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| El verdadero culto a la Santísima Virgen María en todas sus advocaciones y santuarios. |
El verdadero culto a la Santísima Virgen María en todas
sus advocaciones y santuarios.
El Papa Pablo VI publicó una Magistral
Encíclica títula "Marialis Cultus", sobre cómo debe ser el verdadero
culto a María por parte de los cristianos.
En ella, coloca
4 notas de devoción y veneración que son comunes para
todas las advocaciones marianas, y para todos los santuarios marianos
visitados.
Releámolas un poco y comentémolas brevemente:
La “Marialis Cultus”.
Según la Exhortación
Apostólica “Marialis Cultus” (El Culto Mariano) de Pablo VI, en
1975, retomada constantemente por el Magisterio de la Iglesia, el
culto de veneración mariano debe tener las siguientes notas:
1. ANTROPOLÓGICO.
Es decir, María plenamente mujer, más cerca de nosotros (por
su ser creatural), que de Dios (que es infinito). La
mujer de nuestro siglo, de nuestro país, de nuestra provincia,
nuestra ciudad, nuestro barrio.
¿Cómo sería María hoy, llena de
gracia, en el siglo XXI, en las actuales circunstancias de
América, Asia, África, Europa, Oceanía?
Sin duda cumpliendo la Voluntad de
Dios, pero de manera distinta a la de Palestina hace
20 siglos, por la diversidad de circunstancias que le tocarían
vivir.
¿Cómo sería María hoy en el hogar, en la
empresa, en la oficina, en la política, en los emprendimientos
sociales, en su concepción de la economía de los pueblos?.
Cómo aplicaría su “genio femenino”, según la acertada expresión de
Juan Pablo II, tan necesario para que la humanidad sea
más humana y justa?. Eso quiere decir María plenamente mujer.
2.
Otra nota del culto mariano es que debe ser BÍBLICO.
Más que arrancar de leyendas, florecillas, apariciones y/o visiones, el
verdadero y sólido culto mariano debe tener su fundamento en
la Sagrada Escritura. Y no faltan motivos para ello.
María,
la primera y la más perfecta discípula del Señor, que
mantuvo su “Sí” desde la concepción hasta estar de pie
sufriendo con su Hijo al pie de la Cruz.
La
que arrancó su primer milagro a Jesús en Caná de
Galilea, cambiando por su pedido el agua de la Antigua
Alianza en el vino de lo que sería la Nueva
Alianza sellada por Su sangre.
La que recibió el “piropo”
de su Hijo de ser feliz por escuchar la Palabra
de Dios y cumplirla, más que por su maternidad en
la carne. La que solicita a los discípulos de su
Hijo que todo “hagan lo que Él les diga”.
La
que, en fin, es entregada como Madre a los cristianos
al pie de la Cruz. ¿No hay suficiente fundamento en
la Sagrada Escritura, fuente de Revelación escrita de nuestra fe,
que debemos buscar en otros lados?
Sin duda, que revelaciones
y visiones, siempre son privadas, aún las aceptadas por la
Iglesia (cfr. Catecismo Nº 67), y AYUDAN a vivir la
Revelación Pública (Sagrada Escritura y Tradición Viva) en una época
determinada de la historia, pero nunca sustituyen ni superan la
Revelación, sino que están a su servicio, y no van
más allá de ella.
3. Otra nota del culto mariano de
veneración es que debe ser LITÚRGICO.
El culto mariano debe
manifestarse principalmente a través de la liturgia.
Las devociones privadas pueden
ayudar (el ángelus, el rosario, los primeros sábados, advocaciones particulares,
triduos y novenas, y, es más, son recomendables), pero siempre
deben conducir y desembocar en la oración pública de la
Iglesia, en la Liturgia.
Las fiestas marianas del calendario litúrgico
que señalan sus prerrogativas singulares, los tiempos litúrgicos fuertes como
los de Adviento y Navidad, que tienen una fuerte presencia
suya, deben servir no sólo de apoyo, sino de cumbre
de nuestra oración y devoción hacia la Madre de Jesús
y nuestra Madre.
4. Y la última nota que señala Pablo
VI en Marialis Cultus, y que siempre es retomada por
el Magisterio de la Iglesia, es que el culto mariano
de veneración deber ser
ECUMÉNICO.
María, la Madre de Jesús,
es la Madre de todos los cristianos.
No sólo de
los católicos.
Cristianos son los católicos, ortodoxos, evangélicos en general,
anglicanos, luteranos, calvinistas, etc.
(No consideramos aquí a las sectas
no cristianas, como los Testigos de Jehová, Mormones y New
Age).
Si los cristianos en general son hermanos de Jesús,
los hermanos tienen, como consecuencia, una misma Madre. Por eso
María es amada, de distintos modos y con distintas manifestaciones,
por católicos, ortodoxos y evangélicos.
Y ninguno tiene que minusvalorar
o despreciar la forma en que el otro la ama
y le manifiesta su amor.
Al principio dijimos que, para
ello, no hay que caer ni en el “maximalismo mariano”
(exageración en el culto y sus manifestaciones) ni en el
“minimalismo mariano” (no tenerla en cuenta).
El culto ecuménico tiene
en cuenta al cristiano de otra denominación, y busca no
ofenderlo ni con las expresiones ni con las manifestaciones, ya
sea por su exageración o por no querer tenerla en
cuenta.
Siempre en el equilibrio está la virtud, y no
debemos escandalizarnos unos a otros en las manifestaciones de fe.
Ya dijo Jesús sobre lo que correspondía a los que
escandalizan a los “pequeños” (cristianos) que creen en Él (Mc
9, 42 y //).
VOCACIÓN UNIVERSAL A LA SANTIDAD.
Esta vocación, anticipada
en la Inmaculada y consumada en la Asunción, es la
vocación de todos los fieles cristianos, según el capítulo V
de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano
II.
LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PERTENECE A
SU SANTIDAD, A SU PLENITUD DE GRACIA, CON TODAS LAS
VIRTUDES, DONES, FRUTOS, CARISMAS Y BIENAVENTURANZAS DEL ESPÍRITU SANTO, plenitud
que todos estamos llamados a alcanzar en el desarrollo normal
de la vida cristiana.
ICONO ESCATOLÓGICO DE LA IGLESIA.
(Catecismo 972 –
Lumen Gentium 68-69)
María Inmaculada, con su Asunción en cuerpo y
alma glorificada a los cielos, es figura final de lo
que seremos todos los cristianos.
Imitémosla en su santidad, y con
ella seremos glorificados junto a su Hijo Jesús.
Gustavo Daniel D´Apice Profesor
de Teología Pontificia Universidad Católica http://es.catholic.net/gustavodaniel http://gustavodaniel.autorcatolico.org
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