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La Doctrina Social de la Iglesia y los Empresarios Católicos | categoría
Magisterio, Sacerdotes y Doctrina Social | tema
Autor: Obispos de la Provincia Eclesiástica de Acapulco | Fuente: CEM.org.mx
Carta Pastoral sobre el Crimen Organizado en Guerrero
Mensaje de los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Acapulco en respuesta a la violencia que deriva de las organizaciones criminales y el deterioro de la vida social.
 
Carta Pastoral sobre el Crimen Organizado en Guerrero
Carta Pastoral sobre el Crimen Organizado en Guerrero
Acapulco, Gro., a 24 de enero de 2008

A los fieles católicos y a todas las personas de buena voluntad:

Que la Paz del Señor esté con ustedes


1. En los últimos años se ha recrudecido en nuestra región la violencia causada por organizaciones criminales, distinta a la violencia intrafamiliar y a la violencia causada por la delincuencia común en las calles. Esta violencia tiene sus propias características, sus causas y sus circunstancias. Está marcada por la crueldad, por el ajuste de cuentas, por la exhibición de poder y por la intención de intimidar a los rivales y a toda la sociedad.

2. Esta situación no es exclusiva de nuestra región. Los obispos latinoamericanos han señalado recientemente que “la vida social se está deteriorando gravemente en muchos países de América Latina y de El Caribe por el crecimiento de la violencia, que se manifiesta en robos, asaltos, secuestros, y lo que es más grave, en asesinatos que cada día destruyen más vidas humanas y llenan de dolor a las familias y a la sociedad entera. La violencia reviste diversas formas y tiene diversos agentes: el crimen organizado y el narcotráfico, grupos paramilitares, violencia común sobre todo en la periferia de las grandes ciudades, violencia de grupos juveniles y creciente violencia intrafamiliar”[1].

3. Además del atraso económico, político y social que estigmatiza la vida de los guerrerenses, tenemos que reconocer la presencia y la actuación del crimen organizado que hace más difícil aún la vida de los habitantes de esta región y que constituye una manifestación más desarrollada del espíritu del Mal entre nosotros. El Mal no sólo se manifiesta en las personas y en las relaciones humanas y sociales sino que se organiza de una manera programada con fines perversos que causan graves daños a las personas, a las familias y a la sociedad entera.

4. Los Pastores de las Iglesias Particulares que peregrinan en esta región suriana reconocemos la presencia destructora de este Mal, pero también queremos buscar caminos que ayuden a los fieles católicos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que nos escuchen, a vencer el poder del mal con el bien (Cfr. Romanos 12, 21) para edificar una convivencia social pacífica y respetuosa de la dignidad de las personas.

Primera parte: EL CRIMEN ORGANIZADO EN NUESTRA REGIÓN.

5. Entendemos por crimen organizado a los grupos de delincuentes que se organizan de manera sistemática y permanente en bandas, mafias, cárteles u otras formas para conseguir ganancias para sí o para otros mediante acciones reconocidas como delitos. Para asegurar sus objetivos, las organizaciones criminales recurren a la violencia y a la corrupción. Algunas de las actividades más comunes de estas organizaciones criminales en nuestra región son el narcotráfico, el secuestro, la trata de personas, el lavado de dinero, el robo de autos y las ejecuciones.

6. Por su manera de actuar, el crimen organizado genera inseguridad y violencia, degrada el tejido social, lastima la integridad de las personas y de las familias y pone en alto riesgo la paz en nuestros pueblos. El narcotráfico, en particular, desafía al Estado y se ha convertido en una amenaza para la seguridad nacional.

7. El narcotráfico es una de las formas más antiguas y difundidas del crimen organizado en nuestra región. Desde hace aproximadamente cuatro décadas ya se promovía el cultivo de drogas en el campo guerrerense al tiempo que se iban tejiendo redes de traficantes contando con las correspondientes complicidades oficiales. En estos últimos años hemos tenido situaciones que se han tornado críticas debido a disputas entre cárteles que buscan tener el control de esta región, sobre todo en las regiones de Acapulco, Costa Grande, Centro y Tierra Caliente. Se presume que en algunas regiones, los narcotraficantes han llegado a tener en sus manos el poder económico y que van ahora por el poder político.

