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Para Salvarte. Mandamientos | tema
Autor: Jorge Loring | Fuente: Para Salvarte
Deberes y obligaciones de los padres
Recuerden los padres que es deber suyo vigilar cuidadosamente para que los espectáculos, las lecturas y cosas parecidas, que puedan ofender a la fe o a las buenas costumbres no entren en el hogar, y para que sus hijos no las vean en otra parte
 
Deberes y obligaciones de los padres
Deberes y obligaciones de los padres


3. En este mandamiento se contienen también las obligaciones de los padres para con sus hijos13 , que son, además de amarlos: alimentarlos, vestirlos, instruirlos en religión y en cultura, vigilarlos, corregirlos, darles buen ejemplo14 y «procurarles un porvenir humano proporcionado a su estado y condición social»15 . Es decir, educarlos física, intelectual, humana, espiritual y moralmente16 ; y protegerlos de los peligros de alma y cuerpo.



Los padres tienen el derecho y el deber de educar a sus hijos17 .
«Recuerden los padres que es deber suyo vigilar cuidadosamente para que los espectáculos, las lecturas y cosas parecidas, que puedan ofender a la fe o a las buenas costumbres no entren en el hogar, y para que sus hijos no las vean en otra parte»18 .

Dijo Pío XII en su discurso del 9-V-57: «La sociedad es para la familia, no la familia para la sociedad. La familia es una institución natural: es el origen de la vida humana, y el recinto de la educación. La familia es vínculo de transmisión normativa. Pero es necesario que la normativa moral y religiosa se dé con convicción, con motivación y con el ejemplo».

Algunos, enemigos de la educación y amigos de la libertad absoluta, defienden que se deje al niño hacer lo que espontáneamente quiera. Esto es una aberración. a los niños, desde pequeños hay que enseñarles lo que es bueno y correcto. Después, cuando sean mayores lo harán libremente, o no la harán; pero cuando son niños hay que enseñarles.


Si tu niño te dice:
- Se me ha morido mi pajarito.
Tú le dices:
- No se dice morido. Se dice muerto.
Después, de mayor, dirá «muerto» libremente.
Y si es un rebelde, dirá «morido». Si prefiere el error, es su problema.
Pero el padre es lógico que trasmita a sus hijos lo que él considera valores, ideales, la verdad, el bien, lo correcto, la virtud, la honradez, la servicialidad, la responsabilidad, etc., etc.
No para oprimir al niño, sino para ayudarle, para educarle, en su propio bien.
Por eso le ayuda a hablar con corrección, a escribir sin faltas de ortografía, a ser limpio, a comer con urbanidad y a mostrarse bien educado en todas partes.
Y, por supuesto, a ser buen católico, amando a Dios y al prójimo.



Debemos colaborar con nuestros padres al bien espiritual de la familia, manifestándoles aquellas cosas que ellos deben saber para corregirlas.



A no ser que haya otro modo más eficaz.
Pero quien oculta los malos pasos de sus hermanos, por un falso criterio de compañerismo, puede hacerse responsable ante Dios de las faltas que queden sin corregir.

El padre tiene obligación de corregir; pero para esto necesita estar informado de lo que pasa. No exagerar las cosas. Pero no quitar importancia a lo que la tiene.

«Los padres son los primeros educadores, y son ellos quienes deben decidir, y no el Estado, el tipo de educación que crean mejor para sus hijos.

»El Estado debe ayudar a todos los niños en edad escolar sin discriminaciones. Sería injusto que si los padres necesitan ayuda para la enseñanza de sus hijos, y el Estado quiere cooperar, sólo ayude a los que asisten a las escuelas estatales, y no ayude a los de las escuelas libres»19 .

«Los padres, como primeros responsables de la educación de sus hijos, tienen el derecho de elegir para ellos una escuela que corresponda a sus propias convicciones.



