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López Quintás Alfonso | categoría
Psicología y sociología | tema
Autor: Alfonso López Quintás. Universidad Complutense. Madrid
Las etapas de la vida y su sentido (Parte III)
Cómo otorgar sentido a las distintas edades de la vida
 

Cómo otorgar sentido a las distintas edades de la vida

Según explicó Guardini en otra breve obra de esta época, La aceptación de sí mismo (20) , lo decisivo en la vida humana es aceptar el propio ser, con sus condiciones y en todo su alcance. Hay que aceptar la propia vida como un don que se nos otorga en el origen y como un obsequio que debemos hacer gustosamente, al final, a Quien nos la dio. Este recibir agradecidamente la vida en cada fase de la misma nos lleva a conceder a cada momento de la existencia su debido valor. El valor de la existencia humana radica en su capacidad de crear vínculos, establecer relaciones de amistad y ámbitos de convivencia. De esta forma crece el hombre biológicamente y se desarrolla personalmente. Tal desarrollo debe realizarse en todas las etapas de la vida, no sólo en la niñez y juventud, sino también en la edad madura e incluso en la vejez y la senilidad.

Sabemos por la Biología actual que el hombre es "un ser de encuentro", ser que se despliega abriéndose a otros seres y creando con ellos campos de juego, relaciones de encuentro. Esta apertura implica riesgo pero aporta una forma nueva de realización, que es más creativa, más madura y más rica, y supone un modo renovado de estabilidad. En el seno materno el niño se halla unido a la madre con un tipo de vinculación casi fusional. No tiene iniciativa, capacidad de crear vínculos. La unidad le viene dada. En el alumbramiento, este vínculo nutricio se rompe, y el niño cobra cierta independencia pero se siente desvalido. Para hacer viable su vida, la madre -a una con los demás familiares- debe crear con el niño un ámbito de acogimiento y tutela, una "urdimbre afectiva" (21) que suscite en él una actitud de confianza incondicional en el entorno. Su situación es más arriesgada que antes, porque esa tutela y acogimiento pueden faltarle, pero tiene la posibilidad de iniciar una relación de "encuentro", lo que supone un modo de vinculación más perfecto que la fusión del estado fetal. Una vez conseguido cierto amparo en el hogar, debe el niño salir al colegio, con la necesidad de crear un círculo de amigos y un entorno nuevo. Estamos ante otra situación azarosa que puede abrir nuevas posibilidades de realización. El niño va así ampliando su "ámbito de vida", sin perder el ámbito familiar, el primero y modélico (22) .

El adolescente y, más tarde, el joven se esforzarán por crear formas de unión extrafamiliares, al margen y a veces contra el ámbito familiar, llevados por el afán de afirmar su independencia. Corren, con ello, el riesgo de renunciar al ámbito que constituye sus raíces vitales sin haber creado todavía otros ámbitos capaces de acoger su energía bullente, y quedar en vacío. La vida les enseñará que el éxito acompaña a quien sabe abrirse a nuevos ámbitos de vida y ensamblarlos con los ya creados. Sólo así su personalidad va adquiriendo el relieve que le compete.

También en la vejez deben darse esos dos aspectos: apertura de nuevos ámbitos y logro de una forma nueva y superior de estabilidad. Podría pensarse que la vejez, cuando aboca a la senilidad, se convierte en puro deterioro físico. Para Guardini, el desmoronamiento físico supone un modo nuevo de apertura: la apertura a lo eterno, al Creador. Ello supone un tipo distinto de riesgo, el mayor de todos, pero, cuando lo asumimos con la debida preparación, logramos una forma inédita de plenitud, seguridad y amparo. A sus 69 años, anota Guardini en su Diario:

"Nueva, maravillosa experiencia: el pensamiento de la vida eterna se me ha hecho cercano. Si Dios me concede esa gracia, me iré con Él. Entonces cesará la menesterosidad que todo lo penetra; todo lo destruido y falto de sentido. Él me da vida y sentido". "Pero ¿qué hago yo, ser finito, en una existencia que es eterna? He sentido esto tan intensamente que tenía el sentimiento de que es algo que no depende sólo de mí. La respuesta me la daba este otro pensamiento: En esta existencia eterna yo no estoy como un ser aislado. Lo eterno es Dios. Yo estoy en la eternidad en cuanto estoy en Él. Él me hace participar en su vida y en su condición de Ser eterno. Pues Él (...) es Quien asumió nuestra existencia en la Suya. El eco de este misterio es que Él nos concede asumir Su existencia en la nuestra. Este ´en´ es el Cielo. ´Admirabile commercium´. Por primera vez adivino algo de lo que es la eternidad de la salvación. Y por cierto como algo real que me incumbe a mí. A mí, realmente; de modo que puedo alegrarme de ello y sentir temor ante ello... Este sentimiento se renovó en mí una u otra vez durante el día" (23) .