8. El secuestro tiene en nuestra región una historia ya muy larga, cuando se tenía en la mira a ricos ganaderos, agricultores y comerciantes de la región. En tiempos pasados, algunos secuestros tuvieron una relación con los movimientos subversivos. Ahora se ha ampliado y refinado la industria del secuestro en las ciudades y en el medio rural. Desde las amenazas de secuestro para exigir dinero hasta la consumación del mismo para exigir el rescate correspondiente. Desde secuestros de personas pudientes hasta personas de medios modestos; desde adultos hasta niños. También hay que señalar que hay desde secuestradores especializados que usan altas tecnologías hasta aprendices y hasta muy jóvenes.

9. Las ejecuciones han llegado a ser una manifestación muy visible del crimen organizado, sobre todo del narcotráfico, que hace sentir su poder y su capacidad de controlar y proteger el desarrollo de sus negocios ilícitos. Se da el ajuste de cuentas con quienes están involucrados en el comercio ilegal de las drogas que no cumplen pactos o reglas, y se da también la disputa armada entre mafias o cárteles que arrebatan o defienden el control de mercados y de territorios. Son reprobables, también, los asesinatos consumados por quienes se cobijan en la confusión generada por el crimen organizado, para hacerse justicia por mano propia en otra clase de agravios entre particulares.

10. La trata de personas es un delito contra los derechos humanos considerado como la esclavitud del siglo XXI. Este delito consiste en el traslado forzoso o por engaño de una o varias personas de su lugar de origen, la privación total o parcial de su libertad y la explotación laboral, sexual o similar. Es un acto criminal que viola los derechos humanos, la dignidad y la integridad de estos nuevos esclavos y esclavas. En nuestra región se conocen más los casos de explotación de la prostitución de mujeres y de niños u otras formas de explotación sexual, la servidumbre, la explotación de la mendicidad ajena, el matrimonio servil, la extracción de órganos, y el turismo sexual.

11. El lavado de dinero es el proceso a través del cual es encubierto el origen de los dineros generados mediante el ejercicio de algunas actividades ilegales o criminales (tráfico de drogas, contrabando de armas, corrupción, fraude fiscal, malversación pública, extorsión y trabajo ilegal). El objetivo de la operación, que generalmente se realiza en varios niveles, consiste en hacer que los dineros obtenidos a través de actividades ilícitas aparezcan como el fruto de actividades legítimas y circulen sin problema en el sistema financiero.

12. El robo de autos, sobre todo en las ciudades, ha sido una forma muy común del ejercicio del crimen organizado. Hay bandas muy bien entrenadas que tejen una cadena entre quienes roban los vehículos, los desvalijan o los transportan a otros estados y los venden. De ordinario cuentan con la complicidad de cuerpos de seguridad.

13. Es necesario ubicar las causas de estas diversas formas de crimen organizado. Hay que señalar causas estructurales que corresponden a nuestro sistema económico y político. En particular podemos pensar en las deficiencias del sistema educativo que durante mucho tiempo ha carecido de una formación humanista y ética, el desempleo que cada día crece más, la corrupción política y la protección policíaca[2], el abandono del campo, y la búsqueda de dinero fácil. No podemos pasar por alto muchos contenidos propagados por diversos medios de comunicación social. Por otra parte, asumimos el diagnóstico de los obispos latinoamericanos cuando dicen que “sus causas (de la violencia) son múltiples: la idolatría del dinero, el avance de una ideología individualista y utilitarista, el irrespeto a la dignidad de cada persona, el deterioro del tejido social, la corrupción incluso en las fuerzas del orden, y la falta de políticas públicas de equidad social”[3].

Segunda parte: LA PALABRA DE LA FE

“Vence al mal con el bien” (Romanos 12, 21)

14. Si bien, el crimen organizado es un mal que tiene ramificaciones nacionales e internacionales y se percibe con mayor poder, incluso, que el del Estado, la fe cristiana nos ayuda a mirarlo en su verdadera dimensión. Jesucristo, muerto resucitado ha resultado vencedor de todo mal, del pecado y de la muerte y nos ha dicho: “No teman, yo he vencido al mundo”[4]. A la luz de Aquél que venció en la Cruz, es que Pablo indicaba a los cristianos de Roma: “No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien”[5]. Estas palabras reflejan la gran estrategia de la Salvación que el Señor siguió para vencer al mal.

