Podemos considerar que el éxito en el noviazgo está en una elección acertada, en un verdadero conocimiento mutuo, y en un amor auténtico entre los dos.
El éxito en el noviazgo I
(Conferencia pronunciada en el Casino de Torrevieja, Alicante,
en Febrero de 1977)
Vamos a comenzar esta «Semana de
Conferencias» a la juventud.
El primer tema que vamos a tratar
hoy es « El éxito en el noviazgo».
El noviazgo es
un éxito si el matrimonio que le sigue es un
éxito. Si el matrimonio es un fracaso, demuestra que el
noviazgo ha sido un fracaso. Pues la razón de ser
del noviazgo es el matrimonio. El noviazgo no tiene razón
de ser en sí mismo. Es en orden al matrimonio.
Nadie se hace novio para que el noviazgo dure diez
años. A algunos les dura porque empezaron demasiado pronto o
se casaron demasiado tarde. Pero el noviazgo es un estado
de transición, no definitivo.
Aunque los novios lo hayan pasado fenómeno
en el noviazgo, y hayan disfrutado de lo lindo, si
después el matrimonio es un fracaso, ese noviazgo también fue
un fracaso. El noviazgo no es para pasarlo bien. No
es para disfrutar. El noviazgo es para preparar un matrimonio
feliz. Por lo tanto, podemos decir que en tanto es
el noviazgo un éxito en cuanto sea un éxito el
matrimonio que le sigue.
Se oye hoy mucho decir que el
matrimonio está en crisis, que hay muchos matrimonios fracasados. Lo
primero que digo es que los fracasos matrimoniales llaman más
la atención, son más noticia: porque un matrimonio feliz no
es noticia, no se comenta, no llama la atención. Pero
los sacerdotes, que somos los que conocemos las conciencias, sabemos
que hay muchos matrimonios que se quieren y son felices.
Pero estos matrimonios no son noticia, no van al psiquiatra,
no llaman la atención.
Y desde luego afirmo que lo
que está en crisis, más que el matrimonio, es el
noviazgo. Cuando ves esas parejas de novios que llevan su
noviazgo con tanta ligereza y frivolidad, comprendes que necesariamente tienen
que fracasar después en el matrimonio. Muchos matrimonios fracasan porque
su noviazgo fue una calamidad. Esos matrimonios tenían que fracasar
necesariamente. Lo normal es que de un mal noviazgo, salga
un mal matrimonio; y que de un buen noviazgo, salga
un buen matrimonio. Habrá excepciones, pero son las menos.
Podemos
considerar que el éxito en el noviazgo está en una
elección acertada, en un verdadero conocimiento mutuo, y en un
amor auténtico entre los dos.
***
Lo primero, una
elección acertada. Si te equivocas al elegir, es muy fácil que
tu matrimonio sea un fracaso. Si eliges mal, no puedes
esperar que el matrimonio te vaya bien. Si eliges el
camino que no es, no llegarás a donde quieres. Por
eso la elección es muy importante, porque después hay que
aceptar a la persona como es: el intentar cambiarla en
su modo de ser es causa de muchos conflictos.
Siempre se
ha dicho: «el matrimonio es una lotería». No sabes lo
que te va a tocar. Tú no sabes cómo te
va a salir el matrimonio. Tú no sabes cómo va
a resultar después esta novia o este novio. Por eso
ponerse en relaciones es como jugar a la lotería. Pero
no. Mucho peor. Porque en la lotería, en el peor
de los casos, no te toca nada. En cambio, en
el matrimonio en lugar de premio te puede tocar un
fardo que no hay quien lo aguante. De manera que
mucho peor que en la lotería. En la lotería, si
no te toca premio, no te pasa nada. No pierdes
gran cosa. Pero aquí como tengas mala suerte, y tengas
que cargar con un fardo para toda la vida, ¡ya
verás!.
***
Pero mirad, hoy es muy difícil acertar en
esto. Porque vivimos en unos tiempos de supervaloración de lo
sexual. Vivimos obsesionados por lo sexual. Y lo sexual no
es lo primero en el matrimonio. Lo sexual tiene importancia.
Vamos a hablar de ello. Pero creerse que el matrimonio
es sólo para la vida sexual, es una equivocación. Y
el que va al matrimonio pensando sólo en la vida
sexual, se lleva un chasco de campeonato. Porque el matrimonio
no es sólo eso.
Pero como hoy vivimos rodeados de sexo
por todas partes, de ahí la dificultad. Lo que se
valora, lo que se exhibe, lo que se propagandea es
el sexo. Una artista de cine es tanto más taquillera
cuanto más «sexy». Ahí tenéis a la Marilyn Monroe, a
la B.B., o a la que sea. Cuanto más tipazo,
más taquillera. Apenas se escribe una novela o se hace
una película que no tenga escenas de sexo. Hasta para
anunciar repuestos de automóviles te ponen una mujer desnuda.
A todas
horas nos están explotando el apetito sexual. En los anuncios
de la Tele, para anunciar una camisa, te sale una
guapa zalamera haciéndole monerías al otro. Después: «Camisas de Tervilor».
Señor, ¿qué tendrá que ver una camisa con el amor?
Pues nada, te ponen una guapa zalamera. Así, la gente
mira.
Vivimos obsesionados por lo sexual, Por todas partes la explotación
del apetito sexual: novelas, películas, revistas, calendarios, etc. Es una
especie de idolatría de la belleza. Como si la belleza
fuese lo único que cuenta para el matrimonio. Evidentemente que
es un valor, ¡pero no lo es todo! La belleza
facilita el amor, pero no es indispensable para el amor.
Cuando el amor se basa sólo en la belleza, ese
amor será tan efímero como la belleza misma. Se marchitará.
***
Para buscar novia es lógico que el hombre busque
una mujer que le guste. Algún atractivo físico tiene que
tener. Una cosa pasable, bien está. Pero no te encandiles
con la fachada, que es pasajera. Es una equivocación que
los ojos del soltero que busca novia, sean exclusivamente sexuales:
el día que se case, se va a llevar una
desilusión. Porque va a echar de menos en su novia,
en su mujer, montones de cosas que con los ojos
de soltero no calibró. Porque él, de soltero, sólo se
fijaba en lo sexual.
Y amigo, cuando te cases y
lo sexual pierda ese atractivo especial que tiene para el
soltero como plato prohibido, y entonces la vida sexual para
él sea una cosa normal y corriente, entonces se dará
cuenta de que hay otras muchas cosas en el matrimonio.
