> English

> Français

El lugar de encuentro de los católicos en la red
 
 
Tus Favoritos   |   Página de Inicio   |   Recomiéndanos   |   Opiniones   |   Suscríbete
Empresarios católicos | sección
La Doctrina Social de la Iglesia y los Empresarios Católicos | categoría
Consejo Pontificio de Justicia y Paz | tema
Autor: Roger Card. Etchegaray | Fuente: La Iglesia ante el racismo
Las Conductas racistas en el curso de la historia
Las conductas y las ideologías racistas no han comenzado ayer; hunden sus raíces en la realidad del pecado desde el origen del género humano, tal como la Biblia nos lo presenta con el relato acerca de Caín y Abel y de la Torre de Babel.
 
Las Conductas racistas en el curso de la historia
Las Conductas racistas en el curso de la historia


PRIMERA PARTE:
LAS CONDUCTAS RACISTAS EN El CURSO DE LA HISTORIA




2. Las conductas y las ideologías racistas no han comenzado ayer; hunden sus raíces en la realidad del pecado desde el origen del género humano, tal como la Biblia nos lo presenta con el relato acerca de Caín y Abel y de la Torre de Babel.

Históricamente, el prejuicio en sentido estricto, en cuanto conciencia de la superioridad biológicanente determinada de la propia raza o grupo étnico respecto de los otros, se ha desarrollado sobre todo partir de la práctica de la colonización y la esclavitud, al principio de la época moderna.

Si se mira, a ojo de águila, la historia de las civilizaciones precedentes, al Occidente como al Oriente, al Norte como al Sur, se encuentran ya comportamientos sociales injustos o discriminatorios, si bien no siempre racistas, en propiedad de términos.

La antigüedad greco-romana, por ejemplo, no parece haber conocido el mito de la raza. Los griegos estaban ciertamente convencidos de la superioridad cultural de su civilización, pero no por eso consideraban los pueblos que llamaban "bárbaros" como inferiores por razones biológicas congénitas.

No cabe duda que la esclavitud mantenía un número considerable de individuos en una situación deplorable, tenidos por "objetos" a disposición de sus dueños. Pero, originariamente, se trataba sobre todo de miembros de los pueblos sometidos por la guerra, no de grupos humanos despreciados por la raza.

El pueblo hebreo, según atestiguan los libros del Antiguo Testamento, era consciente, a un grado único, del amor de Dios por él, manifestado bajo la forma de una alianza gratuita entre Dios y el pueblo.

En ese sentido, objeto de la elección y de la promesa, era un pueblo aparte de los otros pueblos. Pero el criterio de la distinción era el plan de salvación que Dios despliega en el curso de la historia. Israel era considerado como la propiedad personal del Señor entre todos los pueblos

El lugar de esos otros pueblos en la historia de la salvación no fue siempre bien percibido desde el principio, y a veces esos pueblos eran estigmatizados en la predicación profética, en la medida en que permanecían idólatras.

Pero no fueron objeto ni de menosprecio ni de una maldición divina a causa de su diferencia étnica. El criterio de la distinción era religioso. Y un cierto universalismo comenzaba a ser entrevisto.

Según el mensaje de Cristo, en orden al cual el pueblo de la Antigua Alianza debía preparar la humanidad, la salvación es ofrecida a la totalidad del género humano, a toda creatura y a todas las naciones.

Los primeros cristianos aceptaban de buen grado que se los considerara como el pueblo de la "tercera raza", conforme a una expresión de Tertuliano 4; no ciertamente en sentido racial, sino en el sentido espiritual de nuevo pueblo, en el cual confluyen, reconciliadas por Cristo, las dos primeras razas humanas desde una óptica religiosa: los judíos y los paganos.

Igualmente, la Edad Media cristiana distinguía los pueblos según criterios religiosos, en cristianos, judíos e "infieles". Y, a causa de ello, dentro de los límites de la cristiandad, los judíos, testigos de un rechazo tenaz de la fe en Cristo, conocieron a menudo graves humillaciones, acusaciones y proscripciones.



3. Con el descubrimiento del Nuevo Mundo, las actitudes cambian. La primera gran corriente de colonización europea es acompañada de hecho por la destrucción masiva de las civilizaciones pre-colombinas y por la sujeción brutal de sus habitantes.

Si los grandes navegantes de los siglos XV y XVI eran libres de prejuicios raciales, los soldados y los comerciantes no practicaban el mismo respeto: mataban para instalarse, reducían a esclavitud los "indios" para aprovecharse de su mano de obra, como después de la de los negros, y se empezó a elaborar una teoría racista para justificarse.

