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| Sentido y sin-sentido de la economía |
La vanguardista teoría sobre la "Filosofía de la
economía" de un filósofo-sacerdote ruso de comienzos del siglo XX
Quizá el lector se sorprenderá de que se pretenda despertar
la curiosidad por un pensador que además de ser ruso
es bastante desconocido en Occidente. Sin embargo, SERGEI BULGAKOV (1871-1924)
defendió en 1912 una famosa y controvertida tesis doctoral sobre
la "Filosofia de la economía" en la Universidad Imperial de
Moscú cuyo contenido causó por entonces bastante escándalo entre varios
de sus colegas de la ´Inteligencia´ rusa.
En la historia
intelectual y espiritual del siglo XX -asi lo afirmó en
1990 Constatín Adránikov, el traductor al francés de las obras
de Bulgakóv para la editorial L´Age d´homme- el padre Bulgakóv
es una figura de primera categoría y, ademas, profética tanto
por su pensamiento como por su biografía. Sus trabajos filosóficos
y teológicos, por su amplitud y coherencia, por su profundidad
y su novedad y, por tanto, su alcance histórico lo
situarían en cabeza de los espíritus de nuestro tiempo. Sus
discípulos entusiastas le han llamado ´El Orígenes del siglo XX´.
¿Exageran?
Su legado filosófico ´La lumière sans declin´ lo terminó
de escribir en 1916, durante la primera guerra mundial, y
lo publicó en 1917, precisamente entre la revolución de Febrero
y la de Octubre, revolución que marcara en su despliegue,
su agonía y muerte -y hasta mas allà de ella-
el curso de la historia de la humanidad.
Es en
este sentido que resulta un tanto trágico el hecho de
que esa Rusia albergara en su seno a un ´sabio´,
en el umbral de la Revolución, que -más allá de
la fácil retórica entre liberalismo y socialismo- contara con una
crítica cabal al ´materialismo económico-filosófico´, defendiendo una especie de antropología
económica bastante preclara en su contexto histórico y geográfico.
Haciendo
hincapié en el carácter contingente y relativo de la economía
en cuanto tal, nos hace comprender el porqué profundo de
la actitud en cierto modo ´pragmática´ de la ciencia económica
frente a la filosofía económica. Eso sin justificar, no obstante,
el utilitarismo benthamiano, el cual es calificado de materialismo económico
sui generis basado en un pesimismo antropológico extremo: la ficción
del "homo oeconomicus".
De cualquier forma, Bulgakóv sorprende por su
gran erudición, por la enorme extensión de los autores y
campos de investigación asimilados en su pensamiento. Ya antes de
sus grandes trabajos propiamente teológicos, tras su ordenación sacerdotal, en
´La lumière sans declin´ (1917) traza un balance histórico de
la actividad humana.
En este sentido sus obras filosóficas se
podrían calificar de precursoras de la ´filosofía de la acción
humana´, en cuanto dibujan no un sistema sino un conjunto
orgánico de pensamiento acerca de la ontología, la axiología, la
escatología, pero también de la fenomenología de la acción humana.
Sobre todo impresiona por la amplitud de su diseño y
el análisis erudito que nunca cede ante la gran sugestividad
literaria de su pensamiento.
La traducción al francés es magnífica
y consta que sus análisis contienen la suficiente explosividad y
actualidad para que una traducción al español pudiera resultar sumamente
provechosa; o por lo menos de aquellas partes de su
obra donde trata explícitamente de la economía, del trabajo o
de la acción humana en general.
En la ´Filosofía de
la economía´, no obstante la dura crítica al materialismo económico,
Bulgakóv hace resaltar la importancia del problema que éste plantea.
Denuncia su absolutismo, ontologismo, monismo metafísico (205), su amalgama o
confusión de la metafísica y la ciencia, dejando patentes las
contradicciones del materialismo económico en cuanto metafísica o religión (207)
disfrazada de ciencia (208); también desenmascara su estatuto de ´camaleón
lógico´ (213) tanto como la obvia contradicción entre su determinismo
y su moralismo encubierto; y -en último término- su escepticismo.