Empezará a echar de menos en su mujer montones de
cosas que de soltero no las calibró. Después se dará
cuenta del fracaso ya irremediable, porque se ha ligado a
una mujer para toda la vida.
Por lo tanto, digo: hombre,
búscate una novia que te guste; pero enamórate más del
alma que del cuerpo. Enamórate de sus virtudes más que
de su tipazo o de su cara bonita. Porque el
tipo se estropea y la cara se arruga. Pero las
virtudes no envejecen nunca. El alma no envejece. El alma
siempre es joven. Cuando tú te enamoras de una chica
no sólo porque es bonita, sino sobre todo, si tú
te enamoras de ella por unas virtudes que sustenten ese
atractivo, entonces yo te garantizo un matrimonio feliz.
Porque si tú
amas a esa mujer por sus virtudes, por los valores
de su espíritu y su modo de ser, cada vez
la amarás más. Con el tiempo cada vez seréis más
felices, porque las virtudes no cansan, sino que fortalecen el
amor. Pero si sólo la amabas porque te despertaba el
apetito sexual, después te vas a encontrar vacío, porque eso
no te llenará.
De manera que, ¡cuidadito hombres que de solteros
generalmente sólo vais buscando una cara bonita y un buen
tipo! ¡Cuidadito! No hagas el primo. Fíjate en una chica,
pero, como te digo, no basta que sea muy mona.
Porque te puedes casar con una artista de la pantalla
y ser muy desgraciado. ¡Como tantísimos! La cantidad de divorcios
que se dan entre los artistas. ¡Qué pronto se cansan
el uno del otro! ¿Cuántos maridos lleva ya la B.B.?
Me han dicho que una docena. Señal que no son
por amor. Son caprichos pasajeros. El amor es perdurable. Quien
ama promete amor eterno. Por eso cuando vemos a esas
artistas que cambian de marido como de vestido, decimos: «Lo
que tenían no es amor, sino caprichos pasajeros».
***
Para
hacer feliz el matrimonio hacen falta virtudes.
Busca una chica que
tenga virtudes, que tenga buen carácter, buen modo de ser,
que no sea caprichosa, alocada, frívola, irresponsable, ligera, superficial, quisquillosa,
chinche, histérica, soberbia, egoísta, con espíritu de contradicción, mandona, dominante,
posesiva, absorbente, egocéntrica, regañona, comodona, testaruda, derrochadora, haragana, sucia, desordenada,
perezosa, gastona, ¡inútil! Y si encima es ambiciosa, que siempre
le parece poco todo lo que gana su marido, en
su afán de deslumbrar a sus amigas, terminarás harto de
ella.
Si es una chica de tipazo despampanante, pero tiene un
carácter inaguantable, insufrible, arreglado estás. Si fuma con mucho estilo,
y baila como un trompo, pero no sabe coser un
botón, ni hacer una tortilla, arreglado estás. El día que
te cases, ¿qué vas a hacer? Porque esa niña para
pasearla, es fenómeno. Oye, ¿pero tú no te casas con
una chica para pasearla por la calle y que la
gente vuelva la cara para mirarla! Tú te casas con
una mujer para que lleve tu hogar y eduque a
tus hijos. Una mujer que sepa de cocina y sepa
de costura; una mujer que sea limpia y ordenada, trabajadora
y sacrificada, amable y servicial, prudente, piadosa, etc., etc.
Esa chica
es monísima; pero, ¿de cocina? ¡ Ni pum! ¿De educar
hijos? ¡Cero! ¿De limpieza? ¡Eso ni hablar! Pues tú después
en tu casa vas a vivir hecho un desgraciado. La
casa sucia. Todo desordenado. Si se te cae un botón,
te lo tienes que coser tú. Los garbanzos del cocido,
si se caen al suelo, botan de duros que están.
¡Arreglado estás! Después, cuando salgas de paseo con ella, todo
el mundo dirá: «¡Vaya mujer!.» Y tú, ¿qué? ¿De qué
te sirve que los demás piropeen a tu mujer, si
en tu casa es tan sólo un bello objeto de
decoración? Ni sabe educar hijos, ni sabe llevar una casa.
Es una nulidad. Nulidad muy mona, pero nulidad. Verás qué
pronto se te pasa el entusiasmo por su belleza. Cómo
echarás de menos otras virtudes, que ahora con tus ojos
de soltero no sabes calibrar. Porque tus ojos de soltero,
ahora, supervaloran lo sexual.
***
Es muy importante que a
tu novia le guste la casa. Si ella no se
ocupa de la casa, prepárate a vivir en una pocilga.
A no ser que tú te conviertas en «ama de
casa». Si quieres ayudar un poco a tu mujer, no
está mal. Pero qué duda cabe que la encargada de
la casa es la mujer. Lo mismo que el hombre
es el encargado de ganar lo suficiente para sustentar la
familia. Lo contrario es la excepción.
Me parece una equivocación el
que algunas chicas consideren el ocuparse de la casa como
una esclavitud. Por eso quieren liberarse del trabajo de la
casa. Lo que se hace por amor no se puede
llamar esclavitud. Un mismo trabajo puede realizarse por un sueldo
o por amor; y tendrá un valor totalmente distinto.
Cuando una
mujer ama a su marido, todo lo que sea preparar
el hogar para él es una expresión de amor. Al
amor no le importan los sacrificios. Precisamente se manifiesta con
el sacrificio. Lo que hace que el hogar sea un
paraíso o una cárcel es que haya o falte amor.
En el reciente informe FOESA, la encuesta de opinión de
muestra que el 81% de los hombres y el 83%
de las mujeres opinan que las faenas de la casa
corresponden a la mujer.
Por eso sólo excepcionalmente la mujer
casada debe trabajar fuera de casa. La igualdad de derechos
de la mujer y el hombre tiene aspectos muy razonables;
pero no debe consistir en que la mujer abandone la
casa para la que está especialmente dotada por Dios, y
que no puede ser sustituida eficazmente por el hombre. Dios
ha hecho al hombre para la lucha y el combate,
para la dureza del trabajo fuera de casa.
El mismo cuerpo
humano demuestra la distinta misión específica de cada uno. El
hombre tiene los hombros más anchos que la mujer, pues
está hecho para la fuerza. En cambio la mujer tiene
las caderas más anchas que el hombre, porque está hecha
para la maternidad.
