La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Zenit.org | Fuente: Zenit.org El influjo de la globalización sobre las religiones y religiosidad
Palabras del profesor Alfonso Carrasco Rouco, Facultad de Teología «San Dámaso» que habló sobre «El influjo de la globalización sobre las religiones y religiosidad»
El influjo de la globalización sobre las religiones y religiosidad
La reflexión sobre las religiones y la religiosidad muestra bien
cómo el fenómeno de la globalización no puede ser reducido
de ninguna manera a la constitución de un mero mercado
global, sino que significa en primer lugar comunicación, conocimiento, presencia
consciente y relación mutua.
La globalización implica ciertamente la existencia
de contactos cada vez mayores con miembros de otras religiones;
pero su influencia más honda y significativa se refiere a
la percepción y a la conciencia misma de la propia
religión y de la religiosidad.
La interpelación primera afecta a
la identidad religiosa propia y exige superar ante todo el
riesgo del relativismo, es decir, la tentación de aceptar la
imposibilidad de alcanzar una verdad propiamente dicha sobre Dios, considerando
las diferentes religiones, al final, como meros fenómenos culturales más
o menos regionales.
Por esta vía se diluye la identidad
de todas las religiones, que se comprenden a sí mismas
como propuestas verdaderas para la vida del hombre, y desaparece
el interés por un diálogo real entre ellas, que, en
cuanto tal, carecería de sentido.
En esta perspectiva, la religiosidad
misma del hombre es reinterpretada a la medida de un
agnosticismo típicamente moderno y occidental, que, absolutizando su concepción de
una razón instrumental y cerrada a la trascendencia, hace violencia
a las varias religiones, pretendiendo su irrelevancia real, y multiplica
las dificultades para el respeto y el conocimiento mutuo.
El
desafío de la globalización exige, por el contrario, que las
religiones puedan comunicar sus riquezas espirituales y dar razón de
su pretensión de verdad; de esta manera, manteniendo el nexo
intrínseco entre verdad, cultura y religión, podrá darse un encuentro
y un diálogo razonable entre ellas, de extraordinaria relevancia para
la convivencia pacífica en una sociedad globalizada.
Será posible así,
por un lado, reconocer unos principios de humanidad comunes a
todas las grandes religiones: el anhelo de verdad y de
bien, el significado de la libertad de conciencia, el reconocimiento
de los propios límites ante el Misterio que fundamenta la
realidad, etc.; lo que constituye base imprescindible para un entendimiento
entre las gentes. Por otra parte, será posible comprender mejor
que todos los hombres estamos en camino hacia el Dios
verdadero, de modo que se eviten las tentaciones de totalitarismo
y de imposición violenta, que pueden surgir en toda tradición,
religiosa o irreligiosa. Pues la revelación misma de Dios constituye
en realidad el don de un camino verdadero hacia la
plenitud de la vida, y su pretensión se verificará inevitablemente
situando realmente a la persona en este camino, de modo
que sea capaz de encontrarse con todo hombre y alentarlo
en la común búsqueda de la verdad, compartiendo las propias
riquezas espirituales, sin pretender en absoluto haber agotado el conocimiento
del misterio (FR 2).
La globalización pone de manifiesto, por
tanto, que todas las religiones están llamadas al diálogo y
a la colaboración en el camino de los hombres hacia
la plenitud que es Dios, el cual es afirmado y
amado precisamente como mayor que todo lo que podemos pensar.
En este proceso, los miembros de las diferentes religiones habrán
de dejar atrás limitaciones propias –y quizá pecados–, abriéndose de
nuevo a la verdad, siempre más grande. La aceptación del
agnosticismo, en cambio, la negación de la verdad, cierra las
vías de un diálogo verdadero, y contradice en lo más
íntimo a todos aquellos que creen verdaderamente en su religión.
La globalización no pone, pues, en cuestión la religiosidad, es
decir, la búsqueda del Dios verdadero por parte del hombre,
sino que muestra más bien la inviabilidad de una posición
escéptica o agnóstica, racionalista, incapaz de acceder a las riquezas
propias de la vida de los hombres y de los
pueblos.
Nos encantaría conocer tu opinión sobre el tema; participa en
el foro de discusión que abrimos para ello dando un
click aquí
*
Para recibir las noticias de Zenit por correo electrónico
puede suscribirse aquí. *
Zenit.org, 2004. Todos los derechos reservados. Para
conocer las condiciones de uso, puede visitar el sitio www.zenit.org o contactar a infospanish@zenit.org .
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR