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Autor: Jorge Hidalgo La lucha contra la corrupción
Un documento vaticano llama la atención sobre el problema. Compartimos el trabajo hecho por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz
La lucha contra la corrupción
ROMA, domingo, 5 noviembre 2006 (ZENIT.org).- Un reciente documento vaticano
reúne algunas de las lecciones aprendidas respecto al problema de
la corrupción. El 4 de octubre, el Consejo Pontificio para
la Justicia y la Paz publicaba una nota con el
título «La Lucha contra la corrupción».
La nota se
publicó tras un simposio llevado a cabo el 2 y
el 3 de junio en el Vaticano, donde representantes de
alto nivel de organizaciones internacionales, junto a eruditos y diplomáticos,
discutieron con los representantes de la Santa Sede los estragos
de la corrupción.
La corrupción siempre ha existido, reconoce la
nota, pero en los últimos años ha atraído una mayor
atención y mayores medidas. También hay una conciencia creciente del
daño que causa, tanto en las naciones ricas como en
los países en desarrollo. Este proceso se ha visto estimulado
por el final de las divisiones ideológicas tras la caída
del Muro de Berlín en 1989, y el creciente flujo
de información gracias a la globalización.
Resulta difícil calcular con
precisión el nivel de corrupción, y las estimaciones varían mucho.
«De cualquier forma», comenta la nota, «se trata de enormes
recursos que se sustraen a la economía y a las
políticas sociales» (No. 3).
El documento vaticano observa que la
política y la geografía no ponen límites al fenómeno de
la corrupción. De igual forma, es frecuente en todas las
áreas de la sociedad, no sólo entre los funcionarios públicos
o el sector de los negocios.
Entre los factores que
facilitan la corrupción está la falta de transparencia en las
finanzas internacionales, por lo que el corrupto puede utilizar paraísos
financieros. Además, la falta de cooperación entre estados, y las
diferencias en sus sistemas legales, complica el tema. En algunos
países la falta de libertad de prensa, o de una
democracia que funcione bien, dan como resultado que la corrupción
es más fácil que avance.
La corrupción se conecta también
con otras actividades criminales, como el tráfico de drogas, el
blanqueo de dinero, y el comercio ilegal de armas.
Además
de los costes monetarios, el Consejo Pontificio para la Justicia
y la Paz destacaba otros efectos negativos de la corrupción.
Citando el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
(No. 411), el organismo vaticano observaba que la corrupción política
«compromete el correcto funcionamiento del Estado, influyendo negativamente en la
relación entre gobernantes y gobernados». Esto conduce a la desconfianza
en las instituciones públicas, y su consiguiente debilitamiento.
Los altos
niveles de corrupción se asocian con la falta de desarrollo
y con las injusticias sociales. «No se trata sólo de
un proceso que debilita el sistema económico: la corrupción impide
la promoción de la persona y hace que las sociedades
sean menos justas y menos abiertas» (No. 4). Juicio moral
La Iglesia considera la corrupción un grave problema moral. Citando
de nuevo el compendio de la doctrina social, la nota
vaticana observa la corrupción distorsiona de raíz el papel de
las instituciones políticas y daña su capacidad para asegurar el
bien común de todos los ciudadanos. La corrupción también destruye
los sistemas legales y mina la confianza necesaria para que
la sociedad y la actividad económica funcionen bien.
La corrupción,
explica la nota, «instrumentaliza a la persona humana utilizándola con
desprecio para conseguir intereses egoístas». Además, «impide la consecución del
bien común porque se le opone con criterios individualistas, de
cinismo egoísta y de ilícitos intereses de parte» (No. 8).
La corrupción contradice también la solidaridad, porque da lugar a
la injusticia y a la pobreza. Y daña a los
pobres, al distorsionar la distribución de los recursos destinados a
ellos.
Para luchar contra la corrupción, un sistema democrático sólido
y abierto puede ser una ventaja, puesto que los sistemas
rígidos y cerrados pueden estimular los sobornos y otros medios
para vencer inflexibilidades. Pero la nota vaticana expresa su preocupación
por las sociedades democráticas avanzadas que sufren una quiebra en
sus estándares morales.
