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Autor: Zenit.org | Fuente: Zenit.org Los bienes de lujo tienen cada vez más consumidores
Reseña del texto escrito por Michael Silverstein y Neil Fiske: Gastar, el nuevo lujo americano en el que hablan del consumismo y los daños que está provocando en la sociedad actual.
Los bienes de lujo tienen cada vez más consumidores
Este año, un nuevo motivo se suma a la
usual preocupación sobre el exceso de consumismo durante las
Navidades: la creciente popularidad de las marcas de lujo.
Un libro de reciente publicación, «Trading Up: The New
American Luxury» (Gastar: el Nuevo Lujo Americano), observaba que
la gente está cada vez más dispuesta a pagar
más dinero por lo que consideran productos de marca.
Acuñando una nueva frase («New Luxury»), los autores Michael
Silverstein y Neil Fiske analizan cómo los bienes y
servicios de este «Nuevo Lujo» están atrayendo a consumidores de
clase media. «Estados Unidos está gastando, y esto es
bueno tanto para los negocios como para la sociedad»,
escriben Silverstein y Fiske, antiguos vicepresidente y ex socio,
respectivamente, del Boston Consulting Group.
Los consumidores de estos
nuevos bienes de lujo se encuentran en el grupo
de ingresos que van desde los 50.000 dólares al
año a los 200.000. Cerca de 47 millones de
hogares de Estados Unidos tienen unos ingresos de 50.000
dólares o más. A estos se sumen casi 122
millones de consumidores «con medios y ganas de productos de
marca», afirma el libro. En las 23 categorías de
productos y servicios de consumo con unas ventas valoradas
en 1.800.000 millones de dólares al año, los nuevos
productos de lujo suman el 19% del total, con
un crecimiento anual del 10% al 15%.
Los bienes
de lujo incluyen incluso necesidades hogareñas que podrían ser
consideradas vulgares.
Una lavadora-secadora de una marca de prestigio
se vende por más de 2.000 dólares, en comparación
con las de las marcas convencionales que se venden
al por menor por unos 600 dólares. Para su sorpresa,
los autores trataron con numerosos consumidores que les aseguraron
que para ellos poseer una marca de mayor coste
les hace sentirse más felices y mejores personas.
«En
los cincuenta años que llevamos escuchando a los consumidores,
nunca hemos oído expresiones tan llenas de emoción sobre
productos, que incluso los iniciados en la industria consideran
vulgares y dignos de poca atención», se maravillan Silverstein
y Fiske.
Otros ejemplos tienen que ver con productos
considerados comúnmente de lujo. Las empresas de palos de golf
de alta calidad han visto cómo una compañía se
elevaba hasta la posición número uno en su campo,
cuando antes no estaba ni siquiera entre las 10
primeras. Un consumidor afirmó que había pagado 3.000 dólares
por sus palos de golf, en lugar de los
1.000 dólares que cuestan unos palos convencionales, porque «me
hacen sentirme rico».
Los autores dividen los nuevos productos
de lujo en tres grandes grupos. El primer grupo
es el de productos accesibles de gran calidad. Tienen
precios superiores o cercanos al máximo en su categoría. Sin
embargo, siendo artículos de bajo precio, todavía son accesibles
a los consumidores medios. Por ejemplo: una botella de
vodka de primera calidad a un precio de 28
dólares, en oposición a los 16 dólares de las
marcas más ordinarias.
El segundo grupo son las filiales
de marcas de lujo de siempre, versiones de bajo
precio de productos para ricos. Aquí los artículos populares
incluyen modelos más baratos de coches de gama alta.
El tercero lo integran los bienes de «masstige» (prestigio de
masas), un término que los autores utilizan para referirse
a los bienes de prestigio que distinguen entre la
masa y personas de «clase» y que tienen un
precio superior. Por ejemplo, los productos de tocador de
una marca de lujo pueden implicar una diferencia de
precio del 200%. Satisfacer necesidades emocionales ¿A qué recurren
los nuevos bienes de lujo para garantizar su éxito?
Los autores observan que normalmente se basan en las
emociones y que los consumidores tienen un lazo emocional más
fuertes con ellos que con otros bienes. Esto difiere
de los bienes de lujo de siempre, muy caros
y basados principalmente en el status, la clase y
la exclusividad. Además del factor emocional, los nuevos bienes
de lujo deben marcar también diferencias en el diseño
o la tecnología.
