el perdón de los propios pecados. "El que honra a su padre expía sus pecados. El que respeta a su madre acumula tesoros" Eclesiástico 3,3. Buena lección para la sociedad nuestra. Si este mundo se enfoca como un jardín de placeres, con la finalidad de pasarlo bomba, y como estación término, todo se explica.. Pero si se ve con ojos de evangelio, hemos de rectificar muchas conductas.

    3. El amor mutuo entre padres e hijos se fundamenta con una psicología insólitamente profunda: la obediencia de los hijos a los padres «le gusta al Señor», que ha dado ejemplo de esta obediencia (Lc 2,51). También la conducta de los padres se puntualiza con precisión: «No exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos». La autoridad de los padres ha de fomentar en los hijos su coraje de vivir, lo que pertenece a la esencia de la autoridad, que en su sentido etimológico significa fomento, más que potestad. Y el deber educador ineludible de los padres también nos conduce al sentido etimológico del vocablo latino educere, que significa sacar, hacer aflorar. La imagen plástica sería la del escultor que arrancando virutas saca la imagen del ángel. El delicado tejido de amor mutuo no puede romperse: La Sagrada Familia es el ejemplo que todas las familias deben seguir. La abnegación y los desvelos de los hijos por sus padres son un deber de gratitud y constituyen uno de los diez manda¬mientos principales de la ley. En los padres se encuentra Dios, sin cuya acción no puede nacer ningún hombre. Engendrar hijos es un acontecimiento que sólo es posible con Dios. Por eso en el cuarto mandamiento el amor agradecido a los padres es inseparable de la gratitud debida a Dios.

    4. San Pablo señala la unidad del amor en la familia: «Sobrellevaos mutuamente y perdonaos». El amor es el único vínculo que mantiene unida a la familia por encima de todas las tensiones. Y esto no en el plano de la simpatía natural, sino que «todo lo que de palabra y de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús y en acción de gracias a Dios Padre». En la carta a los Efesios, el amor recíproco de los padres aparece diferenciado: a los maridos se les recomienda amor como el que Cristo tiene a su Iglesia, sin despotismo ni complejo de superioridad; y a las mujeres, la correspondencia a ese amor.

    5. Jesús, que quiso compartir la vida de un hogar humano es quien quiere interceder para que los novios sientan la presencia de Dios en la vivencia de su amor mutuo y para que se preparen santamente para su matrimonio. Jesús es el que debe iluminar y consolar a las familias desunidas, a los esposos que han de vivir separados a causa del trabajo, a los hijos de los divorciados, a los hogares sin hijos y a los que lloran la muerte de sus familiares.

    6. "Sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellevaos mutuamente, perdonándoos, como el Señor os ha perdonado. Y por encima de todo, el amor, la Palabra, la Eucaristía... Hijos, obedeced a vuestros padres, que eso le gusta al Señor. Padres, no seáis posesivos, para que no se desanimen vuestros hijos" Colosenses 3,12. Tampoco les sobreprotejáis en exceso, porque se quedarán enanos, no crecerán y estarán necesitando a todas horas y en todos los problemas, el paraguas de papá, la sombrilla de mamá. ¡Yo bendigo el día en que el Obispo, a mis veinticuatro años, me nombró párroco y tuve necesidad de sacarme las castañas del fuego con mis propias manos!

    7. Dios crea al hombre y a la mujer y les imprime la vocación, y con ella, la capacidad y responsabilidad del amor y de la comunión, a imagen de la Trinidad, de cuyo amor el matrimonio es la expresión y la prolongación. El amor es la vocación fundamental e innata de todo ser humano, en alma y cuerpo, que en el amor espiritual tiene también su parte. Por eso el matrimonio de los bautizados adquiere el carácter de un gran signo, o, como dice San Pablo, "un misterio grande", que se convierte en el símbolo real de la alianza nueva y eterna en la sangre de Cristo. "Un misterio grande en orden a Cristo y a la Iglesia".

    8. El Espíritu del Señor renueva el corazón y hace al hombre y a la mujer capaces de amarse, como Cristo nos amó. Por el poder de la gracia alcanza el amor su plenitud, en la caridad conyugal, modo propio y específico con el que los esposos están llamados a vivir la misma caridad de Cristo, que se da y se ofrece en la cruz.

    9. Pero el amor de los esposos no se agota en ellos mismos, sino que les hace cooperadores de Dios del don de la vida a otras personas humanas. Cuando los esposos se convierten en padres reciben de Dios una nueva responsabilidad, y su amor paterno se convierte en signo visible del amor de Dios, de quien proviene toda paternidad.