Aun así -asevera Bulgakóv- no se puede suprimir la importancia
del materialismo económico-histórico-filosófico. Así lo expresa también al final del
libro afirmando que aquél es "el primer ensayo de una
filosofía de la economía". Pese a la multiplicidad de errores
y contradicciones "una idea chocante es expuesta, un problema específico
se plantea y una nueva preocupación filosófica es provocada. Planteada
la cuestión de la filosofía de la economía por primera
vez por el materialismo económico, ésta perdurará seguramente más que
aquél" (218).
Lo que Marx nos transmite en definitiva es
una pesadumbre, pero ésta "encierra una verdad, no teórica sino
práctica y moral que al ´espíritu burgués´ no le es
accesible. Bajo la máscara de un racionalismo glacial y de
una teoría fea se descubre la tristeza de un hombre
acerca de su propio ´yo´, la aflicción del ´rey de
la naturaleza´ prisionero de los elementos de una naturaleza indiferente
y hasta hostil.
En esta teoría lamentable queda expresada, en
definitiva, la tragedia económica de la vida humana... Una maldición
(llena de sentido religioso) pesa sobre el hombre: ...la falta
de ´riqueza´. ...No obstante, el materialismo económico se queda impotente
ante una antinomia que hunde sus raíces en el origen
mismo de la historia humana: la antinomia entre libertad (yo)
y necesidad (no yo). Como un Fausto, tiene dos almas
que miran en direcciones opuestas.
A causa de su sociologismo,
el materialismo económico ignora a la persona humana. Tal concepción
no deja lugar a la libertad -y a la actividad
creadora que ésta implica-, ni a un cierto ´pragmatismo humano´
sea el que fuere. Es un mecanicismo metafísico, no científico.
El ´economicismo´ más que ciencia es un sentimiento de la
historia que pretende explicitarse en una doctrina científica o filosófica.
A algunos tal vez no llaman especialmente la atención tales
afirmaciones porque, discurridos 90 años ya desde la publicación de
la ´Filosofía de la economía´, hoy en día son tantas
las cosas que se han escrito y dicho acerca de
los fallos del materialismo dialéctico y su disputa con el
liberalismo. Pero el hecho de que en 1912 en Moscú
hubo quien refutara el economicismo y anticipara toda la tragedia
comunista, tiene su mérito particular, sobre todo porque Bulgakóv no
ceja en su empeño analítico hasta captar el sentido más
hondo y profundo de la actividad económica: la sed infinita
del hombre de Dios que es riqueza, omnipotencia, belleza, etc..,
atributos que el hombre puede adquirir en cierto modo mediante
su trabajo aunque, en último término, éste no tenga fuerza
escatológica (110).
De este modo, en cuanto a su carácter
de vanguardia, la obra de Bulgakóv sólo es equiparable al
´Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y socialismo´ (1850) de
Donoso Cortés quien más de medio siglo antes había desenmascarado
el socialismo de Proudhon en tanto que consecuencia inexorable de
los presupuestos ideológicos de la revolución liberal.
Adentrándonos en la
obra de Bulgakóv, hemos de aplazar -de momento- la cuestión
por el ´sentido´ para centrarnos en otra, previa además a
toda investigación propia de la economía. Antes de cualquier pregunta
acerca de su fenomenología, su axiología y escatología, hemos de
resolver teóricamente cuáles son las condiciones de posibilidad de la
actividad económica, es decir, cuáles son las bases ontológicas que
permiten al hombre intervenir en el mundo del no-yo.
Dentro
de los límites de lo conveniente en este lugar, sigamos
el argumento del mismo Bulgakóv, aunque no sin advertir al
lector, como preámbulo a todos los argumentos citados, de que
-entre otras razones, acaso propias de la teología ortodoxa- su
afectación intelectual por el naturalismo de Schelling -pese a su
oposición a Hegel- ha de firmar responsable del univocismo de
su concepción del ´ser´, frente a la concepción de analogía
propia del pensamiento católico (al menos antes de su enredo
con el equivocismo de la escuela nominalista, que está detrás
de todo liberalismo doctrinario):
"Todo organismo vivo en tanto que
cuerpo o materia organizada est· ligado indisolublemente al universo. ...