Los Papas no tardaron en reaccionar. El 2 de junio de 1537, la bula Sublimis Deus de Pablo III denunciaba a los que sostenían que "los habitantes de las Indias occidentales y de los continentes australes... debían ser tratados como animales irracionales y utilizados exclusivamente en provecho y servicio nuestro"; y el Papa afirmaba solemnemente: "Resueltos a reparar el mal cometido, decidimos y declaramos que estos indios, así como todos los pueblos que la cristiandad podrá encontrar en el futuro, no deben ser privados de su libertad y de sus bienes -sin que valgan objeciones en contra-, aunque no sean cristianos, y que, al contrario, deben ser dejados en pleno gozo de su libertad y de sus bienes"

Las directivas de la Santa Sede eran así de claras, incluso si, por desgracia, su aplicación conoció en seguida varias vicisitudes. Más tarde, Urbano VIII llegaría a excomulgar a los que retuvieran indios como esclavos.

Por su parte, los teólogos y los misioneros habían asumido ya la defensa de los autóctonos. El compromiso decidido en favor de los indios de un Bartolomé de Las Casas , soldado ordenado sacerdote, luego profeso dominico y obispo, seguido pronto por otros misioneros, conducía los gobiernos de España y Portugal al rechazo de la teoría de la inferioridad humana de los indios y a la imposición de una legislación protectora, de la cual se beneficiarán también, de algún modo, un siglo más tarde, los esclavos negros traídos de África.

La obra de De Las Casas es uno de los primeros aportes a la doctrina de los derechos universales del hombre, fundados sobre la dignidad de la persona, independientemente de toda afiliación étnica o religiosa.

A su zaga, los grandes teólogos y juristas españoles, Francisco de Vitoria y Francisco Suárez, iniciadores del derecho de gentes, desarrollaron esta doctrina de la igualdad fundamental de todos los hombres y de todos los pueblos. Sin embargo, la estrecha dependencia en que el régimen del Patronato mantenía al clero del Nuevo Mundo no siempre permitió a la Iglesia tomar las decisiones pastorales necesarias.



4. En el contexto del menosprecio racista, aunque la motivación dominante fuera la de procurarse mano de obra barata, no se puede dejar de mencionar aquí la trata de negros, traídos de África, por dinero, hacia las tres Américas, en centenares de miles.

El modo de captura y las condiciones de transporte eran tales que un gran número desaparecía antes de la partida o antes de llegar al Nuevo Mundo, donde eran destinados a los trabajos más penosos prácticamente como esclavos. Ese comercio comenzó ya en 1562 y la esclavitud consiguiente perduró por casi tres siglos.

Los Papas y los teólogos, como asimismo numerosos humanistas, protestaron contra esa práctica.


León XIII la ha condenado con vigor en su encíclica In plurimis del 5 de mayo de 1888, felicitando al Brasil por haberla abolido. El presente documento coincide con el centenario de este texto memorable.

El papa Juan Pablo II no vaciló, en su discurso a los intelectuales africanos, en Yaoundé (13 de agosto de 1985), en deplorar que personas pertenecientes a naciones cristianas hayan contribuido a la trata de negros.



5. Preocupada siempre de mejorar el respeto a las poblaciones indígenas, la Santa Sede no ha dejado de insistir en que se mantuviera una cuidadosa distinción entre la obra de evangelización y el imperialismo colonial, con el cual se corría el peligro de verla confundida.

La Sagrada Congregación de Propaganda Fide fue creada, en 1622, con esta inspiración. En 1659, la Congregación dirigía a los "vicarios apostólicos a punto de partir hacia los reinos chinos de Tonkín y la Cochinchina" una esclarecedora Instrucción acerca de la actitud de la Iglesia ante los pueblos a los que se abría ahora la posibilidad de anunciar el evangelio


Allí donde los misioneros permanecieron en una más estrecha dependencia de los poderes políticos, les fue más difícil poner freno a la voluntad de dominio de los colonizadores. A veces, los han incluso apoyado, recurriendo a interpretaciones falaces de la Biblia .



6. En el siglo XVIII, una verdadera ideología racista ha sido forjada, opuesta a las enseñanzas de la Iglesia, en contraste también con el empeño de algunos filósofos humanistas en pro de la dignidad y libertad de los esclavos negros, que eran entonces objeto de un desvergonzado comercio de considerables proporciones.