La igualdad de derechos es lógica ante la
ley. En teoría, todos los seres humanos, hombres y mujeres,
pueden ser jueces, médicos o taxistas. Pero sólo las mujeres
pueden dar a luz un hijo. Y eso por biología
y por naturaleza. Porque Dios lo ha hecho así. Por
eso ha hecho a la mujer distinta del hombre en
psicología y constitución.
***
Por lo tanto, repito: aprende a
descubrir en tu novia sus cualidades, sus virtudes femeninas, su
carácter, su modo de ser. El atractivo físico también hace
falta. Si te resulta repelente, no te sirve para esposa.
Tiene que gustarte. Tienes que descubrir su encanto. Pero no
mires el matrimonio sólo con ojos sexuales, porque te llevarás
un desengaño. Empieza a descubrir, a calibrar y a enamorarte
más de su modo de ser, de su carácter, de
sus virtudes. Que esto no pasa. Lo otro pasa. Lo
otro termina cansando.
Las virtudes no. Las virtudes no se gastan.
Cuanto más la conoces, más la quieres. Y estas virtudes
serán un fortalecimiento del amor en el matrimonio. Las virtudes
sustentan un amor que dura toda la vida. Es más.
La belleza no es el único atractivo de la mujer.
Una chica puede no ser muy guapa, y sin embargo
ser merecedora de que un hombre se enamore de ella.
Porque
no sólo se van a casar las guapas. También las
feas tienen derecho a casarse. Porque toda mujer tiene su
encanto. Puede ser que no sirva para Miss España, Miss
Europa o Miss Universo. Pero puede tener un encanto, un
don, un atractivo, una simpatía, un algo del cual te
puedes enamorar. Si tiene virtudes, si tiene valores, es digna
de ser amada. Aunque de tipo esté regular y de
cara no sea gran cosa. Ahora, si encima de ser
fea, no tiene virtudes, entonces, la pobrecilla, arreglada está.
Las virtudes
son las que sustentan un amor verdadero. Si además tiene
belleza corporal, eso no estorba. Pero mucha belleza sin virtudes
no sirve para nada. Quizás de maniquí para pasar modelos.
Pero para el matrimonio no sirve. Estimar a una mujer
sólo por su cuerpo es rebajarla. La mujer es algo
más que un cuerpo. A ninguna mujer normal le gusta
ser sólo cuerpo.
***
Y lo mismo digo a las
chicas. Una chica está muy enamorada de un chico porque
es muy mono. Está loquita por él. Pues mira, si
ese chico es muy mono, y sólo vale por que
es muy mono, llévalo a un parque zoológico. Que es
donde están los monos. Porque, ¡tú dirás! ¿Qué haces tú
casándote con un mono? ¿Para qué quieres un mono en
casa?
Si te casas, que sea con un hombre. ¡Con un
hombre! No con un nene que es una damisela. Preocupado
por su carita y su pelito. El hombre que presume
de guapo es insoportable. Leí en un gran pedagogo, Fritz
Lange: «Nunca un hombre grande ha presumido de guapo». Un
hombre no tiene la culpa si ha nacido guapo. Pero
presumir de guapo no es varonil.
Virtudes de hombre. Eso es
lo que te gustará, y es lo que sustentará tu
matrimonio. Un hombre que sea para ti un apoyo, un
amparo. Un hombre de carácter, un hombre honrado, noble, educado,
caballero, amable, servicial, trabajador, fiel, un hombre valiente, un hombre
de constancia, de voluntad, responsable. Virtudes de hombre.
Atención, que cuando
digo hombre, no digo semental. No confundamos al hombre con
el semental de una ganadería. El Dr. Marañón, especialista en
Sexología, como todo el mundo sabe, tiene una frase fenomenal
donde dice cómo no hay que confundir la virilidad con
el libertinaje sexual. Marañón dice que lo característico del hombre
es el dominio propio. El que se domina, ése es
hombre. «Si hay una virtud específica de la condición de
hombre es la virtud de la castidad», dice Marañón.
El
autodominio, la fuerza de voluntad, el saber dominarse: eso es
lo característico del hombre. El no dominarse es lo propio
del animal. El animal sigue invariablemente el más fuerte de
los estímulos que atraen su instinto. El hombre puede dominar
su instinto con la voluntad. El animal no, porque no
tiene voluntad. El que hace sólo lo que le apetece,
obra como un animal. El que hace lo que debe
hacer, le apetezca o no, obra como un hombre. Cuanto
más hombre, más se domina. Cuanto menos se domine, más
animal.
Y Alexis Carrel en su libro «La incógnita del hombre»,
escribe: «Los santos (es decir, los hombres que han dominado
su instinto sexual), han sido hombres fuertemente sexuados». Lo dice
Alexis Carrel, Premio Nobel de Medicina. Cuanto más casto, más
hombre. Por eso, cuando digo que busquéis un hombre, no
me refiero a un libertino. No es eso. Sino un
hombre con carácter, con fuerza de voluntad, con dominio propio,
con espíritu de trabajo, con espíritu de sacrificio, con nobleza,
con honradez. Con virtudes de hombre.
En una estadística que he
tenido en mis manos, y se ha hecho a más
de mil chicas, se ve que cuando pensáis en serio,
lo hacéis con sensatez. Porque sólo el 4% de las
chicas pusieron como primera cualidad que quisieran en su novio,
el atractivo físico. Sólo el 4% tenía tan poca cabeza
que creía que por casarse con un «mono» iban a
ser felices. La media general del otro 96% fue que
las chicas ponían el atractivo físico del hombre después del
séptimo lugar. Esto me parece sensato.
Cuando una chica se
enamora de un hombre, que no sea sólo porque tiene
buena facha. Que sea alto o bajo, gordo o flaco,
eso es lo de menos. Hay que calibrar otras cosas.
Ellas calibraban la educación, que sea un hombre correcto, caballero,
amable, honrado, fiel, trabajador, que no sea jugador, vago o
mujeriego, o de carácter insoportable, o violento, o borracho. Menudas
desgracias hay en las familias por culpa del vino. El
hombre borracho, el hombre bebedor, el hombre alcohólico, destroza la
familia. Pocas mujeres hay más desgraciadas que las casadas con
un borracho.
Por eso es lógico que una chica no quiera
casarse con un borracho, ni con un mujeriego, ni con
un ateo. Es muy importante que sea buen cristiano. Pero
de eso ya hablaremos. En la encuesta que digo, ponían
en uno de los primeros lugares que fuera buen cristiano.
