 |
| Administremos como si Nuestra Fe nos Importara |
Intervención del Dr. Michael Naughton durante la Sesión
Comida de la USEM, Noviembre 2002
Tres Preguntas Iniciales
Me gustaría iniciar
mi intervención con tres preguntas relativas al trabajo humano: - ¿Para
qué trabajo? - ¿En qué me apoyo? - ¿Para qué estoy viviendo?
Existen
al Menos Tres Visiones Sobre el Trabajo
- La primera supone
al trabajo como entretenimiento.
- La segunda visión supone al trabajo
como una carrera. Para las personas que comparten esta postura,
el trabajo en general es gratificante, las compromete a utilizar
sus capacidades, a formar equipos y por supuesto esperan de
él recompensas psicológicas. Sin embargo y particularmente en los Estados
Unidos, el trabajo como carrera es visto como algo que
le permite a la persona conseguir sus propia satisfacción personal.
Este tipo de visión no admite consideraciones sociales o espirituales.
Considero que esto se debe a que estamos más preocupados
por hacer que por ser. Les daré dos ejemplos:
- Lee
Iaccoca, el icono de la empresa en los Estados Unidos,
publicó un artículo hace un par de años en la
revista Fortune. El título decía: “La manera en que reprobé
la jubilación”. Sabía cómo trabajar, pero nada más...
- Doris
Kearns Goodwin, biógrafa del expresidente norteamericano Lyndon B. Johnson, escribió
sobre él: “...y sin embargo, el hombre ya retirado a
quien vi, había dedicado tantos años al trabajo en busca
del poder y el éxito personal, que una vez que
concluyó su mandato presidencial, no le quedaban recursos síquicos o
emocionales para comprometerse en alguna otra cosa. Tantos años dedicados
únicamente al trabajo dieron como resultado que al retirarse no
pudiera encontrar solaz en la recreación, en los deportes, en
la vida social, espiritual o en los simples pasatiempos...
- La
tercera visión supone al trabajo como una vocación. Vocación proviene
del vocablo latino vocare, que significa “recibir” un llamado. Hay
tres áreas en la vocación:
Cada persona, está llamada a ser
persona...principalmente a amar.Estamos llamados a vivir un particular estado de
vida y a preguntarnos ¿con quién pensamos compartir nuestra vida?
Finalmente
estamos llamados a desarrollar una vocación específica para un tipo
de trabajo en particular. Hay dos elementos esenciales para una
vocación en el trabajo:
- La espiritualidad del trabajo. Ninguno de
nosotros está plenamente satisfecho del trabajo que desempeña...siempre estamos pensando,
cuestionando, replanteando nuestras intenciones...una forma de replantearlas es ofrecer nuestro
trabajo a Dios...
- Debemos reconocer igualmente que el trabajo que
hacemos debe contribuir al bien común.
¿Cómo podemos comprender esta vocación?
Sólo podremos contestar esta pregunta si desarrollamos una auténtica visión
contemplativa del mundo y sabemos armonizar nuestro trabajo con el
tiempo libre.
Los tres hábitos del tiempo libre y la contemplación
(aquella larga y amorosa vista hacia lo real) son:
- La
soledad, el silencio. Cada una de las grandes religiones señala
que no habrá crecimiento espiritual sin tener silencio en nuestras
vidas...
- La celebración...”el día del Señor, las fiestas”... Aquí tenemos
mucho que aprender de los judíos.
- El servicio, “yendo a
los márgenes”...con aquellas personas que no podrán regresarnos o darnos
ningún beneficio, con quienes no tiene nada...
Les voy a contar
una historia de la persona que a mi juicio encarnó
estos tres hábitos como nadie que haya conocido, la Madre
Teresa: La conocí en 1985 a propósito de unas conferencias
que impartí en la India. Tuvimos una magnífica conversación, duró
unos 20 minutos...cuando me disponía a despedirme, me dijo: “¡Le
voy a dar mi tarjeta!” No había teléfono, fax o
correo electrónico, había estas frases:
El fruto del SILENCIO es la
Oración El fruto de la ORACIÓN es la Fe El fruto de
la FE es el Amor El fruto del AMOR es el
Servicio El fruto del SERVICIO es la Paz
La integración: la lograremos
cuando podamos ver a nuestro trabajo como una vocación y
a nuestro tiempo libre como contemplación. Estas son las partes
o componentes de una auténtica integridad e integración. El Ser
dirige nuestro Hacer y nuestro Tener. Nuestro valor no proviene
de lo que tenemos o de lo que hacemos, sino
del ser para lo que fuimos creados.
Me gustaría terminar mi
intervención con una frase de John Henry Newman: “Dios me
creó para hacerle algunos servicios bien definidos; El me ha
encomendado cierto trabajo que no ha encargado a otro. Yo
tengo una misión. Nunca puedo conocerla completamente en esta vida,
pero me será dicha en la próxima. De alguna forma
Yo soy necesario para su propósito...Soy un eslabón en la
cadena, un vínculo en una cadena, un vínculo de conexión
entre personas. El no me ha creado por nada.
|
|