15. De esta forma, nosotros no vemos al crimen organizado como un mal invencible, sino como una expresión del pecado personal que se estructura a partir de relaciones ilegales, ilícitas e inmorales por el daño que causan a personas, a familias y a pueblos enteros. “Ante tantos dramas que afligen al mundo, los cristianos confiesan con humilde confianza que sólo Dios da al hombre y a los pueblos la posibilidad de superar el mal para alcanzar el bien. Con su muerte y resurrección, Cristo nos ha redimido y rescatado pagando ‘un precio muy alto’ (cf. 1 Corintios 6,20; 7,23), obteniendo la salvación para todos. Por tanto, con su ayuda todos pueden vencer al mal con el bien”[6].

16. La lucha contra el crimen organizado es un desafío que sobrepasa las fuerzas humanas y que apela al recurso de la esperanza cristiana. Con la certeza de que el mal no prevalecerá, el cristiano cultiva una esperanza indómita que lo ayuda a promover la justicia y la paz. “A pesar de los pecados personales y sociales que condicionan la actuación humana, la esperanza da siempre nuevo impulso al compromiso por la justicia y la paz, junto con una firme confianza en la posibilidad de construir un mundo mejor”[7].

“No pueden servir a Dios y al dinero” (Lucas 16, 13)

17. Todas las formas de crimen organizado implican una verdadera idolatría en cuanto que expresan, ya de manera consciente o inconsciente una decisión contraria a la Ley de Dios. No sólo se rechazan las leyes humanas establecidas para cuidar el bien común, sino que se rechaza, también, al mismo Dios. El crimen organizado manifiesta una verdadera idolatría en la que la fascinación por el poder que ofrece el dinero sustituye la adoración al verdadero Dios. Bien decía el Señor, “no pueden ustedes servir a Dios y al dinero”[8], cuando proponía la alternativa de la verdadera fe que excluye toda clase de idolatría, que excluye siempre al verdadero Dios.

18. La idolatría como rechazo a Dios se manifiesta en actitudes opuestas a la voluntad divina y al bien del prójimo, entre las cuales “dos parecen ser las más características: el afán de ganancia exclusiva, por una parte; y por otra, la sed de poder, con el propósito de imponer a los demás la propia voluntad. A cada una de estas actitudes podría añadirse, para caracterizarlas aún mejor, la expresión: ‘a cualquier precio’. En otras palabras, nos hallamos ante la absolutización de actitudes humanas, con todas sus posibles consecuencias”[9]. De aquí se desprende el carácter tremendamente destructor del crimen organizado: destruye conciencias, valores, sentimientos, relaciones. Lo que es peor, destruye el sentido sagrado de la relación con Dios para poner en su lugar expresiones seudo-religiosas que se expresan en cultos como el de la Santa Muerte y el de Jesús Malverde.

“A Dios solo adorarás” (Mateo 4, 10)

19. El conocimiento del Dios verdadero proporciona al creyente la posibilidad de abandonar la idolatría y todas sus consecuencias, como pueden ser las actitudes criminales que se desarrollan y se vinculan a través de organizaciones ilícitas e ilegales. Jesucristo ha venido a mostrarnos el rostro amoroso de Dios a quien nos presenta como su Padre y nuestro Padre. El Reino de Dios, centro de su mensaje y de su práctica es una propuesta a vivir bajo la soberanía de Dios en una actitud de confianza y de entrega absoluta como la verdadera adoración “A Dios sólo adorarás”[10] es la respuesta de Jesús ante la tentación de la idolatría. La adoración a Dios implica la aceptación de su Palabra como ley suprema que conduce a la vida fraterna y al justo uso de los bienes de la tierra.

20. El encuentro con Jesucristo es el punto de partida para hacerse discípulo e iniciar un camino de liberación de toda idolatría. Seguir a Jesús es aprender a adorar a Dios y a servir a los hermanos al tiempo que se va desarrollando una liberación del afán del dinero y la fascinación del poder que suelen empujar hacia la delincuencia organizada. “En el seguimiento de Jesucristo, aprendemos y practicamos las bienaventuranzas del Reino, el estilo de vida del mismo Jesucristo: su amor y obediencia filial al Padre, su compasión entrañable ante el dolor humano, su cercanía a los pobres y a los pequeños, su fidelidad a la misión encomendada, su amor servicial hasta el don de su vida. Hoy contemplamos a Jesucristo tal como nos lo transmiten los Evangelios para conocer lo que Él hizo y para discernir lo que nosotros debemos hacer en las actuales circunstancias”[11].

