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Economía Ética y Doctrina Social de la Iglesia | categoría
Administración y Finanzas Católicas | tema
Autor: Arvo.net | Fuente: Arvo.net
Ética de la especulación financiera
Reseña e introducción al texto de Eduardo Camino, en que cuestiona algunas de las injusticias que se pueden producir cuando no hay una ética que contemple a la persona.
 
Ética de la especulación financiera
Ética de la especulación financiera
¿Es moralmente aceptable que una persona gane en un día o en unas horas lo equivalente a la deuda externa de un país subdesarrollado?; ¿es lícito que la seguridad económica de una entera nación pueda llegar a resquebrajarse por las “maniobras” de unos pocos especuladores?; ¿alargan este tipo de operaciones la distancia entre los países ricos y los pobres?; ¿atentan contra la economía productiva?

“Se suele afirmar que los negocios son los negocios;
y hay que responder: los negocios no son los negocios, sino que los negocios son negocios si son éticos”.
(L. POLO, Ética, p. 19).


INTRODUCCIÓN

Oír hablar en el ámbito financiero de especulación nos traslada directamente al “núcleo” de esta pequeña -pero importante- parte de la economía. Ciertamente podemos afirmar que la acción de especular pertenece a la misma naturaleza humana; que es algo inherente al espíritu emprendedor, a la entera economía; que, en general, todos los negocios poseen un componente especulativo [1]. Pero es propiamente dentro de las finanzas donde este fenómeno despliega toda su fuerza, donde hace sentir más claramente sus efectos y, también, donde debe afrontar las críticas más duras: ¿es moralmente aceptable que una persona gane en un día o en unas horas lo equivalente a la deuda externa de un país subdesarrollado?; ¿es lícito que la seguridad económica de una entera nación pueda llegar a resquebrajarse por las “maniobras” de unos pocos especuladores?; ¿alargan este tipo de operaciones la distancia entre los países ricos y los pobres?; ¿atentan contra la economía productiva?; etc.

Por todo esto, hoy en día la especulación financiera sigue siendo un tema “conflictivo” y actual. Las noticias relativas a este tipo de operaciones “venden” y, ante este panorama, tampoco han faltado quienes, en los últimos años, se han preocupado por estudiar y juzgar el fenómeno desde el punto de vista ético; aunque, como demuestran los principales estudios realizados hasta el momento, tal juicio no resulte nada sencillo.

Por nuestra parte, intentamos aproximarnos ya a esta problemática hace ahora cinco años. Fruto de ese primer intento fue la publicación de la tesis doctoral: Elementos para una reflexión moral sobre la especulación económica [2]. En esta ocasión “volvemos a intentarlo”, si bien con tres notables diferencias. En primer lugar, concretando más nuestro objeto de estudio: no nos enfrentaremos ya con la especulación económica en general sino con la financiera y, más concretamente, la bursátil [3]. En segundo lugar, ampliando notablemente las fuentes bibliográficas, sobre todo en lengua inglesa. Y por último, y desde el punto de vista metodológico, más que exponer las opiniones de los diversos autores, trataremos de individuar y abordar directamente los “puntos claves” del problema; puntos que, en nuestra opinión, se reconducen a los tres siguientes.

El primero hace referencia al concepto: ¿qué es especular? Muchas veces lo que en los mass media o en el lenguaje coloquial aparece como especulación no es tal, al menos desde un punto de vista técnico. Hoy no existe un acuerdo unánime sobre el significado de estas operaciones y, sin una idea exacta del término, resulta inútil afrontar, con una mínima esperanza de éxito, el juicio ético. Por eso nuestra primera tarea -a la que hemos dedicado los dos primeros capítulos- ha consistido en diferenciar el concepto de todas aquellas figuras y operaciones económicas con las que alguna vez se ha visto ligado o identificado, pues gran parte del “problema” que plantean actualmente estas operaciones es “de tipo semántico y la manera de evitar confusiones y/o usos inadecuados de los términos es delimitar claramente la línea divisoria entre uno y otro” [4].