(Pero) no es suficiente reconocer ese comunismo físico... sino además
hay una relación determinada entre la sustancia viva y la
sustancia inerte o muerta... (También) ese comunismo de la vida
y la muerte, esta misteriosa identificación entre ellas, la mortalidad
de toda vida, pero aparentemente también, la capacidad de lo
no-vivo de ser vivificado, son propios los bases mismas de
nuestra existencia terrestre y es sobre éstas que está fundamentada
la posibilidad de una relación económica con el mundo. ...
(P)otencialmente el universo entero est· en condiciones de convertirse en
cuerpo nuestro, ser su prolongación periférica. ... El mundo entra
dentro de nosotros por todas las puertas y ventanas de
nuestros sentidos, lo recibimos y lo asimilamos. El conjunto de
este consumo del mundo, de esta comunicación esencial, de este
comunismo del ser fundamenta todos nuestros procesos vitales. ... (L)a
biología no resuelve ni suprime el problema más general y
metafísico del sentido de la comida. ... La comida manifiesta
nuestra unidad esencial, metafísica con el mundo. ... Así la
posibilidad del consumo es por principio fundamentado sobre el comunismo
metafísico del universo, sobre la identidad original de todo lo
que es. ...
Además, la unidad biológica (de la humanidad)
es un hecho extraordinario, no tanto por su significado genético
sino por el simbólico: es la expresión empírica de la
unidad metafísica, fuera de la cual toda la historia no
es más que un incomprensible montón de átomos. ... (Así
los) individuos son copias, ejemplares; el género es su idea
que existe sobrenaturalmente en la Sophía divina". Tal vez esta
conclusión platonizante que supone un realismo de las ideas no
sea el único modo de llegar al hallazgo del ´comunismo
metafísico del universo´. Me parece perfectamente reinterpretable a partir de
la solución gnoseológica realista: el ´universal in re´.
"Es precisamente
porque el universo (en cuanto tal) es un cuerpo vivo
(un todo ordenado) que la vida puede surgir, alimentarse y
multiplicarse. Esta aserción no debe considerarse como una posición de
las ciencias naturales puesto que contradice lo que éstas establecen
como hechos y criterios. ... El todo de la naturaleza,
con su carácter inmediato, se evapora sin dejar rasgo en
las ciencias naturales, se muere. ... (Esta unidad) no obstante
es indudablemente la condición a priori metafísica de toda experiencia
científica...
Esta unidad suya se hace transparente en una función
fundamental de la economía: el consumo. ... Esta posición general
de la filosofía de la naturaleza... tiene, por lo tanto,
un valor apodíctico de certeza. ... Se puede afirmar que
el consumo no sólo atesta la identidad de la naturaleza
sino, más todavía, es esta identidad en cuanto manifiesta, identidad
in actu.
Kant había planteado la pregunta de cómo era
posible el conocimiento objetivo, la experiencia, pero solamente en el
sentido de un reflejo pasivo de la realidad como en
un espejo. Schelling, a su vez, se ha preguntado cómo
se hacía que el yo contemplativo, a lo Kant, podía
contemplarse también en cuanto actuando, a lo Fichte, o cómo
la identidad del yo del conocimiento y del yo de
la acción eran posibles.
Nuestro problema representa una variante y
como una especificación de aquél, general, de Schelling. (Este lo
habÌa formulado) sobre todo desde un punto de vista gnoseológico,
dejando abierta la posibilidad de tratarlo también según la filosofía
de la naturaleza y la ontología. Se trata de saber
cómo es posible una acción transubjetiva, aplicada a un objeto,
tal como la producción. Sin duda la teoría del conocimiento
la enuncia y la tiene en cuenta, pero un paso
a la ontología se impone aquí. (Tal paso) probablemente sólo
lo rechazarían el ´solipsismo´ más exacerbado y el ´acosmismo´ que,
en el fondo, no son otra cosa que una especie
de ontología escéptica. ...