Todas
estas virtudes las ponían por encima del atractivo físico, lo
cual me parece muy lógico y muy normal. Es decir,
que está visto que cuando las chicas piensan en serio,
calibran lo que hay que calibrar. Por eso os digo
una cosa: si cuando pensáis en serio calibráis estas cosas,
que en la vida normal se vea. Si las chicas
quieren casarse con un caballero, ¿por qué tontean con el
chico que saben que es un golfo, un sinvergüenza, y
que sólo quiere aprovecharse de ellas? ¿Qué sacas con ese
chico, más que perjudicarte? Si es un chico que te
respeta, bien; pero si es un fresco, mándalo a paseo.
No tontees con quien no se porta con corrección.
***
Lo mismo digo a los chicos. Muchas veces he oído esto: -Padre,
¡que difícil es hoy encontrar una novia para casarte con
ella! Una novia para pasar el rato, para aprovecharte de ella,
fácil; pero una novia en serio, para pensar en casarte
con ella, Padre, ¡qué difícil! Todas son unas frescas. Yo
digo.
-Oye, ¿y quién tiene la culpa de que las chicas
sean unas frescas ? Pues vosotros. -¿Por qué? -Porque vais detrás de
las frescas para daros el «lote», y después tirarlas como
un trapo sucio que ya no sirve. Luego, para casaros,
no las queréis frescas, porque os pueden salir rana, ¿verdad?
¡Claro! De manera que cuando llega el momento de salir,
buscas la fresca que es la que se deja.
Cuando una
chica es fresca, tiene los chicos como moscas. Todos a
aprovecharse. Pero cuando una chica es decente, recta, como Dios
manda, que se hace respetar, como de esa chica no
se puede sacar nada, ésa no os interesa. La dejáis
sola. A ésa no la llamáis. Tú telefoneas a la
fresca. A la que se deja. A la que se
pega bien en el baile. Y entonces las chicas ven
que para salir con los chicos hay que ser frescas.
Y como a todas las chicas les gusta tener éxito
con los chicos, cuando ellas ven que las que tienen
éxito son las frescas, sienten inclinación a hacerse frescas. Y
ahora tú te quejas de que las chicas sean frescas.
Si vosotros demostrarais con vuestra conducta estima por las más
virtuosas, las chicas serían más virtuosas. Si las chicas vieran
que vosotros, admiráis a las buenas y os vais con
las decentes, ellas serían más decentes. Pero si las chicas
creen que para casarse conviene ser frescas, ¿de quién es
la culpa?
***
Muchas veces ellas dicen: «Padre, es que
si una no se deja, el otro se va». Se
creen las chicas que para atraer a un hombre hay
que ser fresca, dejarse y ser facilona. No se dan
cuenta de que un hombre con cabeza no se casará
nunca con una fresca. ¡Nunca! La llamará, saldrá con ella,
hará de todo, prometerá cincuenta cosas. Pero un hombre casarse
con una fresca, no.
Un hombre que tenga cabeza no lo
hace. El que se case con una fresca..., ¡es un
tonto! Y la que se case con un tonto, es
tonta. Tal para cual. Mirad: a un hombre siempre le
preocupa la fidelidad de su mujer. Y si un hombre
tiene la angustia de que un día pueda amanecer con
cornamenta, ¡no vive! La infidelidad de su esposa es una
de las mayores humillaciones para un hombre casado. Es tremenda
esa angustia en un hombre. Y el tormento horrible de
dudar si los hijos de su mujer son de él
o de otro. Por eso, cuando va a casarse tiene
mucho cuidado a quién elige. Porque no tiene ninguna gracia
que la mujer le salga rana. ¡Natural! Lógico!
El hombre, cuando
va a casarse, quiere una mujer pura. De estreno. No
de segunda mano, ¡o de quinta! Que a nadie le
gusta comerse las sobras que otro dejó en el plato.
Cuando un marido descubre que no es el primero, sino
que ya hubo quien se le adelantó, le hace poquísima
gracia. ¡Lógico! Si somos así. El hombre quiere mujer de
estreno. El hombre que se casa quiere una mujer pura.
El casarse con una mujer pura es para el hombre
de una ilusión especial. Una chica sobada y baboseada, ¿a
quién le puede interesar?
Me decía uno ya casado, pero
que había sido muy corrido, que cuando empezó a buscar
novia en serio para casarse, al darse cuenta de que
una chica había tenido experiencias sexuales, se decía: «Con ésta
no cargo yo, se la dejo al siguiente». Hasta que
encontró la chica que buscaba: una chica pura, con valores
espirituales. Hoy lleva diez años casado con ella, sigue enamoradísimo
de su mujer, y se siente plenamente feliz.
Naturalmente, que ninguna
chica tiene obligación de casarse con su primer novio, si
ve que no se entienden. Pero hay modos y modos
de llevar un noviazgo. El segundo novio no tiene que
tener reparos, si le consta que el novio anterior fue
correcto. Pero no tiene por qué tener «tragaderas».
***
Muchas
veces he oído a chicos enorgullecerse de su novia porque
es un ángel. Jamás he oído a un chico enorgullecerse
de su novia porque es una golfa. ¡Nunca!
Precisamente, la semana
pasada ha venido a verme un matrimonio joven, con un
problemón imponente. Él se acababa de enterar que su mujer
se había acostado con otro. A pesar de sus dos
hijos, como dos soles, estaba dispuesto a deshacer su familia,
quería echarla de asa, no podía ni mirarla a la
cara. Me decía:
-Nunca más podré hacer el amor con ella.
No podré evitar el pensar que me está engañando.
Estaba triste
y furioso al mismo tiempo. Gritaba y gesticulaba como un
loco. Si alguien dice que no le importa la infidelidad
de su cónyuge, es porque ha dejado de amar. Precisamente
la diferencia entre el amor y la amistad es que
al amigo no le importa compartir con otros al amigo;
pero el amante quiere en exclusividad a la persona amada.
Es
muy fácil decir: «No me importa lo que hayas sido
en el pasado». Lo malo es que esta afirmación debería
incluir esta otra: «ni me importa lo que vayas a
ser en el futuro». Pero esto es mucho más difícil,
pues a ningún hombre le hace gracia que le «pongan
los cuernos». Es verdad que una mujer puede arrepentirse de
su pasado y cambiar. Santa María Magdalena fue prostituta, y
después llegó a santa. Pero esto es extraordinariamente excepcional, y
confiar en una cosa así es muy arriesgado. Porque «la
cabra tira al monte».
