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Homilía dominical | tema
Autor: P. Jesús Martí Ballester
Mirarán al que traspasaron
Domingo XII ordinario Ciclo C.Una invitación a acercarse a Cristo cargando la propia cruz.
 
Mirarán al que traspasaron
Mirarán al que traspasaron

Domingo XII ordinario Ciclo C.

20 de junio de 2004


  1. "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?", oyó Pablo, camino de Damasco."Soy Jesús, a quien tu persigues" (Hech 9,4). Saulo perseguía ferozmente a los discípulos de Jesús, y Jesús se identificaba con ellos: Eran su cuerpo. Perseguir a los miembros es perseguir a la Cabeza, Cristo.



  2. Pero antes de Jesús, Yahvé según Zacarías, ya se había atribuido la transfixión: el pecado en su doble dimensión, contra él y contra sus ungidos, sus fieles, sus amadores, le atribulaba y le traspasaba. "Me mirarán a mí, a quien traspasaron” , como lo había profetizado Isaías, 53,5: “Fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes”. La profecía de Zacarías tiene su pleno cumplimiento en Cristo crucificado, con el corazón atravesado por la lanza y herido en sus manos y pies; y por esas llagas, el Señor derramará sobre la dinastía de David un espíritu de consuelo y arrepentimiento, como lo confirma Pedro, en su 1ª carta 2,24: “Sus llagas os han curado”.

    La Carta a los Hebreos considera que el pecado es una crucifixión renovada: "Crucifican otra vez al Hijo del Hombre en sí mismos" (6,6). "Llorarán como se llora al hijo primogénito". Mas no basta llorar, porque el llanto humano no puede purificar sus conciencias del pecado. ¿Pues, qué? "Aquel día manará una fuente para que en ella puedan lavar su pecado y su impureza" Zacarías,13,1. De las llagas de Jesús nace la Iglesia y manan los sacramentos y la gracia, fuentes de agua viva que curan y otorgan al mundo la amistad con Dios y la vida eterna. Como la fuerza de la gracia de Dios sólo la resiste la obcecación y la ceguera espiritual, si se arrepienten de su inmenso pecado, su misericordia infinita les perdonará.



  3. A Jerusalén camina Jesús, a que le crucifiquen, le descoyunten, le destrocen los pies y las manos y le hieran su costado, para merecer el arrepentimiento y el perdón a los hombres, que tienen el alma reseca como tierra yerma; el corazón duro, encerrado en sus límites estrechos, enroscado en el caparazón de su egocentrismo, en su coraza inmisericorde. No tienen amor, no tienen virtud, carecen de mansedumbre; por eso les voy a infundir el fruto de mi Espíritu: "amor, alegría, paz, tolerancia, agrado, generosidad, lealtad, sencillez, dominio de sí" (Gal 5,22).


  4. Aunque la inmensa mayoría lo ignore, la humanidad está sedienta de la gracia y de la misericordia de Dios: "Mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua". Pero ya tiene donde apagar su sed de trascendencia: "Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos" Salmo 62, por la dulzura del agua de la fuente de tus llagas "Hemos sacado aguas con gozo de las fuentes de la salvación" (Is 12,3),.



  5. Jesús quiso saber lo que pensaba de él la gente, lo que decían de su identidad. Y quiso conocer también, la opinión de sus discípulos. Conocemos ya qué pensaba la gente del Mesías, ellos también: luchador, conquistador, triunfador, a lo sumo, un profeta. Pedro, en nombre de todos, confesó que era el Mesías. Y no era poco, aunque no era adecuada la confesión.

    Para los judíos, el Mesías era la esperanza de su pueblo porque sería el conquistador de todos los pueblos que les habían dominado a ellos, y el vengador de todas las injusticias y expolios que habían soportado, aunque dotado de un marcado espíritu religioso.

    Así pensaban los esenios de Qumram, donde se ha encontrado un papiro titulado “Reglas de la guerra” en la que se detallan las maniobras militares de la batalla final. Así también los discípulos, en tardío ambiente prepascual. Pero Jesús ha anunciado que va a padecer mucho, que va a triunfar como el Siervo de Yahvé que describe Isaías.