Un excesivo pluralismo en los estados democráticos
modernos puede llevar a una falta de consenso ético. Y
la babel de estilos de vida puede debilitar el juicio
moral sobre la corrupción.
Para contrarrestar estos peligros la iglesia
propone lo que denomina «ecología humana». Este concepto fue acuñado
por el Papa Juan Pablo II en su encíclica «Centessimus
Annus». La corrupción puede concebirse como una ruptura de la
ecología humana, que ocurre cuando las familias no transmiten los
valores morales, cuando las leyes son injustas, y cuando las
condiciones sociales se deterioran.
Promover una adecuada ecología humana implica
la formación y educación moral de todos los ciudadanos, una
tarea que la Iglesia puede llevar a cabo. La Iglesia
puede también ayudar a través de la presentación de su
doctrina social. La aplicación de principios como la dignidad de
la persona humana, el bien común, y la solidaridad pueden
ser de gran ayuda en la lucha contra la corrupción.
«Toda la doctrina social de la Iglesia propone una visión
de las relaciones sociales totalmente contrastante con la práctica de
la corrupción», comenta la nota (No. 8).
El documento vaticano
recomienda prestar más atención a la lucha moral que tiene
lugar dentro de cada persona. La reducción de la corrupción
será más fácil si los ciudadanos cultivan un comportamiento virtuoso
y ven la lucha contra el soborno y otras prácticas
corruptas como parte de dicha tarea.
Medidas prácticas La nota
reconoce que son necesarias muchas medidas políticas y legales para
reducir la corrupción. Los pasos incluyen exponer públicamente el comportamiento
ilícito, castigar al culpable y establecer códigos éticos.
A nivel
internacional, es necesaria una mayor transparencia en las transacciones económicas
y financieras y mediadas que den uniformidad a la legislación.
La nota también recomienda más cooperación entre los gobiernos para
extraditar criminales, dada la naturaleza internacional del crimen organizado.
Estos
esfuerzos pueden ayudarse de las convenciones internacionales, pero es necesario
que se pongan en práctica de forma activa por todos
los países. Los países pobres requieren ayuda para luchar contra
la corrupción puesto que sus sistemas legales suelen ser inadecuados.
También se requiere atención para evitar la corrupción resultante de
las actividades de compañías o agencias internacionales en los países
en desarrollo.
Un informe publicado por Transparency International el mismo
día que salía la nota vaticana destacaba la extensión de
este problema. La organización con sede en Berlín lanzaba un
informe detallando los sobornos pagados por compañías de países ricos.
El «Índice 2006 de Pagadores de Sobornos» examinaba la propensión
de las compañías de 30 países exportadores a sobornar en
el extranjero. Las compañías de los países más ricos pagan
de forma rutinaria sobornos, especialmente en las economías en desarrollo.
Incluso así, los negocios con base en naciones en desarrollo
están en el nivel más bajo de la escala en
términos de la magnitud del pago de sobornos. Compañías de
países como India, China, Rusia y Turquía son los infractores
peores.
Los resultados se basan en las respuestas de más
de 11.000 hombres y mujeres de negocios en 125 países,
votados en la Encuesta de Opinión de Ejecutivos 2006 del
Foro Económico Mundial.
«Las compañías que sobornan están minando activamente
los mejores esfuerzos de los gobiernos de las naciones en
desarrollo para mejorar el gobierno, y por ello conducen al
círculo vicioso de la pobreza», afirmaba la miembro de Transparency
International, Huguette Labelle.
La Convención Antisoborno de la Organización para
la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha ayudado a
reducir los sobornos de las compañías de los países más
ricos. Pero el ser miembro de la OCDE no se
extiende a los países en desarrollo, lo que significa que
naciones como China, India y Rusia se han quedado fuera
del tratado.
La nota vaticana concluye poniendo de relieve el
papel que pueden desempeñar las iglesias locales en la lucha
contra la corrupción ayudando a formar una conciencia civil y
promoviendo una sociedad regida por la ley. Tendrán un montón
de trabajo que hacer.
Puede leerse la nota del Consejo
Pontificio para la Justicia y la Paz en la sección
de documentos de la página web de Zenit, «La
Lucha contra la corrupción». P. John Flynn
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