La realidad viva del mundo exterior
no se convierte en cuestión ineluctible y palpitante sino para
la filosofía de la acción objetiva, es decir, la de
la economía. ... Esta relación activa, económica, con el mundo
explica existencialmente el ´realismo ingenuo´ que constituye la gnoseología natural
y general de la humanidad, antes de toda reflexión filosófica.
Sean las que fueran las conclusiones escépticas y destructoras del
solipsismo, este realismo permanece en la práctica.
Analizando la economía
bajo el ángulo de la producción hemos llegado a la
misma idea de la identidad necesaria entre el sujeto y
el objeto, del yo y del no-yo, de la conciencia
y de la naturaleza que en la economía se manifiesta
activamente. Sólo esta conjunción íntima de la naturaleza y del
espíritu hace posible el consumo y la producción, la economía
en general como proceso subjetivo-objetivo, como identidad in actu. Sólo
esta premisa hace posible la economía. ...
En el sujeto-objeto...
el ´trabajo´ elemental o instintivo de la naturaleza se convierte
en aquél, consciente, del hombre. ... El trabajo, que ocupa
un lugar tan importante en las doctrinas de la economía
política, ... (Èsta) no ha sabido cómo utilizarlo ni cómo
situarlo porque su conciencia filosófica se movía sólo en un
grado inferior y su horizonte espiritual estaba limitado. Así Èsta
ha atribuido al trabajo un papel que no corresponde de
ninguna manera al valor filosófico de ese principio. En primer
lugar, principalmente en Adam Smith, de hecho en la mayoría
de sus representantes, la economía política ha reducido la noción
de trabajo a aquélla de producción, expresada en bienes materiales.
En consecuencia, su atención periférica versa sólo sobre un aspecto
del trabajo, el objetivo... (Se) ocupa con más voluntad de
la historia de la técnica que de su problema de
fondo, ... a saber: como puede el sujeto encontrarse con
el objeto por el trabajo. ... Si la economía política,
a causa de su ´materialismo´, conoce el trabajo sólo en
sus productos, en el objeto, ignorando en él al sujeto,
un error análogo pero opuesto se repite en el idealismo
subjetivo de Kant. ... Una tal clasificación quizá tiene un
sentido particular, pero no tiene ninguno en filosofía general. ...
(A pesar de las dificultades de dar cuenta del trabajo
en la teoría del valor, desde mucho tiempo no es
aceptable en la economía política,) el trabajo no guarda menos
todo su sentido en cuanto base de la economía. ...
Esta claro que no decimos ésto (la identidad in actu)
en el sentido del evolucionismo:... El mundo, con su forma
acabada y resumida en Adán, con la humanidad por su
centro, es creada por Dios, y lo que se desarrolla
en el tiempo y constituye la historia no tiene otra
cosa por fin que reproducir el vínculo interno y la
correlación de los elementos del mundo, rotos por la caída.
... (La) naturaleza entera, la historia, el carácter contradictorio de
la conciencia humana y sus antinomias, son el testigo... de
una catástrofe metafísica. ... (Esta, sin embargo,) sólo alcanza la
condición del mundo, no su composición. ... En la economía,
reproducción consciente de la naturaleza, se puede discernir una prefiguración,
una anticipación del momento cuando la natura naturans será liberada
de las miserias de la presente natura naturata.
(Bulgakóv responde,
en definitiva, tanto afirmativa como negativamente a la pregunta de
si) la economía encerraría un sentido positivo asignado específicamente por
Dios, es decir, una humanización del hombre mismo por medio
de la humanización de la naturaleza, una participación del hombre
en las obras de Dios, en la transfiguración del mundo.
... Defender la vida y ensancharla, resucitándola así en cierta
medida: en esto consiste la actividad económica del hombre. Es
la reacción positiva del principio vivificante contra el principio mortífero.