Una vez que se convencen los
consumidores de la superioridad de un producto y se
forman un lazo emocional con él, están preparados para
gastar en él una suma desproporcionada de sus ingresos.
Esto se hace escatimando en otros gastos. Estos consumidores evitan
así productos de gama media, gastando menos en algunos
bienes para ahorrar dinero, y destinando estos ahorros al
deseado artículo de mayor precio.
Detrás de la tendencia
del nuevo lujo hay causas demográficas y culturales. En
términos de renta, las ganancias del quintil superior (la
quinta parte con mayores ingresos de la sociedad), hogares
con rentas superiores a los 82.000 dólares, ha subido
cerca del 70% en términos reales en los últimos
30 años. Como resultado, actualmente 21 millones de hogares
suman cerca del 60% de la capacidad de gasto en
Estados Unidos.
Otro factor es el creciente poderío económico
de las mujeres trabajadoras que ha hecho que aumente
de forma decisiva el número de hogares con dos
fuentes de ingresos. Hay también un mayor número de
solteros con dinero que gastar, puesto que la gente
tarda en casarse, o se encuentran divorciados y, en
cierto sentido, solteros una vez más. Influye también
la globalización del comercio que ha hecho más fácil
acceder a productos exóticos.
En términos de factores culturales, los
autores hacen notar el creciente número de consumidores con
títulos universitarios y el creciente número de quienes han
viajado al extranjero y descubierto nuevos gustos. Añadido a
esto está el peso creciente dado a la autosatisfacción
emocional. «Cada día recibimos todos innumerables mensajes --especialmente de
los medios y de celebridades-- con los que nos
invitan a lograr nuestros sueños, llenar nuestras necesidades emocionales...».
El fenómeno del nuevo lujo no se restringe a
Estados Unidos. El periódico de Canadá, National Post, describía
el 18 de octubre la creciente popularidad de los productos
de lujo para bebés. Los precios de los cochecitos
pueden alcanzar los 500 ó 600 dólares canadienses (383
a 460 dólares estadounidenses), hasta llegar a los 6.000
dólares en el caso de algunos modelos. Los bolsos
para pañales de marcas de diseño pueden venderse en
1.000 dólares canadienses (771 dólares) o más, mientras que
los correpasillos pueden pasar de los 160 a los
320 dólares canadienses (112 a 245 dólares).
Italia también
está viviendo un auge en los artículos de lujo
--incluso en medio de una economía estancada--. El diario Corriere
della Sera observaba el 24 de noviembre cómo un
creciente número de personas con ingresos de 40.000 euros
o más (48.300 dólares) están dispuestas a derrochar en
artículos caros como un segundo o tercer coche. Las
compras preferidas incluyen jacuzzis (el año pasado se vendieron
17.000); televisiones de plasma a 8.000 euros cada una
(9.569 dólares); o el home cinemas (cine en casa)
que cuesta más de 25.000 euros (29.900 dólares). Ser
y tener La primera encíclica de Juan Pablo II «Redemptor
hominis» se hacía eco de la insistencia del Concilio
Vaticano II en la importancia del «ser» sobre el
«tener». La encíclica, en la sección 15, advertía que
el progreso moderno exige «un desarrollo proporcional de la
moral y de la ética», que parece «por desgracia,
haberse quedado atrás», observaba.
El Papa se preguntaba si
este progreso hace la vida humana verdaderamente «más humana»
y más «digna». En algunos aspectos sí, contestaba. Pero
se cuestionaba si, en las facetas más esenciales de
la vida humana, nos hacemos verdaderamente mejores, más maduros espiritualmente,
más conscientes de la dignidad de nuestra humanidad, más
responsables, y más abiertos a los demás, especialmente a
los más necesitados.
Juan Pablo II también se pregunta
si, en medio del progreso material, hay un crecimiento
del amor social, del respeto por los derechos de
los demás --o si hay un aumento del egoísmo--.
Este materialismo, advertía, puede llevarnos a convertirnos en esclavos
de nuestros propios productos.
«Donde está tu tesoro, allí
estará tu corazón», advierte Jesús en Mateo 6, 21. Oportuno
consejo para los consumidores aficionados a los productos de
marca.
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