La experiencia propia, fuente de inspiración para Guardini
A
la hora de preparar sus clases y escritos, Guardini acudía
más a su propia experiencia que al pensamiento de otros
autores. Como preparación remota leía y meditaba algunas obras, a
fin de tener la información necesaria, pero luego sometía los
temas básicos a una reflexión prolongada, y, cuando había asumido
interiormente las cuestiones y sentía que cobraban vida en su
espíritu, iniciaba el trabajo de exponerlas de modo sistemático. Su
preocupación fundamental era dar vida a cuanto expresaba. Este atenimiento
a la propia experiencia está especialmente indicado en el análisis
del sentido de las diferentes edades de la vida, sobre
todo la vejez.
"No es fácil hablar de la vejez
de un modo que sea creíble. Presupone que uno
tenga experiencia de ello, pero también que reconozca la propensión
de los ancianos a sentir rencor contra la vida, envidiar
a la juventud y tener resentimiento hacia lo nuevo, y
que al menos intente superarla" (10) .
Por estar inspirada
en la propia experiencia, la obra Las etapas de la
vida tiene cierto valor autobiográfico. El paso por las distintas
edades de la vida humana permitió a Guardini ver por
dentro la articulación interna del proceso vital y describirla en
las páginas de este libro. A la inversa, los principios
básicos que deben regular el desarrollo cabal de la existencia,
tal como son expuestos en el libro, impulsaron y dieron
sentido a la vida entera de Guardini. Recordar algunos datos
de su biografía puede ayudarnos sobremanera a leer la obra
al trasluz y comprender la personalidad del autor.
Su niñez transcurre
al amparo de unos padres distinguidos y cultos, pero un
tanto distantes. Su padre le inspira un gran amor a
la figura de Dante, de cuya Divina Comedia le recita
versos en la lengua original. Su madre le transmite una
tendencia a la melancolía, entendida en el doble sentido del
término alemán Schwermut: abatimiento, por una parte, y, por otra,
nostalgia hacia niveles de vida trascendentes (11) . Debido al
traslado de su familia de Verona (Italia) a Maguncia (Alemania)
cuando tenía un año de edad, realizó todos los estudios
en centros académicos alemanes. Vivió muy recluido en el ámbito
familiar, sin apenas contactos humanos con el entorno alemán (12)
.
En la juventud se ve urgido a abrirse a
su entorno y decidirse a ejercer su vida profesional
en el área de la cultura alemana, sin romper con
la tradición de su patria italiana. Se siente ciudadano de
dos patrias, dos lenguas, dos culturas. Consigue la amistad profunda
de varios compañeros de alta calidad espiritual, que le ayudan
a orientar su futuro. Vive intensamente la desorientación de la
juventud, pero no deja de hallarse en todo momento a
la búsqueda de su auténtico camino en todos los aspectos:
profesional, ético y religioso. Se siente frenado en todas sus
iniciativas por su connatural timidez y no vive espontáneamente las
experiencias típicas de la juventud (13) .
Su edad madura
viene determinada por la decisión de consagrarse al Señor en
el sacerdocio, en la línea de su amor incondicional a
la verdad, el bien, el recto orden de las cosas,
la fidelidad a lo que nos es dado como un
entorno vital. Esta actitud de arraigo le impulsa a buscar
un nuevo camino, más auténtico y eficaz, para el estudio
de la vida espiritual y la esencia del Cristianismo, y
su comunicación a las gentes. Este afán de autenticidad y
eficacia suscita en su torno desconfianzas y dificulta su acceso
a la actividad docente (14) . Sin embargo, con gran
esfuerzo y fiel a su línea de actuación consigue una
posición académica prestigiosa.
La vejez, entendida como disminución de la
capacidad de trabajo, se le hizo de algún modo presente
en plena madurez. Incluso en los días de mayores éxitos
sentía vivamente la caducidad de la vida (15) . Pero
este sentimiento no le causaba amargura; intensificaba su conciencia de
finitud, de ser una realidad que es fruto de una
donación y le remite más allá de sí mismo. Por
eso asumía como propio el lema de Pascal: "L´homme dépasse
infiniment l´homme" (El hombre supera infinitamente al hombre). Diversas enfermedades
alteraron considerablemente su ritmo habitual y mermaron sus potencias, sobre
todo la memoria, el oído y la vista. "Hay dos
facultades que me parecen muy valiosas –escribe-, y me están
fallando cada vez más: la memoria y el oído" (16)
. Sin embargo, su fidelidad a la misión evangelizadora le
infundió nuevos bríos un día y otro, de forma que
pudo llevar a cabo una labor de gran envergadura con
la mayor dignidad. Nunca se queja en su Diario de
los dolores nada leves que a veces padece (17) .
De cuando en cuando el asma le oprime y se
siente como amenazado vitalmente: "El asma es una opresión, un
encogimiento en medio de la amplitud del espacio. Hay aire
por todas partes, pero el oprimido no recibe ninguno. En
el hombre hay estrechez..." (18) . Tan sólo lamenta que
no pueda programar su trabajo con la deseada seguridad. Con
frecuencia se pregunta qué será de sus clases universitarias y
de su misa dominical en la iglesia universitaria de San
Luis (la famosa "Ludwigskirche" muniquesa) si no ceden sus dolores
de trigémino, o sus depresiones, o los ataques de asma,
o los cólicos nefríticos, que le obligan más de una
vez a hospitalizarse durante semanas.
El hecho de ver en cada
fase de la vida la existencia entera, con su exigencia
de sentido, su vocación y misión peculiares, otorgó a su
vida en todo momento una especial seriedad y gravedad, y
la dotó al mismo tiempo de levedad y energía
porque la mantuvo abierta en todo momento a la trascendencia.
Ello explica que no haya dejado el trabajo pastoral sino
cuando sus dolencias le obligaban a ello, y haya proseguido
su labor publicística hasta el último momento, preparando manuscritos que
fueron publicados póstumamente (19) .
La vida entera de Guardini,
entregada sin desmayo a una misión lúcidamente asumida, fue una
preparación para su edad senil, que supo llevar con coraje
y coronar con una muerte santa a los 83 años.
Continuación:
Las etapas de la vida y su sentido,
III (Como otorgar sentido a las distintas edades de la
vida)
Comentarios al autor
(10) Cf. Die Lebensalter..., p. 91; Las
etapas..., p. 142.
(11) Cf. R. Guardini:Vom Sinn der Schwermut (Sobre
el sentido de la melancolía), Grünewald, Maguncia 1983, trabajo publicado
por primera vez en la obra Unterscheidung des Christlichen (La
diferenciación de lo cristiano), Grünewald, Maguncia 1935. Versión en audiocassette:
Grünewald, Maguncia, 1980. Cf. Hanna-Barbara Gerl: Romano Guardini (1885-1968). Leben
und Werk, págs. 323-329.
(12) Cf. R. Guardini: Apuntes para una
autobiografía, págs. 76-80.
(13) Cf. O. cit., p. 77.
(14) Cf. O.
cit., págs. 171 ss.
(15) Cf. Wahrheit des Denkens..., págs. 85,
87, 89.
(16) Cf. O. cit., p. 88. "Sé algo de
lo que son los sentidos desde que voy perdiendo oído
y vista" (Cf. O. cit., p. 38).
(17) El 11 de
Septiembre de 1959 escribe: "Neuralgia del trigémino: por así decir,
dolor puro". ( Wahrheit des Denkens..., p. 119).
(18) Cf. O.
cit., p. 33.
(19) En español fueron publicados los siguientes: La
existencia del cristiano, BAC, Madrid 1997; Ética, BAC, Madrid 1999.