    10. De este amor proviene la familia y en ella nacen un conjunto de relaciones, padres-hijos-hermanos, mediante las cuales toda persona humana es introducida en la familia humana, y en la familia de Dios, la Iglesia, que encuentra en la familia, nacida del sacramento, su cuna y el lugar donde se anuncia el evangelio de la manera más eficaz y duradera. La Iglesia doméstica.

    11. La Sagrada Familia también, como la familia de hoy, tuvo que afrontar y convivir con grandes problemas; con una dramática situación en cada uno de sus miembros: un padre que biológicamente no lo era; una madre que no era esposa plena; y un hijo que rebasaba la dependencia natural. A ella deben acudir las familias de hoy para aprender a vivir el amor y el sacrificio, conscientes de que la gracia del sacramento del matrimonio fortalece a los esposos para sacrificarse el uno por el otro, y a ambos por los hijos.

    12. "Este será como una bandera discutida. Y a ti una espada te traspasará el alma" Lucas 2, 22. Desde esa profecía dolorosa hay que contemplar las dificultades que hoy encuentra la familia: Equivocada independencia de los esposos entre sí; intercambio aberrante de parejas; casos raros de parejas de hecho; uniones con cónyuge primero y cónyuge segundo, siendo ambos homosexuales; capacidad de adopción de hijos con el trauma subsiguiente para su educación; ambigüedad ante la autoridad sobre los hijos; dificultades personales, ambientales sociales y hasta legales, para transmitir los valores humanos y cristianos. El divorcio, el aborto, el recurso cada vez más frecuente a la esterilización, la mentalidad anticonceptiva, de tantas formas utilizada y normalmente justificada.

    13. Para obviar estas y otras dificultades, es indispensable una catequesis clara y positiva, el recurso a la austeridad, la ascesis constante propia de una vida cristiana llena y contagiante, y la oración incesante para que el Señor no nos deje caer en la tentación. Difícilmente superarán los cristianos de hoy todas esas asechanzas, sin el recurso a la intercesión de la Sagrada Familia y al establecimiento en el propio hogar de aquel clima humano y celestial, feliz y sencillo, lleno de pruebas y privaciones, de candor y del sudor del trabajo y también de lirismo, en el ambiente de Nazaret.
    ¡Nazareth!
    Centro de Dios.
    Centro del mundo.
    Fuego que baja a encender
    corazones que se den,
    en total consumación,
    a El, a El, a El.

    Y la hondura y honradez,
    la lealtad y la fe,
    que se respira
    en la Casita de José:
    Casita de José:
    horas de paz y amor,
    Casita de José:
    horas de duda y dolor.
    Casita de José:
    prudencia y fidelidad.
    Casita de José:
    muerte dichosa,
    final enamorado,
    flor que se abre
    al color de otro cielo
    y de otra tierra
    y de otra casa nueva,
    de jaspe turquesa.

    14. En 1964, el Papa Pablo VI visitó Nazaret, emocionado. Allí pronunció una bellísima alocución, en la que recogió, resumiendo, estas tres lecciones: El silencio, la vida familiar, el trabajo.

    15. Hemos celebrado la Navidad. José y María tienen un hijo y han constituido una familia. La liturgia nos ha introducido en los treinta años de la vida oculta de Nazaret para proponemos en las tres lecturas bíblicas, una breve teología de la familia. Entremos con respeto en la casa de Nazaret, mitad gruta, mitad casa. No vemos el confort que hace la ilusión de tantos, pero es rica en aquello que todos buscan afanosamente: el amor y la mutua comprensión. No se escuchan voces ásperas, ni se ven caras duras, ni gestos desabridos, ni actitudes de rebeldía. Es una familia unida, modelo de todas las familias.

    16. María faena en las cosas propias de una sencilla mujer de pueblo. Hila y teje, barre y lava, cocina, muele el trigo y amasa el pan de cada día. Adosado a la casita, vemos el cobertizo-taller de José. Aquí, desde que sale el sol hasta que se pone, la sierra y el martillo marcan el ritmo de un trabajo duro, necesario para el sustento de la familia. Trabajo convertido en oración, realizado como expresión de la voluntad de Dios. Jesús niño, y adolescente, sirve a María y ayuda a José. Sus manos se endurecen y su frente se baña en sudor con el trabajo manual. Del taller de Nazaret saldrá para cambiar la faz del mundo, con la predicación del Reino.