Pues bien, si para casarte quieres
una mujer decente, ayuda a las chicas a que sean
decentes. ¿Por qué una chica que quiere ser decente tiene
que luchar tanto contra los chicos que la acosan para
que ella ceda? Me escribía una chica: «Padre, ¡que asco!
todos los chicos vienen a lo mismo. Y si no
te dejas, no les interesas». ¡Qué triste que las chicas
tengan ese concepto de los chicos! Demuestra tú con tu
conducta que no eres de ésos. Que tú, porque estimas
a la mujer decente, quieres ayudar a todas a que
sean decentes.
Por eso yo digo: hombres, si queréis mujeres puras,
¿por qué no las hacéis puras? En uestro trato las
pisoteáis, las degradáis, las hundís, y después cuando queréis casaros,
¡ahora sí las queréis puras! ¿Con qué derecho quieres una
mujer pura, si antes has estropeado toda la que has
tenido al alcance de la mano? ¿Cuántas chicas puras e
inocentes se han hecho lujuriosas y viciosas por culpa de
un chico! Si te sale rana, te lo mereces, hombre.
Si tú quieres una mujer pura para casarte, respétalas. No
las pisotees. No las degrades. No las prostituyas. Hay que
ver muchas veces el trato que los chicos dan a
las chicas. A ver en qué se diferencia del trato
que se da a una de esas que están esperando
a un hombre en una esquina, y después cobran.
Si para
casarte quieres una chica decente, pórtate con ella como un
caballero. Ayuda a su virtud. No la acoses. Es necesario
que el hombre sepa dominarse y respetar a la mujer.
Que a mujer virtuosa se vea halagada con la estima
de los hombres.
***
De manera que este es el
primer punto que resumo en este momento: Una elección acertada.
Lo cual supone en el hombre y en la mujer
enamorarse del alma más que del cuerpo. Más de las
virtudes que sustentan la felicidad del matrimonio, que del atractivo
físico que, aunque tiene su importancia, no es lo único.
Ni siquiera lo primero. Que lo tengamos en cuenta para
el momento de la elección.
***
Para el éxito en
el noviazgo es también fundamental un verdadero y mutuo conocimiento.
Hay que conocerse. Y muchos novios no se conocen ¿Por
qué? Porque lo único que hacen es mirarse a los
ojos y decirse cosas bonitas. ¡Pero no se conocen! Porque
hablan de pamplinas. Pero los temas fundamentales no los tocan.
Y llegan al matrimonio y no se han conocido. No
digo que en el noviazgo, alguna vez que otra, no
se digan alguna cosa bonita. Pero que no sea el
noviazgo un disco rayado: te quiero, te quiero, te quiero...
El noviazgo no es para estar repitiendo siempre el verbo
amar. No es eso. Que alguna vez lo digáis, bien
está. Pero hay que hablar de otros temas. Porque hay
que conocerse. El carácter, el modo de ser, las ideas,
las reacciones, la educación, etc. etc. Y eso no es
nada fácil.
***
Primero: porque generalmente los chicos y las
chicas en la calle sois encantadores.
Una chica muy mona, muy
bien arreglada, muy amable, muy educada, muy atenta, muy dulce,
muy agradable, muy fina: un sol de niña. Pero que
pregunten en su casa: tiene un genio insufrible. Que pregunten
en su casa cuando hay que poner la mesa, cuando
hay que fregar los platos, cuando hay que traer el
café, cuando hay que barrer o hacer las camas. Que
pregunten en su casa: que se sienta en un sillón
y no hay quien la mueva. Una comodona de primera.
¡La pobre viene tan cansada de bailar! Eso no le
cansa nada. Pero ayudar en casa, es horrible. ¡Que la
dejen en paz!
Si hay que hacer algo en casa,
tendrá que hacerlo su hermana o su madre: pero ella,
siempre escurre el bulto. Además es sucia, desordenada, desarreglada. Para
arreglar su carita, media hora. Pero su cuarto parece una
pocilga: desordenado, sucio, un asco. Por eso digo que hay
que conocerla en su salsa, porque en la calle todas
son encantadoras. A la chica hay que conocerla en su
casa: cómo baña a los niños, cómo hace la comida,
cómo cose la ropa, y cómo limpia la casa.
Conocerla sólo
en la calle, no basta.
Y lo mismo digo de los
chicos. Ese chico en la calle es otro sol. Muy
caballero. Muy galante. Muy amable. Muy educado. Muy fino. Muy
gracioso. Muy ocurrente. Muy simpático. Lo que digo, un sol
de niño. Pero que pregunten a su madre, que la
trata a gritos. Que pregunten a su padre, que está
harto del niño, y piensa si merece la pena el
dinero que se está gastando en darle estudios; porque el
niño no da golpe. Es un vago, un holgazán, ¡un
inútil! Un trasto de hombre.
Es muy fácil ser encantador en
la calle con las chicas. En la calle todos sois
encantadores. Pero en casa, insoportables, inaguantables e insufribles.
Por eso
digo: si os conocieran en vuestra casa, ¿quién se enamoraba
de vosotros? Y en el matrimonio os vais a conocer
en vuestra salsa. Ahí salen todos los defectos. Cuando paseabais
por la calle no se os veían. Y como en
el tiempo del noviazgo en vez de conoceros os dedicabais
a hablar de pamplinas, no os habéis conocido.
***
Segundo.
Esto es lo peor: que engañáis. En los pueblos pequeños se
conoce a todo el mundo, y es más difícil engañar.
Pero en las grandes ciudades es más fácil engañar, porque
no os conocéis. Sólo os conocéis de la academia, de
la oficina, del trabajo, pero no es fácil conocer a
la familia. Por eso es más frecuente que aparentéis lo
que no sois. Presumís de montones de cosas. Presumís de
familia, de posición social, de dinero, de educación, de virtudes,
de porvenir, de no sé qué.
Hay que ver cómo
presumen los chicos de porvenir. Presentan un porvenir espléndido. Si
te vas a fiar de sus sueños, te crees que
te vas a casar con un Onasis. Pero después vas
a tener que pagar a plazos hasta los paños de
cocina. ¡Realidad, hombre, realidad! Ni engañes, ni te engañes. Está
bien que tengas aspiraciones. Pero ten en cuenta tus posibilidades.
