Cómo otorgar sentido a las distintas edades de la
vida
Según explicó Guardini en otra breve obra de esta época,
La aceptación de sí mismo (20) , lo decisivo en
la vida humana es aceptar el propio ser, con sus
condiciones y en todo su alcance. Hay que aceptar la
propia vida como un don que se nos otorga en
el origen y como un obsequio que debemos hacer gustosamente,
al final, a Quien nos la dio. Este recibir agradecidamente
la vida en cada fase de la misma nos lleva
a conceder a cada momento de la existencia su debido
valor. El valor de la existencia humana radica en su
capacidad de crear vínculos, establecer relaciones de amistad y ámbitos
de convivencia. De esta forma crece el hombre biológicamente y
se desarrolla personalmente. Tal desarrollo debe realizarse en todas las
etapas de la vida, no sólo en la niñez y
juventud, sino también en la edad madura e incluso en
la vejez y la senilidad.
Sabemos por la Biología actual
que el hombre es "un ser de encuentro", ser que
se despliega abriéndose a otros seres y creando con ellos
campos de juego, relaciones de encuentro. Esta apertura implica riesgo
pero aporta una forma nueva de realización, que es más
creativa, más madura y más rica, y supone un modo
renovado de estabilidad. En el seno materno el niño se
halla unido a la madre con un tipo de vinculación
casi fusional. No tiene iniciativa, capacidad de crear vínculos. La
unidad le viene dada. En el alumbramiento, este vínculo nutricio
se rompe, y el niño cobra cierta independencia pero se
siente desvalido. Para hacer viable su vida, la madre -a
una con los demás familiares- debe crear con el niño
un ámbito de acogimiento y tutela, una "urdimbre afectiva" (21)
que suscite en él una actitud de confianza incondicional
en el entorno. Su situación es más arriesgada que antes,
porque esa tutela y acogimiento pueden faltarle, pero tiene la
posibilidad de iniciar una relación de "encuentro", lo que supone
un modo de vinculación más perfecto que la fusión del
estado fetal. Una vez conseguido cierto amparo en el hogar,
debe el niño salir al colegio, con la necesidad de
crear un círculo de amigos y un entorno nuevo. Estamos
ante otra situación azarosa que puede abrir nuevas posibilidades de
realización. El niño va así ampliando su "ámbito de vida",
sin perder el ámbito familiar, el primero y modélico (22)
.
El adolescente y, más tarde, el joven se esforzarán
por crear formas de unión extrafamiliares, al margen y a
veces contra el ámbito familiar, llevados por el afán de
afirmar su independencia. Corren, con ello, el riesgo de renunciar
al ámbito que constituye sus raíces vitales sin haber creado
todavía otros ámbitos capaces de acoger su energía bullente, y
quedar en vacío. La vida les enseñará que el éxito
acompaña a quien sabe abrirse a nuevos ámbitos de vida
y ensamblarlos con los ya creados. Sólo así su personalidad
va adquiriendo el relieve que le compete.
También en la
vejez deben darse esos dos aspectos: apertura de nuevos ámbitos
y logro de una forma nueva y superior de estabilidad.
Podría pensarse que la vejez, cuando aboca a la senilidad,
se convierte en puro deterioro físico. Para Guardini, el desmoronamiento
físico supone un modo nuevo de apertura: la apertura
a lo eterno, al Creador. Ello supone un tipo distinto
de riesgo, el mayor de todos, pero, cuando lo asumimos
con la debida preparación, logramos una forma inédita de plenitud,
seguridad y amparo. A sus 69 años, anota Guardini en
su Diario:
"Nueva, maravillosa experiencia: el pensamiento de la vida
eterna se me ha hecho cercano. Si Dios me concede
esa gracia, me iré con Él. Entonces cesará la menesterosidad
que todo lo penetra; todo lo destruido y falto de
sentido. Él me da vida y sentido". "Pero ¿qué hago
yo, ser finito, en una existencia que es eterna? He
sentido esto tan intensamente que tenía el sentimiento de que
es algo que no depende sólo de mí. La respuesta
me la daba este otro pensamiento: En esta existencia eterna
yo no estoy como un ser aislado. Lo eterno es
Dios. Yo estoy en la eternidad en cuanto estoy en
Él. Él me hace participar en su vida y en
su condición de Ser eterno. Pues Él (...) es
Quien asumió nuestra existencia en la Suya. El eco de
este misterio es que Él nos concede asumir Su existencia
en la nuestra. Este ´en´ es el Cielo. ´Admirabile commercium´.
Por primera vez adivino algo de lo que es la
eternidad de la salvación. Y por cierto como algo real
que me incumbe a mí. A mí, realmente; de modo
que puedo alegrarme de ello y sentir temor ante ello...