“Digan primero: paz a esta casa” (Lucas 10, 6)

21. La Iglesia tiene la misión de anunciar el Evangelio que tiene la capacidad de forjar una ‘cultura de paz’. “La Iglesia, sacramento de reconciliación y de paz, desea que los discípulos y misioneros de Cristo sean también, ahí donde se encuentren, “constructores de paz” entre los pueblos y naciones de nuestro Continente. La Iglesia está llamada a ser una escuela permanente de verdad y justicia, de perdón y reconciliación para construir una paz auténtica”[12]. Por eso, su misión es llamar a la conversión a todos y, de manera particular, a quienes han caído en las redes del crimen organizado, en cualquiera de sus expresiones. Mostrando a Jesucristo vivo, la verdadera riqueza[13], puede promover actitudes de desapego al dinero y al poder y de respeto a la dignidad humana y de búsqueda del bien común.

22. En el centro mismo del Evangelio está la bienaventuranza de la paz: “Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”[14]. Jesús envía a sus discípulos a promover la paz como parte integrante del mismo Evangelio[15]. Ante el crimen organizado como una amenaza para la paz social, nosotros tenemos el Evangelio de la Paz como una propuesta que la Iglesia y cada uno de los bautizados, especialmente los fieles laicos que viven en medio del mundo. “Es absolutamente necesario que la paz comience a vivirse como un valor en el interior de cada persona: así podrá extenderse a las familias y a las diversas formas de agregación social, hasta alcanzar a toda la comunidad política”[16].

Tercera parte: NUESTRO TRABAJO POR LA PAZ

23. Al pronunciarnos como pastores ante la compleja problemática desarrollada a partir del crimen organizado en nuestra región, queremos contribuir con nuestra palabra y nuestro esfuerzo pastoral para animar el compromiso de todos a favor de la paz y de la edificación de nuestra sociedad basada en la búsqueda del bien común y del respeto a la ley. Necesitamos una sociedad a la medida de la dignidad humana, revelada por medio de Jesucristo en la que todos participemos solidariamente.

24. Queremos que nuestra voz llegue a las autoridades encargadas de los tres niveles de gobierno para pedirles encarecidamente que, fieles a su vocación de servicio a la comunidad, antepongan el bien común a los intereses de partidos o de grupos, sobre todo de aquéllos que se organizan para delinquir. Por otra parte, la autoridad tiene que llevar a cabo el saneamiento de los cuerpos de seguridad y las instancias de procuración de justicia para que sean confiables y garanticen una lucha a fondo contra el narcotráfico y toda forma de delincuencia organizada. Tiene que desaparecer cualquier señal de corrupción y de complicidad bajo la forma de protección política y policíaca a los criminales que tanto daño hacen a la sociedad. En el caso particular del narcotráfico, la autoridad tiene que promover una lucha integral contra el mismo que considere la prevención, el combate con la fuerza pública y la rehabilitación de las adicciones.

25. También queremos dirigirnos a quienes, por cualquier razón, se han involucrado en las diversas formas de crimen organizado. Dios los está llamando a la conversión y su perdón está siempre dispuesto. Pero en tanto no den ustedes muestras de arrepentimiento y de cambio de vida para abandonar el sendero del crimen, les hemos de decir: “Ya el hacha está puesta a la raíz del árbol; todo árbol que no de buen fruto será cortado y echado al fuego”[17]. También hacemos nuestras las palabras que Benedicto XVI dirigió recientemente a los narcotraficantes: “Piensen en el mal que están provocándoles a una multitud de jóvenes y de adultos de todos los segmentos de la sociedad: Dios se los va a cobrar. La dignidad humana no puede ser pisoteada de esta manera. El mal provocado recibe la misma reprobación hecha por Jesús a los que escandalizaban a los ‘pequeñitos’, los preferidos de Dios”[18].