Sé realista. Di lo que eres.
Que te conozcan como
eres. Que te quieran como eres. Y si no te
aceptan como eres, más vale que te dejen en el
noviazgo, y no después de casados. Que cada uno diga
lo que es con sinceridad. ¿De qué le sirve engañar.?
Cuando uno descubre que ha sido engañado, queda defraudado. El
engaño no sirve para nada. ¡Si el día que te
cases, se va a enterar de todas las mentiras que
has contado! ¿Y tú crees que esas mentiras que cuentas
hoy te van a ayudar al amor el día de
mañana? Cuando se descubra todo tu engaño, toda tu hipocresía
y toda tu falsedad, ¡menuda desilusión! ¿Me vas a decir
que esto fomenta el amor? Engañar es una barbaridad. Con
tu engaño estás poniendo las bases de la desilusión, el
rencor, el aborrecimiento. ¿Qué va a ser de tu matrimonio?
Con el engaño no se va a ninguna parte.
Pero
me dice una chica: «Sí, Padre. Se va a la
boda. Así logro casarme» ¡Y qué! ¿Con tus engaños has
llegado a la boda? ¡Pero si no basta llegar a
la boda! ¡Si lo importante es llegar a la boda
con garantías de que el matrimonio va a ir bien!
Porque si el matrimonio va a fracasar, será un martirio.
Y
os aseguro que no hay en este mundo mayor martirio
que un matrimonio fracasado. No lo hay. ¿Vosotros sabéis lo
que es la convivencia diaria en la mayor intimidad de
la vida con una persona a quien se aborrece?
El amor
hace todo más llevadero. Un matrimonio con amor es un
matrimonio feliz. Pero un matrimonio sin amor, es un martirio.
Por eso el título de esta conferencia es tan trascendental.
El éxito de una cosa tan seria. De la cual
depende tu felicidad en esta vida, y quién sabe si
también en la otra.
***
Por lo tanto, conocerse. Conoceros
como sois, con vuestros defectos y vuestras virtudes. Si tienes
defectos, procura quitarlos; y procura aumentar las virtudes. No digas:
«Yo soy así. Si me quiere así, que me tome.
Si no, que me deje».
Bueno. Bueno. ¿Tú tienes defectos? Pues
quítalos. Procura corregirte. Que se vea que tienes buena voluntad.
Que vas superándote Que vas mejorando. Si tienes defectos, no
engañes. Engañar no. Pero si pones de tu parte para
corregir tus defectos, y pones de tu parte para aumentar
tus virtudes, mucho mejor. Más garantías.
Por lo tanto no digas:
«Yo soy así, y ya está. No pienso cambiar». No
hombre. Eso es egoísmo. Corrígete y aumenta tus virtudes. Todos
tenemos defectos, pero todos tenemos que esforzarnos en corregirnos y
cambiar. Todos debemos tener la ilusión de superarnos, de mejorar,
por amor a la persona amada. Hacernos dignos de ella.
Ofrecer algo que merezca la pena. No una vulgaridad.
***
Foerster, un gran pedagogo, dice (bonita frase). «El amor vence
a la muerte; pero un pequeño defecto desagradable, a la
larga, puede vencer al amor».
Parece mentira, pero es así. Hay
momentos en que el amor vence a la muerte; y
por amor, se da la vida. Pero un defecto desagradable
en una persona, aunque sea una pequeñez, a la larga,
puede vencer al amor.
Hay mujeres que no soportan a sus
maridos por una pequeñez. Y no lo aguantan porque él
es sucio, porque es un mal educado, porque es un
bruto, porque es un grosero. Todo esto son defectos. Pero,
¿es posible que una mujer se sienta desgraciada sólo por
una pamplina de su marido? Repito, son defectos. Cuanto más
caballero, más limpio, más correcto, y más educado, mejor. Pero,
¿es posible que una mujer llegue a aborrecer su marido
sólo porque él tiene un defecto así? Pues esto ocurre.
Hay matrimonios que se van a pique por una auténtica
pequeñez. De novios no se le da importancia, porque en
el noviazgo todo está lleno de ilusiones. Pero estas pequeñeces,
a la larga, pueden hacerse insufribles. De ahí la importancia
de la frase de Foerster. Por esto digo yo que
un pequeño defecto de educación, de higiene, de modo de
ser, de corrección, a la larga te molesta. Termina por
hacerse inaguantable.
Y lo mismo la mujer. Una mujer dominante,
mandona, regañona, absorbente, cascarrabias, antipática, quisquillosa, chinche, soberbia, testaruda, con
espíritu de contradicción, se hace insufrible. Tendrá otras virtudes. Pero
con ese defecto termina por hacerse insoportable.
Todo esto, tenedlo
en cuenta los dos. El que tiene defectos para corregirse.
El otro, que se prepare y busque virtudes que le
compensen de esos defectos.
***
Otro punto. Es necesario que
veáis si armonizáis en modo de ser, en carácter, en
ideas, en gustos, en aficiones, en costumbres, en cultura, en
educación. Esto es fundamental. Cuanto más armonía, mejor. Más garantías.
Un desnivel grande en edad, en educación, en higiene, en
cultura, en formación, son causa de problemas. Lo dice la
experiencia. No por clasismo. ¡Por armonía! La cultura y la
educación separan más que el dinero. Si no concordáis, a
la larga habrá conflictos, disgustos, problemas. Y el amor se
enfría.
***
Ya comprenderéis que cuando digo que debéis
conoceros a fondo, no quiero decir que también debáis tener
experiencias sexuales prematrimoniales. Están prohibidas por Dios. «Los fornicarios no
entrarán en el reino de los cielos». Palabra de Dios.
Lo dice la Biblia. El que diga lo contrario se
equivoca, pues va contra la Biblia. Frente a la palabra
de Dios, sobran todas las razones de los hombres. El
uso del aparato genital es derecho exclusivo de casados, pues
sólo ellos pueden afrontar las responsabilidades que su uso lleva
consigo. El hijo necesita un hogar donde crecer y educarse.
Engendrar hijos, es lo más grande que los hombres podemos
hacer en la vida. Por eso convertir la sexualidad en
un juego es un crimen. Es degradar la misión más
sublime del hombre. El hombre debe dominar su instinto sexual
con la razón.
Y no me digas que hay que entrenarse
antes de la boda. Estas experiencias no sirven para nada.