Cada etapa de la vida es diferente e independiente de las otras, tiene sentido en sí misma, pero debe servir de preparación para la siguiente, ya que en definitiva se trata de un mismo ser humano que sigue un camino de desarrollo. Si uno, en la fase fecunda de la vejez, rehuye asumir la propia muerte como una posibilidad de su vida que debe ser realizada con pleno sentido, y sólo se ocupa de sorber ansiosamente los últimos goces que le es dado disfrutar, no podrá hacer nada sensato y digno en la edad senil. Llevará una vida mezquina (24) .

El anciano puede vivir su condición senil con la debida elevación de espíritu, sin crisparse sobre sí mismo, si desde joven cultiva el autodominio, el orden, la atención a los demás (25) . El que de este modo hace "reservas de generosidad" y se ocupa en todo momento de dar sentido a la vida evita la amargura de sentir la senilidad como pura liquidación del vivir, mero sinsentido y humillación. Este tipo de ancianos es una bendición conocerlos (26) , pues nos revelan a todos una gran verdad: que "también la vejez es vida"; que "significa, ciertamente, irse acercando a la muerte, pero también la muerte es vida" (27) .

Todas las etapas de la vida son afines en su articulación interna, que consiste en arriesgarse a un nuevo tipo de apertura para ampliar el propio ámbito de vida y cobrar, así, una nueva forma de estabilidad. La edad senil no puede ser una excepción a este modo de ser. También en ella el ser humano está llamado a crear modos de encuentro que ensanchen su ámbito vital. Ese encuentro debe ser no sólo con los semejantes, reducidos de ordinario a quienes le cuidan, sino sobre todo con el Dios creador a quien va a devolver su existencia con todo cuanto ha realizado en ella. Esta valiosísima forma de relación le procura una indecible paz y amparo interior, no obstante la extrema inseguridad de su situación física.

La fe permite al anciano dar una respuesta satisfactoria a esta inquietante pregunta sobre el sentido último de la muerte: "¿Es la muerte la disolución en el vacío o, más bien, el tránsito a la vida auténtica?" Por eso "es malo envejecer sin la fe en Dios. (...) El núcleo de la vida del anciano sólo puede ser la oración, en cualquiera de sus formas" (28) .

Comprender así el sentido profundo de la fase terminal de la vida constituye un modo sobresaliente de sabiduría. Es la capacidad creciente de discernimiento que observamos en Guardini a medida que avanza en edad y que se manifiesta en la mayor lucidez que muestran sus análisis en este libro conforme se acerca el final (29).




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Comentarios al autor









(20) Cristiandad, Madrid 1983, 6ª ed; Die Annahme seiner Selbst, Werkbund, Würzburg 1953; actualmente, en M. Grünewald, Maguncia.
(21) Cf. Juan Rof Carballo: Urdimbre afectiva y enfermedad, Labor, Barcelona 1961; El hombre como encuentro, Alfaguara, Madrid 1973.
(22) La importancia decisiva que tienen los conceptos de "ámbito" y "encuentro" en el proceso de realización personal es analizada ampliamente en mi obra Inteligencia creativa. El descubrimiento personal de los valores, BAC, Madrid 1999.
(23) Cf. Wahrheit des Denkens.., págs. 90-91. A experiencias de este género se refería, sin duda, Guardini cuando escribía: "A veces me vuelvo indiferente a todo este trajín en torno a los libros: leer, escribir, publicar...Una sola experiencia pura y profunda vale más que todo eso" (Cf. O.cit., p. 114).
(24) Cf. Die Lebensalter..., p. 74; Las etapas..., págs. 116-117.
(25) Cf. Die Lebensalter..., p. 75; Las etapas..., p. 117.
(26) Cf. Die Lebensalter..., p. 73; Las etapas..., p. 116.
(27) Cf. Die Lebensalter..., p. 93; Las etapas..., p. 145.
(28) Cf. Die Lebensalter..., p. 73; Las etapas..., p. 116.
(29) En la línea de Guardini se halla la concepción del sentido de las etapas de la vida que expone el catedrático de filosofia de la universidad de Bamberg (Alemania) Heinrich Beck, a la luz de su idea "triádica" de la realidad, en el trabajo "El sentido de las etapas de la vida. Infancia, juventud, edad adulta, ancianidad", publicado en la rev. Educadores 172 (1994) 473-499.











 
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