 |
| ¿Cuál es el sentido del sufrimiento cristiano? |
¿Cuál es el valor del sufrimiento cristiano?
Los sentidos del
sufrimiento. Y... ¿se puede ser feliz sufriendo?
La enfermedad, el sufrimiento
y el dolor, son un gran problema para los hombres
y mujeres de todos los tiempos. Parecen innatos al ser
humano. Lo acompañan durante toda su vida. Y denotan su
impotencia, límite, finitud; y presagian su destino final: La muerte.
En
él producen sentimientos de angustia y tristeza, de depresión, de
rebeldía, sino contra Dios, con quienes los atienden y son
responsables de su salud.
En la Antigua Alianza, adquiere características de
lamento, acompañado por el pedido de curación a Dios, y
un movimiento hacia la conversión y el pedido de perdón
y reconciliación, pues con facilidad se vincula la enfermedad y
el dolor a alguna falta cometida. De allí la tan
mentada pregunta: “-¿Por qué?”.
Y si la enfermedad y el dolor
se vinculan al pecado y al mal, la vida y
la salud total se las relaciona con la fidelidad a
Dios y a sus mandamientos.
Por ello, cuando se habla escatológicamente,
con un sentido final, y esto resalta en los Apocalipsis,
se pone de manifiesto que allí “no habrá llanto ni
dolor”, se perdonarán las faltas y serán destruidas la enfermedad,
la muerte y el dolor.
Pero también, para los que los
saben descubrir, producen frutos y efectos positivos.
Antes que nada. Tendríamos
que decir que el sufrimiento es el padecimiento subjetivo (personal)
de algún mal.
El mal.
El mal no tiene consistencia metafísica: “No
es”.
Podemos definirlo como la carencia de un bien que
debería estar y no está: Por ejemplo, la enfermedad es
un mal en cuanto que carencia de la salud que
debería acompañarnos y no lo hace. La mutilación de alguno de
nuestros miembros es un mal, pues correspondería a la naturaleza
humana el tener la plenitud de sus miembros.
Pero no es
un mal que a un hombre o a una mujer
le falten alas, porque eso no es un bien correspondiente
a su naturaleza. Sí sería un mal para el águila
el no tenerlas, o que le falte alguna, pues en
ella sí es un bien que debería estar.
Veamos ahora los
sentidos del sufrimiento, las respuestas que se pueden dar ante
él (si las hay), la parte positiva que algunos logran
entrever.
Sentidos del sufrimiento.
¿Trasgresión?
Un sentido también innato en el ser humano
es el del castigo o pena por una transgresión o
pecado. Como decíamos antes, queda patentado en la pregunta:-“-¿Por qué?”.
O: “-¿Por qué a mí?”. O: “-¿Qué hice?”. O la
apelación a la justicia o injusticia de Dios.
¿Prueba?
Otro sentido es
el de la prueba. Es el caso de Job, cuyo
libro es fácil y hermoso de leer, como una narración
pedagógica del Antiguo Testamento. Enseña sobre el sentido del dolor.
Antigua
y ancestralmente, y metido como en el inconsciente colectivo de
la humanidad, la enfermedad y el dolor estaban vinculadas a
la transgresión, a la culpa y a la pena correspondiente
a esa trasgresión.
En el libro de Job, como vemos en
los capítulos 1 y 2, Satanás se aparece entre los
ángeles a Dios, para decirle que Job le es fiel
porque le da los mejores bienes, y porque tiene la
mejor mujer y los mejores hijos de todo Israel.
Para probar
la fidelidad de Job, Dios permite que Satanás le quite
primero todos los bienes, y luego a todos sus hijos.
Job permanece fiel a Dios, a lo que Satanás responde:
“-Piel por piel”. Dios permite que se apodere de Job
una úlcera maligna, pero resguarda su vida.
Era tan lamentable el
estado de Job, que se sienta sobre la basura y
con un pedazo de teja se rascaba la espalda. La
esposa lo increpa diciéndole: “-Maldecí a tu Dios y morite”,
a lo que Job responde célebremente: “-Desnudo salí del vientre
de mi madre, y desnudo volveré a él. El Señor
me lo dio, el Señor me lo quitó, ¡bendito sea
el nombre del Señor!”.
Y en todo esto no pecó Job.
Los
amigos tratan de convencerlo de que los males que lo
aquejan son efecto de alguna falta, pero Job proclama constantemente
su inocencia.
Finalmente interviene Dios, asegurando la inocencia de Job, pero
enseñándole al que le pedía cuentas de su actuación, que
no es quién para pedirle razones, y que el portarse
bien no significa que todo le va a ir bien.
Sino sería algo interesado. Hay que amar por amar, no
para que a uno le vaya bien en todo... (Nosotros
tenemos el ejemplo de Jesús, que nos dejó un camino
para seguir).
Como en los mejor cuentos, Job vuelve a tener
una innumerable cantidad de bienes, y los mejores hijos e
hijas de Israel.
Fue un sentido de prueba a la fidelidad
de Job, y sin duda que recibió también una enseñanza.
¿Pedagogía
de Dios?
Este sentido educativo o pedagógico del sufrimiento, se manifiesta
en la maduración de la persona. Por supuesto, un ejemplo
lo tenemos en el Señor Jesús, que desde la cruz
perdona a sus torturadores.
Ejemplo probado de madurez espiritual es la
compasión, la misericordia y el perdón, principalmente con aquellos que
nos hacen sufrir, y nada más cerca de la inmadurez
en el Espíritu, es la queja constante e insolente, para
con Dios y para con los demás.
Sentido redentor.
Por último, tenemos
que considerar su sentido redentor, de salvación.
Ayuda a la propia
redención y salvación y, completada ésta, ayuda a redimir a
los demás.
Como decía San Pablo: “-Completo en mi cuerpo lo
que falta a los padecimientos de Cristo, a favor de
su Cuerpo, que es la Iglesia”.
No es que a la
pasión de Jesús le falte algo, pero ha dejado un
lugar para que incorporemos a ella nuestros propios sufrimientos, haciéndolos
valiosos y con sentido.
Eso sí, como el de Jesús, nuestro
sufrimiento debe ser “amoroso”.
La alegría de padecer.
Por último, tenemos la
enseñanza de San Pablo: Él “se alegra” en los sufrimientos.
Parte
de la experiencia del Resucitado que se le manifiesta en
el camino a Damasco, y desde la gloria de la
cruz se alegra de padecer por Jesús en favor de
sus hermanos.
Es más, manifiesta que está “crucificado” con Cristo. Vive
él, pero en realidad, no es él, sino que Cristo
vive en él.
¿Se puede ser feliz así?
Podemos concluir que el
sufrimiento, para el cristiano maduro, es como un regalo de
Dios, que no solamente lo une a Él, sino a
sus hermanos, a los que ayuda a redimir.
Terminemos con una
frase de Teresita del Niño Jesús, la cual decía que
le era “imposible sufrir”, y que deseaba estar apartada de
Cristo (“en el infierno”, máximo sufrimiento posible), para que alguien
Lo ame desde allí.
No podemos negar la felicidad de Jesús
en el cumplimiento de la Voluntad del Padre, aún en
el sufrimiento, el dolor y la muerte.
San Pablo se alegra
de padecer por Jesús y los hermanos.
Teresita ama tanto que
ya le es “imposible sufrir”.
Sí, aún en medio de los
sufrimientos, el dolor y la muerte que nos rodea y
nos invade, podemos ser felices en Jesús Resucitado, participando de
su gloria y de su poder amoroso-redentor.
Gustavo Daniel D´Apice Profesor
de Teología |
|