El acto conyugal realizado por los esposos es algo totalmente
distinto de lo que pueden hacer dos solteros, que no
pueden desprenderse de la multitud de inhibiciones por el remordimiento
de conciencia, temor de embarazo, etc. Le oí decir al
Dr. Carlos Soler, por la radio, que la gran mayoría
de los matrimonios fracasados que van a su consulta, habían
practicado las relaciones sexuales antes de casarse. Luego esto,de nada
les sirvió.
Es perfectamente normal que el aprendizaje del acto conyugal
se realice después de la boda. No es necesario hacerlo
todo la primera noche. Se va aprendiendo poco a poco.
Esto es lo normal. Quien llega al matrimonio con experiencia
sexual, no puede agradar a la otra parte que tiene
derecho a esperar el estreno de la vida sexual de
su cónyuge.
-¿Y si después de casados no sintonizamos sexualmente?
El profesor
Eduardo López Azpitarte en su libro «Sexualidad y Matrimonio, hoy»,
dice que ningún matrimonio fracasa por falta de acoplamiento sexual.
Si hay amor, lo sexual irá bien. Lo que ocurre
es que la falta de armonía en el orden psíquico,
repercute en lo sexual.
Pero, además, está el peligro de
un embarazo no deseado. -Ya tomamos precauciones. -¿Y si fallan? La cantidad de
embarazos por fallo de las precauciones.
El Dr. Billings dice
en su libro THE OVULATION METHOD: que la única manera
segura de evitar el embarazo es impedir el contacto de
los órganos genitales. Ya que sólo un contacto externo puede
ser la causa de que un microscópico espermatozoide, todavía vivo,
alojado en algún repliegue de la piel, se cuele hasta
arriba y fecunde el óvulo. Por lo visto, bastó el
contacto genital de una mano sucia de semen para dejar
embarazada a una chica.
Este temor al embarazo es inevitable
e inhibitorio. Lo mismo que no se puede disfrutar de un
coche robado como del propio. El temor de ser descubierto produce
inquietud. En cambio, los esposos saben que haciendo la vida conyugal
están cumpliendo la voluntad de Dios. Para ellos, eso es
un acto santificador. Es lógico que lo hagan con toda
satisfacción.
De modo que las relaciones sexuales prematrimoniales son inadmisibles.
Si fueran convenientes, Dios no las hubiera prohibido.
***
Algunos dicen que si un chico y una chica se
quieren, para vivir matrimonialmente no necesitan ningún papeleo burocrático. Esto
es muy fácil, pero no es serio. En la vida,
todas las cosas serias se formalizan con un documento. Si
tú le prestas a un amigo cien mil pesetas, no
te basta su palabra, por muy amigo tuyo que sea.
Te quedas más tranquilo si te echa una firmita en
un papelito.
Pues el matrimonio es una cosa muy seria, en
la que se pone en juego la educación de unos
hijos que necesitan un hogar. Y eso no puede estar
a merced de una pareja que no quiere comprometerse a
vivir juntos, y por lo tanto, cuando uno de los
dos quiera, lo planta todo y se va.
Por eso
la Iglesia no está de acuerdo con las parejas que
quieren vivir matrimonialmente, pero sin formalizar su matrimonio.
***
Otra
cosa importante: ¿armonizas con la familia del otro? -Pero Padre, es
que yo no me caso con la familia. De acuerdo. No
te casas con la familia, pero es imposible prescindir de
la familia de la otra parte. Cierto trato es inevitable.
El otro tiene unas obligaciones con su madre que no
puede abandonar. Y tú tienes que aceptar un contacto razonable
con la familia del otro. Si tú no encajas de
ninguna manera con esa familia, tú verás... Pero menudo problema.
Tienes que encajar. Tienes que quererla. Si os queréis casar,
tú procura ganarte a la familia. Y que su familia
te acepte y te quiera.
***
Otro punto importante
en el mutuo conocimiento: las ideas religiosas. Una disparidad en
ideas religiosas crea un montón de problemas en el matrimonio.
Situaciones dificilísimas, complicadísimas, amarguísimas. Sufren no sólo por ellos, sino
también por los hijos. Por lo malos ejemplos que ven
los hijos; o por los buenos ejemplos que debían de
ver y no ven. Se sufre enormemente porque la otra
parte no responde al nivel religioso que uno desearía.
No es
raro que a veces la chica tenga formación religiosa superior
a la del chico. Esto es frecuente. El chico está
trabajando desde pequeño, o ha leído menos, o ha tenido
menos ocasiones; ha estudiado más otras cosas y ha abandonado
la religión. Puede ocurrir.
En estos casos no hay dificultad,
con tal de que él no sea hostil, no se
oponga a la fe, sino que tenga buena voluntad. Que
reconozca que, en nivel religioso, él es inferior a ella,
y que tenga buena voluntad para formarse, para superarse, para
acercarse y para nivelarse. Porque no siempre podemos encontrar chicos
de nivel religioso igual al de la chica. Porque la
chica generalmente ha tenido más ocasiones, y ha podido formarse
mejor religiosamente.
Lo malo es cuando un chico no quiere
superarse, y el chico se opone a salir de su
nivel, y el chico no acepta una mejor formación religiosa,
y el chico obstaculiza la vida religiosa de la chica.
Esto es intolerable. ¡Nadie en el mundo tiene derecho a
quitarte tu fe! ¡Nadie en el mundo puede ser obstáculo
para que tú vivas tu fe! La fe es lo
que más vale en el mundo.
Por eso, para toda
persona, Dios es antes que todos los hombres. Para toda
mujer, Dios es antes que su marido. ¡No faltaba más!
Por mucho que quiera a su marido. El marido es
el primero entre los hombres. Debe amarle con todo el
corazón y desvivirse por él. Pero antes es Dios. Cuando
haya que elegir entre Dios y su marido, hay que
elegir a Dios. En eso no hay duda.
Os voy
a contar un caso que he oído. Histórico. Una parejita
de novios, en un pueblo, se fue un domingo al
atardecer por la carretera paseando. Y cuando llegaron a un
sitio oportuno, se metieron detrás de unos matorrales. ¡No para
rezar el rosario precisamente! ¡Ya se entiende! La chica fue
tonta, porque ya podía comprender que cuando el otro la
invitó a esconderse detrás de esas matas, no era para
nada bueno.
