Autor: P. Fernando Pascual L.C. | Fuente: Catholic net Iglesia evangelizada y evangelizadora. Resumen de la exhortación "Evangelii nuntiandi" de Pablo VI
Breve resumen de la exhortación "Evangelii nuntiandi" de Pablo VI, en vistas a la "nueva evangelización".
Iglesia evangelizada y evangelizadora. Resumen de la exhortación "Evangelii nuntiandi" de Pablo VI
El 8 de diciembre de 1975, a los 10 años
de la conclusión del concilio Vaticano II, y como fruto
de la III asamblea general del sínodo de los obispos
(1974), Pablo VI publicaba la exhortación apostólica postsinodal "Evangelii nuntiandi",
centrada en el tema de la evangelización.
Vamos a recorrer de
modo breve algunas ideas fundamentales de esta exhortación, que ofrece
no sólo líneas concretas de acción pastoral, sino, sobre todo,
un alimento fecundo para desarrollar la labor misionera desde la
profunda conciencia que la Iglesia tiene de sí misma.
La introducción
(nn. 1-5) de este documento recoge el tema del sínodo
en la formulación de tres preguntas fundamentales: -¿cuál es la eficacia
actual de la energía que está presente en la Buena
nueva? -¿hasta dónde y cómo está transformando al hombre de hoy? -¿qué
métodos usar para que su poder sea más eficaz? (n.
4)
Las tres preguntas se resumen en esta: "la Iglesia, ¿es
más o menos apta para anunciar el Evangelio y para
inserirlo en el corazón del hombre con convicción, libertad de
espíritu y eficacia?" (n. 4).
Es decir, se trata de reconocer
la eficacia salvífica del Evangelio, y analizar si realmente está
llegando hoy día al mundo y al hombre que sigue
necesitado de salvación.
1. Del Cristo evangelizador a la Iglesia
evangelizada
El capítulo primero explica cómo toda la evangelización arranca
desde Cristo, que ha venido a anunciar la buena noticia,
es decir, el Reino de Dios (n. 8) y la
liberación del pecado (n. 9).
La misión esencial de la Iglesia,
que nace de la evangelización de Jesús, es llevar el
Evangelio a todos los hombres, lo cual es posible cuando
Ella se evangeliza a sí misma como depositaria y contenido
del Evangelio que quiere comunicar. Así, "enviada y evangelizada, la
Iglesia misma envía a los evangelizadores" (n. 15).
Este capítulo nos
pone, pues, en un marco cristocéntrico y salvífico, lo cual
permite comprender la misión de la Iglesia y su sentido.
Apartarse de esta misión significa perder la propia esencia.
2. ¿Qué
es evangelizar?
La evangelización consiste en transformar a la humanidad, y
esta transformación sólo en posible mediante la transformación de cada
hombre a través de la novedad del bautismo y de
la vida según el Evangelio.
Para ello es importante el testimonio
(los hombres de hoy escuchan más a los testigos que
a los maestros y, si escuchan a los maestros, es
en tanto en cuanto que son testigos, como se dirá
más adelante en el n. 41).
Pero no basta el testimonio:
hay que anunciar el Evangelio, pues el anuncia es un
aspecto del mismo mensaje evangélico, y quien lo acoge se
convierte automáticamente en transmisor: "es imposible que un hombre haya
acogido la Palabra y se haya entregado al Reino sin
convertirse en alguien que a su vez da testimonio y
anuncia" (n. 24).
3. Contenido de la evangelización
Pablo VI inicia el
capítulo tercero con una síntesis: la evangelización consiste en anunciar
el Amor del Padre revelado por Cristo en el Espíritu.
Una
categoría moderna para comprender buena parte de este amor es
la de la liberación, que expresa bastante bien el tema
fundamental de la salvación en Cristo. Es un tema que
el Papa afronta ampliamente, sobre todo para evitar algunas interpretaciones
de la liberación que vacían al Evangelio de su contenido
profundamente religioso.
4. Medios de la evangelización
Basados en el testimonio, que
no puede faltar en la evangelización (n. 41), hay que
dar su lugar a la Palabra, de manera especial en
el mundo de hoy, que da tanta importancia a la
imagen (n. 42).
Pablo VI ofrece aquí un análisis de los
"púlpitos del siglo XX", los nuevos medios de comunicación social
(n. 46), sin que por ello se deje de lado
la evangelización realizada "de persona a persona", en el contacto
privado, que tanto ayuda a promover la convicción en los
corazones (n. 46).
5. Destinatarios de la evangelización
La evangelización abarca un
sinfín de ámbitos y de personas, pues el mandato de
Cristo ha de ser mantenido siempre y en todo lugar:
"¡A todo el mundo! ¡A toda criatura! ¡Hasta los confines
de la tierra!" (n. 50).
Hay que iniciar con los no
creyentes, a los que estamos llamados a acercar a la
fe por medio de una pre-evangelización, apoyada no sólo con
la predicación explícita, sino también con el arte, los intentos
científicos, la filosofía y los recursos legítimos que pueden ser
ofrecidos al corazón del hombre (n. 51).
