Autor: P. Alberto Ramírez Mozqueda Las bodas de Caná
En Caná, Jesús comienza sus milagros y sus signos eficaces para la salvación de todos los hombres. Los mismos discípulos comenzaron a creer en Jesús desde ese día.
Las bodas de Caná
Ningún acontecimiento familiar mueve a propios y extraños
como una boda. Son familias enteras que se unen para
la creación de una familia. La alegría es grande en
todas las épocas y en todos los continentes. Todos los
pueblos tienen sus propios rituales y sus liturgias familiares para
obsequiar a los novios que se preparan para emprender toda
una vida juntos.
Israel tenía su propio ritual, su liturgia propia,
donde se mezclaba la alegría humana, y la religiosa, que
eran como dos rostros de una misma alegría religiosa. En
el pueblo sencillo, las gentes arreglaban con mucho tiempo
la fiesta de bodas. En la vida monótona y
gris de los pueblos alejados de la gran capital, Jerusalén,
la boda era un momento aparte. Era sentirse gentes, sentirse
amados, sentirse unidos, sentirse hombres, y hombres amados de Dios
porque les confiaba su amor y su cariño.
En la
fiesta de bodas se entremezclaban los cantos, el baile, la
comida y también el vino, que no era propiamente
una bebida de placer, sino un alimento, propio de estos
días. La fiesta duraba 7 días poco más o menos,
según el poder económico de las familias. Se hacía en
el patio comunitario de varias familias, y podían participar propiamente
todos los moradores del pueblecito.
El Evangelio de San Juan
nos habla también de una boda, y comienza diciendo sencillamente:
“Al tercer día, hubo una boda en Caná de Galilea...
fue una boda muy especial... pues a ella estaba invitada
María, la Madre de Jesús. Ella fue invitada a servir,
a atender a los invitados, era una familia pobre, sencilla...
y también asistió Jesús, que llegó acompañado de los primeros
discípulos que fue eligiendo en el camino. Ahí volvieron a
encontrarse María y Jesús que ya tenía varias semanas de
haber dejado el pobladito de Nazaret. Fue grande la alegría
del encuentro, sobre todo para María que no sabía si
permanecer en Nazaret, o seguir discretamente a su hijo
por los caminos de Israel.
Los hombres estaban aparte, en pequeños
grupos, entre los que destacaba el de Jesús, por su
alegría y su cálida apertura. Las mujeres ocupaban los lugares
cercanos al fogón, para atender las necesidades de los comensales.
Y ocurrió que con esa intuición y esa mirada que
sólo tienen las mujeres y las madres, María se dio
cuenta de que los comensales eran mas de la cuenta
y que el vino no iba a alcanzar para todos.
Era un gran problema para los novios, pues por muchos
años serían recordados como los pobretones que no habían atendido
adecuadamente a sus invitados que venían de lejos al festejo.
Por
eso María, sin querer ser notada, se acerca discretamente a
Jesús, y al oído le dice: “Hijo, estos pobres muchachos
ya no tienen vino”. No pidió nada, no
exigió nada. Sólo fue una sugerencia. Cristo lo entendió así.
Y después de un momento que pareció de rechazo o
de reproche, Jesús, no por motivos humanos, no por
salvar anecdóticamente la honra de los novios, sino para comenzar
a manifestar su gloria, se decide a atender a
la invitación de María.
María, por su parte, sin entender totalmente
la respuesta de su Hijo, pero con verdadera entereza, va
con los novios y les dice: “Hagan lo que él
les diga”. Bendita palabra de María. No volverá a pronunciar
palabra en todo el Evangelio, pero con eso nos bastará
para saber lo que María desea, y lo que María
puede hacer. Es la palabra para todos los que
quieren la paz, el amor, el consuelo, y es la
manera definitiva de entrar a formar parte del Reino de
Dios: Hacer la voluntad de Cristo el Hijo de Dios.
Los
sirvientes se miran unos a otros extrañados de que Jesús
les diga que llenen de agua las tinajas para las
purificaciones de los invitados. Si ya están completos, ¿para qué
más agua? Pero son sirvientes, y tienen que obedecer. Cuando
las tienen llenas, van con miedo de prestarse a una
broma, al maestresala para que pruebe aquello. Y viene la
sorpresa. Es vino excelente. Vino del bueno, y son seiscientos
litros. Nadie da crédito a sus ojos y a su
paladar. Sorpresa del maestresala, sorpresa de los sirvientes y ¡Sorpresa
del novio, que no se daba cuenta de nada!
La fiesta transcurrió con una gran algarabía, dando gracias a
Dios de tener tales invitados. Para Cristo fue un día
de gloria. Hacía poco que había santificado las aguas en
el Jordán, y ahora transformaba el agua en vino, que
presagiaba el vino nuevo, el de la redención, el de
la Nueva Alianza, el vino de su muerte y su
resurrección.
Ayer había sido el Padre el que lo daba
a conocer y lo respaldaba: “Este es mi Hijo Amado,
en quien tengo todas mis complacencias”. Hoy era María la
que lo presentaba y animaba a que mostrara ya delante
de los hombres la misión a la que había sido
enviado: a anticipar el Banquete de las bodas del
Cordero; “el Reino de Dios es, dirá San Marcos, es
como un rey que preparó un festín de bodas para
su Hijo”.
Ayer Cristo se humilló en el Jordán
realizando un verdadero gesto de penitencia, y hoy en Caná
deja ver su gloria, en un hermoso juego de
luz que se vela y desvela, y sabe compartir y
colaborar a la alegría humana en un banquete de bodas.
Con
el bautismo en el Jordán, Jesús comienza su vida pública.
En Caná, Jesús comienza sus milagros y sus signos eficaces
para la salvación de todos los hombres. Los mismos
discípulos comenzaron a creer en Jesús desde ese día.
María, enséñanos
a querer lo que Jesús quiere, a desear lo que
Jesús desea, y a hacer en todo, la voluntad de
tu Hijo Jesucristo, según tu recomendación: “Hagan lo que él
os diga”.
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Me encantó esta reflexión acerca de las BODAS DE CANÁ, varios elementos para trabajar en mi Comunidad. Con mucho cariño para el Padre Alberto Ramirez mi saludo con agradecimiento y ojalá coloque la cita biblíca en una proxima oportunidad
Me encantó esta reflexión acerca de las BODAS DE CANÁ, tomé de él varios elementos para trabajar en mi Comunidad. Con mucho cariño para el Padre Alberto Ramirez mi saludo y ojalá coloque la cita biblíca en una próxima oportunidad