    17. La familia de Nazareth es pobre, pero es feliz, la más feliz de las familias que han existido sobre la tierra, pero no exenta de dificultades. Tuvo sus problemas y angustias. Bajo la amenaza de muerte dictada por un déspota, tuvo que huir de noche buscando refugio en un país extranjero con los sufrimientos consiguientes, fácilmente imaginables si pensamos en los actuales catorce millones de refugiados esparcidos en todos los puntos cardinales huyendo de persecuciones políticas y religiosas. José lleva una vida de sobresalto: "Coge al Niño y a su madre y vete a Egipto. Herodes quiere matar al Niño". Jesús Niño que ha tenido que huir, va aprendiendo también que será ejecutado en la cruz, como los malhechores. "Nosotros morimos con razón, pero éste ¿qué mal ha hecho?". Y en el evangelio de hoy encontramos a la Sagrada Familia viviendo en Jerusalén uno de los mayores dramas humanos. Jesús, que ha cumplido los doce años, inaugura su adolescencia con un episodio de “ruptura” con la familia. Es la escena de Jesús perdido y hallado en el templo. ¡Qué ansia mortal para sus padres durante aquellos tres días, presagio para María de aquella “espada que le traspasará el alma”. María le dice: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así?". “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo había de estar en la casa de mi Padre?”.

    18. Pero sin embargo “Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad”. El más santo obedece a los que lo son menos, con serlo tanto. María más santa, obedece a José, su esposo, y Jesús, Dios, obedece a los dos inferiores y criaturas suyas. Nazaret, sobre todo es la familia de la obediencia, hoy tan denostada, tan desfigurada, tan adulterada. Para Santa Teresa es la piedra de toque para calibrar las personas que viven vida cristiana, tanto, que ella la pide, no sólo a los religiosos, sino también a las personas laicas. Y no digamos San Juan de la Cruz que afirma en Dichos de amor y luz: “Más quiere Dios de ti el menor grado de obediencia y sujeción que todos esos servicios que le piensas hacer”. Enseñar esto le costó el odio que de por vida le guardó fray José Crisóstomo y el proceso difamatorio que llevó a cabo contra él. Ocurrió lo siguiente. Siendo fray Juan superior suyo, se había comprometido por propia iniciativa a predicar unos sermones sin contar con su superior. San Juan no le dejó predicar. Y comentó: Mejor es que no predique que predique por propia voluntad. Crisóstomo arrastró su rencor hasta la muerte del Santo, y al morir comentó: “Si no hubiera muerto, el hábito le hubiera quitado”. Y es que el demonio se cuela para fomentar el orgullo que se hagan cosas, cosas, cosas, que sin pasar por la obediencia no van a servir para nada sino para hinchar el propio ego, que es lo que pretende Satanás. Es el peligro del iluminismo. Dios dice, mi conciencia dice. Es la infiltración del libre examen. Se lee la Biblia y se al propio antojo. Así lo hizo el luteranismo y la Ilustración que le siguió en Francia. ¿Quién más en unión con el Padre que Jesús? Si el padre y yo somos el mismo. Pues se sometió en Nazaret a sus padres: Les estaba sometido. “Aprende, tierra a obedecer! Aprende, ceniza a someterte, clama San Bernardo.

    19. Es tan importante la obediencia para las personas de vida cristiana que San Juan de la Cruz escribe: “Es Dios tan amigo que el gobierno y trato del hombre sea también por otro hombre semejante a él y que por razón natural sea el hombre regido y gobernado, que totalmente quiere que las cosas que sobrenaturalmente nos comunica no las demos entero crédito ni hagan en nosotros confirmada fuerza y segura, hasta que pasen por este arcaduz humano de la boca del hombre. Y así, siempre que algo dice o revela al alma, lo dice con una manera de inclinación puesta en la misma alma, a que se diga a quien conviene decirse; y hasta esto, no suele dar entera satisfacción, porque no la tomó el hombre de otro hombre semejante a él” (Subida del Monte Carmelo).

    20. Si podemos hoy hablar con razón de la “hipertrofia de las mediaciones”, y si el místico nos da pie para hablar de su tendencia a “negar” las mediaciones, no podremos olvidar este principio espléndido en su formulación y denso en su contenido que formula Juan de la Cruz. En él muestra que es la misma gracia mística, en su constitución intrínseca, la que lleva al diálogo discernidor -“arcaduz humano de la boca del hombre”-. De este diálogo debe surgir el reconocimiento de la dimensión y pertenencia social-eclesial de la gracia mística. Por lo tanto de que la gracia mística debe implicar al grupo de pertenencia religiosa, y no sólo al receptor de la misma. La gracia mística no aísla, sino que sumerge en la familia creyente, comunidad en la que Jesús, por su Espíritu, “aclara y confirma la verdad”. No se le pasa por alto a Juan de la Cruz el texto bíblico que habla de la presencia de Jesús en medio de quienes están reunidos en su nombre (Mt 18,20). Apoyado en él sentencia que Jesús está “aclarando y confirmando en sus corazones las verdades de Dios... para dar a entender que no quiere Dios ninguno a solas se crea por sí las cosas que tiene por de Dios, ni se confirme ni afirme en ellas sin la iglesia o sus ministros”. Sentenció en un Dicho de luz y amor: “Entra en cuenta con tu razón para hacer lo que ella te dice en el camino de Dios, y te valdrá más para con tu Dios que todas las obras que sin esta advertencia haces y que todos los gustos espirituales que pretendes”. En este terreno se mueve San Juan dentro del principio de que: Dios “al hombre le puso términos naturales y racionales para su gobierno” (2S 21, 1). Y Santa Teresa escribe: Si un simple la gobierna y se le antoja, le hará entender que es mejor que le obedezca a él que a su superior, y sin malicia suya, sino pensando acierta; porque si no es religioso, le parecerá que es así. Por faltarle a él la luz, no la da a los otros aunque quiere. Y aunque para esto parece que no son menester letras, mi opinión ha sido siempre y será que cualquier cristiano procure tratar con quien las tenga buenas, si puede, y mientras más, mejor; y los que van por camino de oración tienen de esto mayor necesidad, y mientras más espirituales, más.