»Este derecho es fundamental.
»En cuanto sea posible, los padres tienen el deber de elegir las escuelas que mejor les ayuden en su tarea de educadores cristianos.

»Los poderes públicos tienen el deber de garantizar este derecho de los padres y de asegurar las condiciones reales de su ejercicio»20 .

La educación es de una importancia transcendental y de una gran responsabilidad para los padres.

Hay en la vida muchos hombres que lamentan su desgracia por las faltas y descuidos de sus padres.



En educación, como en todo, se recoge lo que se siembra.
A los niños, gradualmente, según ellos vayan siendo capaces de asimilar, hay que inculcarles la limpieza, el orden, la obediencia, el sacrificio, la lealtad, la servicialidad, la honradez, el saber renunciar, etc. etc.

«Acostumbrarlos a portarse bien en todas partes, a practicar el bien aunque sea penoso, y a huir del mal aunque sea seductor, (...) espontáneamente, y por propia iniciativa, aunque nadie le vigile ni castigue»21 .

De mayores será muy difícil que adquieran virtudes que no se les sembraron de pequeños.

Los niños, para su buen desarrollo, necesitan caricias desde el primer momento.

Se han hecho estudios de niños atendidos perfectamente en sus necesidades vitales, en centros especializados, pero faltos de cariño, que muestran anormalidades características.

«Quien sabe amar, sabe corregir, negar, conceder y premiar. El amor que consiste sólo en dar gustos, tolerar caprichos, y dejar sin sanción las culpas, es un amor equivocado»22 .

Con ocasión de la fuga de dos adolescentes madrileñas a Portugal, con dos amigos en un coche robado, José María Carrascal publicó en el ABC un acertado artículo en el que entre otras cosas decía:

«Siempre se han escapado niños y niñas de casa.
»Pero antes se marchaban porque les trataban mal, y ahora se largan porque les tratan demasiado bien.
»Se aburren.
»Y les entra el cosquilleo de la aventura. (...)
»Saben, además, que cuando vuelvan no les va a pasar nada»23




Los hijos no se pueden tener mimados y consentidos.
El niño mimado y consentido se hace caprichoso y poco sociable. Esto le va a traer problemas de aceptación entre sus compañeros en su edad escolar, y esto le va a dificultar su madurez psicológica.

Está comprobado que el niño que es bien aceptado por sus compañeros, por sus cualidades personales, tiene un gran porcentaje de probabilidades de una buena maduración psicológica en el futuro.

Los hijos, ni se pueden tener mimados y consentidos, ni tampoco castigarlos sin razón.

El castigo es inevitable, pues es moralmente imposible que tus hijos no cometan alguna falta que lo requiera: «sin castigo no hay educación posible», dice uno de los más célebres pedagogos de nuestra época, Foerster24 .



Pero para que el castigo sea educativo y eficaz ha de ser siempre25 :

a) oportuno: escogiendo el momento más propicio para imponerlo pasada la ira en unos y otros;

b) justo: sin exceder los límites de lo razonable;

c) prudente: sin dejarse llevar de la ira;

d) poco frecuente, para que sea eficaz26.

e) cariñoso en la forma, para que el niño comprenda que se le impone por su bien. «No somos eficazmente castigados sino por aquellos que nos aman y a quienes nosotros amamos»27 .




El castigo corporal tiene sus dificultades. Puede engendrar terquedad, rencor, debilitamiento del sentimiento del honor.

Los niños nerviosos no debieran ser castigados corporalmente, pues se corre el peligro de aumentar su nerviosidad.

En las niñas el castigo corporal debilita el sentimiento de su intocabilidad corporal, tan precioso para el recato de su vida futura.

A veces puede ser más eficaz que un castigo corporal el ponerlo a comer solo en una mesita de cara a la pared, privarle de una habitual muestra de cariño, o de un dulce que le gusta, o del dinero que se le suele dar: depende de edades y circunstancias.

