LAS ETAPAS DE LA VIDA Y SU SENTIDO (1)
A instancias de su editor, Hans Waltmann, Romano Guardini accedió
a publicar en edición aparte algunas de las lecciones de
Ética que impartía a comienzos de los años 50 en
la universidad de Munich con gran empeño y nutrida asistencia
de alumnos (2) . En su Diario, Guardini muestra el
extraordinario interés que puso en estas clases, que condensan todo
su pensamiento acerca del ser humano(3) .
El primer fragmento
seleccionado para ese fin fue el relativo a "las edades
de la vida", en el que se analizan las tareas
éticas que corresponden a las principales etapas que recorre el
hombre en su existencia. Por eso el subtítulo dice: "Su
significación ética y pedagógica". En la Ética, estos análisis figuran
bajo el título: Las edades de la vida y el
conjunto del proceso vital . (4)
Carácter peculiar de cada etapa
de la vida
Guardini tiende siempre a abordar los problemas de
forma concreta y viva, no abstracta e incomprometida. No le
bastan las consideraciones generales sobre el bien, el deber, la
conciencia, el amor... Quiere ver pormenorizadamente las actitudes éticas que
debe el hombre adoptar en cada fase de su vida
y las actividades que ha de llevar a cabo. No
realiza una investigación psicológica o sociológica de las etapas básicas
de la vida humana. Le preocupa descubrir el sentido de
dicha vida en las etapas ascendentes y en las consideradas
a menudo como descendentes, incluso en los momentos límite de
éstas (5) .
Su misión consistió, desde el comienzo de
su actividad pastoral y publicística, en descubrir las leyes del
pleno desarrollo de la persona humana, vista en todo su
alcance. Este alcance llega hasta el Creador, tanto por razón
del origen de la vida humana como de la meta
que debe alcanzar. Según manifestó el autor a quien esto
escribe, el pensamiento nuclear de toda su producción se halla
expresado en la conferencia pronunciada en el 75 "Katholikentag" (Berlin,
1952) con el título: Nur wer Gott kennt, kennt den
Menschen (Sólo quien conoce a Dios conoce al hombre) (6)
. A la luz de esa idea global del sentido
de la vida humana, Guardini estima que cada etapa
presenta una significación peculiar, de modo que su valor no
puede ser deducido de otra etapa considerada como modélica.
Esto
le permite trazar un perfil lúcido de la edad senil,
que no se le aparece como el mero desmoronamiento de
la vida sino como su culminación, ya que tiene como
tarea ética específica preparar una "feliz y santa muerte", en
expresión del pueblo llano. Guardini supera radicalmente la tendencia banal
a considerar como únicos atributos de la vida la energía
juvenil, la capacidad de acción intensa, el poder de dominio
y disfrute biológico. El hombre, visto como persona, tiene el
privilegio de poder conceder a cada fase de la vida
un sello característico, y realizar en ella la tarea que
le es propia y para la que está perfectamente
dotada. La muerte no debe ser vista como algo meramente
negativo, un mero cesar impuesto desde fuera, un accidente ajeno
a la vida, incluso contrario a ella, sino como el
momento decisivo en el que se cierra para siempre el
signo de nuestra relación con el Creador. De consiguiente, la
edad senil ha de ser considerada como una etapa de
preparación para ese acontecimiento singular que corona el decurso vital
y le otorga su sentido definitivo. La ayuda al anciano
no ha de limitarse a prestarle la asistencia indispensable para
su bienestar; ha de procurar que descubra la gran significación
de ese período de la vida y lo viva con
la dignidad que el mismo exige.
Al ver el curso
de la vida humana desde la perspectiva que otorga la
fe, se deja de considerar la etapa infantil como mero
preludio de la juvenil, y ésta como la preparación de
la madurez, y la vejez como el anuncio alarmante del
advenimiento de la senilidad, vista como la pérdida gradual de
las energías vitales y el desvalimiento irreversible. Cada fase de
la vida aparece como la posibilidad de realizar de un
modo peculiar el sentido nuclear de la existencia.