    21. José y María no le comprendieron. Pero aceptaron. Tampoco nosotros comprendemos, pero razonamos. Tratamos de buscar argumentos para justificar lo que pedimos, lo que deseamos, lo que buscamos. Quisiéramos que las cosas sucedieran como las planeamos nosotros, en cambio, “María conservaba todo esto en su corazón”. Así desde el anuncio del arcángel y el nacimiento del Hijo. Conservarlo, meditarlo, callarlo, absorberse en la contemplación. Lo ha llevado en su seno nueve meses, y le dio el pecho, y su leche se convertía en sangre de Dios. Y ella contemplaba, asombrada, abrumada. Lo estrechaba entre sus brazos y le decía: ¡Pequeñín mío!, pero se quedaba pensativa, y se decía: Es Dios, y la invadía un temor religioso. Dios estaba mudo, sólo reía, sonreía, lloraba. Los ángeles habían hablado y cantado, este terrible Niño, su Niño lindo y amable, no hablaba, callaba. ¡Qué enigma para una Madre que es Madre de Dios! Todas las madres se sienten atraídas por ese trozo de su carne que es su niño, y se sienten como en el exilio ante esta nueva vida, que ha sido hecha con la suya. Pero ningún niño ha sido jamás más rápidamente arrancado a su madre, porque él es Dios, y está por en¬cima de todo lo que Ella puede imaginar. Pero, simultáneamente sien¬te que el Cristo es su hijo, su pequeño, lo mira y piensa: Este Dios es hijo mío, esta carne divina es mi carne, está hecha de mí; tiene mis ojos, y esa for¬ma de su boca es la forma de la mía, se parece a mí. Es Dios y se parece a mí. Tiene a su Dios para ella sola: un Dios crío al que puede coger en brazos y cubrirlo de besos; y que vive, y que da vida. Quisiera lograr la expresión de audaz ternura y timidez con que alarga sus dedos para tocar la dulce pequeña piel de este crío-Dios, cuyo pequeño peso cálido sintió sobre sus rodillas mientras le sonríe.

    22. Oración a la familia por Juan Pablo II

    Oh Dios, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra, Padre, que eres Amor y Vida, haz que en cada familia humana sobre la tierra se convierta, por medio de tu Hijo, Jesucristo, "nacido de Mujer", y del Espíritu Santo, fuente de caridad divina, en verdadero santuario de la vida y del amor para las generación es porque siempre se renuevan.

    Haz que tu gracia guíe a los pensamientos y las obras de los esposos hacia el bien de sus familias y de todas las familias del mundo.

    Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la familia un fuerte apoyo para su humanidad y su crecimiento en la verdad y en el amor.

    Haz que el amor, corroborado por la gracia del sacramento del matrimonio, se demuestre más fuerte que cualquier debilidad y cualquier crisis, por las que a veces pasan nuestras familias.
    Haz finalmente, te lo pedimos por intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret, que la Iglesia en todas las naciones de la tierra pueda cumplir fructíferamente su misión en la familia y por medio de la familia. Tú, que eres la Vida, la Verdad y El Amor, en la unidad del Hijo y del Espíritu santo.

    23. Jesús, José y María, sed el consuelo y la fuerza de todas las familias de la tierra para que sean trasuntos fieles de vuestra Sagrada Familia, renovando el empeño en el comienzo del Año Nuevo, que el Señor nos concede por su gracia. Visitadnos ahora y hacednos fuertes con la gracia de la Eucaristía. Amén.

    JESUS MARTI BALLESTER
    .

    Padre Jesús Martí Ballester
    jmarti@ciberia.es

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