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Autor: Zenit.org | Fuente: Zenit.org China sigue ahogando al cristianismo
Es bien conocido el dinamismo y apertura de la economía de China. Reconociendo que más libertad conduce a un mayor crecimiento económico, los dirigentes chinos han relajado sus controles sobre la actividad económica. Pero si se miran otras libertades,
China sigue ahogando al cristianismo
HONG KONG, 29 de noviembre de 2003 ( ZENIT.org
).- Es bien conocido el dinamismo y apertura de
la economía de China. Reconociendo que más libertad conduce
a un mayor crecimiento económico, los dirigentes chinos han
relajado sus controles sobre la actividad económica. Pero si
se miran otras libertades, especialmente la libertad religiosa, los
dirigentes continúan adoptando una postura de línea dura.
Según
la Fundación Cardinal Kung con sede en Estados Unidos,
todos los obispos católicos de la Iglesia clandestina están encarcelados,
bajo arresto domiciliario, bajo estricta vigilancia u ocultos. En
1997 fue arrestado el monseñor Su Zhimin, obispo de
Baoding, en la provincia de Hebei, y no se
supo de él hasta hace dos semanas. Todavía bajo
custodia, fue llevado a un hospital para recibir tratamiento.
Monseñor An Shuxin, de Baoding, fue arrestado en marzo
de 1996. Mons. Han Dingxiang, obispo de Yong Nian,
Hebei, fue arrestado en diciembre de 1999. Mons. Shi
Enxiang, obispo de Yixian, Hebei, fue arrestado el 13
de abril del 2001. Todos ellos continúan actualmente en
la cárcel. Numerosos sacerdotes y seminaristas han sido arrestados también
en los últimos años.
Durante los últimos meses las
autoridades chinas han intensificado la represión. El 7 de
julio, Reuters informaba de que cinco miembros del clero
católico clandestino fueron arrestados en el norte de China
mientras intentaban visitar a un sacerdote liberado hace poco
de un campo de trabajo. Los padres Kang Fuliang,
Chen Guozhen, Pang Guangzhao y Joseph Yin y el
diácono Wang Lijun fueron arrestado el 1 de julio
en Baoding. Otro sacerdote, Lu Xiaozhou, fue arrestado el
16 de junio en la ciudad oriental de Wenzhou, en
la provincia de Zhejiang, mientras se preparaba a administrar
el sacramento de la unción de enfermos.
El 29
de junio, un artículo del diario español El Mundo
detallaba una campaña más amplia. El periódico informaba que
en Wenzhou, en la costa oriental de China, las
autoridades manifestaron haber identificado 4.800 centros dedicados a promover
una «superstición feudal». Se marcaron con pintura roja todas
las Iglesias cristianas, destinándolas a la destrucción. Las autoridades
proclamaron que su campaña llevó la destrucción, con frecuencia
usando dinamita, a más de 3.000 iglesias.
El periódico informaba
que los líderes chinos ven en las religiones organizadas,
y en particular en las cristianas, la última resistencia
a su dominación absoluta. Aunque la constitución del país
garantiza en teoría la libertad de practicar a algunos
credos religiosos, en la realidad las autoridades del Partido
Comunista sólo permiten vía libre a aquellos grupos que
aceptan su dominio.
El 12 de septiembre la organización
para promocionar los derechos religiosos Compass Direct informaba que,
el 2 de septiembre, funcionarios de la Oficina de la
Seguridad Pública de China arrestaron a 170 cristianos en
un encuentro de la Iglesia en una casa de
una zona rural de Nanyang, en la provincia de
Henan. Los funcionarios escogieron a los 14 líderes
religiosos clave para detenerlos, dejando libres al resto después
de ficharlos y amonestarlos.
Las autoridades han desatado una
nueva ola de persecución en las últimas semanas. El
20 de octubre Associated Press informaba de que un
activista de una iglesia cristiana no oficial mientras investigaba
la destrucción de iglesias por las autoridades en el este
de China. Liu Fenggang, de 43 años, fue detenido
el 13 de octubre cuando visitaba a los líderes
de las iglesias destruidas que habían sido liberados de
su detención. Según el reportaje, al menos 10 iglesias
cristianas han sido derribadas en la zona de Hangzhou
como «lugares religiosos ilegales».
El 27 de octubre la
Fundación Cardenal Kung informó de que el 20 de
octubre fueron arrestados una docena de sacerdotes católicos y
seminaristas clandestinos mientras asistían a un retiro religioso en
Gaocheng, Hebei. Los arrestos tuvieron lugar tras la destrucción por
el gobierno chino de una Iglesia católica en Hebei,
el 21 de junio. La iglesia se había terminado
sólo dos semanas antes y atendía a 150 parroquianos,
la mayoría recién convertidos.