El segundo gran obstáculo lo constituyen los posibles efectos (positivos y negativos) de estas operaciones. Por sus características propias y las del ámbito en el que tienen lugar no resulta sencillo individuarlos. Tampoco aquí encontramos unanimidad entre los economistas. Por esto, a la hora de exponerlos nos hemos visto obligados a establecer una serie de premisas y a emplear “modelos teóricos”; modelos que ponen de manifiesto esa diversidad de pareceres entre los expertos (idea ésta que, por otra parte, refleja el caos terminológico que acabamos de mencionar). En fin, toda esta problemática será objeto del tercer y último capítulo de la parte económica.

Y el último obstáculo es la propia ética. Tras el análisis económico de la acción la palabra pasa, en la segunda parte del estudio, a esta ciencia. Ahora bien, ¿qué perspectiva ética emplear para juzgar estas operaciones? Al abrir y estudiar los diversos manuales de Business Ethics, libros de ética económica, de ética de la empresa, etc., nos topamos ante una abundante “oferta de posturas éticas”. Tal panorama nos ha obligado, en vez de aplicar directamente una de ellas, a fundamentar nuestra elección -luego veremos que no se tratará propiamente de “elegir”- y, por eso, nos hemos visto obligados a realizar un recorrido un poco más largo del inicialmente previsto. Por esta razón, en el primero de los capítulos de esta parte, nos hemos remontado hasta el análisis mismo de la estructura del actuar humano pues, en nuestra opinión, es en la valoración y en el modo de integrar los distintos elementos que componen tal estructura donde radica la diferencia esencial, no ya entre las diversas posturas éticas, sino entre sus dos principales perspectivas, la de la primera persona -o también denominada ética de virtudes- y la de la tercera persona [5]. Si bien en los dos últimos capítulos de esta parte desarrollaremos la primera, en el segundo capítulo expondremos las diversas posturas que integran la otra perspectiva, intentado ver cómo cada una de ellas resolvería la problemática especulativa.

Sin ánimo de adelantar razonamientos, simplemente anunciamos que en la perspectiva ética adoptada -la de virtudes- el problema de la especulación no queda planteado en términos de ¿puedo o no puedo especular? y, si puedo, ¿bajo qué condiciones? Dicha ética nos ha permitido, por el contrario, situar y valorar nuestro problema concreto dentro de una perspectiva más amplia, donde la especulación es estudiada como parte de un trabajo profesional y, éste, como una actividad básica en la vida de cualquier hombre. Con otras palabras, la ética de virtudes nos permite superar aquella visión de quien sólo piensa en la ética como en una “herramienta para resolver problemas”.

Descritos los tres grandes obstáculos, únicamente añadir -reconocer más que nada- que la mayor dificultad con la que en la parte económica hemos debido enfrentarnos ha sido la de conjugar una visión macroeconómica de la acción con la microeconómica -sobre todo en cuanto a los posibles efectos de estas operaciones- y, en la parte ética, ha sucedido algo parecido: individuada nuestra perspectiva, lo difícil ha sido aplicar sus elementos esenciales - “macroética” - a la acción singular - “microética” -.

De la numerosa bibliografía empleada me permito destacar un breve pero interesante estudio: A. de Salins y F. Villeroy de Galhau, El desarrollo de las modernas actividades financieras a la luz de las exigencias éticas del cristianismo. Si bien han pasado ya ocho años desde su publicación, por su claridad y precisión, estas líneas siguen constituyendo un excelente punto de referencia para iniciar cualquier reflexión ética sobre el tema. Estos mismos autores afirman que, si bien durante años la Iglesia “se ha pronunciado constantemente y de una forma condenatoria” sobre este argumento, actualmente están apareciendo algunos intentos de profundización “que tienden a matizar esta condena” [6]. Y las líneas que siguen, bien pueden considerarse uno de estos intentos.