Esta ideología creyó poder encontrar en la ciencia la justificación de sus prejuicios. Apoyándose en la diferencia de los rasgos físicos y en el color de la piel, entendía concluir a una diversidad esencial, de carácter biológico hereditario, a fin de afirmar que los pueblos sometidos pertenecían a "razas" intrínsecamente inferiores, en cuanto a sus cualidades mentales, morales o sociales. La palabra "raza" es utilizada por primera vez, a fines del siglo XVIII, para clasificar biológicamente los seres humanos.

El siglo siguiente, esto condujo a interpretar la historia de las civilizaciones en términos biológicos, como una competencia entre razas fuertes y débiles, éstas genéticamente inferiores a las otras. La decadencia de las grandes civilizaciones se explicaría por su "degeneración", es decir, por la mezcla de razas que comprometía la pureza de la sangre




7. Semejantes afirmaciones encontraron un eco considerable en Alemania. Es sabido que el partido totalitario nacional socialista erigió la ideología racista en fundamento de su programa demencial, encaminado a la eliminación física de aquellos que juzgaba pertenecer a "razas inferiores".

El partido en cuestión se hizo responsable de uno de los más grandes genocidios de la historia. Su locura homicida hirió en primer término al pueblo judío, en proporciones inauditas; luego a otros pueblos, como los Gitanos y Tziganos, todavía a otras categorías de personas, como los lisiados o los enfermos mentales. Del racismo al eugenismo no había más que un paso, rápidamente franqueado.


La Iglesia no ha dejado de alzar su voz
El papa Pío XI condenó sin ambages las doctrinas nazis en su encíclica Mit brennender Sorge , declarando que: "Quien toma la raza, o el pueblo o el Estado... o cualquier otro valor fundamental de la comunidad humana... para separarlo de la escala de valores... y los diviniza por un culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden de las cosas creado y establecido por Dios" .

El 13 de abril de 1938, el Papa hacía que la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades dirigiera a todos los rectores y decanos de Facultades una carta, imponiendo a todos los profesores de teología la obligación de refutar, según el método propio de cada disciplina, las seudoverdades científicas con las cuales el nazismo intentaba justificar su ideología racista.

El mismo Pío XI preparaba, ya desde 1937, una gran encíclica sobre la unidad del género humano, que debía condenar el racismo y el antisemitismo.

Fue sorprendido por la muerte antes de que pudiera publicarla. Su sucesor, Pío XII, incorporó algunos elementos en su primera encíclica Summi Pontificatus, y sobre todo en el Mensaje de Navidad de 1942, donde afirmaba que entre los falsos postulados del positivismo jurídico "hay que incluir una teoría que reivindica para tal nación, tal raza, tal clase, el ´instinto jurídico´, imperativo supremo y norma inapelable".

Y el Papa lanzaba a la vez un llamado vibrante en favor de un orden social nuevo y mejor: "Este empeño, la humanidad lo debe a centenares de miles de personas, que sin la menor culpa de su parte, sino a veces simplemente porque pertenecen a tal raza o a tal nacionalidad, son destinadas a la muerte o a una progresiva consunción".

En la misma Alemania hubo entonces una valiente resistencia del catolicismo, de la cual el papa Juan Pablo II se ha hecho eco el 30 de abril de 1987, con ocasión de su segundo viaje a ese país.

La insistencia en el drama del racismo nazi no debe hacer caer en el olvido otras exterminaciones en masa de poblaciones, como los armenios al acabar la primera guerra mundial y, más recientemente, una parte importante del pueblo camboyano, por razones ideológicas.

La memoria de los crímenes así cometidos no debe ser jamás cancelada: las jóvenes generaciones y las todavía por venir deben saber a qué extremos el hombre y la sociedad son capaces de llegar, cuando ceden al poder del desprecio y el odio.

En Asia y África, hay todavía sociedades donde reina una muy neta división entre castas diferentes, así como otras estratificaciones sociales, de difícil superación.

El mismo fenómeno de la esclavitud, otrora universal en el tiempo y en el espacio, no se puede considerar, por desgracia, del todo liquidado.

Estas manifestaciones negativas, y muchas otras que se podría enumerar, si no dependen siempre de concepciones filosóficas racistas, en el sentido propio de la palabra, revelan no obstante la existencia de una tendencia bastante extendida e inquietante a servirse de otras creaturas humanas para los fines propios, y de ese modo, a considerarlas como de menor valor, y, por así decir, de inferior categoría.