    Sólo después de la Pascua, Pedro confesará y pregonará al Mesías que ha muerto colgado de un madero, a quien el Señor ha resucitado, que está sentado a su derecha y que ha sido constituido Señor y Juez de la historia (Hch 2,22). Pero para llegar a ser Señor y Juez de la Historia, el que era Alfa y Omega, el Hijo de Dios encarnado, tenía que padecer mucho. No es un superhombre, sino un hombre ante quien se vuelve el rostro, que por obediente, será exaltado.



  6. Pedro y los demás discípulos tenían que madurar mucho hasta poder asimilar la profecía de Jesús: "El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día" Lucas 9,18. Ha habido tiempos en que representar algo en la Iglesia, era sinónimo de privilegio y de ascenso en el escalafón y de poder. Y a ello no pocos aspiraban. Cristo era un escalón y puede seguir ocurriendo, no sólo en la jerarquía, sino también en organizaciones numerosas, más, cuanto más prestigiosas y numerosas.

    Todo es causa de desprestigio y desfiguración y esterilidad del evangelio. También en lo social y político ha existido el mesianismo. El marxismo lo fue, tras el paraíso del proletariado, vencedor del capital. También lo fue el nazismo, eliminando las razas consideradas espúreas, en busca de la súper-raza. Para el nazismo, Hitler era el mesías, como lo es Castro para los de aquella isla. Y no quiero seguir; sólo diré que el Papa ha definido los nacionalismos exasperados como la idolatría actual.



  7. Por eso, urge que también nosotros nos formulemos la pregunta de Jesús: Para mí, ¿quién es Jesús? Los teólogos de todos los tiempos han inquirido la identidad de Jesús. La Iglesia nos enseña unas cuantas verdades inmutables sobre su naturaleza divina y humana, y sobre su Persona.


    Pero para llegar a su conocimiento más íntimo y pleno, es necesario toda una vida de contemplación de esa maravilla estupenda de amor que el Padre nos ha entregado por pura gracia. Y no bastará una vida, ni todas las vidas y todos los corazones del mundo, que han existido, existen y existirán, si no nos lo revela el Padre, y el auxilio de su Madre Santísima, pues "hay mucho que ahondar en Cristo, porque es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que, por más que ahonden, nunca les hallan fin ni término, antes van hallando en cada seno nuevas venas de riquezas acá y allá" (San Juan de la Cruz).


  8. El camino mejor y más seguro para prepararnos a ir conociendo a Cristo es asociarnos a su cruz, llevarla con paz cada día y seguirle con abnegación. El seguimiento es causa de conocimiento, como el mayor conocimiento, conduce a seguirle con mayor fidelidad, aun en medio de la noche del sufrimiento y a través de la muerte. Porque el conocimiento engendra amor. El amor que nos ha traído hoy a celebrar y cantar su amor escuchando decir al Maestro: "El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo".



  9. "Cargar la cruz", es escuchar el mensaje del Reino, imitar al Maestro y seguir su ejemplo hasta el fin: ofrecer siempre el perdón, amar sin límites, vivir abiertos al misterio de Dios y mantenerse fieles, aunque esto signifique riesgo de muerte; es aceptar vivir en el mundo que vivimos, lleno de envidias y rencores, de competición y de empujones para subir más alto y de pisotones para que no se llegue, y de tirones de chaqueta para que no se suba. Es aceptarse uno a sí mismo, con sus defectos y limitaciones.


  10. "Para entrar en las riquezas de su sabiduría la puerta es la cruz, que es angosta. Y desear entrar por ella es de pocos; mas desear los deleites a que se viene por ella es de muchos" (Ib Canción 36,13).


  11. Con el corazón abierto a la acción de gracias por todos sus dones, acerquémonos todos al altar a inmolar nuestro viejo hombre con Cristo para poder recibir con fruto de vida eterna su sacramento de amor.







Jesús Martí Ballester
jmarti@ciberia.es



 

 
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