Lo que
en el fondo interesa a Guardini es mostrar cómo se
manifiesta la exigencia del bien en cada edad de la
vida. La verdad de cada persona consiste en buscar el
bien y el valor en toda circunstancia. Una concepción profunda
de la vida humana, tal como es posibilitada por la
Revelación, no considera el rendimiento, la eficacia y la intensidad
de la acción como el módulo único del valor de
la persona. La existencia del hombre puede y debe presentar
un sentido muy elevado incluso cuando hace quiebra el vigor
corporal. Cada momento de la vida humana está enriquecido por
el conjunto de todos sus momentos. En cada uno de
éstos vibra el todo -las obras realizadas, las metas perseguidas,
el amor dispensado y recibido, los vínculos creados-. El ser
humano es el mismo - aunque no lo mismo- en
todos los momentos de su vida; el mismo en el
sentido activo de quien se halla realizando su vocación y
su misión. De ahí la fecunda tensión interior que presenta
nuestra vida en cada instante, por anodina y desvalida
que parezca. Descubrir y valorar debidamente esa tensión es un
rasgo de sabiduría que constituye para el hombre una fuente
de hondo consuelo, sobre todo en las etapas más propicias
a la pérdida de la autoestima y a la consiguiente
depresión espiritual (7) .
Una de las formas más eficaces de
ayudar a los demás es hacerles ver que la etapa
en que se hallan presenta una trama de valores propios.
Su valor no debe ser precisado por confrontación con otras
etapas, sino desde ella misma y desde la meta que
está llamada la vida humana a perseguir y conseguir. Tal
visión "relacional" de la existencia permite interpretar de modo justo
el alcance y significación de cada fase de la misma.
Esta capacidad de interpretación presenta un interés excepcional en los
momentos en que la vida propia parece carecer de sentido
y nos lleva a preguntarnos si vale la pena seguir
trabajando, esforzándose, haciendo proyectos y persiguiendo metas. Este primer momento
de vacilación puede agudizarse y llevarnos a cuestionarlo todo: ¿Tiene
sentido mi vida? ¿Por qué existo? ¿Por qué existe algo
y no más bien la nada? ¿Puede, de verdad, tener
sentido una vida que conduce inexorablemente al desconsuelo de la
muerte? Cuanto más fuerte e inminente se vuelve este riesgo
de caer en el escepticismo y el absurdo, tanto más
sentimos la necesidad de ahondar en la existencia y descubrir
que alberga un profundo sentido aun en los momentos de
mayor decadencia.
Este descubrimiento constituye una de las tareas
más valiosas de la ancianidad, que debe convertirse para todos
en una verdadera "escuela de vida".
"La posibilidad de destruir
el sentido pertenece a la existencia humana. En
ésta vemos muchas cosas que no tienen realmente ningún sentido,
al menos no tienen ninguno que aparezca a nuestro ánimo
como tal. De la edad madura dijimos que en ella
se impone la tarea de reconocer lo absoluto en la
trama de los condicionamientos. Ahora (en la vejez) se debe
mantener el sentido de la vida en medio de los
procesos de desmoronamiento que desaniman y debilitan esta edad. Y
ninguna filosofía está en orden si no hace frente a
este peligro. Si el filósofo sigue siendo honrado y no
elude los problemas, a la vez que conserva el ánimo
que le lleva a creer en el sentido aunque tantas
cosas parezcan negarlo, penetra en las capas auténticas de la
existencia" (8) .
Para ello debe pensar desde la perspectiva
que nos da el ver la vida en conjunto.
"En
estas lecciones sobre ética, hemos (...) dirigido la mirada repetidas
veces al conjunto de la existencia, e intentado responder a
los problemas concretos desde dicho conjunto. Las ideas que acabo
de exponer responden también a esa forma de mirar. De
ahí que no hayamos perdido el tiempo que les hemos
dedicado" (9).