El 10 de noviembre el
Times de Londres informaba que las autoridades en la
provincia de Zhejiang, en los alrededores de Shanghai, habían
cerrado más de 400 templos budistas e iglesias cristianas
en un nuevo intento de erradicar la actividad religiosa
clandestina.
La acción se centró en el departamento de Deqing,
donde se cerraron 392 templos y 10 iglesias, según
el Centro de Información para los Derechos Humanos y
la Democracia con sede en Hong Kong. De éstos,
4 iglesias y 24 templos fueron destruidos, mientras que
92 templos se transformaron en centros de entretenimiento.
El
Times informaba de que la provincia de Zhejiang es
el lugar de origen de una gran parte de
la comunidad chino americana. El gobierno teme que los
fondos recogidos en las iglesias chino americanas en los
Estados Unidos estén ayudando a financiar una rápida expansión de
las iglesias clandestinas en la región. «Reconstrucción teológica» Pero
los esfuerzos de China no se han limitado a
frustrar la actividad religiosa no autorizada. El objetivo a
largo plazo es influir en la orientación teológica de
los creyentes, de manera que se adecuen a los
gobernantes del país.
Esta dimensión ideológica se explicaba en
un documento publicado el 17 de noviembre por la
organización de derechos humanos International Christian Concern. La organización,
con sede en Washington, D. C., publicaba algunas notas
basadas en intervenciones y pronunciamientos de la «Iglesia Patriótica Tres
Iguales», una iglesia protestante oficialmente reconocida.
Defendiendo la necesidad
de una «reconstrucción teológica», los funcionarios de esta iglesia
patriótica alegaron que «a los cristianos se les dice
que son ciudadanos del cielo y, por lo tanto,
se le incita a rechazar la supervisión de las
autoridades y a desobedecer las leyes y regulaciones». Por
ello, «esto ha llevado a que algunas iglesias y
creyentes inocentes se opongan al gobierno, se opongan al
desarrollo social y a la construcción nacional». Según la
notas, las ideas teológicas que son «anti-materiales, anti-racionales, anti-sociales y
anti-humanistas» deben «abandonarse».
Las implicaciones de esta postura teológica
respaldada por las autoridades chinas fueron expuestas recientemente por
el obispo Ding. Éste es el líder más influyente
de esta Iglesia protestante controlada por el estado, según
noticias de la organización de derechos Compass Direct, el
14 de noviembre.
En septiembre una revista en Tianfeng
publicaba el texto de una conferencia que dio en
el Seminario Teológico del Este China en Shanghai, titulada
«La Construcción Teológica entra en una Nueva Etapa». Ding insistía
en que las creencias cristianas traídas a China por
los misioneros en el siglo XIX intimidaban a la
gente. «Nosotros cristianos chinos debemos estar unidos con todos
los chinos y no desunidos con otras personas porque
no crean», indicaba. «Debemos remodelar el cristianismo chino para
que se convierta en un cristianismo al que... el
Partido Comunista Chino dé la bienvenida y sea compatible
con el socialismo». «Presión económica» Los occidentales que hacen
negocios en China deberían insistir en una mayor libertad
religiosa para los ciudadanos del país, afirmaba el obispo de
Hong Kong, monseñor Joseph Zen en una entrevista al
diario católico italiano Avvenire, publicado el 20 de septiembre.
Entrevista durante una visita a Italia, monseñor Zen añadía
que se temía que China pudiera imponer algún día
a Hong Kong la misma represión religiosa ejercida en
el continente. En Hong Kong, la Iglesia educa al
25% de los estudiantes en sus 300 escuelas, y
monseñor Zen afirmaba que también temía que las autoridades
pudieran tomar el control de estas instituciones.
Monseñor Zen observaba
que muchos habían pensado que la apertura de China
en temas económicos conduciría, a largo plazo, a una
mayor libertad política. Esta esperanza se ha cumplido parcialmente,
afirmaba, y aunque se ha dado algún progreso en
temas religiosas, no ha cambiado nada en lo esencial.
Está bien el hacer negocios con China, afirmaba, pero
esperaba que esto condujera a interesarse en los temas
de derechos humanos.
Mientras el país remodela afanosamente Pekín,
su capital, para presentar una buena imagen durante los
Juegos Olímpicos del 2008, los observadores de China sólo pueden
esperar que la nación más poblada del mundo ponga
en orden su expediente de derechos religiosos.
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