Asimismo, el anuncio debe
llegar a aquellos que profesan credos religiosos ajenos a Cristo
y que contienen ya algunas semillas del Verbo, pero sin
haber alcanzado la plenitud de la verdad que posee la
Iglesia católica.
Urge afrontar de modo especial el problema del secularismo
ateo, que vacía al hombre de los necesarios preámbulos para
la fe en Cristo.
La solicitud de la Iglesia debe llegar
a los mismos bautizados no practicantes, que debilitan en ellos
la fuerza de la nueva vida en Cristo.
El capítulo quinto
concluye con una valoración positiva de las comunidades eclesiales de
base, a las que Pablo VI contrapone las otras comunidades
de base, que no son eclesiales por atacar y separarse
de la vida de la Iglesia (n. 58).
6. Agentes de
la evangelización
Este capítulo es introducido con una importante premisa: la
evangelización es siempre un acto eclesial, y no individual. Por
lo tanto, todo evangelizador actúa según el poder que recibe
de la Iglesia, la única evangelizadora (n. 60).
Desde esta premisa,
Pablo VI hace un profundo estudio sobre las relaciones entre
la Iglesia universal y las iglesias particulares (nn. 62-64) que
le lleva a concluir que toda la Iglesia debe evangelizar,
pero hay diferentes tareas evangelizadoras (n. 66).
De un modo sencillo
el capítulo habla de los distintos evangelizadores: el Papa (cuya
potestad plena, suprema y universal consiste, sobre todo, en predicar
y hacer predicar el Evangelio, n. 67), los obispos y
sacerdotes, los religiosos, los seglares, la familia (la iglesia doméstica)
y los jóvenes.
El capítulo concluye con una valoración de aquellos
ministerios laicales que no están ligados al sacramento del orden
sagrado (n. 73).
7. Espíritu de la evangelización
Toda la labor evangelizadora
de la Iglesia, todo el esfuerzo que se ponga en
las técnicas y en la preparación de los anunciadores, serán
infecundos si no están vitalizados por el Espíritu Santo, el
agente principal de la evangelización. Es oportuno recordar que la
misma idea aparece en la encíclica "Redemptoris missio" (del año
1990) de Juan Pablo II, en los nn. 21-30.
Desde esta
premisa, Pablo VI recuerda una serie de cualidades que no
pueden faltar en la evangelización: -La autenticidad del evangelizador, algo que
se exige mucho en el mundo de hoy, especialmente entre
los jóvenes (n. 76). -La unidad de los cristianos, para evitar
el escándalo de la división (n. 77). -La valoración de la
verdad, en la que juegan un papel importante todos los
anunciadores (incluidos los padres y los maestros, n. 78). -El amor
hacia la persona a la que se transmite el Evangelio
(n. 79).
Desde luego, no faltan dificultades, la principal de las
cuales es la falta de fervor, que se manifiesta en
la fatiga y la desilusión, el acomodamiento al ambiente y
el desinterés, en la falta de alegría y de esperanza
(n. 80). Asimismo, se dan dificultades doctrinales, en buena parte
refutadas de nuevo por Juan Pablo II en la encíclica
"Redemptoris missio" (ya antes recordada) y en la "Nota doctrinal
acerca de algunos aspectos de la evangelización" (3 de diciembre
de 2007), preparada por la Congregación para la Doctrina de
la fe y aprobada por el Papa Benedicto XVI.
Conclusión
Pablo VI
terminaba la "Evangelii nuntiandi" con una renovada exhortación, llena de
fe y de confianza, a revitalizar la vida misionera de
la Iglesia.
Ciertamente, los motivos ya han sido tocados a lo
largo del documento, pero conviene recordar que es perentorio responder
"a las necesidades y expectativas de una multitud de hermanos,
cristianos o no, que esperan de la Iglesia la Palabra
de salvación" (n. 81).
Esta Palabra de salvación llegará a
todos los hombres por medio de una vida misionera, que
debe ser parte de la fe en Cristo Jesús de
todo cristiano, pues el que recibe el mensaje del Evangelio
es el ser humano que, desde su condición de persona
que vive en comunidad, debe proyectar a todos los ámbitos
de su vivir (el individual y el social) la verdad
que ha acogido y que da sentido a su vida.
Una
aceptación parcial, reducida al nivel de las ideas o de
una práctica dominical sin sentido ni reflejo en los demás
ámbitos del existir humano es una traición al mismo Evangelio,
que debe llegar, como resultado de la fuerza del Espíritu,
al corazón del hombre para formar en él a un
ser nuevo, con todo lo que implica el renacimiento en
la fe. Un renacimiento que incluye de modo especial el
compromiso misionero.
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Les agradezco infinitamente, la sencillez y forma entendible del resumen de la exhortacion Evangelli nuntiandi, de esta manera se puede entender y comprender con sencilles los capitulos con sus respectivos numerales. No saben de cuanta ayuda me servirà. Dios continue bendiciendolos y derrame constantamente su Santo Espìritu en ustedes. los amoooooooooo....