Es la obra de la Sophía para restaurar el mundo,
obra que lleva a cabo por intermediación de la humanidad
histórica. Y es ella la que establece la teleología del
proceso de la historia. El mundo, en cuanto Sophía, caído
en una condición de no-verdad, o sea, de mortalidad, debe
volver a la razón de la Verdad. El medio de
esta repuesta en orden es el trabajo, o la economía...
(Pero) el fin de la historia se halla más allá
de sus fronteras, ella no representa más que el camino...
Además, del mismo modo que la economía es meta-económica... el
origen del trabajo económico se halla más allá de la
historia y la economía en su sentido actual. Estas están
jerárquica y cosmológicamente precedidas por otra economía, por otro trabajo,
libres, desinteresados, obras de amor, donde no forman más que
una unidad con la creación artística. El arte conserva, de
alguna manera, este arquetipo de la obra económica."
Partiendo de
las condiciones ontológicas de posibilidad de la economía hemos seguido,
sólo en lo más esencial, el hilo argumentativo de Bulgakóv
para terminar en la cuestión por el sentido de la
economía: su teleologÌa y posible escatología. En definitiva, mediante el
trabajo el hombre intenta reconciliarse con Dios y con la
naturaleza sin, no obstante, poder acabar esta ´obra común´ de
la cual habla Nicolas Fedorov, atribuyendo al trabajo una eficiencia
escatológica real. Bulgakóv, por el contrario, expone con muchos matices
una ontología, axiología (ética), teleología y fenomenología de la economía
sin admitir que el trabajo de la humanidad tuviera una
´fuerza´ transfiguradora inmanente. Porque nuestro autor no se salta a
la torrera el Hiatus entre lo natural (naturaleza) y lo
sobrenatural (gracia), tan fundamental en la Weltanschauung cristiana.
En sus
obras posteriores a la ´Filosofía de la economía´ -sólo se
aludirá aquí a algún capítulo que otro en ´La lumière
sans declin´ o en ´Ortodoxia´- va profundizando en estos temas
en un marco de investigación que sucesivamente va rebasando los
límites de la mera investigación filosófica. Así, la economía tiene
un límite, por mucho que el mundo es tanto una
´teofanía´ (postulado de un Dios transcendente al mundo) como una
´teogonía´ (postulado de un Dios haciéndose en el mundo en
cuanto que se actualiza en cada miembro de su corpus
mysticum). Este carácter doble de teofanía y teogonía representa según
nuestro autor una antinomia transcendental irresoluble racionalmente (´Ortodoxia´: 180-186); porque
por mucho que la economía tuviera las dos tareas principales
y nobles de vencer la pobreza natural y la social,
se topa con su misma incapacidad regeneradora.
Además, el reconocimiento
mismo de aquel límite es precisamente la salvaguardia ante el
pesimismo y escepticismo que acosan al ´materialismo económico´, sea en
su vertiente socialista o liberal-utilitarista-individualista. El trabajo y el consiguiente
poder y la riqueza, que mediante aquél adquiere el hombre,
indudablemente suponen una cierta victoria de la vida sobre la
muerte; y la historia universal es esto. Pero, no puede
vencer definitivamente a la muerte.
(En la actualidad, esto lo
pretenderÌan, como su expresión quizá más contundente e irrisoria, aquellas
personas que hacen congelar su cuerpo para que por medio
de alguna magia de la ciencia y técnica puedan resucitar
algún día en este mundo). "Esta transformación, que es en
realidad un nuevo acto creador de Dios de cara al
hombre, el trabajo económico (a pesar de su ´magia´ de
poder y riqueza) justamente no puede efectuarlo". Bulgakóv denuncia así
la falsedad de una ´escatología´ económica (del signo que fuera)
que no significa más que una nueva vuelta al ´mesianismo
judáico´: la seducción por el reino de este mundo, objeto
de la primera tentación diabólica: el hombre anhelando manifestarse como
mesias económico que por el poder de su regulación de
la naturaleza se vivifica y resucita" (´La lumière sans declin´:
355; cfr. 336).