El castigo debe facilitar al niño el camino de la honradez, la obediencia, la aplicación, etc., para hacer de él un hombre moral.

El castigo más que para expiar la culpa cometida debe servir para la corrección. Para esto es necesario que el niño reconozca la falta, y lo justo del castigo.

El castigo tiene mucho más valor cuando el niño lo acepta voluntariamente, o se lo impone él mismo.

Después de aplicado el castigo, se deben hacer las paces con el niño lo antes posible28 .

Hay que tener tacto para corregir con eficacia.
Poco se logra con herir y humillar solamente.
Hay que alentar. Despertar el sentimiento de la propia estima.
Una corrección eficaz debe dejar siempre abierto un portillo a la esperanza de la propia superación29 .
El dejarle hacer lo que él quiera, algún día lo interpretará como falta de interés por su bien.
En cambio el contrariarle manifestando que se hace por amor e interés por él, terminará por ganarle el corazón.
Decir: «te quiero demasiado para permitirte eso», o un trato cariñoso después de un castigo, restablece la armonía.
El amor debe estar por encima de las travesuras.
Una madre después de castigar a un hijo le dijo:
«No estoy furiosa contra ti, sino contra tu travesura».
Y el hijo agradeció aquel castigo.



Si es importante saber manejar el castigo en orden a una buena educación, no lo es menos el saber utilizar el premio; por ejemplo, el elogio.

La recompensa pedagógica puede revestir muchas formas: una mirada de aprobación, un gesto cariñoso, una palabra, la concesión de un permiso deseado, un regalo, etc.

Pero tampoco se pude ser excesivo en los premios y alabanzas, pues perderían eficacia, y se correría el peligro de hacer al niño egoísta, obrando bien sólo con miras al premio y a la recompensa.



El estímulo es más eficaz que la represión.
A veces ésta será inevitable, pero su eficacia será mayor si el hijo está acostumbrado a que se le reconozca la obra bien realizada, y se le aplauda el esfuerzo realizado, aunque no siempre estos esfuerzos hayan sido coronados por el éxito.

çTodo el mundo queda agradecido a quien sinceramente le anima.

Un elogio correcto, justo, oportuno, estimula y educa para el bien.


_______________


    13 ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología Moral para seglares, 1º,2ª, III, nº837-843.Ed.BAC.Madrid
    14 Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2223
    15 ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología Moral para seglares, 1º, 2ª, III, nº.837. Ed. BAC. Madrid
    16 Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2221
    17 DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 2207. Ed. Herder. Barcelona
    18 Concilio Vaticano II: Inter mirifica: Decreto sobre los medios de comunicación social, nº 10
    19 ANTONIO TAPIES: Nuestra salvación, 1ª, I, 23. Ed. Claret. Barcelona, 1987
    20 Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº 2229
    21 ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología Moral para seglares, 1º, 2ª, III, nº840,2º.Ed.BAC.Madrid
    22 ÁNGEL AYALA, S.I.: Formación de selectos, I,3, 7. Ed. Atenas. Madrid
    23 JOSÉ MARÍA CARRASCAL en el ABC de Madrid del 12-VIII-97, pg. 16
    24 FOERSTER: Temas capitales de educación, XIV, 1. Ed. Herder. Barcelona
    25 ANTONIO ROYO MARÍN,O.P.: Teología Moral para Seglares, 1º,2ª,III ,nº 840,3º,f.Ed.BAC.Madrid
    26 VICTOR GARCÍA HOZ en la revista TELVA.
    27 J. HOFFER, S.M.: Pedagogía Marianista, 2, III, 4. Ed. S.M. Madrid
    28 SCHNEIDER: Educación católica de la familia, IX. Ed. Labor. Barcelona
    29 FOERSTER: Temas capitales de educación, XIII, 2. Ed. Herder. Barcelona
    30 BERNABÉ TIERNO: Valores humanos, 4º, XI, 3. Ed. Taller de Editores. Madrid. 1998


 
 

 
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