Continuación: Las etapas de la vida
y su sentido, II (La experiencia propia, fuente de inspiración
para Guardini)
Comentarios al autor
(1) Cf. Die Lebensalter. Ihre ethische und pädagogische Bedeutung,
Werkbund, Würzburg 1953, 1957, 4ª ed.; M. Grünewald, Maguncia 1996,
7ª ed. Versión española: Las etapas de la vida. Su
importancia para la ética y la pedagogía, Palabra, Madrid, 1997.
Esta versión fué realizada a base de la última edición
alemana citada.
(2) Estas lecciones fueron editadas, póstumamente, en 1993,
por Hans Mercker, con la colaboración de Martin Marschall, bajo
el título Ethik. Vorlesungen an der Universität München (1950-1962), dos
vols., editoriales Grünewald y Schöningh, Maguncia-Paderborn 1993, 21994. Versión
española: Ética lecciones en la universidad de Munich, BAC, Madrid
1999.
(3) Cf. Wahrheit des Denkens und Wahrheit des Tuns,
Schöning, Paderborn, 1985, p. 81. Véanse, asimismo, las págs. 36,
62, 64, 69. "Lo que entiendo aquí por ´Ética´ es
más que una mera investigación de lo que se debe
hacer y lo que no se puede hacer y los
problemas que se derivan de ello. En ella trato de
dar una interpretación de la existencia humana a la luz
de la obligación moral que gravita sobre ella y de
la dignidad que le otorga esta obligación" (Die Lebensalter. Ihre
ethische und pädagogische Bedeutung, p. 79; Las etapas de la
vida. Su importancia para la ética y la pedagogía, págs.
127-128).
(4) Cf. Ethik, págs. 591-661. Versión española: Ética. Lecciones en
la universidad de Munich, BAC, Madrid 1999, págs. 441-491. Tres
años más tarde, publicó también Guardini en forma de folleto,
junto al ensayo de Otto Friedrich Bollnow Begegnung und Bildung
(Encuentro y formación), la lección de Ética dedicada a exponer
"las condiciones antropológicas de la ética". Su tema -el encuentro-
es central en el pensamiento guardiniano. Cf. Begegnung und Bildung,
Werkbund, Würzburg 1956.
(5) Cf. Die Lebensalter...,p. 67; Las etapas... p.
109. De ahí la afinidad de esta obra con la
conferencia sobre "Las edades de la vida y la filosofia"
(cf. Die Lebensalter..., págs. 79-89; Las etapas..., págs. 127-137),
pronunciada con motivo de su 70 cumpleaños en la universidad
de Munich.
(6) Werkbund, Würzburg 1852. Reedición en 1965, con
el título Den Menschen erkennt nur wer von Gott weiss,
Grünewald-Schöning, Maguncia-Paderborn. Edición española: Quien sabe de Dios conoce al
hombre, PPC, Madrid 1995, publicada conjuntamente con El fin de
la modernidad (Das Ende der Neuzeit, M. Grünewald, Maguncia 1950,
1986).
(7) En su obra Der Mensch vor der Frage nach
dem Sinn (El hombre en busca de sentido), Piper, Munich
71989, V. Frankl advierte que el ser humano puede alcanzar
cotas de alta dignidad incluso en la situación límite de
un campo de concentración. Cuenta, a este respecto, que
los prisioneros de Auschwitz que no le preguntaban a la
vida qué podía darles todavía sino a quién podían
ellos ayudar tenían fuerza para soportar las máximas penalidades y
sobrevivir. No así los que daban por hecho que una
vida en tales circunstancias carecía de todo sentido.
(8)
Cf. Die Lebensalter.., p. 86; Las etapas..., p. 134.
(9) Cf.
Die Lebensalter.., p. 89; Las etapas..., p. 137.