"Por la fuerza de las cosas todos
los esfuerzos del economicismo miran a la perpetuación de la
existencia de este siglo... Todas las teorias económicas, sobre todo
las del socialismo, lo ponen de manifiesto: bajo el manto
de la libertad mediante la acumulación de la riqueza pretenden
consolidar la servidumbre económica del hombre, incitándole a realizar el
ideal contradictorio de una libertad mágica o económica". Pero la
economía no tiene escatología, aunque se refiere a ella.
La
hipótesis contraria "provoca una definición errónea de la economía por
olvido de su contingencia y su carácter relativo (idem: 337).
... El hombre frente a la antinomia entre ´necesidad´ y
´libertad´ tiene que trabajar. La libertad (cfr. ´Filosofía...´: 147, 149)
se esfuerza en sobrepasar las fronteras que la necesidad le
impone". Bulgakóv defiende, en este sentido, una ontología realista de
la economía al afirmar que "ir más allá de esta
frontera es una obra real y no ideal, actual y
no sólo intencional, al agregar el sujeto al objeto por
el trabajo económico. ... (Así) el hombre busca adquirir un
poder sobre la naturaleza alienada, desea la libertad económica o
riqueza".
No hay diferencia de fondo entre el que en
un comienzo lo intentaba "por brujería o magia y ahora
por medio de la ciencia y técnica, que es el
tipo de magia que cautiva al hombre moderno. ... En
el trabajo el hombre manifiesta su libertad espiritual. En un
límite, le es posible al hombre quererlo todo y poderlo
todo: ...o puede ser a la semejanza de Dios y
participar en su vida... o se puede hacer instrumento del
diablo y separarse de Dios autodivinizando al hombre y al
mundo...".
´Hombre, tú puedes ser lo que tú quieras ser´,
con esa re-contextualización de la sentencia del pensador renacentista Pico
della Mirandola, Bulgakóv quiere subrayar nuestra responsabilidad personal ante la
actividad económica: "(Tenemos) indefectiblemente conciencia de que nuestro ´yo´ es
nuestra obra y de que, por tanto, somos responsables de
él. Somos lo que somos porque queremos bien serlo (151).
... Todas las decisiones, aunque le estarían impuestas al yo
exteriormente por el objeto, los toma como sus decisiones, como
sus determinaciones. ... De hecho est·n siempre motivados o condicionados,
pero su causalidad no es mecánica, ... no se establece
sin la libre intervención del ´yo´" (159). En definitiva, nuestra
libertad de elección es necesariamente limitada; sin embargo, nunca estamos
privados de la libertad de decisión.
En resumen, en su
´Filosofía de la economía´ Bulgakóv traza los fundamentos para una
antropología y ontología de la economía, esboza su axiología o
ética y teleología, dimensiones, sin embargo, de la economía cuyo
estudio más profundo ha hecho preciso consultar alguna que otra
gran obra posterior, en la medida que crecía como pensador
cristiano-ortodoxo. Tal camino ´in profundis´ parece muy comprensible en medio
de las vicisitudes que para su vida supuso la Revolución
del ´18.
De todos modos, aporta luces nuevas acerca del
sentido de toda actividad económica, el de ser manifestativa de
una ´escatología´ que el hombre no puede nunca realizar él
mismo, ni en esta vida ni en esta tierra. En
su ´Filosofía de la economía´ Bulgakóv realiza una espléndida investigación
sobre el ´cómo es posible la economía´, criticando duramente al
idealismo subjetivo-trascendental de Kant y Fichte, aprovechando y depurando la
tesis schelliniana de la identidad entre subjeto y objeto. Este
análisis crítico -yendo de Kant y Hegel a Bentham y
Marx, sin omitir a Hume, Smith o Ricardo etc.., pasando
por Fichte y Schelling y otros-hemos visto que es esclarecido
por la concepción religiosa del hombre, ecónomo de lo creado
(104), concepción que se revela como tanto más imperativa cuanto
más las circunstancias históricas dieron origen a un peculiar agudizamiento
del espíritu.
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