26. La sociedad civil, como conjunto de organizaciones sociales que participan activamente en la solución de los más variados problemas de la región, tiene en sus manos una oportunidad para participar creativa y responsablemente en la lucha contra el crimen organizado. “Estos grupos están tomando conciencia del poder que tienen entre manos y de la posibilidad de generar cambios importantes para el logro de políticas públicas más justas”[19]. La sociedad puede participar, a través de sus organizaciones, vigilando y verificando que las autoridades combatan de raíz al crimen organizado, atendiendo a las causas sociales, económicas, políticas y culturales. Sin la participación activa de la sociedad, los gobiernos no tienen la capacidad suficiente para abatir la violencia causada por los criminales que se organizan para hacer daño a la comunidad.

27. La escuela tiene que empeñarse en participar construyendo una cultura sustentada en valores muy bien definidos. La educación es un instrumento fundamental para construir mentalidades y actitudes orientadas hacia el bien común a partir de valores como la dignidad humana, la laboriosidad y el respeto a la legalidad. Si estos valores no inspiran las relaciones sociales, económicas y políticas es imposible vencer a las bandas criminales que cuentan, de este modo, con una implícita aceptación social. La formación cívica y ética, basada en una concepción integral de la persona puede ayudar a edificar una cultura de la vida y de la paz que aleje toda posibilidad de que se reproduzcan las organizaciones criminales.

28. Los medios de comunicación social, tienen una grande responsabilidad a la que no pueden renunciar dado que “marcan profundamente el entorno cultural. De hecho, algunos afirman que la influencia formativa de los medios se contrapone a la de la escuela, de la Iglesia e incluso a la del hogar. Para muchas personas la realidad corresponde a lo que los medios de comunicación definen como tal"[20]. Los medios tienen que examinar su responsabilidad en el desarrollo de la cultura de la violencia cuando llegan a exhibir a los criminales como si fueran héroes y tienen que orientar sus contenidos con responsabilidad para formar una conciencia de respeto a la persona humana y de búsqueda del bien común que quitarían todo sustento a las prácticas violentas e ilegales del crimen organizado.

29. Las familias tienen, también, una gran tarea en la edificación de una sociedad pacífica y en el esfuerzo por abatir el crimen organizado. “La comunidad humana no puede prescindir del servicio que presta la familia. El ser humano en formación, ¿dónde podría aprender a gustar mejor el ‘sabor’ genuino de la paz sino en el ‘nido’ que le prepara la naturaleza? El lenguaje familiar es un lenguaje de paz; a él es necesario recurrir siempre para no perder el uso del vocabulario de la paz. (…) En una vida familiar ‘sana’ se experimentan algunos elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectuoso a los miembros más débiles, porque son pequeños, ancianos o están enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo. Por eso, la familia es la primera e insustituible educadora de la paz”[21]. Es necesario apoyar a las familias para que ellas puedan ser esa ‘agencia de paz’ que imprima en cada uno de sus miembros los sentimientos, las actitudes y los valores que los dispongan a trabajar por el bien común y por la paz.

30. Los agentes de pastoral (sacerdotes, religiosas y laicos) tienen que hacer suya tarea de promover la paz como “parte integrante de la misión con que la Iglesia prosigue la obra redentora de Cristo sobre la tierra”[22]. La evangelización está frente a un gran desafío: mostrar a Cristo, quien dejó la paz a sus discípulos[23] y con su Evangelio nos ofrece una nueva visión del mundo y un nuevo modo de acercarse a los demás, tanto a una sola persona como a un pueblo entero. La evangelización tiene que transformar hondamente a las personas para que sean fermento de la paz en el mundo. Tenemos que reconocer que muchas de las personas que están involucradas en el crimen organizado están bautizadas en la Iglesia pero carecen de una formación viva en la fe. Y necesitamos asumir esa responsabilidad.

31. También tenemos otros recursos en la Iglesia para nuestra lucha contra el crimen organizado: además del anuncio del Evangelio, necesitamos alzar nuestra voz para hacer una denuncia profética de los graves males que afligen a la comunidad exigiendo cambios y, sobre todo, una conversión espiritual que lleve a un cambio de vida. Tenemos que denunciar las formas criminales que dañan profundamente al Pueblo de Dios a través del narcotráfico, de los secuestros, de la trata de personas y de las complicidades que las permiten y las protegen.