Este sentimiento se renovó en mí una u otra vez
durante el día" (23) .
Cada etapa de la vida es
diferente e independiente de las otras, tiene sentido en sí
misma, pero debe servir de preparación para la siguiente, ya
que en definitiva se trata de un mismo ser humano
que sigue un camino de desarrollo. Si uno, en la
fase fecunda de la vejez, rehuye asumir la propia muerte
como una posibilidad de su vida que debe ser realizada
con pleno sentido, y sólo se ocupa de sorber ansiosamente
los últimos goces que le es dado disfrutar, no podrá
hacer nada sensato y digno en la edad senil. Llevará
una vida mezquina (24) .
El anciano puede vivir su
condición senil con la debida elevación de espíritu, sin crisparse
sobre sí mismo, si desde joven cultiva el autodominio, el
orden, la atención a los demás (25) . El que
de este modo hace "reservas de generosidad" y se ocupa
en todo momento de dar sentido a la vida evita
la amargura de sentir la senilidad como pura liquidación del
vivir, mero sinsentido y humillación. Este tipo de ancianos es
una bendición conocerlos (26) , pues nos revelan a todos
una gran verdad: que "también la vejez es vida"; que
"significa, ciertamente, irse acercando a la muerte, pero también la
muerte es vida" (27) .
Todas las etapas de la vida
son afines en su articulación interna, que consiste en arriesgarse
a un nuevo tipo de apertura para ampliar el propio
ámbito de vida y cobrar, así, una nueva forma de
estabilidad. La edad senil no puede ser una excepción a
este modo de ser. También en ella el ser humano
está llamado a crear modos de encuentro que ensanchen su
ámbito vital. Ese encuentro debe ser no sólo con los
semejantes, reducidos de ordinario a quienes le cuidan, sino sobre
todo con el Dios creador a quien va a devolver
su existencia con todo cuanto ha realizado en ella. Esta
valiosísima forma de relación le procura una indecible paz y
amparo interior, no obstante la extrema inseguridad de su situación
física.
La fe permite al anciano dar una respuesta satisfactoria a
esta inquietante pregunta sobre el sentido último de la muerte:
"¿Es la muerte la disolución en el vacío o, más
bien, el tránsito a la vida auténtica?" Por eso "es
malo envejecer sin la fe en Dios. (...) El núcleo
de la vida del anciano sólo puede ser la oración,
en cualquiera de sus formas" (28) .
Comprender así el sentido
profundo de la fase terminal de la vida constituye un
modo sobresaliente de sabiduría. Es la capacidad creciente de discernimiento
que observamos en Guardini a medida que avanza en edad
y que se manifiesta en la mayor lucidez que muestran
sus análisis en este libro conforme se acerca el final
(29).
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y su sentido,
Comentarios al
autor
(20) Cristiandad, Madrid 1983, 6ª ed; Die
Annahme seiner Selbst, Werkbund, Würzburg 1953; actualmente, en M. Grünewald,
Maguncia.
(21) Cf. Juan Rof Carballo: Urdimbre afectiva y enfermedad, Labor,
Barcelona 1961; El hombre como encuentro, Alfaguara, Madrid 1973.
(22) La
importancia decisiva que tienen los conceptos de "ámbito" y "encuentro"
en el proceso de realización personal es analizada ampliamente
en mi obra Inteligencia creativa. El descubrimiento personal de los
valores, BAC, Madrid 1999.
(23) Cf. Wahrheit des Denkens.., págs.
90-91. A experiencias de este género se refería, sin duda,
Guardini cuando escribía: "A veces me vuelvo indiferente a todo
este trajín en torno a los libros: leer, escribir,
publicar...Una sola experiencia pura y profunda vale más que todo
eso" (Cf. O.cit., p. 114).
(24) Cf. Die Lebensalter..., p.
74; Las etapas..., págs. 116-117.
(25) Cf. Die Lebensalter..., p. 75;
Las etapas..., p. 117.
(26) Cf. Die Lebensalter..., p. 73; Las
etapas..., p. 116.
(27) Cf. Die Lebensalter..., p. 93; Las etapas...,
p. 145.
(28) Cf. Die Lebensalter..., p. 73; Las etapas..., p.
116.
(29) En la línea de Guardini se halla la concepción
del sentido de las etapas de la vida que expone
el catedrático de filosofia de la universidad de Bamberg (Alemania)
Heinrich Beck, a la luz de su idea "triádica" de
la realidad, en el trabajo "El sentido de las etapas
de la vida. Infancia, juventud, edad adulta, ancianidad", publicado en
la rev. Educadores 172 (1994) 473-499.