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Autor: Rolando Medeiros | Fuente: Capital.cl Caritas in veritate: aliento y desafíos para la empresa
Columna de Opinión de Rolando Medeiros, presidente de la Unión Social de Empresarios Cristianos, USEC, sobre la encíclica Caritas in Veritate
Caritas in veritate: aliento y desafíos para la empresa
22 Jul 09
La nueva encíclica de Benedicto XVI es un
instrumento para el discernimiento moral de los complejos acontecimientos que
caracterizan a la empresa de nuestros tiempos.
Las profundas reflexiones
y propuestas de Benedicto XVI en su encíclica Caritas in
veritate, publicada recientemente, “sobre el desarrollo humano integral en la
caridad y en la verdad”, se traducen en aliento y
desafíos para el mundo de la empresa. Aliento para quienes
creemos que es posible contribuir, a través del quehacer empresarial,
a una sociedad más humana, justa y solidaria. Desafíos, porque
el Papa nos llama a cambios profundos en el modo
de entender la empresa y nos recuerda que “el ser
empresario, antes de tener un significado profesional, tiene un significado
humano”.
En relación al desarrollo económico, social y político, el Papa
argumenta que para que este desarrollo sea auténticamente humano tiene
que “dar espacio al principio de la gratuidad”. Sobre el
mercado, advierte que éste no puede cumplir plenamente su función
económica “sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca”.
Sobre la actividad económica, convoca a que ella esté “ordenada
a la consecución del bien común”. Y, en relación con
la empresa, señala que “uno de los mayores riesgos es
sin duda que la empresa responda casi exclusivamente a las
expectativas de los inversionistas en detrimento de su dimensión social”.
La
gratuidad –como expresión de la fraternidad—está en la vida del
hombre de muchas maneras. Sin embargo, nos dice el Papa,
“pasa desapercibida debido a una visión de la existencia que
antepone, a todo, la productividad y la utilidad”. A nivel
de la empresa, el llamado es a que el trabajo
esté en función del hombre y no al revés. A
que el éxito empresarial estribe en la capacidad de conocer
oportunamente las necesidades y expectativas de todas las personas que
interactúan con la empresa –sus trabajadores, sus clientes, sus accionistas,
las comunidades donde opera, las futuras generaciones, etc. –y en
el despliegue efectivo, eficiente y medioambientalmente amigable de los factores
productivos más apropiados para satisfacer esas necesidades y exceder esas
expectativas. Es decir, concebir el desarrollo económico y material como
un medio para alcanzar el auténtico desarrollo humano y no
un fin en sí mismo.
El mercado “permite el encuentro entre
personas, como agentes económicos, cuando hay confianza recíproca y generalizada”.
Pero se necesita más. “Si el mercado se rige únicamente
por el principio de la equivalencia del valor de los
bienes que se intercambian, no llega a producir la cohesión
social que se necesita para su buen funcionamiento”. La solidaridad
es, en primer lugar “que todos se sientan responsables de
todos”. En la empresa, el ejercicio de la solidaridad es
posible sólo cuando todos se reconocen entre sí como personas:
cuando los que tienen una posición de más poder –jerárquico,
económico, de conocimientos, experiencia, etc.– se sienten responsables por los
más débiles y están dispuestos a compartir con ellos lo
que poseen; éstos, a su vez, no adoptan una actitud
meramente pasiva y, aunque reivindicando sus legítimos derechos, realizan lo
que les corresponde, para el bien de todos; y cuando,
por su parte, los grupos intermedios no insisten en forma
egoísta en sus intereses particulares, sino que respetan los intereses
de los demás. Es también solidaridad tomar en cuenta a
todos los grupos de interés que interactúan con la empresa
al momento de tomar decisiones que les afecten.
Respecto de la
crisis actual, el Papa señala que “la economía y las
finanzas, al ser instrumentos, pueden ser mal usados cuando quien
las gestiona tiene sólo referencias egoístas”, por lo que el
pontífice estima que “no se deben hacer reproches al medio
o instrumento sino al hombre, a su conciencia social y
a su responsabilidad personal y social”. Así, sería erroneo el
tratar de corregir el funcionamiento del sistema –o sustituirlo– en
lugar de regenerar moralmente el entorno en que funciona, adaptándolo
a una antropología basada en la naturaleza y el valor
del hombre, como ser racional y libre, con un fin
propio que es a la vez inmanente y trascendente. De
esta forma, la solución radical debiera encontrarse en la restitución
de un “humanismo que ponga en el centro la cuestión
del hombre reconocido en su realidad plena”. La empresa contribuye
a esta restitución cuando promueve “una nueva cultura empresarial” que
incorpora un conjunto de valores morales en su quehacer cotidiano;
principios y valores que son de caracter universal, que están
en la base de la doctrina social de la Iglesia
y que se sustentan en el principio fundamental del respeto
a la dignidad de la persona y al fomento de
su desarrollo integral. Este principio constituye la esencia de la
responsabilidad social empresarial, pero una RSE que coloca al ser
humano como origen, centro y fin de toda el quehacer
empresarial. Una RSE que, más que una meta en sí
misma, es la consecuencia de la búsqueda del “bien de
todos los hombres y de todo el hombre”.
Ciertamente, Caritas in
veritate es un instrumento para el discernimiento moral de los
complejos acontecimientos que caracterizan a la empresa de nuestros tiempos:
un aliento y fuente de múltiples desafíos para los dirigentes
de empresa cristianos y “de buena voluntad” que buscan orientaciones
concretas para promover, a través de su misión empresarial, el
bien social de las personas y de la sociedad.
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