32. “La Iglesia lucha por la paz con la oración. La oración abre el corazón, no solo a una profunda relación con Dios, sino también al encuentro con el prójimo inspirado por los sentimientos de respeto, confianza, comprensión, estima y amor. La oración infunde valor y sostiene a los verdaderos amigos de la paz”[24]. Necesitamos promover la oración a través de jornadas u otras formas que sensibilicen la fe de los fieles para que se incorporen a estos esfuerzos de la Iglesia en favor de la paz.

SALUDO FINAL

33. Queremos concluir esta Carta Pastoral invocando a Nuestra Señora de Guadalupe, la misma reina de la paz y lo hacemos con las palabras de la oración que se atribuye normalmente a san Francisco de Asís, porque refleja bien su espíritu y el mismo mensaje de paz que proviene del Evangelio: "Señor, haz de mí un instrumento de tu paz: donde hay odio, que yo lleve el amor, donde hay ofensa, que yo lleve el perdón, donde hay discordia, que yo lleve la verdad, donde hay desesperación, que yo lleve la esperanza, donde hay tristeza, que yo lleve la alegría, donde hay tinieblas, que yo lleve la luz. Maestro, haz que yo no busque tanto: ser consolado, sino consolar, ser comprendido, sino comprender, ser amado, sino amar: porque dando se recibe, perdonando se es perdonado, muriendo se resucita a la vida eterna".

34. Saludamos a todos los fieles católicos y a todas las personas de buena voluntad, asegurándoles que la presencia del Señor Jesús es garantía de que todos los esfuerzos para construir la paz en medio de la violencia desatada por el crimen organizado y que no serán vanos: “Sean valientes, no teman, yo he vencido al mundo”[25]. La esperanza que el Señor siembra en nuestros corazones es el motivo fundamental para no claudicar a esta tarea necesaria para edificar una sociedad más justa y fraterna donde resplandezca la Paz del Señor.

Dada en Acapulco, Guerrero, a los 24 días del mes de enero del año 2008.

+ Felipe Aguirre Franco
Arzobispo de Acapulco

+ Roberto Dominguez Couttolenc
Obispo de Tlapa

+ Maximino Martínez Miranda
Obispo de Ciudad Altamirano

+ Alejo Zavala Castro
Obispo de Chilpancingo-Chilapa

+ Juan Navarro Castellanos
Obispo Auxiliar de Acapulco


Notas
--------------------------------------------------------------------------------

[1] V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE, Aparecida, 78.
[2] El Presidente Felipe Calderón reconoció tácitamente las complicidades políticas y policíacas que deben ser destruidas para que la lucha contra el narcotráfico sea eficaz. Textualmente, el Presidente dijo que “debemos permanecer unidos, debemos cerrarle el paso a la delincuencia a cualquier posibilidad de cobertura policíaca o política y actuar como un sólo cuerpo a nivel nacional” (9 de enero de 2008).
[3] V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE, Aparecida, 78.
[4] JUAN 16, 33.
[5] ROMANOS 12, 21.
[6] JUAN PABLO II; Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2005, n. 11.
[7] JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2005, n. 11.
[8] LUCAS 16, 13
[9] JUAN PABLO II, Sollicitudo rei socialis, 37.
[10] MATEO 4, 10.
[11] V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE, Aparecida, 139.
[12] V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE, Aparecida, 542.
[13] Cfr. FILIPENSES 3, 8.
[14] MATEO 5, 9.
[15] Cfr. PONTIFICIO CONSEJO ‘JUSTICIA Y PAZ’, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 516.
[16] PONTIFICIO CONSEJO ‘JUSTICIA Y PAZ’, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 495.
[17] LUCAS 3, 9.
[18] BENEDICTO XVI; Discurso a la comunidad de la Hacienda de la Esperanza; Guaratinguetá, Brasil, 12 de mayo de 2007. Cfr. MATEO 18, 7-10.
[19] V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE, Aparecida, 75
[20] BENEDICTO XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2007, n. 1
[21] BENEDICTO XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz “FAMILIA HUMANA, COMUNIDAD DE PAZ”, 1 de enero de 2008, n. 3.
[22] PONTIFICIO CONSEJO ‘JUSTICIA Y PAZ’, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 516.
[23] Juan 14, 27.
[24] PONTIFICIO CONSEJO ‘JUSTICIA Y PAZ’ Compendio de la Doctrina de la Iglesia Católica, 519.
[25] JUAN 16, 33.
 
 

 
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