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Autor: Enrique Bonete Perales, Alfa y Omega, nº 183, 21.X.1999 | Fuente: ConoZe.com ¿Qué queda del marxismo a finales del siglo XX?
Enrique Bonete Perales responde a esta interrogante analizando los movimientos políticos culturales del siglo XX.
¿Qué queda del marxismo a finales del siglo XX?
Hay diferentes formas de responder a este interrogante. La más
sencilla, y quizá más real, consiste en acercarse a una
de las ciudades más emblemáticas de Europa: Berlín.
Contemplar lo que
pasó y está pasando ahora en esta ciudad no es
tarea baladí. En ella han habitado los tres movimientos político-culturales
más significativos del siglo XX: el nazismo, el comunismo y
el liberalismo.
Cabe responder a la pregunta que nos hemos formulado
presentando con suma brevedad tres aspectos fundamentales de la ciudad
que vivió amurallada, prácticamente treinta años, con hormigón, alambres, perros
y guardias armados hasta los dientes para defenderse del enemigo
más temido y peligroso: la libertad, el capitalismo, la democracia.
Veamos tres escenas de la ciudad que retratan, a mi
juicio, lo poco que queda del marxismo en tres sentidos:
el filósofico, el económico y el político. -¿Qué queda de la
filosofía marxista en Berlín? Cuando uno accede por las puertas
principales a la inmensa Universidad Humboldt, en el centro del
antiguo Berlín comunista, encuentra una inmensa pared que sostiene dos
amplias escaleras en las que se puede leer con gigantescas
letras la tesis 11 sobre Feuerbach que escribió Marx alrededor
de 1845: Los filósofos se han limitado a interpretar el
mundo de diferentes modos; de lo que se trata es
de transformarlo. Tesis tan grandilocuente como históricamente sangrienta. En contraste,
a escasos cien metros de este texto, en los jardines
de entrada a la Humboldt, se instala, siempre que el
tiempo lo permite, un mercadillo de libros antiguos y de
segunda mano. La mayoría de estos libros están compuestos por
obras de Marx y de marxistas que, junto a viejos
volúmenes sobre la segunda guerra mundial y enciclopedias de arte,
se venden por algunos marcos. ¡Escena paradójica! La Universidad mantiene,
como huella de la doctrina difundida durante décadas en sus
aulas, las palabras más citadas de Marx, mientras en la
calle, los libros que desarrollan filosóficamente y promueven la revolución
marxista permanecen inmóviles, cada vez más sucios, contemplando el paso
de los años sin mentes que los escruten ya. ¿Qué
queda del marxismo filosófico? Parece que libros baratos en estanterías
callejeras que nadie compra ni lee. -¿Qué queda de la economía
marxista en Berlín? Hace diez años que cayó el muro.
Cualquier visitante, paseando por céntricos barrios de la antigua zona
comunista observará que la mayoría de los edificios son de
construcción reciente. Tras la reunificación alemana se comprobó inviable la
remodelación de los edificios comunistas para rejuvenecer el aspecto de
la ciudad. Los bloques de apartamentos y de oficinas no
podían mantenerse en pie. Se derribaron barrios enteros y se
construyeron nuevos y modernos edificios de colores vivos y cristales
oscuros con criterios estéticos de vanguardia. La arquitectura comunista se
iba desmoronando a pedazos. La reunificación supuso no sólo la
libre circulación de los ciudadanos, sino el surgimiento de una
nueva ciudad tras derribar grises, sucios, apretados y enclenques apartamentos
y oficinas. Pocos edificios fueron aprovechados. En diez años no
sólo se ha lavado la faz externa de una gran
ciudad, para modernizarla y convertirla en la capital de la
Alemania reunificada con todos sus ministerios, sino que el poderoso
marco capitalista ha urbanizado de nuevo miles de metros cuadrados
de la zona comunista. He ahí la imagen gráfica de
un fracaso económico: edificios en ruinas, empresas incompetentes, industria envejecida,
burocracia adormecida. -¿Qué queda de la política marxista en Berlín? Es
bien sabido que en la noche del 12 al 13
de agosto de 1961 se construyeron en aquella ciudad, inesperada
y apresuradamente, las primeras barreras de alambradas de pinchos. Los
motivos políticos no pueden aquí ser explicados. Con el paso
de los años el muro creció en altura, y se
le añadieron impresionantes instalaciones de seguridad (franjas de control, zanjas
de barrera para los vehículos, torres de observación, perros adiestrados
para matar, más barreras de alambres...).
En algunos puntos de la
ciudad se han conservado los denominados Mauerparks (parques con el
muro) en los cuales se mantienen restos de la zona
amurallada, decorados por relevantes artistas, como monumentos históricos. Uno de
los más famosos es el Chekpoint Charlie, antiguo punto central
de control fronterizo. Ahí se encuentra hoy un curioso museo
que conserva la variedad de artilugios que inventaron los ingeniosos
ciudadanos de la zona comunista para atravesar el muro, junto
a fotografías de los protagonistas de las huídas -también de
los que perecieron en el intento- y vídeos escalofriantes que
nos sitúan en las tensiones sociales de los años sesenta
y setenta en el Berlín comunista. El museo es un
canto a la libertad, al anhelo de escapar como sea
-incluso arriesgando la vida- de un sistema político opresor y
agobiante. El museo es expresión gráfica del fracaso político de
una pretendida revolución hacia la sociedad sin clases, hacia la
llamada, ¡qué paradoja!, democracia popular. En Berlín, pues, ¿qué queda
de la política marxista?: la memoria de la protesta, el
recuerdo de la opresión de los instrumentos de la huida,
el ingenio del hombre en busca de libertad, en definitiva,
el afán de olvidar una pesadilla.
No es extraño que ante
la inesperada caída del muro de Berlín y del comunismo,
personalidades relevantes de la Iglesia católica nos hayan recordado sugerentes
versículos de un salmo: El Señor frustra los planes de las
naciones, hace vanos los proyectos de los pueblos; mas el plan del
Señor subsiste para siempre, los proyectos de su corazón por todas
las edades.
(Salmo 33, 10-11)
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