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Autor: Michel Schooyans | Fuente: www.arbil.org Población y credibilidad nacional
Es preciso señalar aquí que el efectivo y la estructura por edad de la población son importantes para la afirmación de la soberanía de una nación en el contexto general de las relaciones internacionales. Es lo que enseña la historia y lo que la actualidad
Población y credibilidad nacional
Es preciso señalar aquí que el efectivo y la
estructura por edad de la población son importantes para la
afirmación de la soberanía de una nación en el contexto
general de las relaciones internacionales. Es lo que enseña la
historia y lo que la actualidad confirma cada día.
Es
cierto que el estado de la población de una nación
no basta para su afirmación política, pero no se puede
negar que es parte necesaria y ostensible de la misma.
De este modo, a pesar de las diferencias ideológicas que
las separan, ninguna gran nación puede darse el lujo de
fomentar malas relaciones con China, ni, por otro lado, con
la India (10). La credibilidad internacional de los dos gigantes
de América Latina, Brasil y México, está fuertemente hipotecada por
su déficit demográfico.
El globalismo
Las diferentes concepciones del globalismo
deben ser examinadas con mucha atención. Si globalismo significa que
los hombres y los Estados son responsables los unos de
los otros, si con esto nos referimos a un sentido
más agudo de la solidaridad, no podemos mas que alegrarnos.
Sin embargo, junto con otros, Zbigniev Brzezinski abrió el camino
para otra concepción del globalismo, según la cual, los Estados
Unidos deberían asumir el liderazgo de un directorio de países
ricos con el fin de evitar el caos mundial. Esta
prevención del desorden debería incluir la "contención" de los países
del Tercer Mundo y la repartición de las tareas según
el espíritu de John Stuart Mill (11).
Aplicado a las
relaciones entre Estados, ese globalismo significa un cuestionamiento radical de
la soberanía de las Naciones. A este respecto, es extremadamente
preocupante ver las instancias internacionales - sobre todo la ONU,
pero también la Unión Europea - roer la autonomía de
las Naciones soberanas a quienes sin embargo, deben su existencia
y su legitimidad. En particular, mediante convenciones, las legislaciones nacionales
son debilitadas, naciendo de este modo un nuevo derecho, que
es utilizado particularmente para imponer a las naciones pobres "nuevos
derechos" en materia de población (12). Vemos pues que ya
no se honra a la subsidariedad.
La familia Habría que
recordar aquí los efectos devastadores del individualismo desmedido al que
conduce el neoliberalismo y la violencia resultante del mismo. Ahora
bien, el contrapeso a esta desviación nos lo ofrecen algunos
estudios recientes relacionados con familia.
Gary Becker recibió el premio
Nobel de Economía en 1992 par haber mostrado el papel
capital de la familia y de la educación en la
sociedad (13). Es primordialmente en familia que se forma el
"capital humano", el único que importa en definitiva, y que
corre el riesgo de faltar. Es en la familia que
se forma la personalidad del niño. Es ahí donde el
niño aprende el sentido de la iniciativa, de la responsabilidad,
de la solidaridad, etc. tantas cualidades altamente apreciadas en la
sociedad.
En esta formación - agrega Cary Becker - el
papel de la madre es esencial: es ella quien despierta
estas cualidades y quien enseña al niño a estudiar, a
ordenar sus cosas, a ser ahorrativo, etc. De ahí el
valor específico de la actividad materna, que debería ser reconocida
en, y por la sociedad. El niño no sólo es
un bien para sus padres; es un bien para la
sociedad. La actividad materna no es simplemente un bien "privado";
es un bien aportado a la sociedad. De ahí la
necesidad de ofrecer a la mujer las condiciones de una
decisión verdaderamente libre: ya sea consagrarse a la familia, ya
sea optar por una profesión, o bien conciliar ambas.
Estas
conclusiones son corroboradas a contrario por Claude Martin quien estudió
"el postdivorcio". El divorcio aumenta el riesgo de marginalización, e
incluso de exclusión, del cónyuge separado más vulnerable (14). El
Estado-Providencia crea por sí mismo problemas que no puede resolver:
adulando a los individuos, debilita la institución familiar que sería
la primera en remediar las carencias del Estado-Providencia...
En pocas
palabras, a la sociedad y al Estado les conviene sostener
a la familia y ayudarla a educar bien a los
niños que nacen en su seno.
Gestores responsables Tanto en
el medio ambiente en general como con los recursos que
en él se encuentran: el hombre debe administrar el mundo
natural de manera responsable. La responsabilidad de las agresiones contra
el medio ambiente se encuentra tanto en hombres coma en
compañías devorados par una rapacidad sin límites, como en el
caso del Amazonas; o en quienes deforestan y desertifican porque
no tienen acceso a otro tipo de combustibles; o en
quienes para encontrar oro, matan la fauna acuática; o en
quienes toman océanos y lagos coma desagües; o en quienes
no quieren disciplinar su consumo, como en los países ricos;
o en aquellos cuyas industries contaminan, como en los países
del Este europeo. Es falso y deshonesto imputar a una
"población excesiva" la responsabilidad de semejantes agresiones.
Impugnar. un derecho
político esencial Al final de este análisis crítico, se ve
claramente que la ideología maltusiana, introyectada por varias publicaciones de
agencias de la ONU, hace poco caso del hombre, de
sus capacidades inventivas, de su libertad, de su sociabilidad. Según
esa ideología, el hombre es objeto de determinismos inexorables, a
los que se encuentra necesariamente sometido. Estos determinismos se observan
en el crecimiento fatal de las penurias, en el carácter
insuperable de las desigualdades naturales, en el servilismo irremediable del
hombre a sus pasiones, por último en la imposibilidad para
el hombre de librarse del anclaje que lo clava por
entero al cosmos.
El drama es que, en la medida
en que la ONU acogió esta ideología íntegramente materialista, con
el determinismo que es su remate inevitable, la misma ONU
corre el riesgo de sucumbir a la intolerancia y al
dogmatismo. Al poner en la trampa a sus miembros, la
ONU acabó por caer en la trampa de su misma
ideología. Erigiéndose en depositaria de la "verdad ideológica", ella debe
necesariamente volverse intolerante, rechazar toda crítica, ignorar con exceso de
soberbia el mentís de los hechos. De ahí su obsesión
por el consenso en las reuniones internacionales y la ocultación
sistemática de las reservas que emanan de medios "políticamente incorrectos".
Si el colegio de las naciones miembros no retoma el
control de esta organización, la ONU podría generalizar en el
mundo el modelo chino: la producción de la riqueza humana
sería planificada por tecnócratas ideológicamente "iluminados", de quienes estaría prohibido
discutir los oráculos. Si la ONU quiere conservar su credibilidad,
sólo podrá lograrlo liberándose de esta ideología mediocre, reaccionaria y
paleo-imperial.
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