Para finalizar esta introducción quiero dar las gracias a todos aquellos que, de una manera u otra, me han ayudado en la redacción de estas páginas. En particular, al personal de la Library of Congress de Washington D.C. por la atención que me dispensaron durante el casi medio año que frecuenté esta institución. También quiero mencionar al de Merrill Lynch, en su sede central de Nueva York, por su invitación y acogida, en particular a d. Juan Carlos Fierro y d. Mario Paredes. Gracias también a los profesores Rubén Manso Olivar y Joan Costa Bou por sus múltiples correcciones y sugerencias y, en último término, al Presidente de AEDOS, Fernando Fernández Rodríguez y a la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, por su interés en este proyecto.




[1] De ahí afirmaciones del tipo: “every man is in a sense a speculator”, o “the operations of the merchant and the speculator are therefore, in the last analysis, essentially the same”. T. CONWAY Jr., Investment and Speculation. A Description of the Modern Money Marker and Analysis of the Factors Determining the Value of Securities, A. Hamilton Institute, New York 1914, 1 y 4 respectivamente. Cfr. también L. GUENTHER, Investment and Speculation, La Salle Extension Univ., Chicago 1916, 159-161 (en donde ofrece diversos usos del término en ámbito económico) y T. TEMPLE HOYNE, Speculation its Sound Principles & Rules for Its Practice, Fraser Publishing Co., Chicago 1988, 36.
[2] E. CAMINO, Elementos para una reflexión moral sobre la especulación económica, Thesis ad Doctoratum in Sacra Thelogia (totaliter edita), Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Roma 1998.
[3] De hecho, aunque ya en el primer capítulo se explicarán las diferencias entre ellas, conviene anticipar que a lo largo de estas páginas emplearemos indistintamente los términos financiera y bursátil.
[4] M. MARMOLEJO GONZÁLEZ, Inversiones. Práctica, metodología, estrategia y filosofía, Inst. Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, A. C., Publicaciones IMEF, México D. F. 1985, 25 y cfr., en este mismo sentido, J. T. FLYNN, Security Speculation and Its Economic Effects, Brace and Company, New York 1934, 4.
[5] Emplearemos aquí el término postura o corriente para referirnos a las diversas opiniones éticas dentro de una determinada perspectiva ética; el término perspectiva es, pues, más amplio que el de corriente.
[6] Cfr. A. DE SALINS-F. VILLEROY DE GALHAU, El desarrollo de las modernas actividades financieras a la luz de las exigencias éticas del cristianismo, Pont. Com. “Iustitia et Pax”, Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, México D.F., 1995, 36 y cfr. E. PERROT, Finance et morale, en Cahiers pour croire aujourd’hui, nov. 1988, 14-19. De todas formas, por lo que a nosotros consta, puntualizamos lo siguiente: si bien es cierto que la mayoría de los textos magisteriales referentes a este tipo de operaciones mantienen un tono de denuncia (que invita a evitarlas o hacer lo posible por eliminarlas), sólo en contadas ocasiones se emplea expresamente la palabra condena. Una condena explícita aparece en la RN; en una alocución de Pío XII, y en un ulterior texto de Pablo VI (y, en estos tres textos, la palabra va siempre acompañada por un adjetivo de carácter negativo). Cfr. más extensamente sobre el sentido e interpretación de las diversas intervenciones magisteriales sobre el tema, E. CAMINO, Sul concetto di speculazione economica nel magistero della Chiesa Cattolica, en Annales Theologici, 13 (1999), 371-414.

(*) Ética de la especulación financiera
Monografías
Eduardo Camino


ISBN: 84-7209-397-2
Depósito legal: M.14.081-2004
Unión Editorial, S.A 2004
Pág:209
Precio:20.80 euros
 

 
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