Y comienza la función. Ella fue cediendo poco a
poco. Y cuando llegó el momento culminante el otro se
tira encima. Entonces, ella: -Ah, no. No. Eso no. Pero el otro
ya estaba como un potro desbocado, y ahora cualquiera lo
paraba. Total que ella muy firme se pone en pie.
Y el otro fuera de sí, le dice: -Mira, ya estoy
harto de tus tonterías. Decídete de una vez: o tu
Dios, o yo.
¿Será idiota? ¿Será imbécil? ¿Quién se ha creído
que es? «O tu Dios o yo». ¿Es que piensa
que esa chica le va a escoger a él antes
que a Dios? ¿Por quién se ha tomado? La chica
contestó fenomenal. Aquí estuvo fenomenal.
En lo otro estuvo tonta. Tonta
de meterse por ahí, porque ya podía suponer cómo iba
a terminar. Tonta en ceder poco a poco, pues podía
suponer que el otro pediría cada vez más. Pero en
esto estuvo fenomenal. Contesta la chica:
-Pues mira, si me obligas
a elegir entre Dios o tú, perdona, pero me quedo
con Dios.
¡Natural! ¿Pero qué se habrá creído éste? «O tu
Dios o yo». ¿Pero tú por quién te has tomado,
muchacho? ¿Quién te has creído que eres? ¿Es que pretendes
que te prefieran a Dios? No, hombre, no; por encima
de Dios, nadie. Dios es el primero. Siempre. Para todo
el mundo. No puede haber nadie que se ponga por
encima de Dios.
Por eso digo, cuando se trata de ideas
religiosas hace falta armonía. Hace falta unión. Que los dos
vayan a una. Porque si no, habrá muchas ocasiones en
las cuales habrá colisión, y entonces la persona religiosa se
verá en la alternativa de disgustar a Dios o de
disgustar a la persona que ama.
Por eso la solución
sería: no te cases con una persona que va a
ser para ti un obstáculo para que puedas cumplir con
tranquilidad tus obligaciones para con Dios.
Os voy a contar
otro caso para que no parezca que siempre las chicas
son las buenas y los chicos los malos. Yo conozco
a un chico que se casó con una chica muy
mona; pero frívola, superficial. Y él era de una gran
formación religiosa. Hay que ver lo que sufre este hombre.
A su mujer la quería. Estaba enamorado de ella. Pero
ahora se da cuenta de que esta mujer es incapaz
de infundir la fe en sus hijos, porque no le
sale, porque ella no la tiene dentro.
Y cuando él
compara cómo era su madre, y cómo su madre le
educó a él y le infundió la fe; y ve
la ligereza y superficialidad de su mujer, este hombre está
hecho polvo. Porque él no puede infundir la fe en
sus hijos. Él está en su trabajo. Cuando llega a
casa muchas veces lo niños están durmiendo. Quien tenía que
transmitir estas ideas religiosas es la madre. Quien rezara con
los niños todos los días; quien les hablara de Dios,
y de la Virgen y del Niño Jesús. Pero ella
no lo hace, porque no le sale de dentro Lo
que sufre este hombre. Las ideas religiosas son muy importantes.
Que haya una armonía, que haya un nivel similar.
***
Y no digo nada si encima el otro es protestante
o de otra religión. Los matrimonios mixtos son un problema.
Generalmente desaconsejables. Se llaman matrimonios mixtos aquellos cuyos cónyuges no
son de la misma religión. Por ejemplo: católico con protestante,
o judío, o mahometano.
La Iglesia tolera los matrimonios mixtos, y
por eso legisla sobre ellos. Pero dice que son desaconsejables.
Lo mejor es que los dos tengan la misma religión.
El católico, que se case con católico; el protestan te,
con protestante; y el mahometano, con mahometano. Para que haya
una armonía. Porque si cada cual tiene una religión diferente,
se presentan conflictos de orden práctico. Muchísimos. Y son motivo
de discusiones y disgustos. Y después, la desorientación de los
hijos. Es muy frecuente que los hijos de los matrimonios
mixtos, salgan indiferentes en religión. Ni una cosa ni otra.
Nada. Esto es serio.
***
Otro punto que a veces
no se mira: la salud. La salud del otro. ¿Te
has preocupado alguna vez de si el otro tiene salud?
¿Sabes qué salud tiene?
Hay que conocer el factor Rh de
la sangre, para tomar las precauciones oportunas en caso de
incompatibilidad, etc. Se calcula que más del medio millón de
subnormales que hay en España proceden de la ignorancia de
esta incompatibilidad por el factor Rh, y falta del tratamiento
adecuado si hay embarazo.
En el extranjero, en algunas naciones, es
obligatorio el examen médico prematrimonial. En España no es obligatorio.
Se va introduciendo, pero todavía no es obligatorio. Ojalá lo
fuera. Que los que se casan sepan si se casan
con un sano o con un enfermo.
N.B.: Esta conferencia está
disponible en DISCO COMPACTO (CD) y en vídeo. Todos los sistemas. Pedidos
a la EDITORIAL SPIRITUIS MEDIA-Apartado 2564-11080.Cádiz. (España) Correo electrónico (e-mail):
spiritusmedia@telefonica.net
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Me parece estupendo mi esposo y yo damos platicas prematrimoniales y hemos estado usando sus articulos nuestro tema es comunidad de bienes.Ojala uds. lo trataran tan amplio como este gracias y Dios los bendiga
Publicado por: Ceciia Carreón Chávez
Fecha: 2010-06-12 17:12:55
Doy las gracias al Padre Jorge Loring, por la formación que he recibido de él desde que tenía diez y seis años, al leer su libro " Para Salvarte", el cual ha sido un libro de cabecera no sólo para mi, sino para todos aquellos a quienes se los he regalado. Hoy a mis 49 años, sigo nutriéndome con sus enseñanzas y me sigue iluminando para formar a mis hijos a través de su profundos temas actuales y que siempre nos acercan a Dios.
¡Qué Dios lo bendiga!
Publicado por: Cecilia Carbajal
Fecha: 2010-02-16 18:10:29
Creo que en algunas partes el artículo es machista. El éxito y la armonía del hogar depende de ambos, no sólo de la mujer. También el novio no puede saber cocinar o llevar la casa, eso no lo/la hace una mala elección. Si realmente se ama, se aprende. Si realmente se quiere hacer, se hace. Puede que la novia sepa ser una buena ama de casa, pero si lo hace sin amor, será una empleada, mas no una esposa. No hay nada de malo en el que esposo haga sus propias cosas (coser un botón, planchar, etc)