Si quieres leer el capítulo anterior del documento La Iglesia ante el racismo para una sociedad más fraterna da un click aquí: capítulo anterior , si prefieres leer el siguiente capítulo da un click aquí: siguiente capítulo



Si te interesan estos temas, te invitamos a participar en nuestro Foro de Empresarios Católicos donde puedes compartir tus dudas, experiencias y problemas, con aquellos que, asumiendo su compromiso cristiano, buscan dignificar el trabajo, humanizando, dirigiendo y sirviendo en su empresa, de acuerdo con los lineamientos de la Doctrina Social Cristiana. Para entrar al foro da un click aquí.







 
 

 
Publicar un comentario sobre este artículo

 Nombre

 Email (no será publicado)

 País

Comentario



Escriba las letras como aparecen



* Gracias por su comentario. El número de mensajes que pueden estar en línea es limitado. La longitud de los comentarios no debe exceder los 500 caracteres. Catholic.net se reserva el derecho de publicación de los mensajes según su contenido y tenor. Catholic.net no se solidariza necesariamente con los comentarios ni las opiniones expresadas por sus usuarios. Catholic.net no publicará comentarios que contengan insultos o ataques y se reserva el derecho de publicar direcciones de correo o enlaces (links) a otras páginas.
 
 
     Herramientas del Artículo:
Arriba
.
Ver más artículos del tema
.
Preguntas o comentarios
.
¿En donde estoy?
.
Hacer un donativo
Envíalo a un amigo
.
Formato para imprimir
.
Descargar en PDF
.
  Suscripción canal RSS

Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos. Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes. Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red. Ayúdanos, Dios te lo recompensará.
DA CLICK AQUÍ PARA DONAR

Inicio | Secciones | Comunidades | Servicios | Consultorios | Alianzas | Foros | Contacto
Servicios por email Servicios por email
Foros Foro para empresarios católicos
Mapas Mapa de Empresarios católicos
Opiniones ¿Qué opinas de Catholic.net?
Comentarios Comentarios al editor de esta sección
Biblioteca Documentos de apoyo de Empresarios católicos
Preguntas frecuentes Preguntas Frecuentes
Donativos Hacer un donativo
• ¿Qué ofrece la Comunidad de Empresarios Católicos?
• El Papa y los Empresarios Católicos
• La Doctrina Social de la Iglesia y los Empresarios Católicos
• Exhortaciones y Doctrina Social
• Encíclicas Sociales
• Doctrina Social en el Catecismo Católico
• Doctrina Social de la Iglesia para Todos
• Cartas Apostólicas y Doctrina Social
• Instituciones que promueven la DSI
• Doctrina Social y Concilio Vaticano II
• Documentos Ecclesiales
• Congregación para la Doctrina de la Fe
• Pastoral de los Migrantes
• Consejo Pontificio de Justicia y Paz
• Magisterio, Sacerdotes y Doctrina Social
• Ética Empresarial Católica
• Valores y Virtudes del Empresario Católico
• Actualidad
• Economía Ética y Doctrina Social de la Iglesia
• El Empresario Católico y la Política
• El Empresario Católico y la Familia Católica
• Líderes Sociales Católicos en Acción
• Formación Integral del Empresario Católico
• Temas a Debatir entre Empresarios
• Secretarías Católicas y Asistentes de Dirección
• Miembros Destacados de la Comunidad
• Noticias de los Miembros de la Comunidad
Lista de correo
Boletín con ensayos, artículos y consejos para aplicar la Doctrina Social de la Iglesia y la ética en el ámbito laboral y social.

Suscribir
Cancelar suscripción
Consultores de la comunidad
Consultas acerca de problemas específicos de ética empresarial y la aplicación de la Doctrina Social Cristiana en la Empresa
Ver todos los consultores
Apoyan a la comunidad
• E-cristians
• Eduexperts
• Fundación Guilé
• Fundación María Virgen Madre
• Impuestoporlavida.org

Ver todas las alianzas que apoyan a la comunidad
Encuesta
¿Qué áreas de la Doctrina Social de la Iglesia deben establecer las empresas en sus códigos de ética? (Opción múltiple)
Medio ambiente
Pobreza y caridad
Trabajo y salario
Familia
Persona humana
Orden social
Economía
El Papel del Estado
Bien común
Solidaridad
Derechos Humanos
> Ver resultados
> Ver todas las encuestas
Foro para empresarios católicos
¡Participa!

Homenajes  |   Condiciones de uso   |   Donativos   |   Privacidad   |   Transparencia   |   Publicidad   |   Contáctanos   |  RSS
© 2014 Catholic.net Inc.
Todos los derechos reservados
Publicidad: